Revelación divina
Mis amados, una y otra vez Me piden que les explique el mandamiento principal y, en especial, la parte que dice: «… como a ti mismo».
Solo puede amarse correctamente a sí mismo quien Me ama por encima de todo a Mí, su Dios y Padre, a Mí, el Cristo. Con un amor que los vuelve sensibles y los hace escuchar con entrega: escuchar Mis impulsos, Mi amor y el contacto con su alma y su corazón. Y como Yo los toco en su interior con todo Mi amor, Mi luz, Mi paz y Mi alegría, su corazón se abre como una flor iluminada por el sol. Entonces no pueden evitar reconocer, con su visión interior e incluso con la exterior, cuán dignos de amor y cuán semejantes a Mí son.
¿Cómo podría un hijo que Me ama y ve Mi imagen reflejada en sí mismo no amar esa imagen, ese ser? Y cuando se reconocen en Mí, cuando actúan, hablan, piensan y aman como Yo, Jesucristo, los amé y viví como ejemplo para ustedes, el círculo se cierra y abarca todo el mandamiento principal: «Ama a Dios, tu Padre, por encima de todo, y a tu prójimo como a ti mismo».
Entonces los alcanza un presentimiento de la santidad de esta, Mi primera petición dirigida a ustedes, Mis amados. Y en verdad, les digo: cuando interioricen este mandamiento y vivan conforme a él porque ya no puedan vivir de otra manera, caminarán siguiendo Mis huellas —las que dejé cuando Yo, Jesús, recorrí esta Tierra— en dirección al Cielo.
Entonces sucederá aquello que ya les dije en aquel tiempo, y realizarán milagros aún mayores que los Míos.
Crean, pues, en su grandeza; acepten con gratitud los dones que deposité dentro de ustedes y que constituyen su legítima herencia. Después, Mis amados, distribúyanlos sin reservas; y Yo llenaré sus manos, sus brazos y sus corazones con corrientes siempre nuevas de bendiciones de los Cielos. Aquello que sucede correctamente de este modo en Mi nombre los protege de un entusiasmo excesivo que puede cambiar fácilmente de dirección en Mis hijos humanos; saben a qué Me refiero.
Recorran su camino, sirvan y amen con Mi grandeza dentro de ustedes; crecerán más allá de sí mismos y entrarán en su verdadera misión, acompañados siempre por Mi amor y Mi bendición. Amén
Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, hoy vuelvo a mostrarles el gran arco que comenzó con la Caída, pasó por la formación de los ámbitos situados fuera de los Cielos, incluida la materia —y, por tanto, su Tierra—, y que finalmente, después del regreso al hogar de todo cuanto cayó, termina de nuevo en la patria eterna, cerrándose así el círculo. Para siempre, pues nunca habrá una segunda Caída.
Ya les he hablado varias veces acerca de este tema*) y lo haré una y otra vez; por una parte, porque tiene una importancia decisiva para comprender su presencia aquí y, por otra, porque cada recordatorio profundiza la comprensión del conjunto, sobre todo cuando ilumino nuevos aspectos en cada ocasión.
Aceptar y, ante todo, comprender este acontecimiento gigantesco constituye una gran ayuda para quienes Me anhelan y Me aman, para quienes han emprendido el camino de regreso a Mi corazón. Pues precisamente a ellos se intenta manipular y seducir de una manera especialmente hábil. Es cierto que innumerables personas permanecen sumidas en una especie de sueño espiritual profundo; pero no representan un peligro para la oscuridad. Al contrario: muchas veces son instrumentos dóciles, dirigidos desde las tinieblas sin conocer su papel de marionetas atrapadas por las fuerzas contrarias.
La atención de las fuerzas que luchan contra Mí y contra ustedes se dirige a quienes despiertan espiritualmente y han dado o están dando sus primeros pasos hacia la libertad interior. Por eso se intenta impedir de todas las maneras imaginables una evolución del espíritu. Los medios son muy diversos. Sus detalles los asustarían y los harían mirar con incredulidad; por eso no entro en ellos y Me limito a exhortarlos una y otra vez a permanecer atentos y a utilizar el entendimiento que les he dado, incorporando la lógica de su corazón.
