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No se puede omitir ningún peldaño de tu escalera al cielo

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Keine Stufe deiner Himmelsleiter kann ausgelassen werden

Fecha original: 10 de agosto de 2013

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mi palabra de revelación de hoy está destinada a ayudar a todos aquellos hijos Míos a quienes les cuesta aceptar con plena confianza los acontecimientos de su vida, que se rebelan contra ellos, que dudan de que las etapas y situaciones de su camino de vida tengan como fundamento Mi justicia divina y que, por ello, no pocas veces reducen al mínimo su fe en Mí o incluso la pierden.

Su desconocimiento de las leyes divino-espirituales es lo que los lleva a comportarse así. Y este desconocimiento se debe, a su vez, a una enseñanza deficiente o errónea por parte de quienes afirman ser capaces de conducir a Mis hijos por el camino correcto hacia Mi corazón.

Por eso, muchas veces su fe es una fe ciega que no se cuestiona y se conforma con enseñanzas que, en el fondo, la persona no comprende. Acepta la afirmación de que Dios no permite conocer Sus designios, de que Dios tiene Sus secretos y que, por tanto, las personas no llegarán a saber ni podrán comprender más de lo que se les ofrece como supuesta verdad. Solo existe una verdad, y esta es: ¡Yo, su Dios, Soy el amor! Todo aquello que no corresponde a Mi ley del amor, con sus muchos aspectos, no procede de Mi verdad.

Mi voluntad es que cada vez más de Mis hijos humanos despierten y se liberen de las cadenas que los mantienen en la ignorancia y la falta de libertad. Solo entonces podrán construir una vida bajo su propia responsabilidad, colmada de amor vivido, y en la cual el conocimiento se transforme en sabiduría, que finalmente determine la manera de tratarse a sí mismos y a sus semejantes.

Lo que hace que Mis hijos duden de Mí y se aparten es, por una parte, la interpretación errónea de la ley de siembra y cosecha, llamada también ley del karma, que deja a las personas perplejas ante su destino porque sus efectos se trasladan exclusivamente a una existencia después de la muerte que no se explica con mayor detalle; por otra parte, es la falta de una explicación sobre el crecimiento ininterrumpido de toda alma y de toda persona, establecido en el plan de la Creación, que hace indispensables los distintos pasos de este proceso de maduración. Todo evoluciona hacia una meta: el regreso al hogar, a la casa del Padre.

Para ello hay que recorrer cada peldaño y atravesar cada etapa de aprendizaje necesaria, a fin de que el alma y la persona se purifiquen y fortalezcan, se amplíe su conciencia y reúnan las experiencias requeridas, crezcan en amor y sabiduría y, de este modo, puedan sentirse cada vez más atraídas por la elevada vibración del cielo.

Sobre este aspecto Me manifestaré hoy.

Lo que le falta a la humanidad es el conocimiento de esta evolución y, con ello, el reconocimiento de que todo cuanto una persona encuentra en su camino de desarrollo es bueno para ella, porque ninguna tarea de aprendizaje puede dejarse de lado sin resolver; hacerlo equivaldría a omitir un peldaño de su «escalera al cielo».

Las tareas que la vida plantea a cada persona son de distinta naturaleza en las diferentes etapas de la vida, pero también en las situaciones individuales. Esto guarda relación con el estado del alma de cada uno. El pasado que cada cual ha formado por sí mismo en esta vida y en vidas anteriores determina el camino que tiene por delante, con todo lo bello y lo menos bello que este incluye. Como cada persona tiene un pasado diferente, tampoco hay dos caminos iguales que los hagan avanzar y finalmente los conduzcan de regreso. Cada uno debe reconocer, trabajar y posiblemente también sobrellevar aquello que se le presenta a él, porque le concierne y, conforme a la ley de la atracción, solo puede ser atraído por él, y no por su prójimo.

Quien hace suyo este conocimiento, vive de acuerdo con las conclusiones que de él se desprenden y, al mismo tiempo, está profundamente convencido de que Yo no cometo errores y que, por tanto, el mecanismo de Mi Creación funciona sin fallas, debe llegar a esta convicción, tanto respecto de sí mismo y de su familia como de cada persona e incluso al contemplar los acontecimientos mundiales: ¡Todo está bien!

