Revelación divina
Yo, Jesucristo, he entrado en medio de ustedes, y de Mis manos y de Mi corazón fluye Mi bendición de amor hacia esta habitación y hacia cada corazón que se ha abierto a Mí. He traído a muchos de sus hermanos y hermanas, pues hay muchos en las regiones del más allá que tienen hambre y sed de la verdad y que son atraídos por la luz de aquellas personas que Me aman.
Vine a este mundo y traje la luz. A quien esta afirmación le resulte demasiado abstracta, que en lugar de la palabra «luz» emplee «Mi fuerza de amor». Deposité esta fuerza de amor en cada corazón. Este fue Mi acto de amor: descender hasta Mis hijos humanos en una época muy oscura, en la cual se habían alejado mucho de Mí. Enseñé el amor y lo viví como ejemplo, y en muchos corazones encendí un fuego que se extendió cada vez más, hasta que finalmente alcanzó a todos los pueblos de esta Tierra.
Este acontecimiento no pasó inadvertido para el bando contrario; por eso, desde el principio intentó sofocar en su germen la pequeña planta que más tarde llevaría el nombre de «cristiandad». No lo logró, pero sí logró algo distinto: falsificar Mi mensaje de amor y conducir así a los seres humanos por un camino que ya no termina directamente en Mi corazón, sino que, en muchos casos, trajo consigo sufrimiento y necesidad, miedo y duda, desesperación e incredulidad, porque los Míos ya no Me reconocían en la enseñanza tergiversada y, aún hoy, en la gran mayoría de los casos tampoco Me reconocen.
Por eso alzo Mi palabra una y otra vez para llamar en los corazones de Mis hijos humanos: «Tu verdadero ser es espíritu. Eres amor y procedes de Mí. Aunque en este momento habites en un cuerpo humano, para ninguno de ustedes habrá muerte solo porque el cuerpo desaparezca. Toda vida que he creado es eterna y, por ello, todas las almas y todos los seres humanos encontrarán el camino de regreso a Mi corazón, a su verdadero hogar».
Mi enseñanza es muy sencilla cuando se la comprende y se la aplica correctamente. Pero las fuerzas oscuras del bando contrario lograron que los creyentes miraran cada vez más únicamente la superficie de Mi enseñanza, la cual adornaron con toda clase de elementos accesorios. Quien contempla la superficie y permanece allí no puede llegar a la profundidad, y en su vida encontrará muchas dificultades que no podrá explicarse.
Muchas personas Me acusan, están amargadas, se rebelan contra Mí; ven su difícil situación y claman: «¿Por qué me va tan mal? ¿Qué sucede, si Tú, Dios, realmente existes? ¿Por qué no ayudas? ¿Por qué no cambias nada?». Estas personas ya no están en condiciones de mirar detrás de las cosas y reconocer que únicamente el esfuerzo por vivir el amor transforma toda vida para bien, y no solo con miras a una vida en el más allá, sino también, de manera muy concreta, aquí y ahora.
Quiero darles un ejemplo. Con cada instante avanzan un pequeño trecho en el camino de su vida, de modo que cada instante se asemeja a un paso que dan, en una dirección que ustedes mismos determinaron o hacia la cual permitieron, sin saberlo, que los condujeran. Por tanto, en cada momento de su vida ocupan una posición muy determinada en su camino. En ese instante, esa posición es el final del camino que han recorrido hasta entonces, pero en el momento siguiente ya pertenece al pasado. Así, un eslabón se une al otro, y en cada instante ustedes viven el último eslabón de esta cadena, de este camino.
En su ignorancia, porque no se le ha enseñado de otra manera, en la gran mayoría de los casos el ser humano solo mira su situación del momento. Ve las dificultades que encuentra en la vida cotidiana, en la familia, en el trabajo; ve problemas de salud. Solo en casos muy poco frecuentes pregunta por qué. En primer lugar, su empeño se dirige siempre a mejorar su situación. ¿A quién, les pregunto, se le ocurre mirar hacia atrás y contemplar el camino que lo condujo al lugar donde se encuentra hoy?
Como todos saben que en todo el universo no existe la casualidad, tampoco puede ser casualidad que a una persona le suceda aquello que le sucede. Un eslabón se une al otro y un paso sigue al otro. Por tanto, si quieren encontrar una explicación para las circunstancias actuales de su vida, entonces, hablando en sentido figurado, giren su mirada 180 grados y contemplen su vida hacia atrás. Así reconocerán lo que los condujo hasta este punto.
