Encuentro del 14 de junio de 2008 en Würzburg
Revelación divina (como respuesta a una oración)
Mis amados, respondo a su oración. Son ustedes mismos quienes se hacen pequeños. Yo nunca los hago pequeños, pues he creado hijos e hijas radiantes que debían esforzarse por tomar conciencia de su grandeza y de su poder.
Son ustedes mismos quienes fijan la mirada en sus imperfecciones y debilidades; y quien hace esto no puede dirigir la mirada hacia adelante al mismo tiempo.
El tiempo que tienen por delante ha sido anunciado mediante muchas profecías. Pero también les he indicado la solución. Les he revelado que quiero ser el Piloto del barco de su vida, que los conduzca con seguridad al Hogar a través de las peores tormentas y los bancos de arena más peligrosos.
Quiero ser este Piloto, pero corresponde a su libre albedrío decidir si abordan el barco que Yo conduzco. Quien lo haya hecho dejará atrás sus miedos y preocupaciones, porque sabe: Estoy protegido, camino de la mano del Amor, el Poder más grande del universo.
¿Han abordado este barco? ¿Permiten que Yo los guíe a través de las tormentas del tiempo que tienen por delante? Cada uno de ustedes dirá que sí o querrá decir que sí, pero les advierto que no respondan afirmativamente con demasiada rapidez. Pues ¿qué significa encontrarse en el barco cuyo Piloto Soy Yo? Significa aceptar como norma de su propia vida las leyes del amor que les enseño y esforzarse cada día por cumplirlas. Entonces surge dentro de ustedes esa seguridad profunda e inquebrantable que hasta ahora no habían conocido; porque entonces su anhelo los impulsa a vivir el amor para volver a convertirse en el amor que son en su interior desde la eternidad. Y así viven en ESE barco que Yo conduzco a través de las tormentas del tiempo venidero. ¿Dónde queda todavía espacio para el temor y la inseguridad, para el desaliento y la duda?
Yo Soy quien conduce el barco, si ustedes así lo desean. Esto lo dice todo a quienes Me comprenden. Amén.
Revelación divina
Oh, Mis amados hermanos y hermanas, el tiempo es grave, aunque Yo Me repita. Y en este tiempo sucederá con frecuencia cada vez mayor que también Mis palabras sean apremiantes. No sin razón se han unido ahora a Mi amor Mi sabiduría, Mi seriedad y Mi voluntad, porque el mundo necesita urgentemente Mis palabras también desde estos aspectos.
Durante los últimos años he concedido mucha enseñanza esclarecedora a Mis hijos. Les he dado ánimo, los he consolado, les he mostrado el camino y descrito la meta. Todo esto, amigos Míos, permanecerá; pero con frecuencia cada vez mayor se escuchará la seriedad en Mis palabras, pues ya no se trata de recibir de Mí más sabidurías y verdades —que de nada les sirven si únicamente las acumulan como conocimiento—, sino de poner ahora en práctica ese conocimiento.
El tiempo que tienen por delante necesita hijos e hijas de Dios que ya no estén ocupados consigo mismos, que hayan dejado de compadecerse y que se presenten interior y exteriormente con la autoridad de un hijo de Dios.
Pero para ello debe haber madurado la conciencia de ser verdaderamente un ángel poderoso que se ha encarnado durante unas cuantas décadas en un cuerpo humano. Y que lo ha hecho única y exclusivamente con la meta de cambiar algo, primero en sí mismo y dentro de sí. Recalco expresamente este aspecto: ya no se trata de consumir enseñanza tras enseñanza, sino de producir una transformación de su ser hacia lo bueno, lo luminoso, lo positivo y la fortaleza del alma.
Cada uno de ustedes asistió a una escuela o a varias escuelas durante su vida. Aprendieron algo, y con cada tarea que resolvieron satisfactoriamente algo cambió dentro de ustedes. Durante los años en que asistieron a la escuela produjeron continuamente una transformación en su interior. ¿Alguna vez han tomado verdadera conciencia de ello?
