Revelación divina
Mis amados hermanos y hermanas, si mediante Mi palabra de revelación de hoy les recuerdo que ustedes —que la humanidad— se encuentran ante una fase de transformación como nunca antes se había producido, lo hago exclusivamente con la intención de prepararlos interiormente para el tiempo venidero y fortalecerlos; también para agudizar su mirada y aclarar su conciencia, a fin de que no los sorprendan acontecimientos que desde hace mucho tiempo ya no «se perfilan solamente en el horizonte», sino que en parte ya han entrado como realidad en sus vidas.
Como Yo Soy el Amor y Mi mayor deseo es tomar a cada uno de la mano para poder guiarlo con seguridad, Mis palabras y exhortaciones son siempre y exclusivamente una ayuda desinteresada que les ofrezco respetando su libre albedrío. Nunca existe detrás la intención de atemorizar ni de ejercer presión de manera sutil; así trabaja Mi adversario y el de ustedes. Pero Yo Soy la Libertad y dejo esta libertad a todos. Mi amor por Mis hermanos y hermanas tampoco se ve afectado en absoluto por el hecho de que Mis palabras se tomen en serio y se atiendan y de que se acepte Mi ayuda, o no.
En sus Escrituras encuentran la parábola de las vírgenes prudentes y las insensatas. En sentido figurado, fue y sigue siendo válida para todas las situaciones de su vida. Si han llenado sus lámparas de aceite, se asemejan a una persona que «está al día». Se preparó, examinó las dificultades o problemas pendientes y Me pidió que la ayudara a resolver sus tareas de aprendizaje y de vida. No dejó nada pendiente; se esforzó y continúa esforzándose por cumplir el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Aunque no sabe cuándo llegará el esposo, no duda de que llegará. Aquí el «esposo» representa todo lo que la persona encuentra de manera inesperada. Esto incluye, además del paso del alma al más allá —llamado equivocadamente «muerte»—, aquello que la vida tiene preparado para ella: tanto su pequeño mundo personal cotidiano como el gran mundo terrestre con todos sus factores imprevisibles.
Sin duda, imaginar todo lo que se está gestando, y cómo y cuándo manifestará sus efectos, puede provocar malestar y miedo. Pero precisamente por eso hago oír Mi palabra: para protegerlos de los pensamientos negativos y preocupados acerca del futuro, o para transformar su inquietud en calma y su incertidumbre en confianza. Quien se coloca cada vez más a Mi lado, quien se esfuerza honradamente por llevar sus conocimientos a la práctica y quien no se deja abatir por los clamores de guerra ni las crisis económicas se fortalecerá en Mí y desarrollará la fuerza y el valor necesarios.
Pero ya no puede tratarse tan solo de creer firmemente que todo saldrá bien. «Salir bien» en el sentido de que todo se desarrollará dentro de Mi ley divina y que, finalmente, todo será conducido de nuevo a la armonía que las tinieblas destruyeron temporalmente y en cuyo lugar crearon el caos: sí; pero «salir bien» en el sentido de que cada individuo espere y confíe, con los ojos interiores y exteriores cerrados, en que todo volverá a arreglarse por sí solo: no.
La lógica del corazón puede ayudarlos a abrir los ojos que quizá aún permanezcan cerrados. No para conceder un peso adicional al pasado, sino para reconocer los errores cometidos en él y preparar entonces las vías de modo que el viaje futuro siga una dirección nueva.
Conocen suficientemente la ley de causa y efecto, aunque la doctrina cristiana la interpreta de manera equivocada como si solo se aplicara de ahora a después, de hoy a mañana, y no también de antes a ahora, de ayer a hoy. La ley surgió con la caída y seguirá siendo válida hasta que todo vuelva a estar unido en los cielos y todo lo caído haya regresado a casa.
Por consiguiente, actúa desde hace un tiempo infinitamente largo; y en cada instante de la existencia de todas las regiones situadas fuera de los cielos —entre las que también se cuentan el universo material y su Tierra—, el pasado ha configurado el presente y, con ello, ha influido en el futuro.
