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Que la libertad y la alegría en Mí sean su meta

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Freiheit und Freude in Mir sei euer Ziel

Fecha original: 2 de octubre de 2024

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, hoy les hablaré de su grandeza, de su verdadera grandeza, que es tan «infinita» que ustedes no pueden comprenderla ni remotamente. Esta ignorancia no les facilita su camino por la vida terrenal. También lo sabe el lado adverso, que desde hace eternidades hace todo lo posible por mantenerlos «pequeños» en sus conocimientos, para que su conciencia, su interior, no crezca. Para conseguirlo se vale de tantas posibilidades que, si las conocieran, se asustarían. Porque todas ellas tienen una relación directa con ustedes: con sus pensamientos, deseos, ideas, dudas, su fe equivocada y correcta, su incredulidad y mucho más. Y, sobre todo, con los sentimientos de culpa hacia Mí, que los han privado de libertad a causa de enseñanzas erróneas, principalmente de representantes religiosos y de la educación de sus padres.

Pero antes intentaré darles una idea, aunque sea diminuta, de quién Soy Yo. No puede ser más que eso, porque Yo Soy el Creador y ustedes son Mis criaturas. Y ninguna criatura podrá comprender jamás la profundidad, la extensión y la grandeza infinitas de Aquel que la creó.

A falta de otra forma de expresión adecuada, con «Yo Soy» está dicho en realidad todo. No existe nada aparte de Mí ni fuera de Mí. Y lo que además sobrepasa la capacidad de su pensamiento es el hecho de que Yo Soy infinito y eterno, es decir, que no estoy sujeto a limitaciones de tiempo ni de espacio. Ni siquiera intenten comprenderlo, aunque solo sea de manera aproximada. El entendimiento humano no fue creado para ello. Incluso para los querubines y serafines —los arcángeles que representan Mis esencias y cualidades— permanecen cerrados estos misterios últimos.

Mi esencia es amor, amor puro y desinteresado por todo lo que surgió de Mí. Y esto desde eternidades y por todas las eternidades. Quien pueda comprenderlo, que lo comprenda…

¡El regalo más hermoso que hice y hago a cada uno de Mis hijos es el libre albedrío! ¡Jamás tocaré este regalo! Aunque esto les plantee muchas preguntas, estas solo pueden surgir en ustedes porque los han mantenido «ciegos y sordos».

Su libre albedrío no está sujeto a ninguna condición. Si lo estuviera, no sería un regalo que realmente los hace libres. Este fue, entre otros, uno de los puntos que aprovecharon las tinieblas para distanciarlos de Mí y privarlos de libertad: introdujeron en el mundo la idea de que se hacían culpables ante Mí si desobedecían Mis leyes. Esto tuvo consecuencias graves, pues indujo a gran parte de la humanidad a formarse una imagen falsa de Dios; al mismo tiempo, se les inculcó el miedo —que muchas veces los domina inconscientemente sin que lo sepan— a la manera en que Yo les pediría cuentas si desobedecieran Mi mandamiento del amor.

Cada hijo celestial —y ustedes también son hijos celestiales, porque su verdadera patria está Conmigo en el Cielo— recibe este regalo cuando ha recorrido las etapas de la evolución espiritual y entra en la vida como ángel: en la vida verdadera, en su verdadera vida, que jamás volverá a terminar. Una vida cuyo origen, por siempre y para siempre, es existir junto a Mí.

¡En un momento de quietud tomen conciencia de quiénes son! Y no lo hagan una sola vez.

Sin entrar aquí con mayor detalle en la rebelión de Sadhana y sus seguidores, les diré lo siguiente:

Como Sadhana, que más tarde se llamó Lucifer —nombre que significa «portador de luz»—, no puso fin a su rebelión contra Mí a pesar de innumerables exhortaciones, tuvo que abandonar el Cielo junto con sus seguidores. Así se formaron los ámbitos extracelestiales, cuyo punto más profundo es el universo material, y entró en vigor una ley que no era ni es necesaria en el Cielo: la ley de la siembra y la cosecha, llamada también ley de causa y efecto.

