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La manipulación de su conciencia

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die Manipulation eures Gewissens

Fecha original: 11 de mayo de 2013

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mi luz llena este recinto, en el que he entrado para estar entre quienes Me aman y han abierto sus corazones. En estos corazones abiertos hago resplandecer Mi bendición, que les da fuerza, fortalece su amor y les permite percibir cada vez más Mi cercanía dentro de ustedes.

Como siempre, han venido Conmigo innumerables almas —hermanos y hermanas suyos procedentes de los ámbitos sutiles— para escuchar Mis palabras, alegrarse y fortalecerse con la luz y el amor que Yo irradio, pero que también emanan de ustedes.

Durante esta hora deseo conducirlos más profundamente hacia Mi verdad y sabiduría divinas; por lo menos quiero iluminar más de cerca uno de sus pequeños aspectos, de una manera que ustedes puedan asimilar y que les sirva de ayuda en su vida cotidiana.

Mi tema de hoy será la conciencia.

Cada ser lleva Mi amor dentro de sí. Es el núcleo divino que existe en él, mediante el cual permanece unido a Mí eternamente y recibe de Mí la vida por toda la eternidad. Por tanto, Mi sabiduría está también en cada ser. Ningún ser de los cielos conoce ni necesita aquello que ustedes llaman conciencia. La conciencia es algo que se forma en el ser humano y le sirve de orientación para reconocer y distinguir el bien del mal y lo correcto de lo incorrecto. A diferencia de los seres humanos y las almas, los seres celestiales llevan dentro de sí la sabiduría y el conocimiento con absoluta claridad. También están presentes en el ser humano y en el alma, en lo profundo de su ser espiritual, aunque para muchos —o incluso para la mayoría— sea casi imposible acceder a ellos.

En cada encarnación, el núcleo divino se reviste: alrededor de él se forman las envolturas del alma y, finalmente, la envoltura humana exterior. Sin embargo, mediante su núcleo divino, que procede de Mí, puedo llegar a ustedes siempre, de forma directa y en cualquier lugar. Por eso llevan dentro de sí el conocimiento de aquello que corresponde a Mi ley divina. Nada ni nadie puede destruirlo.

Esto era una espina para las tinieblas, que buscaron medios para perjudicar por lo menos la conciencia del ser humano, puesto que no podían apagarla. Su objetivo consistía en bloquear el acceso al interior de la persona y al criterio que Yo deposité dentro de ella. Lo lograron colocando —expresado mediante una imagen— velos sobre ese conocimiento; estos velos hacen que al ser humano le resulte casi imposible encontrar un acceso directo y claro a su interior. El criterio quedó empañado y los límites se volvieron borrosos o fueron desplazados.

Por consiguiente, los velos impiden reconocer en toda su grandeza y profundidad la ley del amor con sus numerosas facetas. Y como ya no se la reconoce plenamente, tampoco puede vivirse plenamente.

¿Qué son estos velos de los que hablo? ¿Cómo surgieron? Son sus ideas acerca de lo que debe ser bueno y correcto; su voluntad, sus intereses, sus dudas y sus deseos. Son sus acciones contrarias a la ley, sus infracciones de la ley del amor que no son descubiertas de inmediato y que, por ello, muchas veces los llevan a una falsa sensación de seguridad y fortalecen dentro de ustedes la impresión de que su conducta no era tan equivocada. De este modo convirtieron sus experiencias en el criterio que ahora los orienta y les dice lo que, a sus ojos, es correcto o incorrecto. Esta es la razón por la cual la conciencia se desarrolla de manera diferente en cada persona, y no solo en cada persona, sino también en cada alma.

Cuando el alma abandona su cuerpo, lleva consigo al más allá todo cuanto posee, incluidos los velos que cubren el núcleo de su ser, tanto aquellos que ella misma colocó como los que permitió que otros colocaran. Y lleva nuevamente estos velos consigo al encarnar otra vez. Así se explican también las innumerables diferencias individuales entre las personas.

Cuando una encarnación se ha preparado cuidadosamente con ayuda del ángel guardián, nace de la motivación y del deseo de aprender algo y, por tanto, avanzar un paso hacia la perfección. Esto significa, al mismo tiempo, que el alma se propuso reconocer y disolver los velos que empañan su conciencia.

