Revelación divina (como respuesta a una oración)
Hija Mía, quiero responder directamente a tu oración. Veo tu corazón, veo tu amor y Me alegra que estés tan cerca de Mí.
Tu deseo de enviar más luz a esta Tierra es muy comprensible, porque esta Tierra necesita luz; y créanme, Mis amados hijos e hijas, nunca había irradiado sobre la Tierra tanta luz como en este tiempo. Las ayudas que reciben Mis hijos cercanos a Mí son diversas y mucho más amplias que en tiempos anteriores, pues su tiempo es muy serio.
Pero también saben que en esta Tierra solo puedo actuar indirectamente. Esto significa que ustedes —y con ustedes innumerables seres— partieron como Mis mensajeros del cielo para traer salvación y bendición a esta Tierra, consolar a los desesperados y mostrar a quienes no tienen fe cómo se puede vivir Conmigo en la confianza. Partieron para volver primero ustedes mismos a convertirse en amor y, después, ser luz para su prójimo mediante sus actos.
Todos ustedes aceptaron esta tarea voluntariamente y llenos de alegría; y sabían que llegaría el día en que Yo los tocaría y los llamaría en su interior. No dejaron de oír este llamado, pues su corazón estaba abierto, y en su alma yacía y yace la promesa de anunciar Mi amor.
Así pude hablarles en su interior —a ustedes y a muchos otros— y, desde ese momento, conducirlos paso a paso, etapa tras etapa; a cada uno de una manera un poco distinta, conforme a su conciencia, sus capacidades, sus posibilidades y su amor por Mí.
Sobre quienes partieron por Mí fluyen fuerzas y más fuerzas para que ahora, en este tiempo, puedan dar testimonio de Mi amor.
Así, hija Mía, comprendí también tu oración. Tú también quieres y habrás de ser luz; y las personas preguntarán, se detendrán, comenzarán a reflexionar, y muchas considerarán si no será razonable, si no será mejor, recorrer en sus difíciles tiempos el camino Conmigo, el camino del amor.
Mi amor fluye incesantemente hacia ti y hacia todos los que están dispuestos a ello. Permanezcan de Mi mano. Amén.
Revelación divina
Porque, en verdad, el cielo está entre ustedes; y no solo entre ustedes, Mis amados hijos, sino que el cielo y el resplandor de su luz envuelven toda la Tierra y colman todo cuanto ella lleva de vida.
Yo Soy el Dios del amor, Yo Soy el fundamento primigenio de toda vida, la corriente primigenia que es omnipresente, que todo lo penetra, eterna e infinita. Pero el lenguaje humano es inadecuado para expresar con sus conceptos lo inexpresable.
Este tiempo en el que decidieron encarnarse afronta las transformaciones más poderosas y extensas que la humanidad y su planeta de residencia, la Tierra, incluido su entorno cósmico, hayan experimentado jamás.
Mientras la gran mayoría de Mis hijos, influida por autoridades obsesionadas con el poder y por los llamados expertos, cree que esto es solo una crisis —provocada esencialmente por conductas equivocadas en el ámbito de su vida económica o, quizá, también en el trato con la naturaleza y el medioambiente, pero que, por lo demás, puede resolverse perfectamente con el conocimiento que poseen los «expertos»—, existen otros hijos Míos que miran más profundamente. Ellos han reconocido que la evolución cada vez más crítica refleja la situación espiritual, es decir, el estado de conciencia espiritual de una gran parte de Mis hijos.
Una y otra vez les digo que este tiempo es un tiempo de gran cosecha que abarca el mundo entero. Y muchos de ustedes saben que la cosecha nunca puede ser distinta de lo que corresponde a la semilla.
