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Las trampas tendidas con astucia conducen a la dependencia

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Raffiniert aufgestellte Fallen führen in die Abhängigkeit

Fecha original: 12 de abril de 2022

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, la mayor ventaja que Mi adversario y el de ustedes todavía mantiene firmemente en sus manos es la ignorancia de ustedes. Solo ella ha hecho posible que pueda actuar y disponer a su antojo en gran medida y sin ser molestado en la Tierra. No les sirve de nada limitarse a creer en el diablo, quizá también en su influencia; muchas personas lo hacen. Deben comprender profundamente que se trata de algo más que de una figura representada con cuernos y un tridente. Solo así estarán hasta cierto punto protegidos contra el peligro de caer una y otra vez en las trampas tendidas con astucia.

Entonces tampoco lo imaginarán en algún infierno que no puede explicarse con precisión, porque serán conscientes de que no viven, en sentido figurado, en un «espacio vacío», sino de que a su alrededor se desarrolla ininterrumpidamente una vida muy diversa, invisible para ustedes. Además de las fuerzas de la luz, forman parte de esa vida aquellas que influyen, acosan y tientan a Mis hijos para que piensen y actúen de una manera que no corresponde a Mi mandamiento del amor.

Tienen una buena razón para ello: necesitan continuamente energía vital, que no reciben de Mí. Por eso la obtienen de ustedes.


La aspiración de Sadhana*) —quien más tarde se llamó «Lucifer», que significa «portador de luz»— era dar vida a una creación propia. No lo consiguió. Los ámbitos que se formaron fuera de los cielos como consecuencia de su comportamiento y del de sus seguidores eran apenas un débil reflejo de su antigua patria eterna. Por su falta de comprensión y por la lucha contra Mí que continuaron librando, los caídos se «alejaron» cada vez más de Mí, su fuente dadora de vida. Ya no podían regresar, porque la comprensión, el arrepentimiento y la conversión les eran ajenos. Por eso también les faltaba la energía necesaria para ascender a esferas superiores.

La energía es el punto central alrededor del cual gira todo en Mi creación entera. En definitiva, no existe nada más que energía. También la materia de ustedes no es otra cosa que energía condensada, como sus científicos descubrieron hace mucho tiempo. Todo ser, ya sea de naturaleza sutil o material, necesita energía. Puesto que los rebeldes solo podían y pueden recibir la energía mínima absolutamente necesaria para su existencia, y esta no constituye vida en el verdadero sentido —sino que únicamente hace que sigan existiendo—, todos sus pensamientos y esfuerzos estuvieron y están dirigidos constantemente a conseguir «más» energía.

Desde su perspectiva, Mi sacrificio en el Gólgota agravó aún más su situación, pues a partir de entonces todas las almas dispuestas pudieron regresar a su patria celestial. De ese modo, las tinieblas perdieron una parte de sus «proveedores de energía», y continúan perdiéndolos hoy y los perderán en el futuro cada vez que algunas personas decidan, durante su vida, seguirme. Sus almas tendrán entonces una vibración suficientemente elevada para que, al dejar su cuerpo físico, pasen a ámbitos sutiles que ya no están sujetos a la influencia de las tinieblas.

Antecedo Mi palabra de revelación de hoy con esta explicación, que ya he dado con frecuencia, para que comprendan mejor cómo las fuerzas contrarias lograron conducirlos a la difícil situación que ahora viven. El principio que actúa detrás de ello afecta a cada individuo; y, puesto que cada uno forma parte del gran conjunto, también la humanidad en su totalidad fue llevada con éxito, mediante las consecuencias de unas artes de seducción urdidas con astucia, a situaciones que desde la perspectiva de ustedes parecen en parte desesperadas.

Y, sin embargo, existe una solución, aunque no en el sentido en que la mayoría la entiende o la desea. Les ofrezco Mi ayuda como la única solución capaz de liberarlos de nuevo de su dilema, al menos a largo plazo.