Pero sí les muestro los trasfondos. Los llamo, les hablo en su interior, les recuerdo constantemente la fuerza que llevan dentro, Mi amor del que proceden, y espero que por libre decisión —no por miedo ni únicamente por sentido del deber, sino por amor a Mí— emprendan el camino hacia la patria y lo recorran con valor y llenos de alegría. Cada uno con las posibilidades que le han sido dadas y de las que dispone en ese momento.
En el punto del arco donde se encuentran Mis hijos humanos ya se ha recorrido el tramo más largo. Todo cuanto cayó está en el camino de regreso, aunque no todos quieran admitirlo. La posibilidad del regreso se inició por medio de lo que ocurrió en el Gólgota hace dos mil años. No fue Mi «muerte» la que trajo la redención. De acuerdo con las leyes de la materia, ella solo constituyó la condición necesaria para que pudiera liberarse la energía de Mi amor —aquello que ustedes llaman resurrección—, a fin de fortalecer a todas las personas y almas y hacer posible así su regreso al hogar.
Este acontecimiento verdaderamente único, este acto nacido de Mi amor infinito, habría merecido ser representado de otra manera y no mediante una figura muerta colgada de una cruz, cuya contemplación supuestamente debe recordar a los creyentes Mi sacrificio —según la doctrina de ustedes—, pero que desvía la mirada de la grandeza de aquello que verdaderamente ocurrió.
Se alcanzó una victoria, la Caída se detuvo y, desde entonces, los Cielos volvieron a abrirse y permanecen abiertos para toda alma dispuesta. Al menos algunos intuyeron la meta de volver a unir todo cuanto había abandonado los Cielos. Se había brindado la posibilidad de desprenderse de toda pesadez con Mi ayuda, transformar con Mi ayuda todo cuanto oprimía y emprender —Conmigo, tomados de Mi mano— el camino que finalmente termina en la luz. Era motivo para regocijarse interiormente y mostrar alegría en el exterior. Había surgido una situación que llenó de miedo y terror a las tinieblas, pues veían que su poder disminuiría y que sus posibilidades de influir se reducirían cada vez más.
Así comenzaron a elaborar y llevar a la práctica paso a paso un plan destinado a consolidar su posición. La oscuridad tergiversó Mi enseñanza, primero un poco y después cada vez más, hasta que finalmente, en ciertos puntos —y en algunos de ellos decisivos—, esta llegó a representar lo contrario de aquello que Yo había enseñado y vivido como ejemplo.
Esto se vio favorecido por el hecho de que las personas desconocían su existencia, sus posibilidades y su manera de proceder; y cuando sí las conocían, las revestían con imágenes abstractas, trasladándolo todo al ámbito de lo irreal, si es que llegaban siquiera a creer en la realidad de fuerzas negativas que pueden manifestarse perfectamente como seres personificados y no solo atravesar la Tierra y su entorno en forma de energías. Durante la etapa que ustedes llaman Edad Media, la ignorancia, unida a la idolatría y las falsas creencias, al abuso de poder y al empleo de la violencia, alcanzó su punto culminante.
Así, incluso hoy, durante su época «ilustrada» de la que tantos se sienten orgullosos, su Tierra y sus habitantes presentan ante el mundo espiritual una imagen de confusión y aturdimiento, incapacidad e ignorancia, caminos equivocados y falta de palabras. ¡Y, sin embargo, se trata de hijos e hijas de los Cielos, nacidos de Mi amor, que muchas veces atraviesan su vida como simples sombras de sí mismos! Porque no saben que la inmensa mayoría de las personas son conducidas como marionetas por hilos sostenidos por manos que representan únicamente sus propios intereses y persiguen sus propias metas.
Son las fuerzas oscuras —en gran medida desconocidas para ustedes y todavía negadas con frecuencia— las que aquí, en su Tierra, se enfrentan a la luz. Aquí, en su Tierra y en el entorno astral que la rodea, se desarrolla en lo invisible para ustedes la lucha que comenzó con la Caída. Aquí está el «campo de juego» donde se encuentran la luz y las tinieblas. Aquí está el escenario donde se disputa la supremacía. Y Mis hijos humanos son los participantes por quienes se esfuerzan ambos lados: por una parte, utilizados como marionetas por las fuerzas contrarias; por otra, cuando despiertan, acompañados y guiados por los Cielos.