Al final de cada año recibieron un certificado y, al concluir su etapa escolar, un certificado final. Después de muchos años ya no eran los mismos que sus padres habían inscrito anteriormente en la escuela. Con razón comparan con frecuencia la vida con una escuela, pues se trata única y exclusivamente de una sola meta: transformarse hacia el amor, la Luz y la salvación. Para eso, hermano Mío, hermana Mía, viniste a este mundo: para transformar el mundo después de haberte transformado primero a ti mismo. Y para que puedas producir esta transformación, te he dado conocimiento tras conocimiento.
Si tú, que te encuentras al comienzo, en la mitad o ya al final de tu vida, tuvieras que expedirte un certificado semejante al que recibes en la escuela, ¿qué diría? ¿Qué transformaciones se han producido? ¿Dónde estuviste dispuesto a reconocer algo? ¿Dónde estuviste dispuesto a tomar una decisión que iniciara un cambio? ¿Y dónde estuviste dispuesto a asumir Conmigo el trabajo de la transformación? ¿Qué calificación general te darías en el certificado de tu vida?
Yo conozco tu calificación, pues te conozco a ti. Te conozco hasta lo más profundo. Conozco tu amor, la misión que te propusiste cumplir y tu disposición a asumir la responsabilidad, también ante ti mismo. Pero conozco asimismo tus debilidades, tus errores y tus imperfecciones. ¿También tú los conoces? Por amor a Mí y a tu prójimo, ¿estás dispuesto a realizar un análisis implacablemente sincero de tu vida? ¿A expedirte un certificado provisional para iniciar, basándote en él, los pasos que quizá sean necesarios y efectuar correcciones?
Si desde tu corazón surge un sí, entonces Yo, la Omnipotencia, estoy a tu lado para ayudarte, sostenerte y conducirte a través de las etapas que te llevarán al punto del reconocimiento, la decisión y la transformación.
Saben que Yo Soy el Amor, que todo lo abarca, incondicional y desinteresado. Y saben también —y en algunos momentos lo sienten— que llevan dentro de ustedes el mismo amor. Sin embargo, quiero señalarles una diferencia propia de su amor humano, en contraste con Mi amor divino, que con frecuencia hace que les resulte tan difícil amar a su prójimo y también a ustedes mismos de manera tan incondicional como Yo lo hago.
Una vez les dije que no Soy ciego ni sordo. Esto significa: contemplo lo más profundo de cada corazón. Y sin importar lo que haga el hijo, ¡Yo lo amo! Punto.
No lo amo porque… ni cuando…, sino que lo amo. Mi hijo puede actuar, en virtud de su libre albedrío, como quiera: ¡Yo lo amo! ¿Cómo podría ser de otra manera? De lo contrario, limitaría el regalo del libre albedrío. No puedo darles a Mis hijos libre albedrío y después decir: «Pero si haces esto o aquello, retiraré de ti Mi amor».
Yo, su Dios y Padre y su Hermano en Jesucristo, separo Mi amor de aquello que ustedes hacen.
Si alguna vez se sienten pecadores, cargados de culpa, imperfectos y pequeños, son ustedes mismos quienes han producido este sentimiento mediante su comportamiento. Mi amor por ustedes no resulta afectado por ello. ¿Saben qué significa esto? Si cambian su comportamiento y vienen hacia Mí con los brazos y el corazón abiertos, encontrarán el mismo amor que resplandece hacia ustedes desde la eternidad y habita en su interior. Por eso lo repito: ¡No mezclo Mi amor con sus acciones!