Hacer tales reflexiones es algo distinto de mirar únicamente la superficie. En muchos ámbitos de su vida se ha vuelto habitual contemplar un acontecimiento del momento sin preguntar por sus causas. Piensen tan solo en la forma de proceder de sus médicos. Casi en todas partes se mira allí también únicamente la superficie; pero una enfermedad —con pocas excepciones, que, sin embargo, no invalidan el principio— es asimismo el resultado del camino que la persona ha recorrido.
Cuando hablan con alguien que está en prisión, siempre surgirá la pregunta: «¿Qué sucedió? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Qué te condujo a esta situación?». ¿O creen que esa persona les respondería: «No lo sé. Esta mañana desperté y estaba en prisión»?
Por tanto, si quieren saber más acerca de ustedes mismos, aparten la mirada de la superficie y contemplen su vida. Su camino les mostrará en qué etapas de su vida actuaron correctamente y en cuáles actuaron de manera incorrecta. Actuar de manera incorrecta significa actuar contra la ley del amor. Toda infracción de esta ley —si no se lamenta y repara a tiempo— produce efectos, y en muchos casos estos efectos se convierten en nuevas causas.
Si quieren hacer un balance sincero de su vida, reconocerán precisamente los puntos decisivos en los que actuaron desde su ego, en los que —consciente o inconscientemente— infringieron Mi ley del amor, que actúa en todo.
Este conocimiento que se les ha revelado es, en gran medida, desconocido para los seres humanos. Se les ocultó, pues al bando contrario no le agradan las personas que, en libertad, son conscientes de su responsabilidad ante Dios, ante su prójimo y también ante sí mismas. Así fue fácil para las fuerzas de las tinieblas conducir a los seres humanos por una pista falsa, con ayuda de aquellos a quienes, debido a sus intereses y su afán de poder, podían utilizar para sus propios fines.
Quien transcurre el día y, con ello, su vida de manera más o menos ciega, verá limitada poco a poco su conciencia. En la misma medida en que la conciencia de una persona se expande y sus sentidos interiores y exteriores se refinan cuando vive —y porque vive— Mi mandamiento del amor, mediante lo cual Mi fuerza fluye hacia ella cada vez más, en esa misma medida la conciencia disminuye cuando no se viven las leyes de Mi amor.
¿Han reflexionado alguna vez sobre las consecuencias que esto tiene? No solo que una persona así carga de culpa su alma, sino también que su capacidad para conocerse a sí misma se nubla, que su conciencia moral pierde sus finas antenas y que sus criterios de valoración se reducen, de tal manera que cada vez está menos capacitada para reconocer y evaluar correctamente su propia situación, su motivación y su forma de actuar, pero también las de otras personas. Una persona así se convierte en juguete de las fuerzas opuestas.
Muchos de Mis hijos humanos han sido convertidos de esta manera en seguidores ignorantes. Son mantenidos ciegos por guías que también son ciegos. Por eso alzaré Mi palabra una y otra vez para despertar a Mis hijos. Llamo dentro de sus almas: «Eres más que ese poco de ser humano que representas en este momento. Tienes una gran fuerza dentro de ti. Me llevas a Mí, que soy el amor, en tu corazón. Ven, despierta. Ven y decídete a caminar Conmigo. Te ayudo a contemplar tu vida. Te ayudo a reconocer cómo y por qué llegaste al punto actual de tu vida».
Entonces, ciertamente, deberás decidir, en virtud de tu libre albedrío, cómo quieres proceder en el futuro; pero también para esta decisión Mi fuerza fluye hacia ti.
Si vuelves a traer ante tus ojos la imagen del camino, reconocerás también que hubo y hay situaciones que no necesitas analizar profundamente ni cuestionar durante mucho tiempo. Permanezcamos con la imagen del camino que queda detrás de ti. No prestas atención y pisas un charco. Tus zapatos y calcetines se mojan. No hace falta una gran indagación. Te propondrás prestar más atención al camino la próxima vez. Si quieres, puedes mirar en tu interior para saber qué te distrajo, dónde estaban tus pensamientos. ¿Por qué estabas desconcentrado? Entonces tomas una decisión y la próxima vez prestas más atención. Pero si el camino que recorres termina con frecuencia en el pantano, si te extravías, si quedas enredado en la espesura y corres peligro de hundirte, entonces, hermano Mío, hermana Mía, es hora de mirar en tu interior para saber qué te ha conducido a ese pantano, a la oscuridad, a la espesura.
