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La falsificación de Mi enseñanza por el bando contrario y quienes le obedecen

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die Verfälschung Meiner Lehre durch die Gegenseite und die ihr Hörigen

Fecha original: 8 de noviembre de 2014

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Allí donde Me invitan corazones abiertos y vueltos hacia Mí, allí estoy presente, Mis amados. Así sucede también ahora: estoy entre ustedes; soy, en medio de ustedes, el amor del infinito, el «Yo Soy» en todo cuanto existe.

Se han reunido en Mi nombre. También a quien no sea consciente de ello se le dice: está aquí para dejar que la paz, el amor y el mensaje contenido en Mi palabra caigan en su corazón y produzcan frutos en lo más profundo de su interior.

También quienes están contra Mí son hijos Míos, lo quieran o no, sean conscientes de ello o no. Todas las criaturas, y muy especialmente las almas y las personas que pueblan el infinito, son Mis criaturas, Mis hijos: ¡criaturas del amor! Y a cada una le digo: la lejanía de Dios, hijo Mío, no forma parte de Mi voluntad. Tú mismo creaste tu lejanía de Dios. Pero debes saber que preparo los caminos para ti, te abro las puertas, te doy fuerza y te regalo Mi amor y Mi paz. Y hablo en tu corazón: tarde o temprano percibirás dentro de ti la disposición, incluso el anhelo, de llegar a Mí, la Divinidad, a Mí, tu Creador y Padre. Y fuera de Mí no existe para ustedes otro Padre.

Y como el Padre que está en medio de ustedes, les digo: ahora, en este instante, deposito Mi amor divino y Mi paz paternal en su grupo y en lo más profundo del alma de cada uno.

Así, la hora que tienen por delante está bendecida, del mismo modo que ustedes están bendecidos. No Me aparto de su lado. Amén

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, estoy en medio de ustedes. Irradio Mi amor hacia sus corazones abiertos y amplío su conciencia para que puedan recibir no solo con su entendimiento, sino en lo profundo del corazón, aquello que Yo, su Padre amoroso, les digo.

Toda transformación comienza en lo pequeño; comienza en el interior de la persona y después se expresa en el exterior, como una piedra que cae al agua y produce ondas. Una oración que nace de un corazón que Me anhela contiene la energía necesaria para poner en movimiento una transformación. Semejante oración no se pronuncia únicamente con los labios, sino que fluye del amor hacia Mí y está sostenida por la disposición de comenzar por uno mismo el camino del conocimiento propio y la transformación.

Si esta actitud interior no constituye el fundamento de una oración, esta permanece sin fuerza, como una brisa tibia. Quien se asombre de que sus oraciones bien formuladas no sean escuchadas debe entrar en sí mismo y preguntarse si ha creado en su interior las condiciones correctas o, por lo menos, se esfuerza por hacerlo.

Mi palabra revelada de hoy es seria; está unida a Mi voluntad y, sin embargo —como saben quienes Me han reconocido en su interior y Me aman—, procede de Mi amor.

El mundo parte hacia nuevas orillas. Esto se debe a que desde hace décadas envío hacia su Tierra una irradiación cada vez mayor de Mi amor y, de este modo, muchos hijos humanos Míos son preparados en su interior. Reciben el apoyo de quienes encarnaron por amor a sus hermanos y hermanas para colaborar en esta gran tarea. Y en verdad, les digo: son innumerables, muchos más de lo que suponen o pueden imaginar. Ustedes solo contemplan la superficie, y aquello que ven inquieta a algunos; pero quien haya aprendido a mirar más profundamente reconocerá, incluso en medio de todo el caos y los disturbios, Mis leyes sostenidas por Mi amor.

Las fuerzas de las tinieblas saben qué cambios espirituales comienzan a producirse en la Tierra. Les digo que están alarmadas y buscan caminos y posibilidades para defender mejor su posición y atraer hacia su lado a un número creciente de personas y almas. Como ya se los he revelado tantas veces, lo hacen de una manera tan hábil que la mayoría de las personas no logra comprenderla. Pero quienes creen en Mí y Me aman conocen la verdad.

