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Fuera de Mí no hay nada

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Ausserhalb von Mir ist nichts

Fecha original: 14 de noviembre de 2009

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Yo Soy la fuerza misericordiosa del amor que permanece entre ustedes y los bendice; la que añade su parte a todas sus oraciones —y los animo a continuarlas después de Mi palabra de revelación— para que haya luz en cada ser y en este mundo.

Mis amados hijos e hijas, amados niños, han elevado su corazón hacia Mí para que Yo, su Padre celestial, pueda depositar profundamente en su interior Mis dones divinos: la fuerza de Mi amor y de Mi verdad eternos.

En verdad, esta es la fuerza que este mundo necesita para que cada ser vuelva a encontrar y recorrer el camino hacia la casa del Padre, su origen y su meta. ¿Qué fuente —aparte de la que Yo, el Altísimo, Soy— puede obsequiarlos con semejantes dones procedentes de la luz primigenia? Más de uno de Mis hijos cree en las fuentes más diversas; y no pocos otros niegan toda fuente desde la cual la vida fluya hacia ellos.

En verdad les digo: solo existe un origen desde el cual la vida fluye hacia todo ser espiritual y material y, con ello, lo conserva. Es el corazón de la Divinidad eterna, que es también para ustedes Dios Padre y Madre. Si Yo interrumpiera tan solo por un instante la corriente de la fuerza de amor procedente de Mi corazón o incluso permitiera que se secara, toda vida tendría que perder su existencia en ese momento y disolverse de inmediato.

Yo Soy lo viviente en todo ser; fuera de Mí y sin Mí no existe nada. Esto significa que todos los mundos del infinito, todo lo que perciben espiritual o materialmente y también aquello que no son capaces de percibir, es de naturaleza divina en su fundamento primigenio, pues la vibración de Mi amor divino mora en todo ser y constituye, por decirlo así, la sustancia primigenia de toda existencia.

En cada uno de ustedes, en las personas y en las almas, está presente eternamente como núcleo inmutable de su ser esta santa chispa primigenia, que es energía espiritual de la más alta vibración y luz purísima. Por eso, Mis amados, cada uno de ustedes es un templo de Mi Espíritu Santo, un templo de Mi amor inconmensurable.

Sin embargo, más de uno de Mis hijos ignora esta verdad espiritual y no quiere saber nada de que es de origen divino y, por tanto, de la más alta nobleza espiritual. Esto ocurrió, como saben, a causa de distintos desarrollos negativos entre los Míos, que son dirigidos y apoyados con todos los medios por los poderes de las tinieblas. El ser humano apenas puede imaginar las intenciones y metas contrarias de estos poderes ni los medios y caminos oscuros de los que se sirven para ello. Las fuerzas contrarias se enfurecen sin freno ni misericordia e influyen desenfrenadamente en todo aquello de lo que logran apoderarse. Pues presienten que están contados los días durante los cuales esto todavía les será posible en este mundo.

No obstante, Mi ley del amor y Mi voluntad divina privarán de su poder a esta furia, para que esta Tierra deje de ser su ámbito de dominio.

La victoria de la luz es segura e inevitable; pues, Mis amados: ¿Qué es la oscuridad? ¿Qué es su materia? Es luz divina de amor con la polaridad invertida, santa sustancia primigenia transformada hasta el estado vibratorio más bajo. Pero todo lo que se alejó del estado de vibración más elevado y se rebajó de ese modo será elevado y transformado para que vuelva a entrar en el ser puramente espiritual y eterno desde el origen, donde no existen ni espacio, ni tiempo, ni oscuridad. Reconozcan allí, Mis amados hijos e hijas, su patria celestial.

No teman, pues, las transformaciones que remodelarán este mundo, porque esto debe suceder. La manera en que estos acontecimientos de limpieza y purificación influyen en la vida de cada persona se ha puesto en sus manos conforme a Mi ley del amor. Pero en verdad les digo: quien Me haya elegido a Mí, su Padre celestial, su Señor y Dios, como guía y acompañante estará protegido, y las huestes de los cielos —sus hermanos y hermanas procedentes de la luz— dirigirán todo lo que suceda para su mayor bien. Sin embargo, solo su Padre celestial conoce el día y la hora de todo cuanto sucederá, por mucho que el ser humano se aferre a fechas determinadas.

Anhelo a cada uno de ustedes, anhelo todo lo que salió de Mí y que ahora vive alejado de Dios. Por eso atraigo nuevamente todo más cerca de Mí.

No miren hacia el futuro que tienen ante ustedes preocupados y encorvados bajo sombrías expectativas; aparten su mirada de lo que ha pasado, salvo que necesite ser depurado. Reconozcan lo que el presente quiere decirle a cada uno. Vivan sus horas y sus días con la conciencia y el esfuerzo de agradarme a Mí, su Padre, procurando superar todo lo que en su interior aún se opone al amor desinteresado, y cumplan Mi mandamiento del amor con todo aquello que encuentren. De esta manera prestan el mayor servicio posible a ustedes mismos y a toda vida.