Desde el primer instante en que un alma entra en la vida corporal, las tinieblas se esfuerzan por impedirlo; y no solo eso: intentan colocar más velos sobre su conciencia. Esto sucede de diversas maneras en sus familias, en su entorno social y en su profesión. Pero siempre son ustedes quienes lo permiten; son ustedes mismos quienes, debido a sus experiencias, crean así su propio criterio. Este queda como un filtro sobre su conciencia, de modo que ya no pueden reconocer con claridad ni alcanzar el núcleo de ella y, a la inversa, su conciencia tampoco puede llegar hasta ustedes en la medida correcta.

Antes de su encarnación, el deseo y la meta de la mayoría consistían en disolver estos velos Conmigo. Una y otra vez he apoyado este propósito en la vida de cada ser humano y de cada alma. A veces pude depositar Mis impulsos en su corazón y ustedes los escucharon. Por amor a ustedes, jamás dejaré de hacerlo. Cuando en esos momentos se detienen, reflexionan y toman las decisiones correctas, disuelven, con Mi amor que permanece a su lado de manera incondicional y desinteresada, uno o varios velos que limitan o dificultan el acceso a su conciencia.

¿Necesitan saber —por ejemplo, mediante regresiones a vidas pasadas, que no corresponden a Mi voluntad, pues de otro modo los recuerdos de esas vidas no estarían cubiertos— cómo se llaman sus velos? No, no lo necesitan. En cambio, deben permanecer vigilantes y observarse a sí mismos, sus sentimientos y sus reacciones. La jornada les muestra qué cosas todavía no han trabajado dentro de ustedes. Sus inclinaciones, temores, adicciones, deseos, pasiones y muchas otras cosas —en realidad, toda su conducta— les revelan sin cesar todo acerca de ustedes mismos. Mediante la ley de la atracción lo dispuse todo de tal modo que a cada uno le sale al encuentro exactamente aquello que está destinado para él, y únicamente para él. Esto incluye también reconocer los velos que todavía cubren su interior puro.

Deseo que todos Mis hermanos y hermanas acepten Mi ayuda. Es la oferta que hago a todos ustedes para poder acompañarlos y ayudarlos en su regreso al hogar. Para eso vine al mundo.

Conocen estas palabras: «Quien quiera entrar en el cielo debe llevar el cielo dentro de sí», porque nuevamente solo lo semejante atrae a lo semejante. Todo ser que alguna vez abandonó los cielos —cualesquiera que fueran los motivos— debe, al volver a entrar en el hogar eterno, estar libre de cuanto se haya depositado como velo sobre su conciencia durante una o varias vidas. Esto constituye una necesidad en la medida en que corresponde a Mi ley eterna.

Ya les mostré una posibilidad: disolver sus velos junto Conmigo. Existe otra posibilidad que, cuando faltan el conocimiento propio y el esfuerzo, se convierte en una necesidad. Se fundamenta en la ley de causa y efecto: los velos que no se examinan, aquellos que uno no quiere levantar, serán desgarrados algún día por el destino. Este proceso, hermanos y hermanas Míos, puede resultar en determinadas circunstancias mucho más doloroso que trabajar Conmigo para superar un error o una debilidad.

Debido a su libre albedrío, la persona también puede elegir no cuestionarse a sí misma ni su conducta, no prestar atención a las numerosas indicaciones de cada jornada y vivir durante años en la rutina acostumbrada, adquiriendo la impresión de que maneja todo bastante bien y de que no necesita «ponerse en movimiento».

Yo soy la paciencia, Mis amados; pero incluso la paciencia termina un día dando un impulso a quien cree haberse instalado cómodamente en su vida y no ve, por ello, ningún motivo para cambiar algo hacia el bien. Se siente descansando en una seguridad que, en realidad, no existe. Tendrá que decidirse por una de las posibilidades que antes les mostré: por Mí o por las consecuencias de su destino.

Vivir Conmigo y recorrer Conmigo la jornada no es tan difícil como algunos de ustedes imaginan. Todos saben que vivo dentro de ustedes. Extraigan de ello la consecuencia: no existe un solo instante de su día, de toda su vida, e incluso de toda su existencia, en el que Yo no esté directamente junto a ustedes. Por tanto, si lo desean, Mi cercanía puede percibirse y aprovecharse. Puede aprovecharse para establecer una profunda relación de amor Conmigo, cuando tú, hermano Mío, o tú, hermana Mía, comienzas a recorrer deliberadamente Conmigo tu jornada.