Si tu situación personal fuera tal como acabo de describirla, entonces —con todo el amor que Yo soy— deposito además en tu corazón una pregunta para ayudarte: ¿Te mandé Yo recorrer un camino que te condujo hacia regiones más oscuras? ¿No fueron, más bien, tus deseos y tu voluntad los que determinaron tu camino? Pero si no fui Yo, ¿existe entonces algún motivo para responsabilizarme por los miedos, las preocupaciones y las necesidades que son el resultado del camino que has recorrido hasta ahora? ¿No soy Yo, más bien, quien desea evitarte y quitarte todos estos esfuerzos y cargas?
Nadie está solo; nadie necesita recorrer su camino sin ayuda divina, sin Mi ayuda. Por eso también les pido que no dejen que Mis palabras serias pesen demasiado sobre sus corazones. Deben servirles de ayuda para alcanzar el conocimiento, pero al mismo tiempo llevan dentro la solución.
Quien, impulsado por las circunstancias de su vida, reflexiona sobre su camino, tarde o temprano se enfrentará a la pregunta: ¿cambio algo? Y, si es así, ¿qué cambio? ¿Y tengo que hacer este trabajo solo o recibiré ayuda? Con esta pregunta ya has extendido tu mano hacia Mí. Pues Yo soy el gran Consolador dentro de ti. Soy el Sanador, soy tu hermano, soy el amor. Y si así lo deseas, recorreremos juntos el camino que se extiende ante ti.
Te volverás más atento; tus decisiones serán tomadas con reflexión; tu confianza crecerá, al igual que tu esperanza y tu irradiación interior y exterior. Pues aplicarás a tu comportamiento criterios distintos de los del tiempo pasado. Habrás encontrado a aquel que vino al mundo y trajo a los seres humanos la luz que necesitaban con tanta urgencia. Entonces te habrás vuelto hacia esta luz, habrás permitido que este amor te envuelva y te habrás puesto bajo Mi protección. Entonces habrás tomado la mano que te guía por el tramo del camino que tienes ante ti y ya no la soltarás.
¿No es esta una perspectiva maravillosa? Ante ti se extiende una tierra de libertad; ante ti se encuentra la bienaventuranza; ante ti se encuentra aquello que tu alma tanto ha anhelado.
Te llamo a ti y a todos Mis hijos humanos: «Despierten. Tomen Mi mano y déjense conducir a la libertad, a la tierra del amor y de la luz». Amén.
Revelación divina
En verdad, Mis amados, ante quien sigue Mi instrucción se extiende la gloriosa tierra de su origen; pues jamás Me cansaré de impartir guía a Mis hijos humanos hasta que también el último haya vuelto a entrar en el santuario eterno del cual salió una vez.
Miren, vine como la luz absoluta, como el amor paternal, encarnado en aquel pequeño niño que ustedes conocen como Jesús de Nazaret; vine para traer al mundo y a los Míos la luz capaz de conducirlos de regreso, de regreso a la patria eterna. Pues ella, Mis fieles y amados, es la meta de todos ustedes.
Jamás callaré, sino que continuaré con Mis instrucciones; pues se necesita Mi fuerza, se necesita Mi guía, se necesita Mi amor y Mi luz para que los Míos estén en condiciones de reconocer el camino que los conduce al hogar, a Mis brazos.
En verdad, el mensaje que traje siempre fue una espina para las tinieblas, y estas no dejaron nada sin intentar para modificar Mi verdad a lo largo de los tiempos, de tal manera que la esencia del amor inconmensurable de Dios por Sus criaturas quedó ampliamente desfigurada, para que fuera, y siga siendo, casi incomprensible para Mis hijos.
Desde entonces hicieron falta intermediarios instruidos que volvieran comprensible a duras penas para los Míos la verdad tergiversada, presentándola como los insondables caminos de Dios. ¿A quién puede sorprender que hasta hoy todos los extraviados se aparten de Mí en masa, encogiéndose de hombros? Este fue y sigue siendo el terreno en el cual la fe en la materia pudo arraigarse y prosperar cada vez más.