Ha surgido una situación que puede describirse de la siguiente manera:
Una parte de la humanidad ha perdido por completo la fe en cualquier clase de poder superior, en buena medida debido a respuestas insuficientes e insatisfactorias a preguntas apremiantes, como la justicia de Dios y Su aparente falta de intervención ante las condiciones cada vez más caóticas de su planeta. Como a lo largo de muchos siglos las tinieblas lograron, influyendo en caracteres humanos convenientes para sus fines, eliminar de las enseñanzas de la religión cristiana el hecho de la reencarnación e interpretar de una manera completamente falsa o negar la ley de causa y efecto, los superiores eclesiásticos y sus consejeros espirituales carecen de respuestas. Pero la falta de respuestas conduce, pasando por la incomprensión, al rechazo de la idea de Dios y finalmente a negar a Dios.
Otra parte se somete —en todas las religiones— a los preceptos y doctrinas de sus dirigentes espirituales sin utilizar su propio entendimiento ni su corazón. Está atrapada en tradiciones y enseñanzas transmitidas durante siglos y milenios, que le presentan una imagen de Dios que poco o nada tiene en común con Mi realidad y Mi amor ilimitado. Acepta sin reflexionar aquello que se le ofrece y tampoco ve posibilidad alguna de comprobar la autenticidad y la verdad de lo que debe creer; incluso cree que no tiene permitido hacerlo. Tampoco considera necesario comprobarlo. Son las ovejas que siguen a pastores terrenales, quienes en el fondo no avanzan porque desconocen el camino y, por tanto, ignoran la necesidad de hacer algo ellas mismas para volver a entrar en los Cielos, cuya puerta he abierto nuevamente para ellas, para todos. Saben poco o nada del único camino que conduce a Mi corazón: el camino real, el camino del amor vivido. Cumplir mandamientos, observar prohibiciones, aplicar diversas técnicas, pertenecer a una comunidad, entonar himnos y alabanzas de toda clase, practicar ritos, tradiciones y meditaciones con trasfondos y objetivos no pocas veces dudosos, y muchas otras cosas, no sustituye aquello que he enseñado a quienes son Míos en innumerables revelaciones como el «trabajo interior». Estas prácticas fueron introducidas e instaladas para desviar la atención de la necesidad de actuar por cuenta propia. Con éxito temporal.
Otra parte está comenzando a abandonar antiguas ideas y a buscar verdades que hasta ahora le fueron ocultadas, pero cuya existencia intuye. El deseo de conocer más procede en parte de un anhelo que se encuentra en el alma y, en parte, del rechazo de todo aquello que se intentó imponerle. A estos últimos les falta muchas veces la capacidad de distinguir la verdad divina de una pseudoverdad. Ciertamente desean mayor certeza, pero su amor hacia Mí todavía tiene que crecer y crecerá. Todo aquello que de alguna manera se revista de una apariencia esotérica o incluso mística despierta su interés. Con ello corren el peligro —hablando en sentido figurado— de caer en manos de lobos disfrazados con piel de oveja; lobos que ofrecen a quienes tienen hambre un pan corrompido que estos no pueden reconocer como tal debido a su falta de esclarecimiento y, muchas veces, a su rechazo de cuanto les parece tener una apariencia divina y espiritual. No es difícil encontrar la respuesta acerca de quiénes son los lobos: son quienes luchan contra la luz desde hace un tiempo inconcebiblemente largo, persiguen metas diferentes de las Mías, procuran con temor defender su ámbito de poder y necesitan urgentemente las energías de las personas, porque no reciben energías divinas para sus actos contrarios a la ley. Pero todo ser depende de la energía.
Describir el estado que les he expuesto con las palabras «confusión, aturdimiento, incapacidad, ignorancia, caminos equivocados y falta de palabras» corresponde más que adecuadamente a la situación actual.
Pero aunque parezca una situación «sin salida», todo se desarrolla dentro de Mis leyes divinas. De ello se desprende también que la fuerza infinitamente grande de Mi amor dispone de posibilidades igualmente infinitas para llevarlo todo hasta el desenlace que he previsto para todos Mis hijos, incluidos quienes todavía están contra Mí: la reincorporación de todo cuanto cayó a la infinitud y la belleza de su patria eterna.