Cada intento de las fuerzas negativas por inducir a una persona a infringir Mi mandamiento del amor tiene, naturalmente, un objetivo: impedir que encuentre siquiera el camino hacia Mí, o dificultar o imposibilitar su avance. Después de la «muerte» de la persona, quieren atar su alma a ámbitos que ellas controlan.

Pero para las tinieblas es igualmente importante obtener de esta manera la energía vital que necesitan con tanta urgencia. Ya durante la vida le sustraen esa fuerza a la persona sobre la cual pueden influir; la magnitud depende principalmente de cuánto se deje llevar por las insinuaciones seductoras. O, dicho sin rodeos: de la frecuencia y la intensidad con que peque.

La sustracción de energía vital tampoco se percibe necesariamente siempre en el cuerpo. Muchas veces resulta mucho más eficaz un robo de energía en el ámbito del alma, porque la persona no lo advierte de inmediato o quizá no lo advierte nunca. Aunque existen suficientes señales que podrían haberla alertado, por lo general su conciencia también se encuentra limitada al mismo tiempo, de modo que no percibe una creciente «pesadez del alma».

Sin embargo, sería sumamente laborioso y no produciría el éxito duradero deseado si tuvieran que intentar seducirlos de nuevo una y otra vez, presentarles siempre situaciones iguales o parecidas y, por así decirlo, planificar y preparar nuevamente cada ganancia de energía. Hay una manera mucho más sencilla y mucho más eficaz para los poderes de las tinieblas.

Han encontrado el modo de inducir permanentemente a gran parte de las personas a adoptar conductas que conducen a la dependencia una vez que se han practicado una o varias veces y la persona se ha acostumbrado a su «ventaja». Cuando esto sucede, las tinieblas tienen a la persona «atada con una correa larga». En situaciones iguales o semejantes vuelve a reaccionar de manera tan equivocada como antes, sin necesidad de nuevos intentos constantes para llevarla a actuar sin amor. La persona ha creado en su interior un programa que la dirige. En la mayoría de los casos no lo percibe; pero, si lo hace, hay muchas razones que le impiden dejar de hacer aquello a lo que está acostumbrada; o, peor aún, aquello que se ha convertido en parte de su vida y sin lo cual —supuestamente o incluso de hecho— apenas podría desenvolverse o se sentiría insatisfecha si lo abandonara.

Conseguir que alguien se comporte como desea el seductor siempre está vinculado a una oferta que, desde la perspectiva de la «víctima», promete facilidades, beneficios, superioridad, ganancias y muchas cosas más. Estas pueden ser tanto de naturaleza material como inmaterial.

Son materiales cuando se trata de ventajas concretas derivadas de determinadas acciones. Piensen tan solo en la explotación despiadada de su planeta y en las ganancias económicas provenientes de toda clase de negocios, incluso de aquellos que a primera vista no considerarían inspirados por Satanás, como, por ejemplo, los excesos de su sistema de salud. La ignorancia acerca de las causas espirituales de las enfermedades ha convertido a innumerables personas en participantes de fe ciega y consumidores permanentes de medicamentos que en parte perjudican la salud.

Son inmateriales cuando se trata, por ejemplo, de ejercer poder, permitir que otros piensen por uno mismo o ceder la responsabilidad. También una necesidad exagerada de seguridad forma parte de las ofertas que se les presentan exteriormente y que en su interior les producen la cuestionable sensación de que ahora pueden vivir más o menos libres de miedo, hasta que deja de existir la seguridad exterior y el miedo comienza lentamente a surgir de nuevo en ustedes.

Para volver a controlarlo hasta cierto punto, recurren a nuevas «medidas de seguridad», sin percibir que han caído en la trampa llamada «dependencia». El miedo es una de las trampas preferidas, y las decisiones equivocadas que nacen de él los privan de libertad en grado máximo. Quien actúa así ha sido incorporado, sin saberlo ni quererlo, a la interminable fila de seguidores manipulados.