No representa un castigo de Mi parte, amados Míos. Lo repito: ¡Yo no castigo! Esta ley hace que el causante reconozca su conducta equivocada mediante las consecuencias que recibe a causa de sus actos. Ahora ustedes podrían decir con razón: «¡Pero él, el diablo, no lo reconoce! ¡Todavía no ha regresado! ¡Y tampoco se ha reconocido como falta de amor ni se ha reparado todo el mal que existe en el mundo! ¡Al contrario, cada vez empeora más!».

Amados Míos. En primer lugar, intenten acostumbrarse a no fijarse en los demás ni en su conducta. Sé que esta es una tarea difícil, pero en su camino hacia Mí no podrán evitar practicar esta capacidad y finalmente adquirirla. Los ayudo si ese es su deseo.

Y, en segundo lugar, Yo Soy también la paciencia, y Mi ley actúa —como todas Mis leyes— sin error alguno, aunque de vez en cuando parezca un poco lenta a los ojos de ustedes… (sonrisa).

A lo largo de innumerables años, las fuerzas adversas lograron presentar todo mal, toda calamidad, todas las desgracias y catástrofes, todas las guerras y situaciones de necesidad como castigos de Dios. Esto les fue posible porque antes habían trabajado intensamente para construir una imagen falsa de Dios. También forma parte de ello el hecho de que influyeron con éxito sobre quienes afirmaban y siguen afirmando anunciar la verdad de Mi enseñanza, la que Yo traje como Jesús de Nazaret.


La ley de la siembra y la cosecha sigue estando en boca de todos. No fue anulada; y no lo fue, entre otras razones, porque cualquiera que esté atento puede experimentar o experimenta en carne propia que las consecuencias de sus faltas anteriores lo alcanzan con bastante frecuencia. Sin embargo, casi nunca se relaciona esto con lo espiritual. Además, esta ley fue y sigue siendo interpretada erróneamente, y resulta un poco sorprendente que casi nadie advierta el error de razonamiento:

Siempre se la interpreta únicamente de cara al futuro, lo que significa que mañana cosecharé lo que siembro hoy. Pero ¿cuándo sembró el ser humano aquello que cosecha hoy? ¿Cuándo sembró un niño pequeño lo que ya cosecha durante los primeros años de su vida…?

Usen su entendimiento, hijos e hijas Míos, y no permitan que se limite la libertad de su pensamiento solo porque se oponen a ella los preceptos eclesiásticos o las ideas inculcadas. Ante preguntas semejantes, muchas veces solo reciben como respuesta un encogimiento de hombros acompañado por estas palabras: «Nadie puede penetrar en estos misterios de Dios».

De allí a perder la fe en Mí por considerarme injusto, carente de amor o incapaz no hay mucha distancia.

Tengan el valor, aunque por un momento esto altere un poco su concepción y su visión del mundo, de reconocer al menos ante ustedes mismos la verdad de que antes de esta vida tuvo que haber ya una o varias vidas. ¿Qué puede tener esto de terrible?

Mantengan siempre presente lo que sus científicos reconocieron y demostraron hace mucho: ¡la energía no puede destruirse! Puede transformarse, pero no puede eliminarse del mundo. Y la vida —tu vida, al igual que cualquier otra— es energía. Energía procedente de Mí, con la cual te llamé a la existencia.

Si reconocen que su verdadero hogar está junto a Mí, ¿se han preguntado alguna vez: «¿Por qué abandoné mi patria celestial?»? La inmensa mayoría de ustedes nunca se ha hecho semejante pregunta, pues las numerosas exigencias cotidianas rara vez dejan espacio para interrogarse sobre este u otros temas parecidos. Por eso les pido que ahora se ocupen de esta pregunta: ¿cuál pudo haber sido la razón por la que actualmente están encarnados en la Tierra?

