Encuentro del 11 de octubre de 2008 en Würzburg
Revelación divina
Yo, su Padre, estoy y permanezco en medio de ustedes durante esta hora conmovedora [ocurrió un incidente al que el Padre se refirió aquí, pero en el cual no queremos profundizar].
Cada uno recibe de la plenitud de Mi amor que despierta; por consiguiente, a cada persona dispuesta entre ustedes le es posible obtener un gran beneficio de lo sucedido y de aquello sobre lo que han hablado. Porque todo lo que sucede contiene ESOS aspectos que permiten a cada hijo reconocerse a sí mismo en ello. El camino del reconocimiento y de la transformación es Mi camino, y es el único que conduce de regreso al Hogar. De esto hablaron en sus conversaciones.
Las tinieblas rodean Mi rebaño, y dondequiera que haya espacios vacíos o aberturas en la cerca que los rodea, allí querrá morder el lobo.
Muchas veces, Mis amados hijos e hijas, he hablado de cómo debería pensar, hablar y actuar cada uno de ustedes; de cómo cada uno debería recorrer seriamente y en el amor el camino hacia su interior para cerrar poco a poco, cada vez más, estas posibilidades de irrupción de la oscuridad.
Yo les digo: su hermano y su hermana están y permanecerán, sin embargo, protegidos en Mí, pues ni una sola alma, ni un solo hijo, puede quedar jamás fuera de Mi amor. Encontraré los medios y caminos para conducir nuevamente a cada hijo hacia el sendero correcto de regreso a casa. Entreguen a sus hermanos y hermanas sus fuerzas de amor para que los acompañen en su camino. De esta manera contribuirán a que el amor pueda afianzarse nuevamente en ellos y les permita reconocer por qué sendero caminan actualmente.
Hijos e hijas Míos, la seriedad les habla: «Despierten y estén atentos, pues son muchos los peligros ante los cuales corren el riesgo de sucumbir cuando les faltan la seriedad y el amor por Mí».
En verdad les digo: muchos recorren esta vida con una piedad fingida y aparentan amarme, pero en realidad se aman a sí mismos. Quien únicamente lo aparenta camina por senderos oscuros y está lejos de permitirme ser su Guía. Otras fuerzas lo guiarán: la admiración, el reconocimiento y la alabanza son algunas de las numerosas trampas; y precisamente estas ya se han presentado de alguna manera ante más de uno de ustedes.
Aspirar a ellas es peligroso. Quienes entre ustedes coqueteen con estas cosas y no quieran abandonarlas recibirán ciertamente la recompensa de este mundo, pero —y esto se lo digo con profunda seriedad—: «Los frutos serán amargos y la recompensa será poco saludable para el alma».
Así deposito Yo, su Padre, esta petición apremiante en sus corazones: Hijo Mío, hija Mía, no mires a quienes te rodean, pues ellos tienen que cargar con su propio peso. Reconoce TU carga y esfuérzate por transformarla, con Mi ayuda, en aquella fuerza que es la única que puede conducirlos a la salvación y llevarlos a su Hogar.
Sepan que actúan dentro de Mi obra de retorno al Hogar. Esta es la meta que se propusieron, y Yo los he conducido hasta aquí.
¡No permito que nada Me desvíe! ¡Nada puede impresionarme!
Yo sé guiar a Mis hijos e hijas para que se cumpla lo que está escrito en el Plan. Pero también está escrito que a las tinieblas les será permitido medirse con la Luz, es decir, también con la luz de ustedes.
Por eso, que cada uno de ustedes tome las precauciones correctas. Yo, su Padre, les doy todas las fuerzas, todo el poder, todo el amor y toda la luz en su interior y también exteriormente, para que su decisión pueda ser buena, justa y luminosa.
Mis amados hijos e hijas, tengan confianza; se cumplirá lo que está escrito y lo que no dejo de anunciar una y otra vez por medio de Mi palabra revelada: ¡La Luz vencerá! Porque en la Luz y en el amor ya se encuentra fundamentada la victoria. Las tinieblas serán redimidas y transformadas, tal como Yo, su Padre, lo he decidido y lo mantengo.
Deposito la fuerza de Mi paz y la fuerza de Mi bendición en lo más profundo del corazón de cada uno de ustedes. Amén.
Revelación divina
Hijos e hijas Míos, en verdad han vivido una hora especial [véase la anotación en la revelación anterior]. Yo provoqué esta hora para que todo aquel que esté dispuesto pueda aprender de ella, sacar para sí mismo las conclusiones correctas y tomar decisiones.
Cuántas veces les he dicho ya que el tiempo es muy grave. No Me refiero únicamente al ámbito exterior. Es grave principalmente porque en lo invisible se libra una batalla que ustedes no ven y que más de uno entre ustedes todavía no comprende.
Uno puede enfrentarse a un adversario que conoce y reconoce; puede prepararse para él. Pero cuando actúan sobre este mundo y sobre Mis hijos fuerzas que ellos no conocen, que no pueden ver ni sentir, la lucha puede resultar muy desigual, al menos durante algún tiempo. Porque las tinieblas trabajan con medios y poseen posibilidades que ustedes ni siquiera imaginan.
