Revelación divina
Mis ovejas conocen Mi voz. Es la misma voz que fue y será a través de todos los tiempos, mientras los Míos caminen por la materia. Pues si Yo, su Padre, no hubiera hablado en todos los tiempos y en muchos lugares dentro de los corazones de las personas de buena voluntad, y no hubiera alzado Mi palabra viva por boca humana para quienes tienen hambre de verdad, ¿qué habría sido de Mis hijos?
Oh, vean, Mis amados: como el Amor y la Verdad divinos encarnados les traje en Jesús la única enseñanza perfecta, cuyo cumplimiento capacita a Mis hijos humanos para emprender el camino de regreso y culminarlo algún día en Mis brazos, en la patria eterna. Allí espero con anhelo a cada uno de ustedes. Pero sin procurar la evolución de su alma, sin desarrollar su conciencia espiritual y sin su esfuerzo sincero por convertirse en el amor desinteresado que Yo viví como ejemplo, no les es posible acercarse a Mí, su Padre, la meta de todos sus caminos.
Como Cristo en Jesús volví a abrirles la puerta de regreso al reino luminoso de los cielos, cumplí todas las condiciones y realicé todos los preparativos para que Mis hijos e hijas perdidos regresaran a la casa de su Padre. ¡Y así será, pues esta es Mi voluntad!
Como ya les he explicado con frecuencia, las fuerzas contrarias reconocieron muy pronto el peligro que representaba para la existencia de su reino en la Tierra la difusión de la enseñanza del amor desinteresado por parte de Mis seguidores. Desde entonces, su afán consistió en oscurecer y ensuciar la pureza de Mi enseñanza espiritual con toda perfidia, astucia y maldad, deformarla, desfigurarla y profanarla con todas las artes de sus prácticas satánicas, y silenciar y derribar a todos aquellos para quienes el camino del amor era más importante que este mundo.
Miren su llamada Sagrada Escritura, una colección de textos en la que casi únicamente la sabiduría y el discernimiento de alguien iniciado en la verdad eterna permiten distinguir la verdad de la mentira y del error. Son numerosas las ambigüedades y contradicciones que personas sin comprensión espiritual y creyentes en la letra introdujeron de manera irreflexiva e inconsciente. Pero tienen mayor peso todos aquellos cambios incorporados por obedientes ejecutores humanos a partir de consideraciones e intenciones oscuras y de los más diversos motivos egoístas, al someterse a la voluntad de las tinieblas.
También hoy continúa este proceso, adaptando lo que ya fue desfigurado al llamado espíritu de la época y a su uso del lenguaje. De este modo se cumple más de una intención oscura, y no pocos de los Míos dieron y siguen dando la espalda a Mi mensaje y, por ello, se extraviaron y continúan extraviándose. Se abrió y se sigue abriendo de par en par la puerta a incontables interpretaciones arbitrarias, confusas y carentes de espíritu, y se crearon doctrinas erróneas que se contradicen entre sí y, con ello, una confusión casi impenetrable incluso para las personas de mejor voluntad.
En verdad, les digo: si todos aquellos que entonces y ahora estuvieron y están llamados a seguir Mi ejemplo y crucificar su yo inferior lo hubieran hecho también en su vida con Mi ayuda siempre presente, inevitablemente habría surgido el cielo en la Tierra y un paraíso terrenal en el planeta donde viven. En la Tierra existiría un solo pueblo, unido en Mí y guiado por Mí; y muy pronto los Míos habrían podido ascender los niveles hacia ámbitos espirituales más elevados, pues viviría dentro de ellos el esfuerzo sincero de servirse mutuamente con amor y paz, con misericordia y justicia, y servir así también a Mí, el único Dios, su Padre celestial.
La llave de todo verdadero desarrollo espiritual y, con ello, también de la felicidad humana, la salud y el bienestar, se llama amor, amor activo y desinteresado, aunque innumerables opiniones, ideas y toda clase de técnicas los inviten y exhorten a creer otra cosa.