La Tierra, incluido todo el cosmos terrenal, no es un mundo que Yo haya creado «porque sí». Nunca fue Mi intención dar vida a mundos extracelestiales. ¿Para qué? Todos poseen una vibración inferior a la de su hogar junto a Mí. Ningún mundo exterior se aproxima siquiera a su verdadera patria. Todo surgió como consecuencia de la Caída, porque Mi amor y Mi misericordia quisieron dar y dieron una morada a Sadhana y a sus seguidores.

Por tanto, entre el «Cielo y el infierno» existen innumerables mundos sutiles de una magnitud que supera su capacidad de imaginación. Todos están habitados, lo que significa que albergan formas de vida de las más diversas clases. Cada ser procedente del Cielo puede encarnarse en uno de estos ámbitos; para hacerlo posible en la Tierra, por lo general atraviesa varios mundos sutiles hasta llegar, mediante la unión del hombre y la mujer, como un pequeño habitante de la Tierra: ser humano por fuera y alma por dentro.

¿Qué razón puede haber para abandonar el hogar junto a Mí, cuya belleza no puede describirse? Reflexionen:

O bien las almas actualmente encarnadas llegaron a la Tierra como consecuencia de la rebelión de Sadhana y sus seguidores, aunque antes estuvieron en uno de los planos astrales inferiores; o bien decidieron voluntariamente —¡voluntariamente!— en el Cielo ir a la Tierra para asistir allí, según sus posibilidades, a sus hermanos y hermanas durante un tiempo difícil, uno de los más difíciles que azotarán la Tierra.

Perciban en su interior cuál de estas posibilidades se aplica a ustedes.

En verdad les digo: en el tiempo de ustedes hay encarnada una cantidad innumerable de seres espirituales con la intención de traer Luz a esta Tierra y formar así un contrapeso frente a quienes buscan en ella su propio beneficio y la satisfacción rápida de sus deseos. Sus líderes ni siquiera retroceden ante la destrucción parcial del planeta de ustedes, si es que esto no estuvo y sigue estando previsto desde un principio en su plan. No tienen interés en los temas espirituales ni en una evolución correspondiente y, muchas veces, también rechazan y hasta combaten a Mí y todo lo relacionado con Mi mandamiento del amor.

Ahora y en el tiempo venidero se les oponen Mis seguidores, hijos de la Luz, quienes actúan por amor desinteresado hacia sus hermanos y hermanas terrenales, encarnándose ellos mismos y continuando todavía con ello; aunque muchas veces la persona —todavía— no sabe que está en la Tierra para ponerse de Mi lado, llevando consigo las armas del amor.

Ha llegado el momento tantas veces predicho en que la Luz y las sombras se enfrentan en una confrontación que se libra —también— en la materia.


Fue una hábil jugada de las fuerzas adversas tergiversar Mi sencilla enseñanza e introducir en el mundo durante muchos siglos una doctrina propia que, primero mediante pasos diminutos y pequeños, y después mediante pasos mayores y grandes, trazó una imagen distinta y equivocada: que Yo creé el Cielo y la Tierra como mundos separados, y que el ángel caído fue arrojado junto con sus seguidores a otro ámbito, el infierno.

Para poder difundir semejante idea entre la gran masa de creyentes, las tinieblas se valieron de aquellos dirigentes de las iglesias de ustedes a quienes podían influir, por lo general sin que ellos mismos lo supieran o advirtieran. Al mismo tiempo, amenazaron y persiguieron a quienes sostenían una opinión diferente.

Aunque esta forma de represión religiosa ya no ocurre, las falsas doctrinas han perdurado hasta hoy. Esto se debe también, y no en último lugar, a que solo unos pocos tuvieron y tienen el valor de oponerles su propia opinión y defenderla, o al menos de interesarse por cuestionar la veracidad de lo que se les enseñó.

Se desterró al diablo y al infierno a algún lugar y, al mismo tiempo, se empleó el miedo a caer en la condenación eterna si alguien moría en estado de pecado grave. Y esto como castigo Mío por no creer en Mí y en Mis leyes o por no vivir conforme a Mi enseñanza —ya modificada—.