Para recordarme no necesitas recitar mecánicamente un mantra sin cesar —como se practica en técnicas orientales—, ni siquiera si Yo soy el centro de ese mantra o de esas frases repetidas. Las repeticiones, al igual que las meditaciones, pueden ser una ayuda, una ayuda importante al comienzo de tu camino, pero no son el camino mismo y mucho menos la meta. Pueden servir como recordatorio para volver a hacerlos conscientes de quiénes son y de lo que Yo significo para ustedes. Pero mucho más importante que invocar Mi nombre es actuar en Mi nombre.

Les doy un ejemplo: cuando preparan algo para la persona que aman, tampoco murmuran incesantemente su nombre. Han decidido hacer algo por amor a su prójimo; entonces se ponen manos a la obra y concentran sus pensamientos y su atención en lo que hacen, porque saben que lo hacen por amor. Cuiden de no confundir la mención de Mi nombre con el camino del amor que debe recorrerse, ni de sustituir las acciones por palabras.

¿Qué sucedería si desde muy temprano elevaran sus pensamientos hacia Mí, entraran en una conexión profunda Conmigo y quizá incluso su oración se asemejara a una entrega a Mí, el Amor? Sería un fundamento maravilloso para su jornada. Pueden confiar en que percibirán Mi cercanía en cada encuentro y conversación, en todo cuanto emprendan y planifiquen. Entonces ya no será necesario repetir constantemente: «Señor, permanece junto a mí» o algo semejante. Estoy contigo porque elevaste tu corazón hacia Mí y porque haces en Mi Espíritu aquello que realizas.

Una vez les di un pequeño ejemplo: cuando recorres un camino, no necesitas repetirte todo el tiempo: «Camino, camino…». Mientras todavía tengas que decírtelo —como inicio de tu acción o como recordatorio—, aún no estás realmente en el camino.

Si lo deseas, puedes reconocerte a ti mismo mediante este ejemplo.

Cuando acoges en tu vida a Mí y a Mi ley del amor, se disuelven los velos que todavía cubren tu conciencia. Entonces ya no será necesario apartarlos mediante golpes del destino ni existirá el peligro de que permanezcas durante mucho tiempo «inmóvil», siendo la misma persona de antes.

Este es el camino del amor. Así te ahorras mucho esfuerzo y posiblemente sufrimiento, y adquieres la sensación de que vivo dentro de ti, de que estoy contigo y de que te amo.

Ofrezco esta mano extendida a todos Mis hermanos y hermanas. Cuando recorran este camino, la mirada hacia su conciencia ya no estará empañada por velos anteriores. Sabrán qué hacer y qué evitar, y lo harán o lo evitarán con Mi fuerza, que vive dentro de ustedes por toda la eternidad.

Los bendigo y, con Mi bendición, hago fluir Mi amor y Mi fuerza en sus corazones tan ampliamente abiertos. Lleven a su vida cotidiana la alegría, la buena voluntad, la disposición y la entrega que sienten ahora. No permitan que se limiten a esta hora, sino acostúmbrense a percibir dentro de ustedes esta cercanía, este amor, esta confianza y este amparo dondequiera que estén.

Amén

Revelación divina

Estoy presente. Lo estuve, lo estoy y lo estaré por toda la eternidad. Estoy cerca de ustedes, y Mi palabra vivificadora los anima, los renueva, los fortalece y los acompaña en todos los pasos del camino que les abre la gloria de su hogar celestial y los conduce de regreso a él.

La oración que pronunciaste, hermano Mío, describe la misión y la tarea que todos llevan en lo profundo de su corazón y que se propusieron cumplir.

El camino del amor que todo lo abarca, el cual les enseño, es el requisito para poder extraer fuerza de la fuente divina interior y cumplir eficazmente esa misión. Lleven consigo, por tanto, lo que les he anunciado: disuelvan los velos que todavía los separan de Mí y de la palabra pura que existe dentro de ustedes. Así serán portadores de paz para todos aquellos que tienen hambre y sed del pan y del agua de la vida.

Yo soy la ley del amor, que rige todas las leyes y, por tanto, está por encima de todas ellas. Allí donde el amor incondicional y desinteresado no se busca como la meta suprema, donde no ocupa el centro de un esfuerzo sincero en pensamientos, palabras y obras, allí, Mis amados, difícilmente se Me podrá encontrar.

Vayan, pues. Mi paz y Mi amor vivificador los acompañan y bendicen también los alimentos y las bebidas que ahora tomarán y que son dones Míos para ustedes.

Los amo.

Amén