Les he mostrado los pasos de este camino en numerosas enseñanzas, y también en el futuro seguiré instruyendo a los Míos sobre ellos. La gran transformación hacia la que avanzan, ese futuro luminoso que tienen ante ustedes, necesita personas que no conozcan otra meta que aspirar a la luz sin sombras y al amor incondicional y, de este modo, alcanzar mediante su trabajo una conciencia espiritual transformada. Así, Mis amados, tienden la mano todavía a muchos de sus hermanos y hermanas para que también pueda cumplirse su anhelo de Mí, su Padre.

Avancen, oh mensajeros de la luz, hacia la aurora de una Nueva Era que —así se les ha prometido— despuntará después de la noche. Preparen los caminos para Mi amor, Mi misericordia y Mi gracia. Pues en verdad les digo: en este tiempo fluyen desde los cielos con una intensidad nunca antes conocida, porque también el alma más oscura deberá y habrá de regresar algún día a la casa de su Padre.

Mi paz permanece entre ustedes. Amén.

Revelación divina

Enlazo palabras procedentes de Mi sabiduría directamente con Mi revelación nacida de la seriedad divina, recordándoles su herencia divina. ¿Qué significa esto para ustedes, hijos e hijas Míos?

Significa que disponen de un potencial espiritual que todavía no conocen. Son fuerzas creadoras de dimensiones insospechadas; y en su camino a través de esta vida deben aprender a aplicar estas fuerzas, aunque en la materia no puedan lograrlo ni remotamente tan bien como les era posible cuando eran seres espirituales y volverá a serlo. Pero también como seres humanos en esta Tierra son cocreadores y colaboradores en la creación mediante sus sentimientos y pensamientos, mediante su amor.

Me alegra una y otra vez que Mis hijos se reúnan en Mi espíritu, como sucede en esta hora. Me alegra cuando elevan su corazón hacia Mí y su agradecimiento y sus peticiones llegan a Mi oído.

Quiero «practicar» algo con ustedes —y lo digo deliberadamente de esta manera—, porque para muchos todavía es nuevo o porque no piensan en las posibilidades de oración que poseen. Cuando ya les he dicho con frecuencia que deben bendecir, esto no significa otra cosa que dejar fluir su amor desde el corazón. Pueden hacerlo en la medida en que ya hayan desarrollado el amor en su interior. Y a cada bendición añado también Mi parte de energía de amor.

Lo que se aplica a la bendición se aplica en igual medida a todas las energías luminosas y positivas que pueden y deben irradiar hacia este mundo, y que les recuerdan una y otra vez que deben emplear sus fuerzas creadoras para el bienestar de sus semejantes y de su Tierra.

Por eso, practiquemos ahora una forma de oración conjunta que es y actúa con mucha mayor intensidad que cuando se limitan a dirigirse a Mí —sin conocer sus propias posibilidades— y solamente Me piden que haga algo.

Se encuentran en un estado de conciencia aquietado, su corazón está Conmigo y sus pensamientos del día se han apagado. Están sentados en círculo alrededor de una vela. Perciban ahora en su paz interior. No se trata de la palabra pensada o hablada, sino del sentimiento. Es la paz, hijo Mío, hija Mía, que ya has desarrollado en ti y que ahora estás dispuesto a regalar. Desde su corazón fluyen sentimientos de paz: paz. — —

Imaginen ahora que estos sentimientos se encuentran allí donde arde su vela: sus energías de paz se concentran allí. Su paz asciende poderosamente como una columna de luz. Las personas clarividentes reparan en ella, y esta columna de luz de la paz se percibe también en los ámbitos sutiles. Las almas que llevan en sí el anhelo de paz son atraídas por esta fuente de paz; y cuando se interesan por el origen de esta columna que ilumina la oscuridad, encuentran a Mis pacíficos hijos e hijas sentados aquí, concentrando sus energías y enviándolas hacia afuera. Paz, paz, paz. — —

¿Qué sucede ahora con su columna de luz de la paz? Conforme a la ley según la cual lo semejante vuelve a atraer a lo semejante, su columna de luz se vuelve cada vez más grande; y puesto que en este momento cumplen Mi mandamiento del amor —es decir, sirven a la ley del amor—, la ley del amor les sirve y fortalece la paz en cada uno de ustedes, al tiempo que aumenta la energía que han concentrado. Y Mi omnipotencia y Mi sabiduría distribuyen ahora estas energías de paz por toda la Tierra y por los ámbitos sutiles cercanos, en todos los lugares donde existe en el corazón el deseo de paz.

En este momento, hijos e hijas Míos, actúan como creadores y cambian el mundo. — —

No es fácil adentrarse en esta forma de oración creadora. Pero practíquenla y advertirán la diferencia entre limitarse a pedirme que Yo «resuelva» algo y asumir la propia responsabilidad, desarrollando y enviando las fuerzas de amor que moran en ustedes para el bien de todos.

Mi paz está y permanece con ustedes. Amén.