¡Todos los ámbitos que surgieron fuera del Cielo como consecuencia de la Caída no se encuentran en algún lugar lejano! Solo porque ustedes no pueden percibirlos fue posible hacerles creer eso. La verdad es que están a su alrededor; ¡ustedes viven en medio de ellos!

Todo es energía y, por tanto, todo es vibración: vibración de clases e intensidades o fuerzas muy diversas. El Cielo posee la vibración más elevada y al mismo tiempo más sutil; el infierno, la más baja. Naturalmente, el infierno existe, aunque no en la forma en que se lo representa, como un lugar de fuego y azufre. Es más bien un estado terrible en el que vive el alma cuando, y porque, durante la vida de la persona desobedeció el mandamiento del amor en todas sus manifestaciones.

Yo sostengo eternamente todo lo que creé y sigo creando. Eso es la vida presente en todo y en cada uno. Fluye con tanta mayor intensidad cuanto más cerca de Mí se encuentra una criatura, lo que significa que cuanto mayor es su amor, tanto más intensa y ampliamente experimenta Mi vida en su interior. Nadie carece por completo de Mi energía de amor, ni siquiera Lucifer, porque entonces no existiría. Pero él y sus seguidores reciben solo una energía mínima que, aunque basta para que puedan existir, por lo demás solo permite una existencia poco agradable.

Esto lleva a que sus hermanos y hermanas del lado adverso se esfuercen incesantemente por obtener energía. ¿Y de dónde la obtienen? De las personas a quienes pueden inducir a actuar contra Mi ley, persiguiendo intereses propios y egoístas en vez de observar Mi mandamiento de amar a Dios y al prójimo.

Para lograrlo, los poderes negativos disponen de innumerables caminos. Les resulta tanto más fácil ejercer influencia porque pueden aprovechar la ignorancia de las personas para sus fines. Su objetivo es obtener energía de la manera más permanente posible. Esto significa que, si logran llevar a una persona a un estado interior muy determinado o mantenerla en él, esa persona queda debilitada, aunque no sea consciente de ello o no lo advierta.

No es libre y continúa sin serlo; de este modo puede ser inducida una y otra vez a pensar y actuar de tal manera que se le pueda extraer energía. La consecuencia es que la libertad y la alegría que pertenecen interiormente a la persona como hija de Dios solo pueden vivirse de manera limitada o no pueden vivirse en absoluto.

Me refiero a los sentimientos de culpa, concretamente a los sentimientos de culpa hacia Mí.

Ya han oído más de una vez que los pensamientos son fuerzas enormes. Por tanto, lo saben —¡en teoría!—, pero ¿los ha llevado ya este conocimiento a vigilar sus pensamientos más que antes y a entregarme los pensamientos negativos, especialmente los que vuelven una y otra vez?

Las tinieblas explotan sin piedad este punto débil, presente con mayor o menor intensidad en cada persona, porque ven allí una posibilidad de obtener la energía que necesitan con tanta urgencia.

Y los sentimientos de culpa, sobre todo cuando se sienten hacia Mí, constituyen para ellas una puerta de entrada bienvenida y deseada con la cual impiden permanentemente que las personas avancen en su camino interior hacia Mí.


Para ello se valen de los pensamientos y las ideas que llevas en tu interior y de los cuales, en su mayoría, ni siquiera eres consciente. Si alguien te hablara de ello, probablemente dirías —si no estás dispuesto en principio a querer cambiar— que eso no es así o no puede ser así.

Yo Soy el amor. Punto.

Y en Mi amor no hay lugar para nada que guarde rencor ni que se asemeje a un registro, a una tabla en la que estén anotados tus pecados. Naturalmente puedes hacerte «culpable», pero no ante Mí, el Amor. Te haces culpable ante ti mismo y te perjudicas al reducir tú mismo la afluencia de Mi energía de amor debido a tu propia falta de amor. Y, por supuesto, nunca está mal venir a Mí y decir: «Padre, en esto actué mal». Me alegro por cada persona que, al reconocer sus actos carentes de amor, se decide a hacerlo. La bendigo, lo que significa que le doy nueva fuerza.