Y ahora estamos en aquel tiempo en el que muchos de Mis hijos —ignorantes a causa del engaño de las tinieblas— intentan, indefensos, reconocerme con el intelecto en el mundo exterior. Están atrapados en la forma materialista de pensar que se ha desarrollado durante mucho tiempo. Pero el conocimiento aparente del intelecto humano se basa en opiniones e ideas que, finalmente, no reflejan otra cosa que la funesta ignorancia espiritual de Mis hijos. A partir de ello, el ser humano construye sus incontables y estériles visiones del mundo, que desde tiempos interminables luchan y están en conflicto entre sí, con palabras y con armas.
Cada vez más, una gran cantidad de Mis hijos humanos rinde culto al progreso técnico y científico como la nueva religión sin Dios; y sus sacerdotes y eruditos de todos los ámbitos, incluidos sus ejércitos de beneficiarios complacientes, arrojan arena a los ojos de Mis hijos ignorantes con el supuesto beneficio y las supuestas ventajas.
¡Ay de ustedes, necios vanidosos, que sirven a los poderes del engaño y la perdición, cegados por el afán de gloria, la sobrevaloración de sí mismos y la codicia insaciable! Mediante su arrogancia desenfrenada y su soberbia sin límites procuran mejorar, según su propio criterio, la naturaleza inocente, que es Mi obra divina; y todos aquellos a quienes han extraviado y que les creen los divinizan por ello.
Engañan a muchos de los Míos, pero les digo: también se engañan a ustedes mismos.
Las amenazas a las que se enfrentan —sin importar hacia dónde dirijan la mirada— y que, mediante su necia conducta humana, intentan dominar, son los efectos acumulados, nacidos de las causas no expiadas de todas las generaciones, que en este tiempo y en el venidero azotarán a todos los pueblos y a su planeta de una manera sin igual desde que el pie de Mis hijos pisó esta Tierra.
Miren, no es la búsqueda de la fórmula exterior del mundo —formada por las consideraciones y valoraciones del conocimiento intelectual aparente— la que los conduce a la libertad y los redime de la aflicción, la enfermedad y su falta de amor, sino únicamente el empeño por alcanzar la espiritualización y la perfección en el verdadero conocimiento de Dios. En verdad, este es el sendero que les he expuesto en todos sus detalles en muchas revelaciones y que también expondré en el futuro.
Vengan a Mí, tomen Mi mano, y los conduciré hacia su interior; y desde allí recorreremos también juntos los caminos del mundo exterior.
Solo existe, oh, Mis hermanos y hermanas, Mis hijos e hijas, una única fórmula universal, que Mis hijos humanos poseen desde hace mucho tiempo, y esta se llama: ¡amor! El amor es y designa la única fuerza que, en todas partes y en todo momento, está a disposición de todas Mis criaturas y les sirve. En verdad, para comprenderla y aplicarla no hacen falta expertos, sacerdotes ni gurús.
Les traje y les traigo Mi enseñanza como una enseñanza sencilla y misericordiosa, que todos pueden comprender y experimentar, sin importar si Mi hijo posee una mente sencilla o está dotado de la inteligencia más elevada.
En verdad, Mis amados, les digo: quien de ustedes toma como compañero al Gobernante omnisapiente y bondadoso Padre de todos en la infinitud, que soy Yo, procurando y esforzándose por llevar una vida de amor fraternal y misericordioso, no conoce el miedo. Pues permite que la Divinidad manifieste, paso a paso y por medio de él, Su voluntad —que es la ley del amor— y dé testimonio de la fuerza que habita en cada uno de ustedes, sí, del poder invencible del amor.
Recorran su vida cotidiana, recorran las calles de este mundo y bendigan; bendigan todo y a todos los que encuentren. Pidan perdón; perdonen allí donde tengan que perdonar, donde todavía habiten en sus corazones la falta de reconciliación y de paz; derramen misericordia, bondad y mansedumbre dondequiera que su camino los conduzca, y realicen las buenas obras que Yo, su Padre —el amor en Cristo—, les he pedido y les pido realizar. Entonces sus caminos y los de sus hermanos y hermanas ya no serán tan difíciles como hasta ahora; la oscuridad se disipará y muy pronto los conducirán a Mis brazos, los brazos de su Padre celestial.
Bendigo a todos los que escuchan y leen Mi palabra; y esta bendición va más allá de esta habitación, más allá de todas las habitaciones, hacia la infinitud. Bendigo a Mis hijos humanos y a todas las almas; bendigo a cada criatura y, con ello, a toda Mi creación.
Yo soy la fuente de todo amor y de toda luz, y ella —esta fuente— está viva en cada uno de ustedes.
Mi paz está con ustedes, Mis amados. Amén.