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Mi bienaventuranza y la de ustedes

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Meine und eure Glückseligkeit

Fecha original: 10 de marzo de 2012

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, he entrado en este recinto con toda Mi gloria; estoy, pues, en medio de ustedes y mantengo Mis manos sobre ustedes para bendecirlos. Mi amor, que es al mismo tiempo la vida para su alma y para su ser humano, los llena.

Yo, su Dios y Creador, no necesito recintos suntuosos para inclinarme hacia Mis hijos. Me bastan corazones abiertos, desde los cuales irradien hacia Mí el amor y la entrega propios de un hijo. Así estoy Yo, el amor infinito e incondicional, en medio de los Míos. Estoy en todas partes donde los Míos se vuelven hacia Mí con amor, dondequiera que esto suceda en el mundo, e incluso en toda la creación. Y les digo: ¡sucede en innumerables corazones y en innumerables lugares! Infinitamente grande es el número de quienes Me han reconocido como su Padre amoroso; de quienes se han detenido en el camino que los conducía cada vez más profundamente hacia su ego, han dado la vuelta en su interior y han otorgado un nuevo sentido a su vida. Son todos aquellos que, antes de su paso por la Tierra, prometieron ayudar y compartir las cargas en este tiempo difícil. Y, además, está la cantidad inmensa de aquellos a quienes puedo alcanzar, que han oído Mi llamado en su interior y han comprendido que son hijos del Altísimo.

En todos esos lugares actúa Mi amor, y en todos ellos estoy presente con Mi ayuda. Es una ayuda que brindo tanto en lo interior como en lo exterior. No Me canso de exhortar e instruir a los Míos y, sobre todo, de hacerles tomar conciencia de quiénes son en verdad: seres magníficos de los cielos, llenos de poder y fuerza; ¡Mis hijos e hijas, a quienes pertenece el infinito! Quien haya comprendido esto dirigirá su mirada hacia el cielo y hacia una nueva meta: hacia el lugar donde no solo supone que está su hogar eterno, sino donde sabe que se encuentra.

Una y otra vez les he explicado las maquinaciones de las tinieblas para que no atraviesen ciegamente su vida, sino que permanezcan atentos, reconozcan las trampas y puedan evitarlas; y para que, no obstante, sean conscientes de que quienes se oponen a Mí y a ustedes no son sus enemigos, sino que los consideren sus hermanos y hermanas temporalmente extraviados, quienes algún día volverán a estar unidos Conmigo y con ustedes.

Pero aún no ha llegado el momento en que las tinieblas hayan abandonado su lucha. Al contrario: esta lucha se vuelve más dura y sus métodos más refinados. Pues el lado oscuro intenta impedir que cada vez más personas se pongan en marcha y vayan hacia la luz. Así, dos bandos se encuentran frente a frente: de un lado, las fuerzas de la luz; del otro, los poderes de las tinieblas. Entre ambos, en este campo de tensión, se encuentra el ser humano, que en la inmensa mayoría de los casos lo ignora todo y, por ello, se convierte en juguete de quienes quieren atarlo a la materia y a sí mismos. Y esto por una sola razón: ampliar y consolidar su posición mediante seres humanos y almas que les sirven como «proveedores de energía».

Hoy quiero acercarlos un poco al concepto de bienaventuranza, pues al fin y al cabo es la felicidad lo que todos anhelan. Solo que Yo entiendo por ella algo completamente distinto de aquello a lo que quieren seducirlos quienes les ofrecen una felicidad aparente.

La seducción actúa por medio de los sentidos, pues a través de ellos perciben las impresiones que les refleja su entorno. No todos son receptivos a las mismas impresiones. La razón se encuentra en la ley de atracción o repulsión que ya les he explicado muchas veces. Toda alma que va a encarnar asume voluntariamente ciertas cargas —si procede de los cielos puros—, sin las cuales no podría existir en la Tierra, o trae consigo sus cargas de vidas terrenales anteriores. Pero en ningún caso entra un alma en una vida terrenal «tan fresca como una rosa recién bañada por el rocío».

Y son esas cargas, costumbres, intereses, inclinaciones y, en el peor de los casos, adicciones ya existentes aquello con lo que «juega» el bando contrario. Intenta hacerles creer que surgirá en ustedes una sensación de felicidad y satisfacción si no solo perciben o permiten las impresiones por medio de sus distintos sentidos, sino que las intensifican continuamente, que las «cultivan». Les promete satisfacer sus deseos y para ello se sirve de todos los medios a su alcance, absolutamente de todos. Y estos son muchos más de los que pueden imaginar.

De esos sentimientos que perciben por medio de los sentidos y que siguen con la esperanza de alcanzar la felicidad o de experimentarla repetidamente surgen poco a poco las experiencias; y de las experiencias surgen finalmente las costumbres y los programas. Así, por medio de los sentidos se van formando sus modos de conducta, que finalmente se convierten en parte de ustedes: primero entran en su conciencia, luego en su subconsciente y después descienden hasta el alma.