Mi enseñanza es sencilla y simple, tan sencilla y comprensible que algunos de Mis hijos con formación intelectual se apartan de ella porque les parece demasiado elemental; pues su arrogancia exige que, si Dios existe siquiera en su pensamiento, al menos Su enseñanza de salvación satisfaga las exigencias intelectuales que les fueron inculcadas. Una enseñanza que puede captar y comprender también una mente sencilla, una persona que piensa con el corazón, despierta a sus ojos la sospecha de carecer de todo contenido profundo y de no tener, por tanto, importancia para ellos.
Por medio de hijos e hijas fielmente entregados a Mí, Yo, el Buen Pastor, el Espíritu del amor y de la verdad, dirigí en todos los tiempos Mi mensaje a todos aquellos que no se dejaron confundir por la gran confusión y que, llenos de buena voluntad y ardiente anhelo, buscaban, indagaban y procuraban encontrar la única fuente vivificante de toda salvación. Vean, la fuente pura siempre estuvo entre ustedes, nunca estuvo lejos y sale al encuentro de los Míos en muchos lugares, en medio del mundo, para acompañar y enriquecer su vida, esclarecerlos y moverlos hacia el bien. Pero todavía son pocos quienes la reconocen y toman en cuenta.
Quienes en su tiempo se reúnen en sus instituciones religiosas, las dirigen y gobiernan sobre ellas, deben reconocer que cada vez más de sus seguidores se apartan, pues se manifiestan inevitablemente los efectos de su vida contraria a la ley. Los engañados, seducidos y deslumbrados se dan cuenta de que muchos de sus dirigentes religiosos solamente fingen vivir siguiendo Mis huellas, mientras que sus corazones están llenos de intrigas, mentira y engaño. Y aunque no pocos de ellos conocen la verdad, llevan su vida como hipócritas cobardes, revestidos de cargos y dignidades en sus instituciones, que nunca son Mías, y continúan ignorando o negando el llamado audible de su conciencia.
A otros, en cambio, les falta toda fe. Como actores, se visten con sus suntuosos trajes para exhibirse ante los Míos mediante ritos mágicos y ceremonias monstruosas, y recrearse en la reverencia y admiración de todos aquellos que, por ceguera e ignorancia, todavía atribuyen significado espiritual a semejante espectáculo pagano.
En verdad, les digo: abran sus corazones, sus ojos y sus oídos, y entonces reconozcan a los seductores con apariencia humana. Reconozcan el nido de serpientes del que procede el veneno paralizante del engaño y la incredulidad, y desde el cual se les anuncian, con lengua bífida, las enseñanzas de todos aquellos que sirven a la oscuridad. Solo conocen una meta: defender con uñas y dientes el poder y la influencia sobre los Míos, así como las riquezas y los bienes que les han robado, y mantenerlos encadenados en su funesta esclavitud espiritual.
¡Ay de ustedes, hipócritas! Ya han recibido la recompensa de este mundo. Pero ¿cuál será su recompensa después de partir? ¿Serán elevados o humillados? ¿Dónde tendrán que llevar su existencia futura?
Despierten y reconozcan: Mi Espíritu de amor y verdad sopla con fuerza y presencia cada vez mayores a través de todas las esferas de la eternidad para conducir esta Tierra —sí, todos los ámbitos de la materia— hacia la nueva época, que ya no tendrá nada en común con la antigua tal como ustedes la conocen. La raíz de toda vida funesta, cuidada y regada por todos aquellos que se interpusieron entre los Míos y Yo, habrá sido arrancada, pues su tiempo ha llegado. Y allí donde antes hubo un nido de serpientes, los Míos caminarán libres, pacíficos y radiantes, en armonía fraternal, y realizarán su labor cotidiana en Mi Espíritu para el bien de la nueva Tierra y de todas las criaturas que ella sostiene bajo el nuevo cielo que Yo haré surgir.