Sin duda, esto constituye para muchos un desafío que no quieren ni querrán afrontar. Pero, con un poco de reflexión, también ellos podrían llegar a la convicción de que no puede ser de otra manera. Es cierto que muchas de las tareas que la vida les plantea no se considerarán agradables ni fáciles de superar —lo cual es comprensible desde el punto de vista humano—; pero, aun así, no puede ser que en la Creación imperen la arbitrariedad, la imperfección y la injusticia, porque, en esas condiciones, la Creación habría dejado de existir hace mucho tiempo.

Mi Creación —y no existe otra— está edificada sobre Mi ley, que es absoluta y perfecta. ¡Y está regida por Mi orden legal, que es amor! No existe ninguna otra ley que esté por encima de todo lo demás, que lo abarque todo, que dé vida a todo y lo impulse a un crecimiento ininterrumpido. A veces puede parecer que las tinieblas son capaces de colocar sus propias reglas al mismo nivel que las Mías o incluso de anular Mis principios. Pero, en verdad, les digo: ¡no pueden hacerlo! No son más que intentos, muchas veces simples escaramuzas aparentes, que jamás alcanzarán la meta pretendida.

Quien no conoce las relaciones entre las cosas ni ha aprendido a mirar detrás de lo visible quizá pueda ser atemorizado o, al menos, desalentado. Pero tampoco sabe entonces que el amor —no solo de manera abstracta, sino en la realidad— es una fuerza y un poder sin igual, que nada ni nadie puede tocar ni superar. Tampoco sabe que toda transgresión de la ley del amor provoca inevitablemente, tarde o temprano, una reducción de la energía —que Yo, la Vida, Soy en cada uno—, también y precisamente en quienes transgreden la ley. Ellos mismos se debilitan mediante sus actos. Tengan esto presente cuando miren el mundo y alberguen pensamientos de venganza contra quienes, por un tiempo y aparentemente sin que nadie los detenga, dominan el mundo.

¡Por eso triunfará el amor! Pero, a diferencia de un enfrentamiento entre personas, no habrá perdedores. Los vencidos no serán sometidos mediante la violencia; también ellos abandonarán el «campo de batalla» como vencedores, porque el amor incondicional finalmente los habrá llevado a reconocer su error, abandonar su conducta equivocada y cambiar de rumbo.

En el camino al final del cual esta meta espera a todos todavía hay mucho por hacer; nunca se los he ocultado. Pero también les he prometido que jamás estarán solos en nada de lo que hagan.

Como Mi ley es Mi voluntad y ninguna fuerza puede tocarla ni restringirla, tampoco el camino de regreso que he previsto para cada alma y cada persona puede quedar obstruido o volverse intransitable de manera permanente. Desde siempre se han hecho intentos por impedir el avance del alma y de la persona, y también en el futuro se emprenderán con gran empeño, pues incluso quienes están contra Mí tienen su libre albedrío. ¡Ellos son quienes les dificultan la vida, según creen ustedes! Pero esto es solo la mitad de la verdad. Solo pueden lograrlo si encuentran la manera de penetrar su escudo protector, constituido por su amor a Mí y al prójimo, y por sus buenos propósitos. Si esta protección fuera perfecta, ningún ser conseguiría acercarse tanto a ustedes ni acosarlos de tal modo que pudieran ser influenciados y seducidos. Hasta aquí la teoría.

Como bien saben, la práctica es diferente. Muchas cosas en Mis hijos humanos aún están inconclusas y todavía requieren comprensión y una decisión correcta, transformación y el ejercicio de nuevas maneras de comportarse. Estos pasos necesarios no siempre son puestos en marcha por la ley de causa y efecto. Esta solo entra en acción cuando, por ejemplo, la falta de comprensión, la ausencia persistente de amor, la falta de voluntad para perdonar, la desconsideración y muchas otras cosas impiden cualquier otra solución. Por consiguiente, la mayor parte de lo que la vida les presenta como tareas de aprendizaje no tiene como trasfondo la ley del karma, sino que se trata de impulsos que reciben, por ejemplo, a lo largo del día por medio de personas o situaciones, para que despierten, se detengan, reflexionen y cambien algo.