Por tanto, el objetivo de todos los esfuerzos del mal siempre es llevarlos a una dependencia mayor o menor. Una vez que se han acostumbrado a algo, también lo seguirán practicando con gusto; incluso cuando comience a surgir en ustedes la comprensión de que aquello no puede terminar bien a largo plazo o de que ese modo de pensar y actuar no corresponde a lo que proclamé en Mi mandamiento del amor por medio de Jesús de Nazaret.

Cuando se ha llegado a ese punto, se ha creado una atadura. Entonces se los ha atado a una manera de pensar y actuar que, al parecer, les facilita la vida mediante procesos automáticos; pero este tipo de facilidad es un arma de doble filo. Por un lado, no tienen que reflexionar mucho cada vez acerca de cómo deben comportarse; pero, por otro, si esas ataduras se deben a actividades satánicas, han perdido su libertad. Y, por regla general, sin darse cuenta.

La inmensa mayoría de Mis hijos ha caído de una u otra manera en esta trampa. No es fácil reconocerla y, si se les llamara la atención sobre ella, muchas veces reaccionarían contradiciéndolo. Porque, ¿qué puede tener de malo conservar una costumbre apreciada, disfrutar de esta o aquella comodidad conocida desde hace mucho tiempo o defender el lugar propio en la comunidad o en la sociedad?

Mientras no esté vinculada a ello una mordaza para el alma —que por lo general no se percibe y que siempre trae consigo una pérdida de energía—, no hay nada que objetar. Ustedes son hijos libres de Mi amor, a quienes jamás castigo. Pero precisamente este regalo de la libertad se convierte con mucha frecuencia en un punto débil cuando no se utiliza con prudencia.

Las tinieblas lo saben muy bien y, por eso, siempre han adaptado su proceder a las posibilidades que encuentran en cada persona. No en vano les he recordado una y otra vez que actúan con una astucia y unas maniobras de engaño contra las cuales ustedes tienen poco o nada que oponer. Por eso nunca encontrarán en lo exterior la protección que desean. La seguridad, Mis amados, solo existe en Mí. Y la verdadera libertad también.

No hace falta recalcar que en el cielo no existen ataduras. Y precisamente por eso reina allí una libertad imposible de describir, porque la persona no tiene palabras para ello. Pero, puesto que en el alma de cada persona existe el deseo de libertad y las tinieblas conocen con exactitud los detalles de esos deseos —que muchas veces ni ustedes mismos conocen—, con frecuencia les hacen creer en una libertad falsa.

Muchas veces, demasiado tarde —si es que llega a suceder—, la persona advierte que en realidad se trata de una telaraña en la que ha quedado atrapada; y que se ha convertido en un proveedor de energía al que, sin embargo, todavía se le deja suficiente energía para que rara vez perciba la carencia, o no la perciba en absoluto, porque con lo restante se puede vivir bastante bien. Si la persona tuviera siquiera una vaga idea de lo que realmente le sería posible mediante una cercanía aún mayor a Mí, o si pudiera experimentar tan solo una vez lo que significa verdaderamente la libertad auténtica, ya no habría ninguna duda acerca del camino que recorrería con mayor determinación en el futuro.

Pero todavía no es capaz, o apenas lo es… aunque a veces alguno consigue, en una profunda meditación o en momentos de intenso sentimiento de amor, vislumbrar la existencia ilimitada a la que tiene derecho; una existencia que duerme en su interior desde eternidades y espera ser descubierta paso a paso.

Desde hace eones esta extracción de energía se produce sin interrupción. De esta reserva de fuerza infinitamente grande, que las fuerzas contrarias vuelven a llenar una y otra vez, obtienen su «vida». Si tuvieran que preocuparse —expresado con palabras de ustedes— por la posibilidad de que algún día ya no pudieran robar energía a las personas, eso significaría que la gran mayoría de la humanidad se habría liberado de las ataduras de la siembra y la cosecha.