El verdadero enfrentamiento entre la luz y la oscuridad tiene lugar en lo invisible. Cuando oyen «en lo invisible», sus sentimientos y su entendimiento lo trasladan a ciertos mundos intermedios abstractos, a algo que no parece real para sus sentidos. Pero Yo les digo: no existe nada más real que esta lucha que se libra a su alrededor; ¡ustedes, cada uno, están en medio de ella! Por tanto, invisible no significa en algún lugar lejano, sino únicamente que sus sentidos no pueden percibirla. Sin embargo, están en medio de estos acontecimientos, tan cercanos como sus brazos y sus piernas. Están en medio de ellos cuando su alma encarna en un pequeño cuerpo humano y durante toda la vida posterior; y también cuando, en la llamada «muerte», cambian de lado, es decir, cuando su alma pasa detrás de los velos hacia el más allá. Las fuerzas del bien y las del mal se esfuerzan constantemente por ustedes por medio de numerosos seres que intentan inspirarlos en favor de la luz o influirlos en interés de las tinieblas. Esta es una parte de su vida, la parte en la que se crean las condiciones para aquello que después se manifiesta en la «superficie», durante su «excursión terrenal», y que ustedes consideran la realidad. Que las fuerzas de uno u otro lado logren inspirarlos o influirlos durante un período breve o prolongado depende de la atracción. Aquello que se encuentra dentro de ustedes, lo que quieren o desean, lo que rechazan o aceptan, lo que temen o afirman positivamente, sirve a todos los seres que los rodean como una vía por la cual pueden llegar hasta ustedes.

Entre Mis hijos humanos reina la ignorancia acerca de lo que sucede en el ámbito espiritual, acerca de la vida verdadera, que no transcurre en esta Tierra —la cual, a pesar de toda su belleza, es únicamente un débil reflejo de los mundos espirituales luminosos—, sino en los ámbitos situados más allá del velo. Son ignorantes porque durante muchos siglos las fuerzas oscuras lograron enturbiar la conciencia de las personas y restringirla hasta el punto de que al mundo espiritual apenas le resulta posible llegar en su interior a las personas, o por lo menos a gran parte de ellas. Por carecer de comprensión propia, las personas se adhirieron a las ideas, opiniones y doctrinas de sus superiores eclesiásticos y dirigentes religiosos. Los siguen como ovejas ciegas y dóciles, y ya no son capaces de distinguir la verdad de la falsedad.

En algunos que leen Mis palabras surge resistencia cuando hablo de las iglesias y comunidades religiosas y de sus dirigentes, quienes han invertido Mi enseñanza ciento ochenta grados. Como ya lo he hecho tantas veces, recalco que no Me refiero a los consejeros espirituales que llevan en el corazón el bienestar de las personas confiadas a ellos. No Me refiero a las religiosas ni a los innumerables ayudantes que sirven a su prójimo con abnegado amor. Tampoco Me refiero a los muchos que encarnaron deliberadamente dentro de instituciones eclesiásticas para llevar allí luz y calor, aunque solo consigan hacerlo de manera limitada. Sí Me refiero, en cambio, a quienes desde hace dos mil años ocupan la cúspide y los niveles superiores de la jerarquía de organizaciones que tienen poco en común con aquello que Yo deseaba. Y Me refiero a quienes saben que las cosas son diferentes porque conocen la injusticia del pasado, pero guardan silencio o intentan justificarla. Además, están los muchos que tienen buena voluntad, pero que, por desconocer la verdad, transmiten la falsedad.

Y como veo la rebelión en algunos corazones, elijo otro punto de partida que quizá uno u otro esté dispuesto a seguir si abre su corazón. Hablo de aquello que iniciaron y realizaron Mis adversarios y los de ustedes —las fuerzas negativas—, que desde lo invisible dirigen los acontecimientos de su Tierra allí donde les fue y les es posible hacerlo.