A aquellos hijos Míos que creen que todavía podría encontrarse para ellos en esta Tierra, dentro de ella o por encima de ella, algún lugar que les sirviera de refugio, se les dice: «No habrá escondite alguno exento de la transformación que experimentará la Tierra».
Se aproxima la era del espíritu, ¡y este sopla en todas partes! ¿Quién puede ocultarse de Mí? Mi aliento divino penetra con su resplandor y toca toda la materia, impulsándola hacia una vibración más elevada. Bienaventurado quien emprende el camino, se prepara y transforma su vida hacia la luz mediante la purificación de su alma y de su ser humano.
Reconozcan, pues, Mis amados: está puesto en las manos y, por tanto, en la decisión de cada uno de Mis hijos permitir que, mediante una vida Conmigo, la corriente divina lo eleve hacia un ser más elevado, o resistirse con rigidez y soportar los efectos conforme a Mi ley.
Una vez más les digo: «Despierten y busquen su refugio únicamente en Mí. Reconozcan también la gracia inconmensurable de su paso por la Tierra en este tiempo, cuya importancia no tiene comparación en la historia de su humanidad».
Adopten, pues, una decisión sabia a favor de la única fuente de la que fluye la verdadera y perfecta enseñanza de salvación, la cual los conduce más allá de todas las profundidades de la existencia humana hacia el sendero que lleva a la cumbre de la bienaventuranza celestial. Tomen Mi mano y no vuelvan a soltarla. Entonces Mi amor, sabiduría y misericordia divinos y, con ellos, la verdad eterna resplandecerán como luz en todos sus caminos.
No teman; estoy y permanezco con ustedes. Amén.
Revelación divina
Quiero añadir algunos aspectos a la palabra que acabo de revelar y que, por su seriedad y claridad, tenía que ser de esta manera para llegar a los corazones de las personas. Pero antes quiero decirles: aun antes de que alzara Mi palabra en este círculo, estaba en medio de ustedes. Y Conmigo había una cantidad inmensamente grande de almas que siguieron Mi llamado, el cual atravesó la creación.
Como sus ojos interiores todavía no están abiertos, no pueden imaginar lo que sucede en lo invisible a su alrededor. Pero aun si pudieran verlo, sería imposible abarcar la cantidad de quienes siguieron Mi invitación. Son multitudes de personas espiritualmente dispuestas que, acompañadas por ángeles, entraron en este recinto porque sienten que aquí encuentran algo que necesitan y que se les negó; pero también porque en sus corazones arde el anhelo de seguir la luz del amor que las atrae.
Muchas almas vienen con gran gusto a su círculo y también a los numerosos encuentros que se realizan en Mi nombre y en Mi Espíritu por todo el mundo. Se benefician de ellos porque ven que aquí se reúnen personas que se esfuerzan seriamente por cumplir Mi mandamiento del amor. En gran parte son almas que todavía conservan cierta atadura a la materia, pero que cobran valor mediante la vida de ustedes, porque ven que es posible liberarse de los vínculos aún existentes con lo terrenal y de las ataduras a múltiples ideologías falsas. Así, quienes procuran seguirme facilitan a sus hermanos y hermanas del más allá la adopción de sus decisiones. Y por este trabajo de ustedes, por estos «logros» —si Me comprenden correctamente—, que son mucho mayores que aquello que alcanzan en la materia, fluyen hacia ustedes la alegría, la fuerza y la gratitud de los cielos.
En una de Mis revelaciones anteriores hablé de fe, esperanza y amor. Si les preguntaran: «¿Creen en Dios?», ¿qué responderían? ¿Pueden imaginar que de su corazón surgiera espontáneamente la respuesta: «Vivo con Él», lo cual equivale a «Lo amo»? Vivir Conmigo, hacerme el contenido de los propios pensamientos, actos y hasta del trabajo cotidiano, es algo completamente distinto de creer en Mí.