Pero no quiero ni voy a limitarme al consuelo de que algún día todo volverá a estar bien. Pues veo los temores y las necesidades de quienes desean acercarse a Mí, quieren emprender Conmigo el camino de regreso al hogar, pero al mismo tiempo se preguntan cómo encontrar en este laberinto de tergiversaciones, medias verdades y falsedades la luz que los guíe con absoluta seguridad. ¿Es posible ver a través de esta espesura? «¿Dónde y cómo —oigo decir a Mis hijos— encuentro el camino que es Tu camino, Padre? ¿Y quién me guía?».
Ya les he respondido muchas veces la última pregunta: es el amor, Mi amor dentro de ti, que en Jesucristo es tu hermano y amigo. Él es quien te conduce como piloto a través de tu vida, incluso en las tormentas más fuertes, y quien te lleva con seguridad al puerto si esa es también tu voluntad llevada a la práctica. Les recuerdo Mis palabras: ¡a quien sirve a la ley, la ley le sirve!
Pero también puede responderse sin dificultad la pregunta de cómo encontrar el camino. Al fin y al cabo, es la pregunta de si todavía es posible descubrir la verdad dentro de la confusión existente y qué criterios deben aplicarse a las enseñanzas de las diferentes religiones para no extraviarse.
Mi ley es amor y, por tanto, contiene todo cuanto también es propio del amor. A ello pertenecen la justicia, la libertad, la igualdad, la misericordia, la humildad, la bondad de corazón, el perdón infinito, la protección, ayuda tras ayuda, una comprensión sin límites y la incapacidad de castigar o amenazar, por mencionar solo unas cuantas cualidades. Pero el simple conocimiento de estas características ya basta para examinar más detenidamente cualquier enseñanza y extraer con responsabilidad propia las conclusiones correctas y, si fuera necesario, tomar decisiones.
Toma, si lo deseas, el ejemplo de la justicia. Yo soy justo, ¡porque sin justicia no puede existir amor! La lógica de tu corazón te dirá entonces que todo cuanto te sucede en tu vida —y, en efecto, a cada ser y cada cosa en toda la Creación— tiene que estar sometido al principio de la justicia, porque nada sucede fuera de Mi ley. Quien no puede explicarlo porque desconoce, rechaza o interpreta erróneamente la ley de causa y efecto; quien Me presenta como un Dios de grandes misterios inexplicables o de arbitrariedad, no representa Mi enseñanza. Así, únicamente por medio de este pequeño ejemplo, habrías reconocido dónde está la verdad y dónde no.
O toma la libertad. He dado libre albedrío a todas las criaturas. ¡Yo no ato! Donde se enseña y vive Mi amor —ama, y nada más—, sin añadir mandamientos y prohibiciones propios ni ideas personales, reinan la libertad, la alegría y la confianza. Allí no existen presión, coacción, obligación, intenciones ocultas ni condiciones. Aplica este criterio y aprenderás a distinguir entre lo verdadero y lo falso.
Toma como criterios la igualdad, la humildad y el hecho de que Yo no amenazo ni castigo; entonces sabrás si aquello que se presenta como Mi ley corresponde o no a la verdad.
Las doctrinas de los llamados maestros, que hoy cuentan con ayudantes dispuestos en todas partes del mundo, están envueltas con suma habilidad. Han refinado su estrategia y ya no proceden con fuego y espada. Apelan al deseo de armonía y paz de las personas; incluso la palabra «amor» aparece una y otra vez. Afirman poder satisfacer la curiosidad por todo cuanto es espiritual. Trabajan con palabras que no comprometen a nada y que, en gran medida, carecen de contenido.
¿Permaneces atento cuando oyes o lees que no tienes que hacer nada porque todo está bien tal como es?**) ¿O cuando te dicen que no solo llevas fuerzas divinas dentro de ti, sino que eres una parte de Dios —sin que entiendan por Dios a Mí, el Creador—, incluso que tú eres tu propio dios? ¿Y que no tienes que rendir cuentas ante nada ni nadie? ¿Te dejas deslumbrar por palabras bien escogidas detrás de las cuales se ocultan el vacío y la superficialidad? ¿Por frases llenas de afirmaciones correctas en las que se esconde —casi imperceptiblemente— algo falso? Sin duda, para muchos resulta seductora la perspectiva de poder ascender a esferas superiores sin tener que recorrer el camino del conocimiento de sí mismos, el arrepentimiento, la decisión y la transformación —el camino del amor tomados de Mi mano—, limitándose a practicar determinadas técnicas y formas de meditación. Pero es un camino que conduce a los brazos de las fuerzas contrarias.
