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La ignorancia y la falta de disposición los vuelven vulnerables

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Unwissenheit und Unwilligkeit machen euch angreifbar

Fecha original: 16 de agosto de 2019

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, Mi palabra de revelación de hoy procede de Mi sabiduría, lo que no significa que no contenga también todo Mi amor. Sin embargo, su propósito principal es permitirles ver con un poco más de profundidad las relaciones que afectan su propia vida, su bienestar y sufrimiento personales, pero también el destino de grupos y comunidades, y el de pueblos y culturas enteros. Esto es necesario porque deben volver a ser hijos de Mi amor que actúan bajo su propia responsabilidad y que pueden manifestar eficazmente en su existencia el amor que llevan dentro. Pero esto solo será posible cuando dejen de permitir que, por ignorancia, los muevan de un lado a otro como «piezas sobre el tablero de ajedrez de su vida».

Quiero ayudarlos a llenar de conocimiento algunas de las zonas todavía ciegas de su conciencia —de los «anteojos de su alma»— que surgieron debido a un modo de proceder sumamente hábil de las fuerzas contrarias, todavía utilizado en la actualidad. Lo lograrán quienes sigan Mis palabras con el corazón, y no solo con sus ojos y oídos exteriores, y estén dispuestos a reflexionar sobre Mis explicaciones.

La humanidad se encuentra frente a un adversario sumamente poderoso, cuyo peligro para la salvación del alma de cada individuo —y con frecuencia también para su salud física— nunca podría sobreestimarse. Esto tiene dos razones.

La primera: gran parte de las personas tiene, si acaso, una idea muy vaga de este peligro, lo que al mismo tiempo significa que apenas se lo reconoce; a lo sumo se conoce el nombre que se le da cuando se habla del diablo, Satanás, Lucifer u otras denominaciones. Yo lo llamo la oscuridad, las tinieblas, las fuerzas contrarias, Mi adversario y el de ustedes, y los seres de la Caída.

Y la otra razón: de ello se desprende que Mis hijos humanos apenas han desarrollado una estrategia verdaderamente eficaz para hacer frente a los continuos intentos de perturbación, influencia y manipulación, que pueden llegar hasta la destrucción. Es cierto que poner en práctica Mi mandamiento de amor es el medio —el único— capaz de hacer que las tentaciones y los ataques permanentes no alcancen su objetivo; pero basta observar el estado de su mundo para responder por sí sola la pregunta de hasta qué punto se ha respetado y se respeta Mi mandamiento.

Pedir Mi protección mediante la oración es, sin duda, una posibilidad, pero ustedes mismos saben que no basta con enviar al cielo un llamado de auxilio en determinadas situaciones y esperar que con ello quede resuelto el problema fundamental de la limitación permanente, el desánimo, el miedo y la visión negativa, que pueden llegar hasta la depresión y la desesperanza.

Puede ser muy útil ponerse alguna vez en la situación de un adversario peligroso para formarse cierta idea de su manera de proceder y de sus objetivos. Ningún buen estratega que quiera protegerse a sí mismo, a su familia, a sus amigos o incluso a su pueblo dejará de hacerlo. Pero ¿por qué actúan así Mis hijos? Expresado mediante una imagen: «¿Por qué permanecen sentados esperando?».

¿Quién se pregunta por qué de pronto aparece en su vida esta o aquella irregularidad o aparente injusticia, especialmente cuando la mayoría de ustedes ya sabe que no existe la casualidad? Lamentablemente, muchos todavía creen que Yo —el amor— Soy responsable de ello. Y no pocos siguen suponiendo que cuando su vida no transcurre por caminos tan felices como imaginan o desean, se trata de un castigo de Mi parte.


Permítanme intercalar aquí algo que, en realidad, no debería ser necesario. Aun así lo hago porque veo surgir en más de un corazón esta pregunta: «¿No es demasiado duro hablar de las fuerzas contrarias, del adversario, del peligro, de las tinieblas, etc.? ¿Hablar de cómo dañan despiadadamente a las personas, las manipulan, las conducen a una enfermedad debilitante o a la muerte física, y las oprimen y atan con todos los medios imaginables? ¿No son también estos seres hijos de Dios que merecen nuestro amor?».