Nadie está excluido de este principio de recibir impulsos. Incluso si alguien se retirara a una isla desierta, no estaría realmente solo. Llevaría consigo sus sentimientos y pensamientos. Les recuerdo que todo es comunicación, mucho más en lo invisible que en lo visible. Lo semejante atrae a lo semejante; y quien siente y piensa emite con ello, sin advertirlo, energías que buscan a sus semejantes y se unen a ellas, tanto para el bien como para el mal. Cuánto más intensamente se desarrollan estos procesos cuando se encuentran en la vida cotidiana o profesional.

Allí se crean nuevas ataduras y se disuelven las antiguas, se establecen nuevas causas y fluyen sus efectos; su vibración cambia constantemente. Es un caleidoscopio multicolor de energías, pero también de irradiaciones de seres astrales y ángeles luminosos que los rodean y quieren impulsarlos hacia lo positivo o seducirlos hacia lo negativo. Constantemente se vuelven a colocar las agujas de las vías, se cierran antiguos caminos y se abren otros nuevos.

Todo esto está de manera invisible a su alrededor y forma parte de su vida, aquella parte que por regla general no conocen ni siquiera sospechan. Pero es la que los mueve e intenta ayudarlos a avanzar. Por medio de ella se les presentan las tareas; es ella la que los desafía y, además, actúa dentro de Mi ley.

Si Me preguntas, quizá mirando el futuro con desaliento o temor: «Padre, ¿qué me falta todavía por aprender?», te respondo con una sonrisa: «Aquello, hijo Mío, que aún no dominas». Comprendes lo que esto significa: como ninguno de ustedes es perfecto, cada uno tiene todavía tareas de aprendizaje por delante. Lo que ya se ha aprendido y, por tanto, se domina deja de constituir una tarea; superar una situación semejante es entonces su cumplimiento. Por eso, cuando Mi hijo «experimentado» se encuentra ante una circunstancia de ese tipo, tampoco pone en duda Mi palabra «Todo está bien». Por el contrario, esta despierta gratitud por haber superado con éxito algo que en un momento anterior todavía no habría sido posible. Distinto es cuando algo no transcurre de manera tan fácil y fluida. Esas son las dificultades que esperan que, al superarlas con Mi ayuda, te fortalezcas y conduzcas el problema hacia su solución. ¡Son precisamente los procesos de aprendizaje que tu alma necesita para madurar y volverse más luminosa! Por eso se presentan ante ti.

Nadie queda exento de esta lección paso a paso, tanto si ha emprendido conscientemente el camino hacia Mí como si aún está lejos de Mí. Las tareas son diferentes, las circunstancias son diferentes y las ayudas que puedo prestar son diferentes; pero la necesidad de subir poco a poco estos peldaños del propio desarrollo es la misma. Esto vale para cada persona, para las familias y comunidades, y para los pueblos y culturas. Si trasladan al mundo y a sus acontecimientos lo que les he dicho sobre las energías y comunicaciones referidas a cada persona, tendrán que contemplar asombrados la imagen de los movimientos que ocurren allí a gran escala y que para ustedes resultan imposibles de abarcar, porque superan su capacidad de comprensión. Y la Tierra es tan solo una parte sumamente pequeña del cosmos material, y el cosmos material es apenas una parte diminuta de toda la Creación…

Y, sin embargo, mantengo todo en Mi mano y conduzco todo hacia su perfección. Así está establecido en Mi orden, así lo llevará a cabo Mi voluntad, así lo guiará Mi sabiduría y así lo coronará Mi amor.