Después de reconocer la libertad que Mi encarnación y Mi redención traerían a las personas si llevaran a la práctica Mi sencilla enseñanza del amor, hicieron todo lo posible para impedir que crecieran el nuevo pensamiento y la nueva vida nacientes que ustedes llaman cristianismo primitivo. La oscuridad elaboró plan tras plan, los adaptó a las circunstancias de cada época y deliberó sobre las posibilidades de modificar, falsificar e invertir Mis palabras hasta convertirlas en lo contrario. No omitió nada que pudiera brindarle una ventaja. Pues si Mi enseñanza del amor llegaba a los corazones y producía una transformación dentro de ellos, esto estaría vinculado necesariamente con una reducción de su poder y su influencia.

Sus intenciones de falsificación se concentraron en hacer desaparecer de los corazones el conocimiento de que Yo vivo en la persona. También era importante para ella trasladar al terreno de las fantasías todo cuanto se refería al paso de un alma del más allá al más acá y viceversa; en cambio, denominó «muerte» al paso de lo material a lo sutil y lo rodeó de temores. Había que despertar otro miedo —y se despertó—: un Dios de amor y misericordia, perdón y bondad fue convertido en un Dios que amenaza con una condenación eterna y espantosos tormentos infernales sin fin si no se obedecen Sus leyes. También constituía un gran peligro para ella el hecho de que Yo pueda hablar a Mis hijos mediante la palabra interior y profética. Había que eliminar ese peligro. Y la ley de siembra y cosecha habría podido hacer que las personas se preguntaran si aquello que sucede en su vida quizá tiene relación con ellas mismas y no puede atribuirse sencillamente a la casualidad.

Estos hechos y algunos más representaban —después de que la redención se consumara mediante Mi muerte en la cruz— los mayores obstáculos para que las fuerzas contrarias pudieran continuar influyendo sobre las personas que se volvían hacia Mí.

¿Dónde debían comenzar? ¿En países lejanos y extranjeros, con otras religiones y culturas, donde Mi enseñanza era desconocida? No. Ya durante las primeras décadas del cristianismo naciente, el bando contrario buscó y encontró, de acuerdo con sus intenciones y conforme a la ley de atracción, personas accesibles a sus insinuaciones sin que ellas lo advirtieran ni lo desearan conscientemente. Supo sembrar hábilmente las semillas de la duda, la presunción de saber más y el intelectualismo en las mentes de quienes podía alcanzar interiormente, provocando así una modificación gradual, imperceptible y cuidadosamente dosificada. Para ello aprovechó una debilidad de muchas personas: mirar a los superiores y eruditos, quienes supuestamente debían saber mucho más, en vez de escuchar su propio corazón. Paso a paso infiltró una comunidad y una organización tras otra, y con enorme astucia deformó durante los siglos siguientes Mi sencilla enseñanza hasta hacerla casi irreconocible.

Las fuerzas contrarias habían alcanzado una victoria parcial —breve medida según la eternidad—: habían «transportado» sus doctrinas erróneas de lo invisible a lo visible.

¡El conocimiento de que Yo vivo en cada persona era y continúa siendo especialmente insoportable para las tinieblas! Por eso hicieron todo lo posible para eliminar de la conciencia humana el hecho de que soy la vida en cada uno. Fui desterrado a Cielos lejanos e inexplicables. Las personas perdieron así su conexión sensible y mental Conmigo; y con esto no Me refiero a la conexión eterna e inseparable entre el Padre y Su hijo.

Si hoy preguntan a alguien dónde vive Dios, se encogerá de hombros, señalará hacia arriba, hacia el Cielo, quizá indicará una iglesia o el lugar donde supuestamente se Me guarda encerrado dentro del tabernáculo. Ese es el fruto de dos mil años de infiltración, que no fue reconocida y que todavía hoy continúa sin ser reconocida por la inmensa mayoría.