Mis amados, el amor que Yo Soy en una grandeza incomprensible para todos los seres envuelve, por siempre y para toda la eternidad, a todo lo que he creado y crearé jamás. A todos, sin excepción, sea cual sea el mal que hayan hecho.

Si no fuera así, Yo mismo no habría venido al mundo, pues también y precisamente quería salvar y traer de regreso a los hijos Míos que se habían apartado, quienes pretendían destruir Mi creación y con ella a sí mismos, aunque no eran conscientes de ello. No existió ni existirá por toda la eternidad otra fuerza aparte de la Mía capaz de detener el intento concentrado de Sadhana* y de sus seguidores de crear una creación propia según sus ideas.

Por lo demás, con esto no intervine en el libre albedrío de los caídos; más bien, las causas que ellos habían creado durante un periodo infinitamente largo llegaron a producir sus efectos. Pero esto no sucedió como castigo, sino de tal manera que Yo mismo Me entregué como «víctima» por aquellos que querían destruirme**, y les volví a abrir el camino hacia su hogar.

¿Pueden imaginar un amor mayor?

Los salvé, porque su propósito fue frustrado por Mi muerte humana en la cruz y la redención que siguió; desde entonces las puertas de los cielos vuelven a estar completamente abiertas. La llamada Caída o caída de los ángeles, de la que sus Escrituras hablan solo en muy pocos pasajes, había sido detenida. Pero sin conocer la Caída —un acontecimiento único, es decir, que no vuelve a repetirse en la creación—, Mi obra de redención no puede explicarse de manera comprensible. Por eso, este conocimiento constituye el punto central para llegar a comprender correctamente por qué surgieron los mundos fuera del cielo, incluido el universo material. Y también cómo y por qué se libra desde hace un tiempo infinitamente largo la lucha implacable desde lo invisible, de la que casi nadie sabe nada y de la que nadie queda exento, y que en su época avanza hacia un punto culminante provisional.

Permití que se formaran todas estas esferas para que Sadhana y quienes la obedecían tuvieran un lugar donde permanecer. En el punto más profundo de la Caída se formó la materia. En su Tierra, la vida se desarrolló poco a poco hasta producir finalmente también a los seres humanos. Recuerden: ¡todo es evolución! Así, los caídos recibieron la posibilidad de encarnar para preparar e iniciar de este modo su regreso, si así lo deseaban.

Por lo tanto, el mundo material, junto con todas las formas que produjo, surgió como consecuencia de la Caída. No existiría un solo ámbito fuera del cielo si todo hubiera permanecido en la unidad celestial. ¿Para qué habría creado Yo algo fuera de la unidad?

Pero no solo salvé a Mis hijos caídos de la disolución que se perfilaba, de la destrucción que ellos mismos habían provocado. También los traeré de regreso, porque, por una parte, esa es Mi voluntad y, por otra, tengo el poder para hacerlo.

El momento en que esto suceda depende de la libertad de voluntad de las fuerzas que estuvieron y aún están contra Mí y contra ustedes, pues todavía conservan su libre albedrío. Yo no lo he tocado. Pero todos ellos, a quienes sigo amando en la misma medida que a quienes permanecieron fieles a Mí, están sujetos hasta su regreso al hogar a la ley de siembra y cosecha, que, por lo demás, se aplica por igual a todos los seres fuera de los cielos.

Tampoco Yo, como Jesús de Nazaret, estuve excluido de ella. Si lo hubiera estado, habría infringido Mi propia ley. Pero vencí todas las hostilidades y tentaciones, y de ese modo mostré a las personas lo que pueden lograr un amor profundo y un gran anhelo. Si no Me hubiera enfrentado a las fuerzas negativas para finalmente vencerlas, no habría podido servir de ejemplo; y Mi invitación a seguirme y a vivir y amar del mismo modo habría carecido de fuerza interior y se habría disipado sin producir efecto.