¡Esto no solo es deseable o probablemente posible, sino que es la meta de todos ustedes! Pero es una meta que todavía se encuentra muy lejos. Para que pudiera convertirse en realidad para ustedes, vine al mundo en Jesús.

Crecerán hasta entrar en la libertad que les pertenece cuando se esfuercen cada vez más por vivir su vida cotidiana Conmigo. Entonces entregarán cada vez menos energía y finalmente ninguna, y de ese modo contribuirán a que la influencia de lo negativo, con todas sus consecuencias, disminuya progresivamente en su mundo y, al final, en todo el universo. Finalmente también las tinieblas se inclinarán. Bajarán la cabeza arrepentidas porque habrán tenido que reconocer que también ellas llevan en su interior vida eterna y luminosa, y que, a la larga, no habrá ni puede haber nada fuera de Mi amor.

El rencor o el resentimiento, la venganza o la amargura son cualidades que llegaron al mundo únicamente por medio del mal y que fueron y siguen siendo promovidas con vehemencia. Son ajenas a Mí y, por eso, estrecharé lleno de alegría entre Mis brazos a todos los que en otro tiempo abandonaron los cielos y lucharon contra Mí y contra ustedes.


Pero hasta que esto vuelva a suceder, las personas que no han recibido esclarecimiento o no están dispuestas a realizar un cambio en su vida seguirán siendo juguetes de su adversario. Las costumbres que no están fundadas en el amor se fortalecerán. En determinadas circunstancias se levanta de esta manera también un bloqueo que hace cada vez más difícil para la persona aprender y finalmente practicar una conducta nueva y más amorosa. La montaña que debe deshacerse se vuelve entonces cada vez más alta, hasta que alcanza una altura tan abrumadora que la persona se resigna al reconocer todo lo que se ha acumulado allí.

Mis enseñanzas, destinadas todas ellas a ayudarlos a avanzar, siempre están sostenidas por Mi amor. Pero no se trata de un amor dulzón que susurra y habla con rodeos. Mi lenguaje es claro y comprensible. Por eso puede suceder que a algunos Mis palabras les parezcan demasiado severas, que supongan o incluso exijan demasiado. Nada de esto sucede jamás. Pero puede ocurrir otra cosa. Y está relacionada con lo que Yo denomino no estar al día.

No corregir un error durante largo tiempo hará que este llegue a arraigarse. O, dicho de forma más drástica: una conducta pecaminosa que se practica una y otra vez irá acumulándose —hablando en sentido figurado— y se convertirá luego en la montaña mencionada anteriormente. Algún día será tan abrumadoramente alta que la persona, aunque considere verdaderas y correctas Mis palabras, se resignará y dejará de creer que alguna vez podrá desmontar esa montaña. La abandonará el valor, y esto es justamente lo que esperaba el adversario: «Con el pasado que tienes, jamás podrás cumplir este mandamiento. Ni siquiera lo intentes». Y prosigue: «Después de todo, no te ha ido tan mal con lo que yo te he ofrecido…».

Se equivoca quien crea que estos diálogos u otros parecidos son inventados. Nunca están solos; tanto la luz como las tinieblas están siempre presentes. Los conocen mucho mejor de lo que ustedes mismos se conocen. Cuando las tinieblas quieren seducirlos, hablan de este modo en su interior sin que ustedes lo perciban como una insinuación. Precisamente por eso, mediante sus sensaciones, los conducirán al resultado que el tentador persigue.

Mi amor por ustedes les deja un margen de libertad que no pueden comprender con su entendimiento humano. En él jamás existe un «deber forzoso»; pero eso no me impide explicarles de manera inequívoca y con toda claridad Mis mandamientos y Mis leyes. No digo: «Podría ser de esta o aquella manera». Digo: «¡Así es!».