Pero expulsen de sus sentimientos e ideas la creencia de que se han vuelto «pequeños y no amados» solo porque cometieron errores. Las fuerzas oscuras desean esta forma de pensar, porque los «frena» y perjudica su cercanía a Mí. Si han reconocido que algo no estaba bien, por ejemplo a causa de dolores físicos, perciben ustedes mismos que eso les duele interiormente y que, si es posible, desean repararlo. El lado adverso desea que trasladen a nuestra relación esta pesadez interior que a menudo se hace sentir en ustedes, y que Me consideren como Aquel que la envió como castigo.

Por eso, hijo Mío, interioriza esto: Mi amor por ti permanece intacto, hagas lo que hagas.

Me han presentado como Aquel que castiga. Pero como Yo no Soy así, debe existir otra causa de todo lo negativo que hay en el mundo: solo puede haber sido provocado —¡y lo fue!— por la ley de causa y efecto, ya sea en el mundo grande y extenso o en el pequeño mundo de tu vida cotidiana.

Pero también los sentimientos de culpa hacia ti mismo son un obstáculo muy grande cuando intentas establecer entre nosotros una relación de amor más estrecha que en el pasado. ¡Eres hijo de Mi amor! La libertad y la alegría forman parte de tu esencia. Son cualidades eternas que deposité en ti. Y, naturalmente, aunque actualmente vivas como ser humano en la Tierra, siguen dentro de ti y permanecerán allí por siempre.

Si no tuvieras sentimientos de culpa —si ya no los tuvieras—, podrías presentarte ante Mí lleno de serenidad y más feliz que nunca: hablar Conmigo, reír Conmigo, abrazarme y sentir ya en la Tierra la libertad y la alegría que habitan en ti.

Eso es lo que Yo deseo y lo que tú también deseas, con toda seguridad en tu alma y quizá ya como ser humano: Yo y tú estrechamente unidos en tu vida cotidiana, sin que ello se vea afectado por el hecho de que la rutina diaria exija su parte de fuerza, atención y concentración.

Los sentimientos de culpa, cualquiera que sea su clase, dificultan la sanación de tu cuerpo y tu alma. Si lo reconoces, surgirá en ti la pregunta de cómo puedes tratar esos sentimientos para dejarlos sin efecto. Existe un camino, y existe solamente ese único camino:

Ven a Mí en tu interior. Entrégame lo que te preocupa. Pídeme que te permita reconocer más y más profundamente cuál es tu estado. Y Yo te mostraré dónde están las causas de tus sentimientos de culpa. Pero entonces tendrás, como dicen ustedes, «la pelota en tu cancha». Esto significa que ahora deberás decidir qué quieres hacer con lo que hayas reconocido. ¡Tienes la libertad y eres la libertad!

Lo ideal es que, mediante ese conocimiento, llegues al arrepentimiento. Te ayudo si así lo deseas. El siguiente paso debería ser la reparación, cuando sea posible, aunque se trate únicamente de una reparación interior. Y luego, naturalmente, el propósito sincero de actuar de otra manera en el futuro.

Ese es el principio. Así se resuelven los pecados «antiguos». ¿Y qué ocurrirá durante este proceso? No olvides que Soy Yo quien está contigo y quien te quita una gran parte del trabajo. Como consecuencia, tus sentimientos de culpa disminuirán poco a poco hasta que dejen de ser una carga porque ya no existirán. Incluso puede suceder con mucha rapidez, dependiendo de qué se trate. En cualquier caso, Yo Soy Aquel que actúa en ti con Su energía de amor. Las tinieblas han perdido esta batalla.

Yo llamo a todo esto trabajo interior. Está unido a la disolución de tus sentimientos de culpa y a la liberación de aquello que tanto deseas y que aguarda en tu interior para salir a la luz y expresarse en tu vida: ¡libertad y alegría!

Amén

Posdata: si todavía no sientes la libertad y la alegría en la medida en que las deseas y te corresponden, ven a Mí y pídeme ayuda. ¿Puedes imaginar seriamente que Yo rechazaría semejante petición?