El caos no puede surgir de la noche a la mañana si antes reinaban la paz y el orden; del mismo modo, después de la confusión, la disputa y la discordia no pueden seguir inmediatamente el orden y la armonía divinos. Todo paso de un estado al otro está precedido por una fase de transición. Cuando el cambio se dirige hacia lo malo, es una fase de oscuridad, es decir, de egoísmo, ejercicio del poder y opresión. Cuando el bien obtiene la supremacía, existe una etapa de luz, es decir, de reconocimiento, arrepentimiento y reparación; aunque en muchos casos, o en la mayoría, solo la cosecha de una siembra anterior —es decir, soportar sus efectos— proporciona el impulso necesario para un cambio de actitud. Esto se aplica tanto a lo pequeño como a lo grande.
La armonía de la Creación fue perturbada como consecuencia de la caída. Pero, al final, todo volverá a desembocar en la armonía eterna de los cielos. Esto se produce mediante la ley de siembra y cosecha, que hace que los lados de la luz y de las tinieblas vuelvan a equilibrarse una y otra vez como los dos platillos de una balanza, de modo que el platillo oscuro nunca puede conservar de manera permanente la ventaja. Sin embargo, los períodos necesarios para recuperar el equilibrio varían.
Ustedes viven en una época en la que el platillo que recibió lo negativo se ha inclinado mucho hacia abajo y casi toca el suelo. Si están dispuestos a reflexionar y seguir estas ideas, reconocerán la verdad de Mi palabra:
Todo lo que no corresponde a la ley del amor se acumula en el platillo oscuro. El tiempo no desempeña ningún papel, porque lo negativo permanece como deuda hasta que, con Mi ayuda, es transformado mediante una decisión positiva y la acción posterior conforme al amor, lo cual presupone un cambio de rumbo y de conducta.
Contemplen lo que se ha acumulado en los dos platillos de la balanza tan solo durante los últimos dos mil años. No resulta difícil reconocer dónde está el mayor peso. Lo que se encuentra en el platillo más pesado son todas las transgresiones de la enseñanza del amor que llevé como Jesús de Nazaret. Tiene un peso especialmente grave la injusticia cometida abusando de Mi nombre y que aún no ha sido reparada. También pertenece a ese platillo la conducta de todos los dirigentes obsesionados con el poder —tanto en el pasado como hoy—, especialmente la de los llamados Estados cristianos, que saben más y habrían debido dar ejemplo, pero que, al igual que todos los demás, continúan explotando a sus hermanos y hermanas de los países más pobres, suministran armas, provocan guerras y desestabilizan las estructuras económicas y sociales de pueblos enteros únicamente por obtener ganancias.
¿Correspondía a Mi voluntad el comercio de esclavos? ¿O la persecución y muerte de millones de personas que pensaban de otro modo? ¿O la acumulación de riquezas inconmensurables mientras la mayoría de la humanidad vive en la pobreza? ¿O las intrigas y especulaciones en las finanzas y la economía con la esperanza de empobrecer a otros y enriquecerse a sí mismos? ¿O la falta de honradez, las alianzas interesadas, el pensar únicamente en la ventaja propia y los juegos de poder a puerta cerrada, solo para apoderarse de otro gran trozo de un pastel cada vez más pequeño?
La lista de transgresiones de Mi mandamiento podría prolongarse sin límite. Y con cada acto, instigado desde lo invisible por las fuerzas del mal y ejecutado por una humanidad que se ha dejado seducir una y otra vez, el platillo oscuro descendió y continúa descendiendo. Al mismo tiempo, la conciencia se restringe, la frontera entre el bien y el mal comienza a desdibujarse, se pierde la sensibilidad hacia lo bello y lo bueno y se invierten los valores eternamente válidos.
Lo que muchas veces consideran desarrollo es, en realidad, un descenso. El desarrollo, comprendido correctamente, siempre significa evolución, y la evolución siempre se dirige hacia arriba, hacia lo mejor, lo más perfecto, lo positivo y lo armonioso. Contemplen desde esta perspectiva tan solo lo que producen quienes crean su música y podrán reconocer fácilmente hacia qué lado oscila el péndulo.
«De Dios nadie se burla», dice su Biblia. ¿Quién cree todavía en ello?