Esto puede llevar a alguno a la idea equivocada de que Yo soy despiadado. Nada sería más falso que creer eso, Mi amado hijo. Hago una gran diferencia entre aquello que está fundado en Mi amor y que, por tanto, es verdadero, y la disposición y la fuerza que un hijo ya ha desarrollado para poder llevar el amor a la práctica en su vida cotidiana.

O, dicho de otro modo: expongo el principio. Así, todo el que quiera saberlo puede conocer qué es correcto en el sentido del amor desinteresado e incondicional y qué no lo es. Que tú, hijo Mío, o tú, hija Mía, ya seas capaz o estés dispuesto a cumplir este mandamiento es una cuestión muy distinta. Ustedes dirían: «Son dos cosas completamente diferentes»:

Por un lado, no hago concesiones con respecto a Mis leyes; por otro, te dejo la libertad de esforzarte por cumplirlas. Y esto sin reprocharte nada si decides no hacerlo.

Eso es libertad, eso es amor; son cualidades que, en su perfección, ya se encuentran también en ti. Esperan ser despertadas y vividas.

En caso de que pertenezcas a quienes de vez en cuando ven delante de sí una montaña alta, a veces demasiado alta, tengo para ti un camino de solución. Te ayuda a liberarte de tus dependencias y a crecer paso a paso hacia tu libertad, hacia una libertad Conmigo. Este camino requiere únicamente tu disposición y tu decisión de querer recorrerlo. Yo me encargo de la mayor parte de lo restante, es decir, del trabajo que está ligado a semejante decisión.

Como muchas personas no comprenden cómo algo así puede ser posible, quiero recordarles que una vibración superior siempre puede penetrar en una inferior, que una fuerza poderosa siempre es superior a una débil y que algo oscuro no puede subsistir en la luz. Puesto que Yo Soy la única luz verdadera de la Creación, y no existe un poder ni una fuerza mayores que los Míos, tampoco puede existir nada que, a la larga, pueda resistirse a ser transformado por Mí, que Soy el amor perfecto. Y, al hacerlo, siempre y en todos los casos respeto el libre albedrío.

Por tanto, no cabe duda de que puedo y voy a ayudarte a ti y a todos los dispuestos cuando expresen la petición correspondiente. Es igualmente indudable que Yo seguiré siendo el vencedor y que tú vencerás Conmigo. Pero la pregunta —y con ella me refiero al «punto débil» de Mi propuesta de solución— es si la persona que se ha sometido a la dependencia de influencias satánicas reúne también la voluntad, la perseverancia y el amor hacia Mí necesarios para que nuestro «proyecto de liberación» conjunto llegue a buen término.

Desde el Gólgota también tú llevas en tu interior Mi fuerza crística, pues se la regalé a todas las almas y a todas las personas. Es al mismo tiempo la chispa redentora que vuelve a hacer posible el regreso de todos al hogar. Yo los redimí, Mis amados, de las ataduras que, desde el comienzo de la caída, hacían imposible que regresaran a Mí. Pero el concepto de «redención» también puede interpretarse en el sentido de que los ayudo y, al mismo tiempo, asumo la mayor parte del «trabajo» de desatar las cadenas que permitieron que les colocaran y que, con ello, se convirtieron en las cadenas de su destino; las que los hicieron proveedores de energía para el bando contrario, sin que lo supieran y, seguramente, tampoco lo quisieran.

Ahora conocen las relaciones que existen entre estas cosas. Depende de cada uno lo que haga con este conocimiento. Pero, con vistas al tiempo venidero, sería más que aconsejable recogerse interiormente, buscar y encontrar con Mi ayuda las fugas de energía que en el pasado les quitaron una parte de su impulso interior. Todo el que tenga buena voluntad recibirá para ello Mi bendición.

Amén

*) Existen distintas formas de escribir este nombre.