También les he llamado la atención sobre esto en repetidas ocasiones. Asimismo les he dicho que los métodos de Mi adversario y del adversario de ustedes son muy refinados y que los ataques se ejecutan de tal manera que muchas veces no los perciben como tales. Cuando esto sucede durante un período prolongado, la oscuridad ya «ha puesto un pie dentro de su puerta».
La única posibilidad de reconocer lo que sucede consiste en ampliar su conciencia, pero no mediante las numerosas técnicas que se ofrecen, sino única y exclusivamente mediante el esfuerzo por vivir el amor. Entonces adquieren sensibilidad para percibir lo que sucede a su alrededor. Reconocen la verdadera manera de pensar y las intenciones reales de su prójimo, muchas veces sin que este siquiera abra la boca. Están atentos, están junto a Mí y sus sentimientos se vuelven más sutiles. Pueden reconocer una trampa mucho antes que en el pasado, por muy bien camuflada que esté. Entonces pueden decidir si caen en esa trampa, que quizá se presente como una dulce tentación, o si dicen «no».
Deben hacer suya esta capacidad de discernimiento. No puede aprenderse como se aprende a calcular o escribir; esta capacidad se desarrolla dentro de ustedes —se lo repito— mediante su esfuerzo por recorrer también el camino que Yo recorrí delante de ustedes.
¿Qué sucede entonces, Mis amados hijos e hijas? Percibirán muchas cosas que antes permanecían cerradas para ustedes. Miran dentro de su hermano y de su hermana, reconocen detrás de las palabras la verdadera intención y, de pronto, saben lo que ocurre en el interior de su prójimo. Entonces es necesario estar muy atentos; y esto es algo que más de uno entre ustedes todavía no comprende ni domina.
En revelaciones anteriores hablé de que no Soy ciego ni sordo, que miro dentro del corazón de cada hijo, lo veo todo y, sin embargo, amo a Mi hijo. También ustedes deben aprender a mirar y, al mismo tiempo, a amar a su prójimo.
Y aquí caen muy a menudo en la idea equivocada de que no se puede reconocer una característica negativa en el prójimo sin condenarlo al mismo tiempo.
Naturalmente, esto sucede también con frecuencia, pero ¿es en verdad la única manera de tratar los errores y las debilidades del prójimo y, por lo demás, también los propios?
¿Cómo lo hago Yo? ¿Condeno también a Mi hijo? Conocen la respuesta: por supuesto que no, pero tampoco cierro los ojos. ¡Yo miro y amo!
Si se esfuerzan cada vez más por aprender esto también, dejarán de sentir temor de descubrir aspectos negativos en su prójimo. Mirarán cada vez más profundamente y, sin embargo, ¡lo amarán! O quizá lo amarán precisamente entonces, porque perciben su desamparo y su profunda infelicidad. No lo condenarán ni lo expulsarán de sus corazones, sino que reconocerán sus deficiencias y le brindarán su ayuda si él la desea.
Pero si cierran los ojos y no quieren ver dónde se encuentra su prójimo por puro miedo a condenarlo, ¿cómo podrán saber de qué manera pueden ayudarlo? Ayudarlo es, sin embargo, su misión. Porque para quien recorre Conmigo el camino del amor, su prójimo llega a ser tan importante como él mismo. Lleva en el corazón el bienestar de su prójimo y ya no surgirán pensamientos de condena. Mirará, amará y ayudará allí donde le sea posible.
Esta capacidad está depositada en ustedes y solo espera que la descubran todavía más y con mayor profundidad que hasta ahora. Pero únicamente despertará en mayor medida si recorren seriamente el camino Conmigo. Por eso, más de uno entre ustedes puede reflexionar, si así lo desea, sobre si los años transcurridos de su camino ya lo han conducido a estos conocimientos y capacidades. Si esto, hijo Mío, todavía no ha sucedido o no ha ocurrido en la medida que tú deseas —y que Yo deseo—, entonces ven a Mí. Ven a Mí y Yo te ayudaré para que también tú te conviertas en ayuda para tu hermano y tu hermana.
Hoy han reconocido que el amor, el orden, la voluntad y la seriedad no se excluyen, sino que se complementan muy bien; y que también el amor, cuando es necesario, dice «¡Alto!», no para excluir permanentemente al hijo ni para castigarlo, porque Yo no castigo, sino para darle la posibilidad de recapacitar, de modo que muy pronto pueda volver a estrecharlo entre Mis brazos.
Recuerden: cuando es necesario, el amor dice un «no» claro. También esto es amor.
Si así lo desean, contemplen las situaciones de su vida desde estos puntos de vista y apliquen este criterio, ante todo, a ustedes mismos. Si advierten que no siempre han mantenido esta forma de coherencia, Yo Soy quien los ayuda a dar los pasos necesarios para aprender también esto en el amor. Amén.
Revelación divina
Mis amados, Yo Soy el Principio y el Fin, y Me alegro cuando hablan del anhelo que arde en su interior por Mí, el Padre, y por su Hogar.
Sepan que no pueden medir Mi anhelo por ustedes. Voy hacia cada uno de ustedes, de uno a otro.
Deposito sobre la cabeza de todos Mi mano paternal. Reciban de la plenitud para el tiempo venidero y sepan: Yo, el Santo, Soy también lo santo dentro de cada uno de ustedes, porque son Mis herederos, hijos e hijas procedentes de la Luz. Amén.