Por lo tanto, carece de fundamento la posible objeción de que sería preferible no hablar de una manera tan clara y directa sobre el mal, quienes lo dirigen, sus motivos, intenciones y maneras de actuar, o incluso guardar completo silencio porque hacerlo no correspondería al mandamiento de amor. El secreto, que en realidad no lo es porque Yo se lo mostré con Mi ejemplo, dice:

No cierren los ojos ni los oídos; perciban lo que se prepara y sucede, ¡y aun así amen!

Esta, hijos e hijas Míos, es una de las tareas más difíciles que existen. No se cumple ignorando lo desagradable y peligroso. Aunque eso es lo que desearían los seres y las fuerzas que están detrás, no es el camino. Naturalmente, sería equivocado detenerse en ello y ocuparse constantemente de todo lo que podría ocurrir, examinándolo y considerándolo una y otra vez desde todos los ángulos. Entonces lo negativo podría arraigarse muy rápido en sus sentimientos y pensamientos.

Miren y escuchen lo que sea necesario e importante mirar y escuchar, y luego contrapongan todo lo positivo que hay en ustedes. La mejor forma de abordar conforme al amor lo que les sale al encuentro es mostrar mediante su ejemplo que son hijos de Mi amor: que no están dormidos, que tampoco son ignorantes ni carecen de disposición, sino que se esfuerzan por vivir el amor en su vida cotidiana. Así se redime el mal. El momento en que suceda no está en sus manos.

Recuerden lo que les dije una vez: «Ustedes son responsables de la siembra, no de la cosecha». Déjenme a Mí la cosecha y el momento en que se realice.

Lo que vivan con su ejemplo, y lo que sus hermanos y hermanas que todavía están en la oscuridad experimenten como efectos, hará que —aunque sea dentro de eones— reflexionen sobre sí mismos, sobre sus actos y sobre las circunstancias de su existencia. Porque de ningún modo puede llamarse «vida», según lo que ustedes entienden por esa palabra, a la clase de existencia que llevan. Ellos mismos se han separado de la corriente de la vida, que no es otra cosa que la energía de Mi amor. Pero no lo saben o no lo creen, y rechazan vehementemente tal explicación.


Muchos de ellos vegetan, llenos de odio, ira y deseos de venganza. Desean dañar a quienes, a sus ojos, viven injustamente de una manera más pacífica y despreocupada. Otros, en cambio, «viven» como en una especie de sueño, sin impulso, sin perspectivas de futuro, sin alegría y sin luz. Su mundo es gris, pesado, desolado y deprimente. Carecen de libertad en grado extremo y son esclavos de aquellos que son más astutos e inescrupulosos que ellos y que, mediante la obediencia a sus superiores, lograron ascender por su «escalera profesional».

Cuanto más alto se encuentra un ser en la «jerarquía de la oscuridad», más ventajas le conceden quienes están por encima de él. En la cima de la jerarquía se encuentran los demonios y, debajo de ellos, todos los que desean beneficiarse de la energía que obtienen de otros, principalmente de los seres humanos, pero de la que tienen que entregar una gran parte a sus superiores.

No reciben de Mí energía divina para actuar contra Mi ley de amor. Pero son lo bastante astutos —pues muchos todavía conocen algunas partes de las leyes de la creación— para obtener por caminos indirectos al menos una pequeña cantidad de la energía vital que necesitan con tanta urgencia.

Hijos e hijas Míos, utilicen ahora su razón incorporando la lógica del corazón que les enseño. ¿Qué «surtidor» utilizan ellos? ¿Cuál utilizarían ustedes? ¿Intentarían atacar a personas cuya vibración de amor está por encima de la suya, cuya fuerza es, por tanto, mayor que la de ustedes, de modo que su fracaso estaría asegurado de antemano? ¿O actuarían allí donde su capacidad les permite percibir debilidades del alma en la otra persona —equivalentes a debilidades de carácter—, que, entre otras cosas, pueden leerse ya en el aura? Al atacar estos puntos débiles, ¿no esperarían tener mayores o incluso grandes posibilidades de éxito? ¿Y no tendrían razón?