En verdad les digo: ¡se acerca el tiempo en que el platillo de lo negativo se estrellará contra el suelo! Si siguen los acontecimientos del mundo con los ojos y los oídos abiertos, ya observan que cada vez salen a la superficie más falsedades e injusticias que hasta ahora se mantuvieron ocultas. La Tierra se rebela y con ella se rebela todo lo que fue oprimido y humillado. A medida que el platillo de la deuda se libere cada vez más de aquello que la humanidad depositó en él durante siglos y que no retiró a tiempo mediante la expiación y la reparación, el platillo luminoso irá adquiriendo el valor que le corresponde. Y será refugio, consuelo y hogar para todos los que anhelan la paz y el amor y están dispuestos a aportar su parte.
La rueda que impulsa los acontecimientos ha comenzado a girar más rápido. Pero en ello también reside para ustedes, Mis hermanos y hermanas, una gran oportunidad cuyo valor no puede sobreestimarse: la posibilidad de realizar en poco tiempo una transformación interior mucho mayor de la que era posible en el pasado. Pues no solo salen a la superficie, en los grandes acontecimientos mundiales, cosas ocultas que hasta ahora se mantuvieron bien escondidas; también en el ser humano emerge aquello que hasta ahora no vio o no quiso ver y que espera ser trabajado y transformado. Al menos esto se aplica a quienes reconocen las señales de los tiempos y la necesidad de prestar en el futuro una atención más consecuente a sí mismos, es decir, a sus pensamientos, palabras y actos, para cambiar y mejorar algo en sí mismos y en su interior.
Con mucha frecuencia veo en los corazones de Mis hijos humanos el anhelo y el deseo de volver a la patria celestial, pero a menudo falta una comprensión correcta del camino que conduce a esa meta.
Si alguien se encuentra en un punto que llamaré a) y quiere llegar a b), necesariamente debe producirse un cambio; de lo contrario, permanece en a). Consideren a) como su hogar actual y b) como su futuro hogar celestial, hacia el que avanzan. El cambio es inevitable, pues «quien quiera volver a entrar en el cielo debe llevar el cielo en su interior». Pero ¿quién ha llegado ya tan lejos?
La transformación que debe realizar es interior, una transformación de su carácter. Ustedes meditan, leen la Biblia, acumulan conocimientos, conocen algunas revelaciones nuevas, se alegran con Mi palabra y ponen ante Mí sus insuficiencias pidiendo que las transforme; pero nada de eso los transforma realmente. Puede conducirlos al silencio, proporcionarles la calma necesaria para el día, fortalecerlos, infundirles ánimo y mucho más. Sin embargo, pese a toda su corrección e importancia, todo ello se asemeja más bien a las labores de un agricultor que prepara su campo para la siembra. Si no se realiza el trabajo de sembrar, que aquí comparo con el trabajo interior del que tantas veces les he hablado, por buenas que sean las preparaciones, la cosecha esperada no se producirá. Y ustedes se sorprenden cuando, después de años, siguen siendo «los mismos» y los errores y debilidades de los que querían desprenderse y que Me entregaron tantas veces continúan determinando su conducta.
Una de las razones por las que precisamente la época actual les ofrece una oportunidad maravillosa de transformación positiva es que también irradio en sus almas y despierto allí el anhelo de emprender cuanto antes el camino de regreso. En muchos de Mis hermanos y hermanas se ha acumulado conocimiento más que suficiente que espera ser llevado a la práctica cotidiana; conocimiento semejante a las preparaciones del agricultor.
Su alma —y eso son ustedes mismos con la conciencia que han desarrollado hasta este momento— sobrevivirá a lo que llaman muerte; su cuerpo humano no. La aspiración de su alma es purificarse, aprender y madurar con ello durante la vida. Si la persona no emprende este proceso aunque se encuentre suficientemente preparada mediante muchas lecturas y la acumulación de conocimientos, quizá el alma la «impulse»: «Vamos, hazlo ya; quiero avanzar». Esto puede expresarse de las formas más diversas, y no siempre tiene que resultar agradable para el ser humano.
Por tanto, el tiempo que tienen ante sí les ofrece múltiples posibilidades de reflexionar, recogerse interiormente, hacer un inventario del alma y tomar decisiones. Pero siempre Soy Yo quien no solo está en ustedes como la fuerza redentora y fortalecedora, sino también como el acompañante a su lado, el hermano divino amoroso que todo lo comprende, todo lo perdona y es el único capaz de transformar todo aquello de lo que quieran desprenderse con un corazón y un esfuerzo igualmente sinceros.