Miren ahora en su interior y pregúntense por qué a menudo les resulta tan difícil, como seres humanos, amar a su prójimo. ¿No cometen todos el error de hacer depender su amor de la conducta del otro? Si los hiere o no se comporta como ustedes imaginan, lo juzgan y condenan y le retiran su amor, cosa que, por lo demás, hacen también consigo mismos; con ello bloquean al mismo tiempo el fluir de Mi amor. Y si alguien les resulta simpático y se muestra receptivo con ustedes interior y exteriormente, también ustedes sienten afecto por él.
Esto, Mis amados hermanos y hermanas, no es amor incondicional, pues lo vinculan a la conducta del otro.
Esto hace también que les resulte tan difícil perdonar y llevar a su prójimo en el corazón. El amor incondicional significa, también para Mis hijos humanos: Te amo. Punto. Y todo lo demás que me lo dificulta Te lo llevo a Ti, mi amado Hermano, que eres el Amor mismo y esperas liberarme interior y exteriormente. Amén.
Revelación divina
Yo Soy el Señor, su Dios; Yo Soy el Dios de sus padres y antepasados y Soy el Dios de sus hijos y descendientes. En Mis manos descansa todo el poder en el Cielo y en la Tierra. Esto significa: Yo Soy el Principio que todo lo abarca y la Esencia que todo lo penetra. Esto es válido tanto para lo puramente espiritual en la infinitud de los mundos celestiales eternos como para todo lo material en la finitud del espacio y del tiempo. Fuera de Mí y sin la chispa de Mi Espíritu no existe ningún ser.
Vean, Mis amados: el Rey de estos reinos inconmensurables está entre ustedes, pues muchos de Sus hijos reales —que son ustedes— se encuentran dispersos por los cuatro vientos y necesitan la palabra procedente de cada rayo de Sus siete aspectos de la Ley: orden, voluntad, sabiduría y seriedad, paciencia, amor y misericordia.
Aunque Mis enseñanzas recalquen a veces su carácter de advertencia, los Míos reconocen, sin embargo, el amor ilimitado que constituye la esencia de todo lo que les expongo. Porque quien Me ama conoce Mi voz, cualquiera que sea el tono que adopte.
En verdad les digo: son pocas las excepciones que no necesitan una exhortación paternal. ¿No estarían de acuerdo con el hijo que dice: «Oh, Padre, ¿por qué Tu gran amor dejó de advertirme que existen peligros cuando abandono el camino correcto? ¿Por qué Tu insistencia no me señaló que debía dejar de alimentar mi ego y dedicarme, en cambio, a contemplarlo y transformarlo con Tu fuerza?»? ¿No le darían la razón al hijo que dice: «Padre, si me hubieras recordado que debía cumplir mi promesa, me hubieras exhortado a reconocer y cumplir mi misión y hubieras apelado a mi seriedad, ciertamente estaría ante Ti con las manos llenas»?
Así llama el Espíritu de la Infinitud en cada uno de sus corazones: ¡Despierten! ¡Despierten todos ustedes que todavía están entregados, o que han vuelto a entregarse, al sueño de la inercia y la tibieza, de la indecisión, la autosuficiencia, el amor propio y la arrogancia; despierten! Porque viven en un tiempo de las mayores transformaciones que esta Tierra haya visto jamás y en el tiempo que requiere una decisión consciente a favor de Mí y, con ello, de una vida Conmigo y desde Mí.
Quien solamente finge estar de Mi lado se asemeja a una fortaleza sobre una roca elevada que, en vez de resistir inexpugnablemente al poder de las tinieblas, mantiene sus puertas y portones abiertos a su astucia y malicia, se entrega así a su dominio y se somete a su control. Y una vez que se ha permitido la entrada al enemigo y este ha logrado apoderarse del baluarte, en verdad, muchas veces no resulta fácil cambiar nuevamente el curso de la desgracia.
Consideren que las tinieblas acechan especialmente a quienes han salido por Mí para atraerlos hacia las trampas del orgullo y utilizar después, para sus engañosas artes de seducción, los dones llenos de gracia que la plenitud de Mi amor regala al hijo dispuesto.
