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Nada se interpone entre Mí y tú

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Nichts steht zwischen Mir und dir

Fecha original: 26 de septiembre de 2010

Traducción al español latinoamericano.

Con motivo de un seminario de fin de semana celebrado en Burscheid/Frechen los días 25 y 26 de septiembre de 2010 —después de que los participantes intercambiaran opiniones acerca de la realidad y los requisitos de la Palabra Interior y Profética—, el Señor dirigió Su palabra directamente a los presentes. Para muchos fue algo tan conmovedor, algo nunca antes vivido, que decidimos publicar esta revelación en nuestro sitio web.

Revelación divina

¡Yo soy el que soy! ¡Quien pueda comprenderlo, que lo comprenda! Y reconocerá que, fuera de Mí, nada existe. Yo soy la vida y, puesto que todo es vida, todo procede de Mí. En la creación no existe otra fuerza que la Mía, y esta fuerza es amor. El hecho de que las fuerzas opuestas hayan abusado de ella y hayan reducido así su vibración no cambia que toda energía procede de Mí. Por eso, nadie puede jactarse de haber creado algo por sí mismo, pues Yo soy la fuente de toda vida, el amor desinteresado e incondicional.

Yo soy eterno e infinito; ninguno de Mis hijos puede sondear Mi grandeza y profundidad, Mi poder y gloria. Lo mismo vale para Mi amor sin límites.

Les hablo desde el amor. Hace 2000 años fui al encuentro de Mis hijos humanos desde Mi amor y en él. Esto significa que el aspecto de Mi ser que es amor encarnó conforme a las leyes eternas, exactamente de la misma manera que ocurrió y ocurre en cualquier otra encarnación.

Fue el amor el que fue a la Tierra, porque a la Tierra le faltaba amor; y porque Mis hijos se habían alejado tanto de Mí por su voluntad propia y su conducta errónea que ya no había otra posibilidad que mostrarles con claridad que únicamente el amor puede producir un cambio.

Así Me hice ser humano y viví como ser humano entre los Míos. Enseñé el amor y lo viví como ejemplo, hasta el amargo final. Con ello mostré a las tinieblas que no existe nada más grande que el amor, al cual nunca jamás se puede vencer; aunque por un momento la oscuridad creyó haber obtenido la victoria porque crucificó Mi cuerpo humano.

En el momento de Mi tránsito del mundo terrenal al espiritual, fluyó hacia cada ser humano y cada alma una energía adicional —una energía que ustedes llaman la chispa de Cristo—, la cual permite a cada uno emprender Conmigo el camino de regreso al hogar.

Los cielos volvieron a abrirse; sin embargo, la redención de la que hablan sus iglesias tiene otro significado. Nadie queda redimido automáticamente solo porque cree en Mí. Yo volví a abrir los cielos; pero, como ustedes poseen libre albedrío, les corresponde regresar al hogar atravesando los portones abiertos, algo que no habría sido posible sin Mi acto de amor. No obstante, su libre albedrío también les permite permanecer lejos, al menos durante un tiempo, es decir, hasta que Yo haya despertado y fortalecido el anhelo en ustedes a tal grado que pidan, por decisión propia, ayuda para regresar.

A lo largo de estos 2000 años se transmitió a Mis hijos humanos una imagen de Dios que no tiene ni remotamente nada que ver con lo que Yo soy en verdad. Esto hizo que Mis hijos ya no puedan reconocerse como seres celestiales, sino que vivan en pobreza espiritual, en lugar de ser conscientes de su verdadera riqueza interior y desarrollar el deseo de regresar a su verdadera patria.

«Yo soy el que soy» significa: Yo soy perfecto, y lo que creo es igualmente perfecto. Por eso, también ustedes, como seres espirituales, son perfectos. Son hijos e hijas de Mi amor, seres poderosos, radiantes y erguidos, dotados de fuerzas que ni siquiera alcanzan a imaginar. Y, sin embargo, ¡esas fuerzas están dentro de ustedes! Son la herencia que cada uno lleva eternamente en su interior.

Por eso les recuerdo quiénes son, para que aparten su mirada de su ser humano, con sus defectos y debilidades, y busquen una nueva meta: su punto de origen, que es al mismo tiempo el punto al cual regresan y que, en el fondo, jamás han abandonado. Pues ningún hijo puede abandonar Mi corazón, ni siquiera cuando encarna.

Todo aquello que anhelan ya lo llevan dentro. La perfección significa, por ejemplo, también una libertad perfecta. ¿Y quién de ustedes no anhela la libertad?