Si todavía no estás seguro, antes de dirigir tus energías hacia allí busca una relación personal de Padre e hijo; busca un amor ilimitado que te espera con los brazos abiertos; busca el origen del amor del que surgieron todas las criaturas y que las vivifica ininterrumpidamente, porque esta fuente lo alimenta todo. Busca un amor que se hizo ser humano para conducirlo todo de regreso a la unidad.
Aplica el criterio de cuanto te he dicho; deja que tu anhelo vibre hacia Mí; entra en el silencio, en una conexión íntima Conmigo que resulte familiar para tu alma, en una oración profunda que un hijo dirige a su Padre divino, y di con tus propias palabras algo como esto: «Padre, Te reconozco como la fuente eterna de mi vida, de la cual fluye hacia mí todo cuanto necesito. Confío en Ti»; entonces reconocerás la verdad, porque la llevas dentro de ti.
A muchas personas que intuyen o incluso reconocen la verdad todavía les resulta difícil abandonar antiguos caminos de pensamiento practicados durante mucho tiempo y posiblemente desde varias encarnaciones, renunciar a la imagen que tenían de Dios o adoptar en el futuro una mayor distancia frente a ella. También les cuesta porque no están acostumbradas a pensar bajo su propia responsabilidad, aunque precisamente esa capacidad, que forma parte de su libre albedrío, es uno de los regalos más hermosos que he dado a Mis hijos.
Reconozcan qué los ata o qué los atrae hacia otras doctrinas y corrientes. ¿Qué hay de complicado en aquello que les enseño? ¿Qué tiene de malo amar y ser amado? ¿Qué hay de tan poco atractivo en ello como para que sientan la tentación de preferir otras promesas vistosas?
En verdad, les digo: no existe camino más seguro, y que al mismo tiempo represente una aventura maravillosa, que el recorrido tomados de Mi mano. Llegarán a conocerse, se liberarán del lastre y de las pequeñas y grandes debilidades que todavía llevan consigo. Me experimentarán como un amigo sin igual. Paso a paso crecerán hacia la libertad que ya se encuentra dentro de ustedes. Su conciencia se ampliará y será cada vez más difícil —para quien sea— imponerles doctrinas que contienen numerosas ideas humanas o atraerlos hacia senderos de desarrollo aparentemente fáciles que terminan en un callejón sin salida, en cuyo extremo no los espera el amor desinteresado e incondicional.
Mi palabra fue seria, pero nació de Mi amor. Yo esclarezco, exhorto y llamo; pero en cada una de las palabras que te dirijo, tu libre albedrío y tu decisión son sagrados para Mí. Esto se aplica a todos, incluidos quienes intentan influir de las maneras más diversas sobre Mis hijos. Ellos no son enemigos Míos ni de ustedes. Son Mis hijos y hermanos y hermanas de ustedes. Oren por ellos.
Si, además, desean ayudarlos porque Mi amor ha despertado dentro de ustedes, háganlo mediante su ejemplo en la vida cotidiana; y créanme: este es percibido. Del mismo modo que desde lo invisible se reconoce y aprovecha cada punto débil —nadie podría ser seducido si sus intereses o partes de su carácter no lo permitieran—, también se reconoce su luz. Puede servir para que quienes desean seducirlos lleguen a conocerse a sí mismos; pero, en todos los casos, su esfuerzo por amar los ayuda a ustedes a quedar envueltos con mayor seguridad en Mi protección.
Mi bendición acompaña a toda Mi Creación, que surgió de Mi amor, es sostenida por Mi fuerza y crece ininterrumpidamente mediante Mi amor. Por tanto, Mi bendición también te acompaña a ti, a ti y a ti, hijo Mío. Te toco en lo más íntimo y te digo como tu Padre: «Te amo desde la eternidad y para siempre». Y cuando Me abres tu corazón y Me entregas tu amor mediante sentimientos, pensamientos o palabras: «Yo también Te amo, Padre Mío», reconocerás en tu corazón esta verdad: ama, y nada más.
Amén
*) Entre otras, en las revelaciones del 14 de septiembre de 2013 («Lo invisible es la realidad») y del 12 de abril de 2014 («Las tinieblas intentan manipular su conciencia»).
**) En efecto, todo está bien, pero no en el sentido de las falsas doctrinas de los maestros.