¿Debo Yo, su Dios y Creador, guardar silencio ante lo que sucedió y sucede? ¿Qué clase de Padre sería si no tomara una y otra vez de la mano a Mis hijos, a quienes amo por encima de todo —a todos, incluidos quienes tergiversaron Mi enseñanza—, para esclarecerlos y transmitirles el conocimiento que las tinieblas y aquellos sobre quienes pudieron influir les ocultaron?

¡Yo soy el que soy! ¡Y nada en Mi Creación es igual a Mí! Nada es igual a Mi amor, nada es igual a Mi poder ni a Mi voluntad; por eso no guardaré silencio. Una y otra vez pondré, como dicen ustedes, el dedo en la herida de los actos cometidos en Mi nombre y que todavía hoy se cometen, hasta que el arrepentimiento de los victimarios, el perdón de las víctimas y Mi misericordia, que todo lo perdona, hayan transformado y disuelto esta injusticia.

Me han vuelto extraño para Mis hijos. Me han alejado tanto de ellos que creen necesitar un intermediario para regresar a Mi corazón. Y, sin embargo, estoy más cerca de ti que tu respiración; vivo en ti, en ti, en ti, en todos y en todo. Si no viviera dentro de ti, tú no existirías. ¡Utiliza tu entendimiento y la lógica de tu corazón!

Pero si vivo dentro de ti, ¿por qué no habría de poder comunicarme contigo y con cada persona? Sus teólogos ciertamente consideran correcto adorarme, pero que Yo responda a un hijo está muy lejos de su capacidad de imaginación. Con ello no pudieron cortar el vínculo entre tú y Yo —algo que nadie puede hacer—, pero mediante su enseñanza consiguieron que casi nadie crea ya en nuestra conexión íntima y tierna.

Deseo tanto que Mis hijos hablen Conmigo de tú a tú y que, mediante una vida de amor vivido, lleguen paso a paso a ser capaces de oírme en su interior. Con la doctrina de que estoy fuera de la persona también se eliminó del mundo el conocimiento de la comunicación mutua entre tú y Yo. ¿Quién tiene todavía la idea de permanecer en silencio después de una oración y esperar si recibe una respuesta Mía? Tal vez esa respuesta tenga una forma diferente de la que algunos imaginan. No siempre son palabras claras, pero establezco impulsos que se hacen cada vez más evidentes conforme al desarrollo de Mi hijo, hasta que finalmente Me escucha en su interior. Dispongo de muchas maneras de responder a Mi hijo. No tengo ni voy a esperar hasta que su conciencia se haya abierto casi por completo. Pero quien desconoce esto o incluso lo considera imposible creará entre él y Yo una distancia que apenas podrá superar, y creerá a quienes establecen sus propias condiciones para el diálogo entre tú y Yo.

Les doy una comparación: ¿esperaría un padre para hablar con su hijo hasta que este fuera adulto y hubiera madurado? ¿Acaso el padre —al igual que la madre— no habla en cada situación y a cada instante, desde el nacimiento, con el pequeño ser que ha entrado en esta Tierra? ¿Y no lo hace con palabras nacidas del corazón, aunque el niño todavía no comprenda ese lenguaje? La elección de las palabras cambiará con los años y la profundidad de las explicaciones será distinta; pero nadie que ame a su hijo considerará correcto callar hasta que este tenga la madurez necesaria, y mucho menos lo hará.

Salgo al encuentro de Mi hijo conforme a su entrega y a la apertura de su corazón, lo cual no tiene relación con la edad humana. Miro el amor de Mi hijo, su esfuerzo y el calor de su corazón, y no espero —para utilizar una expresión de ustedes— «hasta nunca», como tantas veces se enseña, antes de hablarle. Que pueda oírme cada vez más dentro de sí, cuándo lo logre y de qué manera, depende del desarrollo de su amor. Las enseñanzas que afirman lo contrario se basan en insinuaciones de las tinieblas transmitidas para impedir la comunicación entre Mis hijos y Yo. Quien afirma que su prójimo todavía no ha madurado interiormente lo suficiente para comunicarse Conmigo también le atribuye una falta de crecimiento interior y coloca así el nivel exigido —¿por qué razón?— a una altura inalcanzable.*)