Pero mírense a sí mismos, miren el mundo, y verán cuánta falta de libertad hay en todo. ¿Qué ha sucedido? Las fuerzas de las tinieblas, que siempre y en todas partes son subestimadas, han logrado atar a Mis hijos. Pregúntense si han permitido que los aten: atarlos a su hogar terrenal, atarlos a posesiones materiales, atarlos a miedos, enseñanzas, dogmas, ideas, opiniones, costumbres y muchas cosas más.

Se les ha transmitido una imagen falsa de Dios. Yo soy la libertad, y ustedes son la libertad, y entre Mí y tú, hijo Mío, no se interpone nada. Aquello que, pese a todo, se encuentra actualmente entre nosotros por un breve tiempo ha sido construido de manera artificial, ya sea por ti mismo o porque permitiste que sucediera.

Pero Yo te llamo a la libertad. Te llamo: «¡Recibe tu herencia! ¡Decídete y ponte en camino para volver a ser el hijo de la eternidad que en realidad eres!».

Miro dentro de sus corazones y veo aquí y allá preguntas y temores. «Padre, ¿qué me espera? Padre, ¿cómo es este camino? Me adentro en un terreno incierto».

Pregúntate, hijo Mío, hija Mía: ¿crees con el corazón o crees con los labios? ¿Me amas con el corazón o Me amas con los labios? Si Yo, el amor, te llamo y te pido que vengas a Mis brazos, ¿qué puede sucederte?

Hace 2000 años fui al encuentro de los seres humanos como Jesús, como hermano, como uno que vivía con ellos y caminaba a su lado. Después de haber depositado la chispa de Cristo en cada corazón, estoy tan cerca de ti y de todos los demás como si —igual que hace 2000 años— caminara junto a ti. Soy tu hermano, soy tu amigo, soy aquel en quien puedes confiar incondicionalmente. Y tengo un gran deseo: que tomes Mi mano y camines Conmigo.

¿Puedes hacer surgir dentro de ti esta imagen: que Yo, tu Dios, estoy ante ti y te pido: «Hijo Mío, ven, camina Conmigo. Te espera la libertad»? Entra en este sentimiento y ya no podrás tener miedo del futuro. Pues el miedo y el amor se excluyen mutuamente.

Desde hace un tiempo infinitamente largo llamo en los corazones de Mis hijos. Llamo ahora, y seguiré llamando hasta poder estrechar de nuevo entre Mis brazos a todos Mis hijos, también a los caídos. Si permites que te conmueva, entonces dime que sí, y entrarás en la gran multitud de quienes salieron para ayudar a que la luz obtenga la victoria.

No exijo nada, no espero nada; únicamente tu corazón debe abrirse con sinceridad. Si Me das tu sí —aunque sea un pequeño sí— y das rienda suelta a tu anhelo, convertiré tu sí en un gran sí, y te transformarás en una llama tan brillante y resplandeciente en la distancia como la que acaban de hacer surgir en su círculo [anteriormente habíamos hecho una meditación de luz con el Señor].

Una vez más: nada se interpone entre tú y Yo. Por eso les pido que se familiaricen con la idea de establecer una relación directa, personal e infinitamente amorosa Conmigo siempre que quieran, una y otra vez, hasta que vivan en Mí y hagan en Mi espíritu aquello que hacen. Hablen Conmigo, cuéntenme sus preocupaciones y necesidades, sus pequeñas y grandes alegrías y logros. Yo Me alegro con ustedes. Depositen todo ante Mí, y la relación entre nosotros se hará cada vez más estrecha. Entonces ya no necesitarán intermediarios que pinten de Mí una imagen que de ninguna manera Me hace justicia.

Soy Yo quien se manifiesta en ustedes. Cuando estén en completo silencio y no quieran nada, y cuando su entrega se haga cada vez más profunda, entonces Me percibirán en su interior. Esta es la promesa de su Padre. Primero será un pequeño impulso, un pensamiento tierno. No es una voz fuerte lo que escucharán; más bien, Me manifiesto como una vibración amorosa en sus corazones, y ustedes saben: ¡el amor está presente! Y saben cómo deben actuar. ¿Necesitan entonces a otras personas que les digan quién soy, qué soy o cómo soy? ¿Personas que quieran atarlos? ¡No!

Los llamo a la libertad, los llamo al amor. Abran sus ojos interiores y vean el camino que se extiende ante ustedes y que termina en la luz. Y en ese camino estoy Yo, su Padre, que salió a su encuentro como Jesucristo —como su hermano— en el amor.

Te espero, hijo Mío. Ven, ven. Regresa al hogar. Amén.