Con motivo de un seminario de fin de semana celebrado en Bad Waldsee los días 16 y 17 de noviembre de 2013, el Señor —después de que intercambiáramos ideas acerca de las leyes espiritual-divinas que rigen Su Creación y sobre la realidad, las posibilidades y las condiciones de la palabra interior y profética— dirigió Su palabra directamente a los presentes. Con ello profundizó lo que habíamos elaborado juntos durante las horas anteriores. En este sentido, Sus palabras —como ocurre cada vez que las personas se reúnen en Su espíritu— estaban adaptadas exactamente a nosotros, a nuestras preguntas, a cuanto nos movía, incluidas nuestras preocupaciones grandes y pequeñas, pero también, naturalmente, a nuestra apertura y disposición.
Sin embargo, como Su palabra revelada posee al mismo tiempo validez universal y eterna para todas las personas, hemos decidido publicar esta revelación en nuestro sitio web.
En caso de que algún lector note repeticiones de revelaciones anteriores o indicaciones o exhortaciones formuladas de manera semejante, o que estas le molesten, le pedimos tener presente que la palabra de Dios —dondequiera y cuandoquiera que Dios se manifieste a Sus hijos—, pese a su validez universal, se dirige naturalmente y en primer lugar a aquellos con quienes Él habla debido a una situación concreta. Además, puede ser muy conveniente que se señale repetidamente este o aquel aspecto, pues ello puede favorecer una comprensión más profunda.
Revelación divina
Hermanos y hermanas Míos, esta hora es sagrada, pues Yo, Jesucristo, el Amor en el Padre, he venido a ustedes en este recinto porque veo sus corazones abiertos y el amor que resplandece hacia Mí. Allí donde las personas se reúnen en Mi nombre, Yo Estoy en medio de ellas.
Durante las últimas horas han intercambiado ideas. Se han tratado mutuamente con amor. En sus corazones se ha encendido el anhelo de acercarse cada vez más a Mí; de otro modo, no estarían aquí ahora. Es imposible que Yo deje de atender la petición de un hijo de estar cerca de él, pues Yo Soy el amor desinteresado e incondicional.
Así, este recinto está lleno de Mi luz. Permitan que los toque para que puedan profundizar en sus corazones aquello que han elaborado juntos.
En verdad, en esta hora el cielo se ha inclinado hacia la Tierra. De todos modos, la separación entre el cielo y la Tierra solo existe en los sentimientos y pensamientos de Mis hijos humanos. En realidad no existe separación; ustedes lo saben o, al menos, lo intuyen. Si así lo desean, los ayudaré a superar cada vez más estos límites entre este mundo y el más allá, entre lo exterior y lo interior, hasta que finalmente nada se interponga entre tú, hermano Mío, y tú, hermana Mía, y Yo; hasta que para ti se haya convertido en una vida en la que Yo desempeño un papel decisivo porque Me has incluido en ella.
Han reconocido que no Estoy entronizado en algún cielo lejano al cual a sus teólogos tanto les gusta desterrarme. Ahora saben que vivo en ustedes. ¿Cómo podría ser de otro modo, puesto que Yo Soy el amor y la Vida, y tú, tú y tú, hijo Mío, vives gracias a este amor? Yo Soy el amor dentro de ti que te ayuda en tu camino de regreso al hogar eterno, allí de donde partiste una vez para adquirir tus experiencias en la Tierra.
Desde hace muchos siglos se intenta comprenderme con el entendimiento. Esto nunca se ha logrado, y les digo que tampoco se logrará jamás. No pueden estudiar al Autor de la Creación. Quien lo intenta tiene que fracasar de manera lamentable. Vivirá en sus propias ideas y posiblemente comenzará a cuestionarme porque su entendimiento humano tropieza con sus propios límites. De este modo no surgirá la sabiduría que se desarrolla en el corazón.
Pero Yo Me manifiesto en su interior a quienes tienen un corazón sencillo y puro. Para ello no deben desconectar en modo alguno su entendimiento; sin embargo —como dije una vez—, el entendimiento cumple mejor su tarea como mano derecha del corazón. Por tanto, intenten dejar un poco de lado su intelecto, entren en el nivel del sentir de su corazón y pídanme que los ayude a establecer entre Mi hijo y Yo una conexión de corazón que nada ni nadie pueda perturbar, y mucho menos destruir, si su deseo y su esfuerzo son sinceros.
Si se esfuerzan por hacerlo, Yo seré quien los fortalezca, les transmita conocimientos y deposite en sus corazones la semilla que luego se convertirá en cosecha durante su camino hacia Mí. Yo seré quien camine con ustedes, como ya lo he dicho muchas veces: el guía y amigo a su lado.
¿Son conscientes de lo que esto significa? Yo, el Amor en el Padre, que es la omnipotencia y dio vida a todo cuanto existe, ¡acompaño a un hijo humano a lo largo de su vida cuando este Me da su sí! Y un sí significa: «Te he reconocido, Dios Mío, como mi meta y estoy dispuesto a caminar en adelante tomado de Tu mano». ¿Qué cosa más hermosa podría sucederle a una persona que ser guiada por el Amor mismo?