Por tanto, hablo dentro de cada persona. Pero como todavía no puedo llegar a todos en la medida que deseo —esto depende del libre albedrío del hijo, de su entrega y su desarrollo—, muchos hermanos y hermanas de ustedes procedentes de ámbitos luminosos fueron a la Tierra para transmitir Mi palabra a quienes todavía no pueden oírme con claridad dentro de sí mismos. Son hermanos y hermanas suyos a quienes el amor hacia su prójimo movió a aceptar voluntariamente semejante misión. Es una tarea que exige un alto grado de humildad, un servicio de amor. Y si alguna vez se preguntan qué habrá que aprender en mundos futuros, la respuesta es: ¡servir!

Yo fui y soy el mayor servidor de Mis criaturas.

Quienes Me aman, están a Mi servicio y decidieron seguir Mis huellas se esforzarán por crecer hacia este servicio de amor. Si comprenden correctamente su misión, se reconocerán —hablando en sentido figurado— como maestros cuya tarea consiste en convertir también en maestros a los aprendices y oficiales confiados a ellos. Allí no habrá envidia ni un «yo soy superior»; la alegría y la realización de un verdadero maestro consisten en permitir que quienes le fueron confiados como aprendices crezcan hasta alcanzar su verdadera grandeza y aun la superen.

¿Cómo puede una persona suponer que no tengo nada más que decir a Mis hijos humanos fuera de lo poco que el mundo ha recibido mediante Mi palabra revelada a lo largo de los siglos hasta hoy? ¡Mis hijos e hijas, Mi conciencia es infinita! Jamás dejaré de instruir a Mis criaturas y conducirlas así hacia una conciencia que, aunque no sea igual a la Mía, posee una amplitud que supera todas sus ideas.

Por eso jamás dejaré de esclarecer y guiar a quienes son Míos; y si en algún lugar oyen: «Dios ya dijo todo cuanto tenía que decir», ahora sabrán que no soy Yo quien habla allí.

¿No dicen sus Escrituras: «El más pequeño en la Tierra será el mayor en el Cielo»? Apliquen este criterio —uno entre muchos— a todos los que proclaman Mi palabra o afirman hacerlo. Entonces les resultará mucho más fácil que antes separar la paja del trigo.

Anhelo a todos Mis hijos, también a quienes están contra Mí, los ponen a prueba y los seducen, algo que solo pueden conseguir cuando ustedes les permiten penetrar en los puntos débiles que todavía tienen. Ellos también proceden de Mí y también los conduciré de regreso a Mi corazón. Pues todo volverá a ser llevado al hogar.

Derramo sobre ustedes Mi amor infinito. Los fortalezco, aclaro su entendimiento y los lleno de fuerza y magnificencia, como corresponde a hijos e hijas de los Cielos. Proceden de Mí y, conforme a su deseo de volver a ser uno Conmigo, los atraeré hacia Mi corazón.

Bendigo Mi Creación y a ustedes que oyen y leen Mi palabra. Y bendigo a las innumerables almas que también han escuchado Mi palabra revelada, pues ellas necesitan igualmente ayuda y apoyo. Aquello que sucede en su mundo en forma de extravíos y confusiones, tergiversaciones y muchas cosas más ocurre también en el más allá. Allí Mis hijos necesitan asimismo Mi amor que los acompaña; y muchos de quienes vinieron Conmigo seguirán después de esta hora, llenos de gratitud, a Mí y a sus guías espirituales hacia un mundo más luminoso.

Amén

*) Dios ya nos ha instruido en varias revelaciones acerca de los requisitos para dialogar con Él y también acerca de los peligros que esto entraña para quien desea forzar algo, actúa por curiosidad, pretende contactar con fuerzas del más allá por una motivación equivocada o cree que así podrá acercarse al cumplimiento de sus deseos mediante su propia voluntad. El corazón debe ser puro y el motivo debe ser el amor a Dios, unido a una entrega que no espera nada.