Quien quiera ser Mi instrumento es un servidor humilde y un verdadero bienhechor en medio de los Míos. Reconoce y se guarda incluso de las ramificaciones y manifestaciones más sutiles de la vanidad, el orgullo, la falta de amor y la arrogancia que aún tienen raíces en su yo inferior. Procura transformarlas en luz y amor con Mi fuerza.
Quien quiera ser Mi instrumento, quien desee ser guiado únicamente por Mí, el Altísimo, y quien desee que solo Yo, el Padre, sirva por medio de él, con palabras y obras, a su hermano y a su hermana, sabe que la humildad de la que hablo jamás puede ser un gesto servil, una actitud sumisa o un comportamiento dócil, es decir, una máscara.
Oh, vean: solo por medio de aquel cuya humildad es sincera y verdadera, porque habita en su corazón inflamado de amor y entregado a Mí, puedo regalarles a los Míos el Pan de la Vida que verdaderamente necesitan y desean y que procuran encontrar desde el comienzo de su peregrinación por los mundos.
Mis amados, la verdadera humildad está desinteresadamente a Mi servicio; en cambio, el orgullo solo se sirve a sí mismo, obra para las tinieblas y recibe también su recompensa. ¿Qué pueden dar las tinieblas por medio de sus mensajeros cuando se les han abierto las puertas y los portones por descuido o incluso por falsedad? En verdad les digo: aunque las piedras parezcan comestibles, siguen siendo piedras que jamás sacian. Y se convertirán en una carga para todo aquel que, por causa de su yo inferior, se haya propuesto ofrecérselas a su prójimo.
A quienes entre ustedes todavía caminan dormidos por la vida, pero querían servirme a Mí, la Luz, les pregunto: «¿Qué harán?».
Una palabra seria, Mis amados hijos, pero apropiada para la gravedad de este tiempo y sus peligros. También una palabra de advertencia, Mis amados hijos e hijas, pronunciada dentro del corazón del ser humano y en lo profundo de cada alma durante este tiempo de gracia. Porque quiero abrazarlos y saberlos cobijados en el amor que procede de Mí, el único Dios, su Padre —su Padre lleno de anhelo— y su Hermano en Cristo.
Solo Mi amor fue, es y seguirá siendo el Camino, la Verdad y la Vida.
Revelación divina
En verdad, en verdad, en verdad, hijos Míos, escuchen, porque el Cielo los llama; el Cielo llama a Sus hijos de regreso al Hogar.
Yo Soy su Padre celestial; los he enviado a la Tierra para que trabajen para Mí. Les prometí en el Cielo: cada vez que Me llamen, los escucharé y les enviaré la ayuda que necesiten. No los dejaré solos.
Pero ustedes no llaman, hijos Míos; intentan arreglárselas solos. Sin embargo, no pueden arreglárselas solos, porque son atacados desde todos los lados y les ponen obstáculos, porque ustedes, hijos Míos, son Mis instrumentos.
Yo Soy su Señor y Dios. Quiero formarlos en Mi Espíritu, quiero llenarlos; pero para ello deben dejarme entrar en ustedes. Por eso los llamo: Abran de par en par la puerta, ensanchen los portones, porque el Señor —Yo, su Señor de la Gloria— quiere entrar. Quiero tomarlos por completo, quiero llenarlos, hijos Míos, de tal manera que ustedes digan: «El Señor es enteramente mío». Y Yo digo: «Mi hijo es enteramente Mío»; y así somos un solo corazón que da amor y derrama misericordia. Entonces ustedes Me irradian; entonces Yo Me derramo por medio de ustedes y Mi Espíritu sopla en todos los vientos.
Yo Soy el Amor, Yo Soy su corazón y únicamente por Mí salieron ustedes; no para alimentar su naturaleza humana ni para humillar o herir a otras personas, sino para encontrarse con ellas en el amor. No den a Mis hijos aquello que suponen que merecen, sino denles misericordia, denles amor. Y, en verdad, en verdad, Yo los llenaré y viviré dentro de ustedes.