Los seres de los cielos, así como gran parte de las almas que ya se encuentran en las regiones más luminosas del más allá, reconocen su tarea en servir con amor. Todos se han colocado a Mi lado en la confrontación entre la luz y la oscuridad, que se acerca a un punto culminante provisional, para ayudar a conducirlo todo de regreso a la gloria y la libertad de la patria eterna. Esto significa que dispongo de un número imposible de abarcar de ayudantes voluntarios, dotados de un enorme potencial de experiencia, fuerza, poder y, sobre todo, amor. Es un ejército de luz, resplandor y capacidad que supera su imaginación.
Les digo esto para que no pierdan el valor al contemplar su mundo y las circunstancias que producirá la ley de siembra y cosecha. Se habla con tanta frecuencia del mal, de sus insinuaciones, sus seducciones y sus posibilidades, pero muchas veces se olvida que frente a las tinieblas se encuentra un ejército de luz inmensamente superior a las fuerzas contrarias. Que muchos no reconozcan de inmediato esta superioridad, y que prefieran mirar fijamente lo negativo —como el proverbial conejo ante la serpiente— en vez de contemplar lo positivo, se debe a que las fuerzas de la luz proceden con prudencia porque respetan el libre albedrío del ser humano en todas las circunstancias. Como las tinieblas no lo respetan, sus éxitos resultan más visibles.
Pero eso engaña, amados Míos. Así como «los molinos de Dios muelen despacio pero a fondo» —refrán que se refiere a la ley del karma—, con igual profundidad, eficacia y absoluta precisión trabajan todos los ayudantes de la luz. ¡Ya llevan la victoria en sí porque representan el amor!
¿Quiénes son estos «mensajeros de la luz»? Una y otra vez los mueve la pregunta de si acaso ustedes pertenecen a ellos. ¿O participaron en la caída, de modo que su alma se cuenta entre quienes, hace un tiempo indescriptiblemente remoto, se rebelaron siguiendo a Sadhana y tuvieron que abandonar los cielos? Encontrarán la respuesta a esta pregunta cuando vuelvan a sumergirse en los mundos situados al otro lado de los velos, en otra etapa de su vida eterna.
Pero ya ahora quiero darles algunas reflexiones fundamentales para el camino. En primer lugar: ¡no se empequeñezcan! Esto no significa que deban alimentar su orgullo por haber alcanzado cierta grandeza espiritual. Pero no les sirve de nada contarse entre los caídos solo porque todavía no son perfectos. ¡Todos, tanto quienes proceden de los cielos puros como quienes vienen de la caída, llevan en sí la condición de hijos de Dios! ¡Y todos son amados con la misma intimidad! Considerar que quizá se pertenece al grupo de los rebeldes solo favorece a las fuerzas contrarias, que realizan su juego diabólico con sentimientos de culpa implantados y ahogan así, desde su germen, muchos comienzos de desarrollo ascendente.
Aquí se aplica su refrán: «La energía sigue a la atención». Dirijan su atención hacia Mí, hacia su regreso y hacia su maravillosa patria, ¡y la energía de los cielos seguirá a su atención!
En segundo lugar: que procedan de los cielos o de la caída no cambia la necesidad de resolver las tareas que les plantea la vida y de crecer mediante los desafíos que deben superar con éxito. Por tanto, para unos no es más fácil ni más difícil que para los otros. Pero se vuelve igualmente difícil para ambos cuando no reconocen o rechazan las muchas ayudas procedentes del espíritu. Su futuro hogar en el más allá estará determinado por el estado de su alma y este, a su vez, por el hecho de que hayan utilizado esta vida para su desarrollo espiritual o no. Además, incluso habría motivo de alegría al haberse desprendido de las cargas de su pasado en la caída y haber encontrado el camino de regreso hacia Mí. Recibo a todos en Mis brazos con el mismo amor, pues Mi mayor deseo es llevar a cada uno de regreso a casa. Y esto incluye, naturalmente, a quienes alguna vez lucharon contra Mí, el Amor.