En muchas revelaciones les he dado ayuda tras ayuda para que puedan ser más amorosos, considerados y pacientes en el trato con su prójimo; para que les resulte cada vez más posible conocerse a ustedes mismos y puedan luego realizar con Mi ayuda los cambios necesarios.
No existe otro camino hacia Mi corazón que vivir Conmigo.
Ahora miren el mundo y observen cuántas personas —o, mejor dicho, cuán pocas— se esfuerzan seriamente por llevar esta vida Conmigo. Acabo de mostrarles las razones: Mi enseñanza fue alterada, falsificada y mutilada, y Mis hijos ignorantes fueron atados. Ciertamente todas las religiones contienen partes de la verdad eterna, pero personas que perseguían sus propios intereses colocaron muchas cosas a su alrededor para desviar la atención del núcleo de Mi enseñanza del amor. Y el núcleo dice: ¡ama, y nada más!
Una enseñanza sencilla que toda persona del mundo puede poner en práctica, sea pobre o rica, instruida o sin instrucción, enferma o sana. Dondequiera que viva una persona, sin importar el ámbito cultural ni la raza a la que pertenezca, puede vivir este «ama, y nada más». ¿Cómo podría ser de otro modo, si Yo soy un Dios para todos Mis hijos? Pero cuando el bando contrario logró introducir sus ideas —con tanta astucia que casi nadie lo percibió—, surgieron ritos, tradiciones, preceptos, dogmas y mucho más, y el envoltorio se volvió más importante que el contenido. Sin embargo, el camino hacia Mí se encuentra en el contenido y no en la envoltura exterior.
De este modo Mis hijos fueron conducidos al error; fueron y siguen siendo atados y mantenidos en esa atadura. Su fe se ha convertido muchas veces en una fe en la letra y en las autoridades. Ya les he mostrado las razones.
A ustedes, que causaron y continúan causando esto hasta hoy, les digo: «¡Ay de ustedes!, pues quedarán atrapados en las ataduras que impusieron a otros. Y —al menos durante cierto tiempo— languidecerán en ese infierno, en su propio infierno, del que tanto hablaron a Mis hijos». Les pediré cuentas por cada alma a la que privaron de libertad. Pues la libertad es propia de todos Mis hijos, una libertad que supera su capacidad de imaginación. Todos Mis hijos son hijos e hijas de grandeza radiante, dotados de fuerzas creadoras inconmensurables y de una voluntad divina y clara que Yo he puesto dentro de ellos.
Se lo hago presente una y otra vez a ustedes, a todos los que escuchan y leen Mis palabras, y les digo: «Salgan de su propia sombra; reconozcan quiénes son y actúen en consecuencia. Entren en la íntima comunión a solas Conmigo para que Yo pueda prepararles los caminos y guiarlos por ellos».
¡Esto es una vida Conmigo! Y para que no se quede solamente en la teoría, les doy un ejemplo de su convivencia. Conocen la ley de causa y efecto: un efecto que, si se responde a él de determinada manera, genera una nueva causa, esta vuelve a producir un efecto, y así sucesivamente. Semejante cadena puede prolongarse a través de varias encarnaciones, en parte por ignorancia y en parte porque no existe disposición para perdonar. Pero ustedes poseen este conocimiento; aplíquenlo.
Cuando venga sobre ustedes algo que los enoje, cuando alguien quiera perjudicarlos o les haga daño, recuerden que mediante su reacción tienen la posibilidad de establecer una nueva causa o detener esta rueda de siembra y cosecha, que, si no actúan conforme a la ley, seguirá girando.