Cuanto más se abran Mis hijos a Mí, tanto más podré y habré de resplandecer a través de ellos para Mi glorificación, pues este es Mi tiempo, es el tiempo de Dios en la Tierra. Deben eliminarse todas las falsas doctrinas, todas las imágenes falsas y todas las ideas equivocadas. Yo Soy el Amor, y el Amor quiere recorrer la Tierra y la recorrerá por medio de ustedes, hijos Míos.
Así pues, vengan y pónganse en camino; olvídense de ustedes mismos para que Yo pueda establecer Mi morada en su interior y formarlos según Mis necesidades, de la manera en que los necesito para poder obrar por medio de ustedes. Lleven consigo Mis palabras y medítenlas en su interior, porque los necesito por completo y no solamente a medias. No puedo obrar a medias dentro de ustedes ni por medio de ustedes.
Yo Soy el que Soy de eternidad en eternidad, y únicamente Yo puedo transformarlos; ningún otro puede ayudarlos verdaderamente en ello ni transformarlos conforme a Mi sentido, sino solo Yo. Pero si necesitan ayuda, cualquiera que sea, entonces se la envío; sin embargo, siempre Soy Yo quien escucha y atiende su llamada.
Oren sin cesar, bendigan sin cesar, tal como les he dicho; porque nadie en esta Tierra está ya tan fortalecido que no pueda necesitar la bendición y la oración. Vengan a Mi corazón de Padre; como dirían ustedes, derriben Mi puerta de tanto llamar. Les doy todo, como les he prometido, porque todo lo tengo preparado para ustedes. Solo necesitan venir y recibirlo.
Yo Soy el Amor; y aunque Mis palabras sean serias, en verdad, todo el anhelo de Mi corazón, de Mi corazón de Padre, se encuentra en estas palabras. Todo el Cielo está contenido en ellas. Ahora es el momento de poner orden y trabajar, como les he dicho por medio de Mi sabiduría. Ya han recibido suficientes enseñanzas; ahora le corresponde el turno a la vida. Ahora les pido que pongan en práctica el conocimiento que les he dado. Los ayudo en todas partes, minuto tras minuto, hora tras hora. Solo necesitan venir a Mí y Me experimentarán.
Pero poquísimos de ustedes confían en Mí, porque no Me experimentan, y no Me experimentan porque no Me acogen en su interior. Deben acogerme dentro de ustedes y acumular experiencias Conmigo para crecer hacia una confianza inquebrantable, de modo que entonces sepan: «Con mi Padre todo me es posible en Jesucristo. Él está conmigo y yo estoy con Él».
Así les doy fuerza tras fuerza y poder tras poder para que obren por Mí y Conmigo, hijos Míos. Porque el Amor es el Poder, y fuera del Amor-Misericordia no existe ningún poder. El Amor-Misericordia transformará esta Tierra.
Los llamo a todos ustedes, Mis instrumentos que residen en esta ciudad: ¡Regresen! ¡Regresen, pues salieron por Mí y Yo Soy su Señor y Dios! Los envié a esta Tierra, a este lugar: Yo Soy su corazón. Apártense de sus aspiraciones materiales, apártense de su desvarío y síganme hacia el interior, hacia su verdadero ser. Yo habito en sus corazones; allí Me encontrarán y no en el exterior, en una ciudad, en edificios ni en comunidades.
Porque ustedes son el templo de Mi Espíritu Santo, y Yo preparo Mi templo según Mi buen parecer, pues solo Yo sé cómo debe ser Mi templo. Solo Yo conozco el camino, y quien recorre el camino Conmigo lo recorre con bienaventuranza y lleva consigo a todos Mis hijos hacia la bienaventuranza.
Yo Soy el Amor, Yo Soy su Señor y su Dios por toda la eternidad; únicamente a Mí deben servir. Amén.