La mayor protección de todos esos seres que se encuentran con ustedes con mayor o menor frecuencia, o incluso de manera regular, y que intentan influirlos, no consiste únicamente en que sean invisibles. ¡Consiste en que ustedes apenas saben que están ahí ni cómo proceden! ¡Sí, en que apenas saben que existen!

Esta es, al mismo tiempo, su arma más eficaz en la lucha incesante que libran todas las fuerzas negativas para obtener la energía que necesitan con tanta urgencia. No importa si pueden conservarla o reclamarla solo para sí mismas, o si sirven únicamente como proveedoras y deben obedecer a quienes están por encima de ellas en la jerarquía de los poderes oscuros.

Por lo tanto, el principal empeño de los ángeles caídos tenía que consistir en protegerse a sí mismos para poder continuar su obra destructiva de la manera más inadvertida y libre de obstáculos posible. ¿Qué fue y sigue siendo más eficaz que presentar, o hacer que se presente, su propia existencia de mil maneras diferentes, difusas, contradictorias, confusas e imprecisas? Así, muchas personas no reconocen el verdadero rostro, la naturaleza real del mal, con la consecuencia de que consideran irreal su presencia constante y amenazadora. Pero con ello el peligro no desaparece.

No solo aceptaron que se los ridiculizara, por ejemplo, representando el mal como un diablo con cola, tridente y pezuñas, una imagen que nadie tomaba ni toma realmente en serio; ellos mismos apoyaron activamente esa idea, modificada y presentada una y otra vez en muchas variantes.

La consecuencia es que muy pocos conocen todavía el peligro completamente real que procede de estas fuerzas. Desconocen sus intenciones y los innumerables caminos que siguen para influir directamente en las personas a quienes pueden alcanzar debido a la sutileza de su manera de proceder y a la condición del alma que predomina en ellas.

A quien advierte sobre ello se lo ridiculiza o se lo acusa de sembrar miedo. Así, las fuerzas contrarias han alcanzado su objetivo: casi nadie cree ya realmente en ellas —y quien cree tiene ideas vagas o abstractas—, y la ignorancia así generada es el mejor escudo detrás del cual pueden practicar sin obstáculos la seducción y el sometimiento de Mis hijos humanos.

¿Pueden, aun así, protegerse al menos en cierta medida de estas influencias? Sí, pero esto presupone que sepan que existe el atacante contra el que quieren defenderse con éxito; es decir, que se dé a conocer a Mis hijos la verdad sobre el peligro constante de que se influya en su conducta, sin permitir que los miedos que surjan impidan ocuparse de este tema.

¿Quién debe hacerlo, si la presencia inmediata de fuerzas negativas y su forma refinada de actuar son, en gran medida, desconocidas para quienes se sienten llamados a acercar Mi enseñanza a las personas, o si al menos son presentadas erróneamente por ellos?

Una vez más, para que reflexionen: si quisieran trabajar contra Mí, ¿dónde actuarían para alcanzar a muchas personas mediante una enseñanza del amor modificada? ¿Escogerían a personas insignificantes con poca o ninguna influencia sobre los demás? ¿O, en su propósito dirigido contra Mí, apuntarían —hablando figuradamente— «al rey», es decir, a quien dispone de los medios y caminos para difundir entre el pueblo, de manera consciente o inconsciente, imprecisiones, falsedades y tergiversaciones de Mi sencilla enseñanza? Suponiendo que lograran acertar al rey.

¿Acertaron las fuerzas de las tinieblas? La respuesta no es difícil de encontrar si observan con los ojos abiertos y el corazón sincero la situación actual de su mundo y tienen que constatar que la humanidad está más lejos que nunca de vivir Mi mandamiento de amor a Dios y al prójimo.


Ya les he dicho muchas veces que Yo Soy la única máquina de movimiento perpetuo de la creación. Esto significa que no existe ninguna fuente de energía aparte de la Mía, de la que todo surgió y sigue surgiendo por toda la eternidad. Ningún ser vive por sí mismo; cada uno es sostenido por Mi amor. Las fuerzas que provocaron la Caída y siguen trabajando por una creación dividida en dos no reconocen el hecho de que solo Yo Soy el origen de todo ser. Es cierto que ellas también perciben que dependen de la energía, pero no están dispuestas a ver en Mí a su Creador ni al amor que se entrega eternamente.