Repito algo que ya deposité en su corazón en otro lugar: no tienen que preocuparse ni temer que Yo les quite algo, los limite, disponga algo contra su voluntad o conduzca su camino en una dirección que no les agrade. He regalado libre albedrío a todos Mis hijos y no lo tocaré bajo ninguna circunstancia. No importa cómo ni para qué utilices tu libre albedrío: no cambia nada —¡absolutamente nada!— de Mi amor por ti, pues sé que te llevaré de regreso y que algún día volverás a descansar en los brazos del Padre.
Quiero caminar a tu lado durante ese regreso. Quiero que establezcamos una relación íntima y de profunda amistad. Deseo que interiorices que no existe ningún momento en el que Yo no Esté presente y que no hay nada que no puedas confiarme ni que Yo no pueda resolver. El amor es la fuerza más poderosa; nada puede oponérsele de forma permanente. Entonces, si Me has reconocido como tu hermano divino y, al mismo tiempo, como la meta digna de alcanzarse, y deseas aceptar Mi compañía, ¿cómo podría existir una vacilación temerosa?
¿Cómo es, pues, Mi acompañamiento a lo largo de tu vida? Yo Soy quien te ayuda a reconocer tus imperfecciones, debilidades y errores; y Soy también quien te ayuda a eliminarlos. Por tanto, el camino tomado de Mi mano no consiste en un esfuerzo forzado según la voluntad propia, sino en la profunda confianza de que Mi poder es mayor que todo aquello que intenta perjudicarte y retenerte, y de que puede disolver dentro de ti aquello de lo que libremente quieras separarte. Respeto en todo caso tu libre albedrío, pues solo transformo y disuelvo aquello que tú depositas ante Mí.
Para ello no hacen falta técnicas, rituales ni ejercicios. Solo se requiere detenerse, entrar en el interior para conversar Conmigo como únicamente pueden hacerlo los buenos amigos: una conversación en la que Me digas lo que te aflige. No se trata de que Yo no lo sepa ya; se trata de que tú lo reconozcas y digas: «Señor, aquí todavía tengo algo que aprender. ¿Me ayudas?».
Y les digo, como ya tantas veces: una petición como esta jamás ha quedado sin ser escuchada. La única pregunta es si llega a expresarse.
Sus ideas acerca del amor de Dios están marcadas por su educación, sus creencias, lo que han leído, lo que les han impuesto y lo que ustedes mismos han imaginado. Solo en muy raras ocasiones se ha hablado de Mí como el amor puro. Casi siempre se ha pintado una imagen de Mí vinculada con enseñanzas inventadas, amenazas, dogmas, normas, mandatos y prohibiciones.
Durante estos días han experimentado que Yo Soy completamente distinto y que no hace falta hacer otra cosa sino «amar, y nada más». Este es el único criterio válido que todas las personas del mundo entero pueden aplicar a sí mismas y a su conducta, y cumplir. Si el cumplimiento de un mandamiento no fuera igualmente posible para todas las personas, sino solo para eruditos, personas con estudios e intelectuales, y si dependiera de cualquier clase de afiliación, ello no correspondería a Mi justicia. Reflexionen sabiamente sobre esto.
Ustedes mismos deben decidir en qué exposición creer y hacia qué meta dirigirse. Esta búsqueda, lucha, comprensión y decisión forma parte del proceso de aprendizaje de toda persona. A nadie le serviría ni lo ayudaría a avanzar en su desarrollo que Yo le quitara este «trabajo».
Les digo: si creen en estas palabras Mías, en que los amo, en que Soy su Vida y, además, el único que puede guiarlos con seguridad por su camino, y si Me dan su mano, entonces su vida cambiará en todos sus ámbitos hacia el bien, la facilidad y lo positivo.
Tengo a Mi disposición infinitas posibilidades para disminuir o disolver sus dificultades, apartar los obstáculos de su camino y colocar las agujas de las vías para el tiempo terrenal que aún tienen por delante, sin importar cuán corto o largo sea. Innumerables mensajeros de los cielos, sus hermanos y hermanas de la luz, también están preparados para ayudarlos. Dirijan su mirada interior hacia esta meta, hacia ese punto que les mostré hace dos mil años mediante la parábola del hijo perdido: la casa de su Padre.
Los espero. Estoy ante ustedes, ante cada uno, y extiendo Mis manos hacia ti, hermano Mío, y hacia ti, hermana Mía. No puedo hacer más que pedirte: «Toma Mis manos, sujétalas con firmeza y no vuelvas a retirar las tuyas. Establezcamos una alianza de amor que determine el resto de tu camino de vida».
Puedo quitarte y te quitaré infinitas cargas si así lo deseas. Entonces, tu esfuerzo en nuestro trabajo conjunto no constituirá más que una pequeña parte; Yo llevaré la parte mucho mayor. Pues avanzo muchos cientos de pasos a tu encuentro cuando tú das tan solo uno hacia Mí. ¡Esta es la promesa de Mi amor fraternal!
Hermanos y hermanas Míos, Yo Estoy en medio de ustedes. Estoy bendiciéndolos en el centro de este recinto, y desde Mis manos fluye hacia cada uno Mi energía de amor. Es luz de Mi luz, que los fortalece para su decisión y para su camino, y que hace crecer cada vez más su confianza para dejarse guiar por Mí, el Amor eterno e infinito.
Amén