Extiendan la mano. Ofrezcan perdón y pidan perdón. No respondan con los mismos medios ni paguen con la misma moneda. Entonces serán ustedes quienes opongan luz a la oscuridad. No importa si la otra persona comprende este gesto. Ustedes son quienes aplican Mi mandamiento del amor en el trato con su prójimo. Entonces son ustedes quienes viven Conmigo. Esta es la tarea de todos aquellos que vinieron a esta Tierra por Mí y prometieron ser luz en este tiempo oscuro.
Así transforman el mundo y oponen su amor y su paz al odio y la disputa omnipresentes. «El más inteligente cede», dice uno de sus proverbios. Pero Yo les digo: «El más sabio cede, porque conoce las leyes espirituales y actúa conforme a ellas en su vida cotidiana». Son Mis leyes, que se les ocultaron y siguen ocultándose, y cuyo conocimiento y aplicación habrían impedido que la humanidad y su Madre Tierra llegaran al punto en que ahora se encuentran.
Este pequeño y sencillo ejemplo basta para mostrar claramente la magnitud del extravío de Mis hijos. Quien sabe que Yo, el Amor, habito dentro de él; quien sabe que no soy un Dios silencioso, sino que hablo dentro de cada persona y que todos tienen la posibilidad de escucharme en su interior, puede comprender cuánto difieren las ideas religiosas eclesiásticas de aquello que Yo llamo «vivir Conmigo».
Quien atraviesa el día con atención descubre muchas oportunidades en las que puede reaccionar desde el amor. Si todavía no pueden hacerlo, vengan a Mí. Y si perciben que su anhelo y su amor aún no han crecido en la medida que desearían, pídanme que los fortalezca. Yo soy el Amor, y no tengo deseo mayor que el de que también Mis hijos vuelvan a convertirse en amor. ¿Cómo podría no escuchar o cumplir jamás una petición de apoyo en su camino?
Si quieren examinar cuánto han avanzado ya en su camino hacia Mí, existe un medio sencillo: quien vive Conmigo ha tenido experiencias Conmigo y puede responder, basándose en ellas, al prójimo que pregunta. Entonces ya no se trata de un conocimiento leído, ni de proverbios o pasajes bíblicos que deben citarse; no, aquí bebes del tesoro de experiencias que se acumula dentro de ti, hijo Mío, y dentro de ti, hija Mía, cuando vives Conmigo.
Esto es lo que deseo, y esto deseo para ti, para ti y para ti. Lo deseo para todos ustedes, almas que están presentes en esta hora. Reconozcan el Espíritu del amor y adopten su decisión, que, como ya dije, debe ser sabia. Amén.
Palabras finales sobre nuestro encuentro
Así como ustedes, Mis amados, Me cantaron su amor, también Yo quiero asegurarles una vez más Mi amor por ustedes al finalizar su encuentro. Perciban que la energía, la fuerza del amor puro, está con ustedes. Ténganlo presente cuando abandonen este lugar y regresen a su vida cotidiana. Reconozcan que no existe ni la huella de un instante en que Mi gran amor paternal no los envuelva y acompañe.
Recorran, pues, sus caminos y recuérdenme. Los amo. Amén.
Y cuando su amor por Mí se vuelva cada vez mayor, finalmente tendrá una sola meta hacia la que se dirigirá todo su anhelo: venir a Mí, a Mis brazos, y permanecer allí por toda la eternidad. Con esta meta ante los ojos, todas las preocupaciones y temores se desprenderán de ustedes; entonces ya no habrá lugar para necesidad, aflicción ni dudas, ni temor alguno ante la llamada muerte. Sabrán adónde quieren ir y, así como avanzan hacia su meta cuando aman a una persona, del mismo modo —solo que multiplicado muchas veces— correrán hacia Mis brazos.
Les doy toda la fuerza para ello; y siempre que vengan a Mí pidiendo que fortalezca su amor y su anhelo, cumpliré esa petición, como ya se lo dije y se lo diré una y otra vez, porque quiero tener nuevamente Conmigo a todos ustedes, todas Mis criaturas. Amén.