Esto provocó su caída, porque al pensar y actuar contra la ley del amor limitaron su capacidad de recibir plenamente la energía de Mi amor. Perdieron cada vez más luminosidad, belleza, libertad y muchas cosas más. Este principio rige en toda la creación. Garantiza que cada transgresión de Mi ley se haga perceptible en el propio ser y que, de ese modo, tarde o temprano se lo impulse a volver al camino del amor, el desinterés y el servicio.

La reducción de su energía trajo y sigue trayendo muchas desventajas a los seres de la oscuridad. En primer lugar, debido a la disminución de la cantidad y calidad de la energía, está la pérdida de una vida medianamente aceptable, si es que su existencia puede llamarse vida. Los más fuertes consiguieron convertir a los más débiles en «proveedores de energía», algo que no solo se aplica a las almas de los ámbitos astrales que llevan una lamentable existencia de esclavitud. Además, lograron y siguen logrando modificar y, con ello, utilizar indebidamente Mi energía divina para sus propios fines, de modo que pueden manipular a otros con ella.

Sin embargo, los principales proveedores de la energía que necesitan con tanta urgencia son los seres humanos. Son Mis hijos e hijas quienes, por ignorancia o falta de disposición, siguen su propia ley, su ego, y con ello desatienden Mi mandamiento de amor en mayor o menor medida. No Me refiero a las pequeñas irregularidades que una y otra vez les ocurren como seres humanos. Pero incluso en esas situaciones perciben con frecuencia cómo, por ejemplo, después de una decepción, un enojo, preocupaciones o enfrentamientos, se quedan sin fuerzas, sin ánimo o desalentados. Han perdido energía. ¿Adónde desapareció? ¿Quién la recibió o, mejor dicho, la tomó? Nada en Mi creación desaparece ni se disuelve «así nada más»…

Las fuerzas contrarias todavía conocen muy bien una parte de Mis leyes espirituales. Trabajan con ellas, y la ley de la atracción las ayuda a encontrar a las personas de quienes pueden extraer con relativa facilidad la energía que necesitan con tanta urgencia. Conocen sus errores y debilidades, y actúan de manera dirigida precisamente allí. Con la atracción comienza la obra de seducción, a la que ustedes ceden o a la que, si reconocen la intención, oponen un no claro en Mi nombre.

¿Qué significa esto en la práctica? ¿Qué conocimientos pueden extraer de ello para protegerse de la influencia y del posible daño grave en cuerpo y alma causados por seres espirituales negativos y por las fuerzas destructivas e impersonales que estos han creado como campos de energía alrededor del planeta?

El dominio de la oscuridad sobre las personas, que intervenía masivamente en el pensamiento y la conducta humanos, había alcanzado hace dos mil años su punto culminante provisional, que representaba al mismo tiempo un punto mínimo en su evolución espiritual y anímica. El lado contrario se había introducido en todas las religiones dominantes. Esto sucedió y sigue sucediendo con gran eficacia —porque, a sus ojos, el método ha demostrado funcionar— mediante ataques que, en la mayoría de los casos, se realizan desde dentro. De manera inadvertida se sembró y se sigue sembrando así una semilla de discordia, falsedad y falsas doctrinas, que finalmente germina y, de este modo, paraliza o destruye desde dentro a una persona, un grupo o un sistema. Quien procede así ni siquiera tiene que retirar la señal del camino. Es mucho más eficaz girarla apenas unos grados, de modo que el caminante, convencido de buena fe de estar en el camino correcto, no alcance su meta.

Los intentos de elevados seres espirituales de impulsar a las personas hacia una nueva manera de pensar y nuevas formas de conducta, en el sentido de una convivencia más amorosa, no habían producido los frutos esperados. Por eso entré en la materia. Mi misión como Jesús de Nazaret consistió en enseñar a las personas un solo principio y vivirlo ante ellas; un principio que todos podían comprender y vivir: el amor. En el momento de Mi encarnación ya se habían formado muchas ideologías y visiones del mundo, cuyos contenidos estaban penetrados, en mayor o menor grado, por las intenciones e ideas de las fuerzas contrarias.