Si ahora alguno de ustedes pregunta: «Señor, es difícil; ¿cómo puede reconocerse en esto Tu amor incondicional?», Yo respondo preguntándote, hijo Mío:
«Si no fuera así, si no mostrara a Mis hijos las consecuencias y los efectos de sus faltas de amor, ¿tendrían entonces un motivo para liberarse del calabozo de aflicción, enfermedad y necesidad que ellos mismos crearon? ¿Sería posible la liberación y la evolución para salir del pantano de las faltas de amor y del alejamiento de Dios si Yo no hubiera creado para Mis hijos la posibilidad de conocer la diferencia entre los efectos de pensamientos, palabras y actos que vibran en el espíritu del amor verdadero y los de aquellos que son pobres en amor? ¿Podría volver a estrechar algún día a Mis hijos entre Mis brazos en el Reino de los Cielos si, mediante Mi ley, no se les permitiera reconocer el amor infinito de su Padre?».
Ni uno solo de Mis hijos ni una sola criatura que Yo haya creado está abandonado a su suerte. Cada uno está amparado en Mí, alojado en Mi mano divina, que sabe conducir cuidadosa y seguramente a cada hijo hacia la luz.
En verdad les digo: todas Mis leyes, a las que están sujetos los Míos, ya sea que vistan un cuerpo humano o el vestido del alma, sirven a esta única meta.
Esto, hijo Mío, es lo incondicional e ilimitado del amor y la misericordia, de la libertad y la sabiduría, de la justicia y la gracia de tu Padre celestial.
Cuando en el tiempo venidero los precursores de aquellas poderosas transformaciones se vuelvan cada vez más visibles, sepan: Yo no Me he apartado de los Míos; al contrario, intensifico la fuerza de Mi amor y hago resplandecer la corriente bendecidora y consoladora de Mi luz en una medida nunca antes conocida. Y esta corriente fluye a través de cada uno de ustedes y lo envuelve. Esta poderosa corriente de energía sin precedentes permite que muchas de las cosas todavía necesarias para su desarrollo espiritual y muchos de los pasos que cada uno aún debe dar se logren con mayor facilidad y rapidez.
Porque, en verdad, como se lo digo una y otra vez, vuelvo a decirlo: este tiempo es también un tiempo de gracia inmensa nunca antes conocida. Pero trae consigo, asimismo, que las seguridades exteriores comiencen a tambalearse cada vez más y demuestren ser inservibles, como ya pueden experimentarlo ahora.
Por tanto, no desperdicien su fuerza ni su energía participando en el frenesí de la búsqueda de causas externas y de preguntas inútiles. Porque, como saben, las causas se encuentran mucho más profundamente. Solo el reconocimiento y la superación de las causas interiores les conceden protección y seguridad, y cada uno de Mis hijos tiene su parte en ellas.
Así pues, les pido que examinen su interior, su vida interior, aún más y con mayor seriedad de lo que lo han hecho hasta ahora. Apóyense en Mi ayuda al hacerlo, y les aseguro que encontrarán lo que buscan. Como ustedes dicen, apliquen la palanca a sus debilidades y carencias, a sus errores y malos hábitos, y depúrenlos Conmigo. Mediante ello, Mis amados, desarrollarán paso a paso la conciencia divina en su interior, que Yo anclé de manera inextinguible como su herencia en lo profundo de su ser interior.
Reconozcan el gran y valioso tesoro que tienen en sus manos; este tesoro está a su disposición desde hace mucho tiempo. Pues, como Jesús de Nazaret, les traje el camino y la verdad. Desde entonces, Mi palabra jamás ha enmudecido. Siempre he depositado a los pies de los Míos aquello que eran capaces de comprender, una y otra vez, también ahora. Y así seguiré elevando Mi palabra en el futuro por boca humana, esclareciendo, instruyendo y consolando.
Yo Soy su Señor y Dios, y ustedes son Mis hijos, de eternidad en eternidad. Deposito con mayor intensidad en cada corazón la fuerza de Mi amor, la fuerza de Mi misericordia, la alegría y la voluntad de emprender el camino. En verdad les digo: el fuego del amor hará que la luz resplandezca alrededor de cada uno de ustedes. Y con esta luz, hijos e hijas Míos, muchos más entrarán en calor y se encenderán, para que Mi voluntad se cumpla por medio de ustedes y en ustedes. Amén.