Así, desde el exterior se influye en el interior y, a la inversa, el interior actúa hacia afuera. De este modo, cuando Mis hijos no están instruidos ni vigilantes, son alimentados con deseos falsos; y al procurar satisfacer esos deseos y finalmente conseguirlo con apoyo satánico, mediante numerosos estímulos y promesas, quedan atados. Con mucha frecuencia se implantan verdaderas anclas en su alma y, mediante esas anclas —que equivalen a fuertes correspondencias, aunque ellos mismos no las perciben—, sus impresiones sensoriales los alcanzan, retienen y encadenan una y otra vez. Así, sin darse cuenta de lo que les sucede, pierden su libertad; más aún, muchas veces incluso consideran que sus actos son libertad, sin reconocer que con ellos sirven a las tinieblas, que los conducen sujetos a una correa más o menos larga.

Esta no es la libertad que he dispuesto para Mis hijos. Esta no es la felicidad que Mis hijos ya pueden sentir durante su vida y, ante todo, no es la bienaventuranza que algún día los espera cuando vuelvan a reposar en Mi corazón. La bienaventuranza es algo diferente de la felicidad pasajera que las tinieblas quieren hacerles apetecible.

Si se toman un poco de tiempo, entran en la quietud, se serenan tanto como les sea posible y abren su corazón de par en par, entonces obtendrán un presentimiento muy tenue de lo que en realidad es la bienaventuranza. Quizá también comprendan entonces que esta bienaventuranza está dentro de ustedes desde la eternidad y espera que vuelvan a tener acceso a ella.

Mi bienaventuranza y la de ustedes incluyen la libertad infinita de un hijo de Dios, a quien pertenece todo lo que Me pertenece. También forma parte de ella una armonía que no puede experimentarse en la Tierra, al igual que una convivencia fundada en el amor, la confianza y la comprensión mutua, en ayudar, servir y dar, y que precisamente por ese desinterés vivido ofrece plenitud a todas las criaturas de los cielos. Dentro de ustedes hay fuerzas creadoras que se despliegan sin limitación y los convierten en cocreadores a Mi lado. También forman parte de ella la inmensidad sin fronteras, sin restricción alguna impuesta por nada ni por nadie; la luz, el resplandor, colores jamás conocidos, música jamás escuchada y los encuentros entre ustedes, marcados por el respeto mutuo y un afecto profundo. Y no olviden la alegría, que es parte de su ser y que, en la unidad Conmigo, se habrá desplegado entonces por completo. Pues Yo también soy la alegría. Pero, ante todo, forma parte de ella un intercambio Conmigo, que vivo en ustedes, que soy la vida dentro de ustedes y les permito participar en todo lo que es Mío.

Todo esto —y muchísimo más— es la bienaventuranza. ¿Qué son, comparadas con ella, las impresiones que las tinieblas les transmiten por medio de sus sentidos?

Mi amor infinito, que todo lo abarca, tiene una meta: llevar de regreso al hogar a sus hijos, pues solo entonces será perfecta la felicidad de todos nosotros. Por eso Me inclino hacia Mis hijos, por eso hablo dentro de sus corazones y por eso hablo por medio de Mis hijos e hijas en todo el mundo: para mostrarles el camino y brindarles ayuda tras ayuda, a fin de que encuentren lo antes posible el camino de regreso a Mi corazón.

En este camino —si deciden recorrerlo— viviremos juntos una aventura maravillosa, y verán cómo Mi amor los hace cada vez más libres; cómo caen las ataduras; cómo cambian las formas de conducta; cómo las antiguas y falsas creencias pierden su influencia sobre ustedes; cómo su alma comienza a respirar de nuevo. Sentirán cómo es cuando les preparo los caminos, cómo aparto los obstáculos, cómo se extiende dentro de ustedes la seguridad y cómo crece su confianza. Experimentarán lo que significa atravesar días llenos de luz, amor y alegría. Sus anclas serán desprendidas, sus correspondencias serán transformadas y sus hábitos menos buenos serán reemplazados por otros buenos. Este es el camino, el camino de ustedes Conmigo.

Para que pueda convertir esto en realidad para Mis hijos, solo necesito su sí.

Yo, su Padre, su Dios y Creador, no considero indigno de Mí pedirles ese sí. Recorramos juntos el camino; y allí donde se vuelva difícil, hijo Mío, allí te llevaré en brazos. Di que sí, dame tu mano para que podamos ponernos en camino juntos. Espero a cada uno de ustedes. Aunque nuestro camino, además de alturas maravillosas, tenga de vez en cuando valles difíciles, siempre estoy a tu lado. En cualquier caso, una travesía Conmigo es infinitamente más fácil, liberadora y —en un sentido positivo— aventurada que intentar recorrer tu camino sin Mí.

Den rienda suelta a su anhelo, recuerden el amor que Yo soy dentro de ustedes y la mano extendida que les ofrezco. De este modo llevaré de regreso al hogar a todos Mis hijos. Y les digo: cuando también el último hijo haya vuelto a entrar en los cielos, habrá una celebración imposible de describir con palabras.

Los bendigo, Mis amados; bendigo toda Mi creación y hago resonar el llamado en todos los corazones para que cada uno Me reconozca:

Yo soy el que soy de eternidad en eternidad, y todo cuanto existe procede de Mí; y no perderé nada de lo que es Mío.

Amén