Con Mi sencilla enseñanza «amen, y nada más», puse todo de cabeza, aunque nunca pedí que se arrojara fanática y radicalmente todo lo demás por la borda. El camino del amor vivido es un camino en el que cada uno decide libremente qué paso quiere dar y cuándo, sin perder de vista la meta: volver a convertirse paso a paso en el amor que es desde la eternidad en su interior.

Ahora podrían preguntar: pese a este conocimiento que acabo de recibir, ¿puedo vivir mis días con alegría, sin cargas y feliz? Amado hijo Mío, te digo: precisamente gracias a este conocimiento puedes estar despreocupado. Porque Mis palabras te ayudan a reconocer las trampas que ha colocado el lado contrario. Cerrar los ojos no puede ser la solución. Las trampas siguen ahí. Solo quien las conoce puede evitarlas.

Lo lograrás siempre que te esfuerces por vivir Conmigo: no con tensión ni impulsado por el miedo de fracasar, sino con la profunda confianza y el conocimiento inquebrantable de que Yo, tu Padre celestial, te amo; de que también puedes caer en tu camino y que entonces Yo estaré allí para ayudarte a levantarte. Y de que no hay nada, absolutamente nada, que pueda separarte de Mí. Cuando hayas encontrado el camino de regreso a casa, te recibiré con los brazos abiertos y te estrecharé entre ellos con un corazón rebosante de alegría, sea cuando sea.

Tampoco permitas que te dominen pensamientos negativos sobre tus hermanos y hermanas que todavía no están en la luz y que —porque aún no comprenden mejor— siguen intentando hacerte difícil la vida. Son tus hermanos, seres que, al igual que tú, nacieron del amor y volverán a encontrar el camino hacia el amor. Los espero con la misma alegría.

Si Mis palabras han caído en tu corazón de la manera correcta, no podrás hacer otra cosa que tratarlos con compasión; no de manera imprudente ni temeraria, pero sí con el deseo de que también ellos lleguen pronto al conocimiento y encuentren una existencia más luminosa y ligera. La mejor manera de ayudarlos es mediante tu oración y tu esfuerzo por incluirme en todo lo que haces. En los frutos que esto produzca para ti podrán reconocer que existe otra manera de vivir, mucho mejor que la que ahora prefieren. Déjame a Mí decidir cuándo regresarán. Tú deposita la semilla; la cosecha es asunto Mío. Bendigo Mi creación con todo lo que vive en ella. Y Mi bendición es igual a Mi amor, que ahora, en este instante, fluye hacia todos y hacia todo.

Amén

* O Lucifer, que significa «portadora de luz», como se llamó más tarde.

** Quien no esté seguro de si los libros que lee o las enseñanzas espirituales que le interesan o a las que sigue están inspirados por fuerzas que hablan de amor, pero que no se refieren al amor incondicional y desinteresado de Dios, debería intentar obtener una respuesta a la siguiente pregunta central; a veces basta con una sencilla repregunta: ¿se habla de la necesidad de la redención por medio de Jesucristo o no? Si no es así, tampoco se reconoce la Caída, lo que al mismo tiempo significa que esta no habría existido. Sin Caída no hay redención, pues ¿para qué habría de haberla? ¿Qué fuerzas tienen interés en una enseñanza así? Que, por ejemplo, también se hable de Jesús entre los «maestros» no debería engañar. Lo han convertido en uno de los suyos y lo han llamado Jesús Sananda, del mismo modo que incorporaron a María a sus filas y la llaman Madre María. Con ello salieron y siguen saliendo al encuentro de todos aquellos que no quieren romper por completo con lo aprendido en su iglesia, pero que tampoco se sienten ya en casa en su iglesia o comunidad de fe, y que por eso buscan por otros caminos respuestas que les parezcan más satisfactorias.