Y, finalmente: no todos los que participaron en la caída descendieron hasta el nivel más bajo. Muchos reconocieron su injusticia, se arrepintieron y regresaron, pues mediante Mi redención también para ellos volví a abrir los cielos. Sin embargo, existe todavía un número incontable de seres que continúan luchando contra la luz. Obtienen su energía de aquellos a quienes seducen para que actúen en contra de la ley y a quienes después pueden incorporar con frecuencia a sus filas como vasallos. También es posible encarnar en la Tierra desde esos profundos niveles astrales, como desde todas las regiones de los mundos sutiles y, naturalmente, también desde los cielos.
Por consiguiente, en su Tierra se reúnen almas y grupos de almas muy diversos: unos con intenciones malvadas y destructivas; otros para ayudar y conducir de regreso; y otros, a su vez, con la meta de aprender algo para sí mismos. Si aplican a ustedes y a los demás las palabras «Por sus frutos los reconocerán», no debería resultar difícil ubicarlos: ¿luchan contra Mí o se han colocado del lado de la luz? Las almas procedentes de la caída que todavía llevan en sí, y también expresan, su odio y repulsión hacia todo lo luminoso y bueno no apoyarán Mi obra de amor y redención; pero esto nunca debe significar que no se las considere también hermanos y hermanas que igualmente encontrarán el camino de regreso.
Y las almas que prometieron ayudar a que la luz se abra paso no emprenderán la lucha contra Mí, ni propagarán caos, confusión y discordia, especialmente si vienen «recién llegadas» de los cielos. Pero incluso si ya han pasado por varias encarnaciones, el fuego del amor aún arde con tanta fuerza en ellas que a las tinieblas les resultará difícil atraerlas a su lado.
En el tiempo que tienen por delante, tanto la luz como las tinieblas movilizarán todas sus fuerzas para llevar a quienes vacilan a adoptar una conducta que los coloque de un lado o del otro. La labor de sus ayudantes y maestros espirituales consistirá en transmitirles los impulsos correctos y mostrarles caminos para desarrollar, en medio de todo lo que suceda, la necesaria confianza en Dios y, con ella, fuerza interior. Quien prepara las vías Soy Yo, pues tengo la visión de conjunto y sé lo que necesita cada persona y lo que es bueno para su alma.
El adversario intentará aprovechar para sus fines las aflicciones y los disturbios que provocó deliberadamente por medio de personas dispuestas a servirle. No se dejen confundir. No se dejen seducir y llevar a perder la fe en un Dios y Padre amoroso que no les envía ninguna adversidad y que jamás lo hace; pero que permite la cosecha de una siembra realizada durante un largo período, para que Sus ovejas, que se alejaron de Él, vuelvan a recapacitar y encuentren el camino de regreso al único Pastor.
La humanidad está comenzando a liberarse de antiguas estructuras en muchos sentidos. Durante mucho tiempo esto no le fue posible porque actuaban fuerzas que influían desde lo sutil e invisible en lo material y visible, e impedían una búsqueda exitosa de la verdad. Esas fuerzas siguen activas, pero desde la perspectiva del espíritu su poder ya ha sido quebrantado. Tampoco pudieron ni pueden impedir que muchos de quienes les sirvieron en la Tierra abran los ojos en el más allá. Allí son instruidos por sus acompañantes y reciben la posibilidad de corregir en una nueva encarnación aquello que hicieron mal durante su vida, especialmente lo que enseñaron de manera equivocada. También ellos pertenecen a los incontables mensajeros de la luz que dieron la espalda a la seducción y ahora reparan aquello que antes hicieron mal, a menudo por ignorancia y sin mala intención.
Así crece cada vez más el grupo de quienes están dispuestos a permanecer al lado de ustedes, Mis hermanos y hermanas, y ayudarlos. Nosotros —y con esto Me refiero a Mí y a todos los que participan en la obra de conducirlos de regreso— tendremos tanto más éxito cuanto mayor sea su disposición a dejarse guiar. Con esto quiero decir que Me den su sí, que reconozcan la seriedad del tiempo y se esfuercen por seguirme paso a paso y, finalmente, cada vez más. Quien se esfuerza con sinceridad expresa con ello que ha tomado una decisión. Y quien ha decidido recibe todo el apoyo que necesita.
Esto lo escribo Yo, su hermano Jesucristo, de manera imborrable en sus corazones con Mi amor.
Amén