Con este conocimiento les resultará más fácil reconocer como necesarios los altibajos de su vida, aun cuando no comprendan —o solo raras veces— por qué les sucede esto o aquello. Para su avance no es decisivo que conozcan los trasfondos. Lo decisivo es que su confianza en Mí se vuelva cada vez más firme y, finalmente, inquebrantable; que no acepten solo con el entendimiento que todo está bien —y no que todo llegará a estar bien algún día en un futuro lejano—, sino que lo arraiguen en su corazón; que reconozcan que cada paso es necesario porque es importante y no se puede omitir; que Yo los conduzco paso a paso y que todos sus pasos están protegidos.

Desde este punto de vista no puede haber desvíos. Son solamente tramos que su parte humana debe recorrer porque, por falta de comprensión, aún no podía tomar el camino un poco más corto o más fácil. Aceptar los «desvíos» porque favorecen la maduración da testimonio de sabiduría.

A quien todavía no le resulte del todo fácil interiorizar de inmediato Mi palabra de revelación, le ofrezco además una imagen:

Te propones construir una casa. Si quieres hacerlo bien, comienzas con una planificación sólida y realizas preparativos de diversa índole relacionados con el financiamiento, los trabajadores y muchas otras cosas. En ese momento, todo ello todavía no parece tener mucho que ver con la meta que mantienes ante tus ojos todo el tiempo: un hogar acogedor en el que vivirás satisfecho y feliz. Pero sabes también que todo esto es necesario. Como paso aislado, separado del conjunto, más de una cosa no parece importante ni razonable y, sin embargo, no puede faltar ningún componente. En los momentos en que estás agotado y cansado porque también ayudas en la obra, permaneces entre la suciedad y luchas con agua, lodo y piedras, piensas: «¿Qué estoy haciendo aquí? Yo solo quería un hogar hermoso», hasta que vuelves a salir de tu abatimiento, diriges la mirada hacia adelante y tomas conciencia de que solo alcanzarás tu meta si no omites ni una sola fase de la construcción ni ningún trabajo, por penoso que sea en ese momento. Y, finalmente, está también el arquitecto —en sentido figurado, Yo—, que lo supervisa todo, te infunde ánimo una y otra vez y fortalece en ti la alegría por aquello que pronto estará terminado y ante ti…

Mis amados hijos e hijas, así los llamo porque proceden de Mí y porque Mi hogar es también el de ustedes; es la herencia que los espera. Podrán entrar en posesión de ella tanto más pronto cuanto más sincera e íntimamente mediten Mis palabras en su interior y cuanto más los impulsen estas a no rechazar en el futuro ninguna situación de su vida.

Si sueltan el «freno» que hasta ahora ha obstaculizado su avance mediante preguntas y dudas, podré y habré de conducirlos hacia su meta con mayor rapidez y facilidad que hasta ahora.

Los amo y los bendigo. Amén.


En relación con esto recordamos algo:

Existe un hermoso poema escrito por H. Sack (1902–1943) poco antes de su muerte en Stalingrado. La primera estrofa expresa, en representación de todo el contenido, cuán profundamente arraigada puede estar la convicción de que Dios nunca comete un error. ¡Y cuán profundo y cuán inquebrantable no solo debe haber sido, sino que fue, el amor y la confianza!

Cuando los caminos de mi Dios me parecen
extraños, enigmáticos y difíciles,
y los deseos que albergo se hunden
silenciosamente en el mar de las preocupaciones;
cuando el día transcurre sombrío y pesado,
y solo me ha traído dolor y tormento,
entonces puedo recordar una cosa:
¡Que Dios nunca comete un error!

Reconocer que las leyes divinas no tienen errores trae consigo, por una parte, una sensación de seguridad y confianza jamás conocida hasta entonces; según la seriedad de la decisión, esta se establece en algunos al poco tiempo y, en otros, solo a largo plazo, pero en cualquier caso produce efectos profundamente positivos. Esto se deriva del hecho de que jamás, en ningún lugar, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia puede cometerse una injusticia contra persona alguna.

Por otra parte, esto trae también una consecuencia incómoda para todos nosotros y, para algunos, quizá incluso aterradora, de gran alcance: si no existen errores significa asimismo, llevándolo consecuentemente hasta el final, que nadie más es responsable de todo cuanto me ha sucedido, me sucede y me sucederá, excepto yo mismo.