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En su tiempo se necesitan muchos pioneros

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: In eurer Zeit werden viele Pioniere gebraucht

Fecha original: 17 de junio de 2021

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, mientras les vaya relativamente bien, solo poquísimos reconocen la necesidad de ocuparse de las preguntas acerca del de dónde, el porqué y el adónde. Estas y otras preguntas semejantes solo pasan con frecuencia a un primer plano —y la mayoría de las veces muy lentamente— cuando entra en su vida algo que los atemoriza o preocupa y los sobresalta, sacándolos de la adormecedora rutina cotidiana.

Este sobresalto puede parecerse a una conmoción, y esta, a su vez, puede ser sanadora si ustedes lo permiten. Pero también puede adormecer su pensamiento y su voluntad y enredarlos aún más profundamente en antiguos patrones de conducta, cuando actúan en ustedes los mecanismos del bando contrario. Porque su mundo vive conforme a reglas establecidas por las fuerzas negativas.

La mayoría de las personas sigue estas leyes no escritas. Al hacerlo no es consciente de algo grave: muchas veces esto le impide vivir Mis leyes en la medida en que —si se llama cristiana— en realidad se ha «comprometido» a hacerlo. Las ofertas de entretenimiento y distracción, que nunca habían existido en semejante abundancia, permiten relegar muy lejos, al cajón del olvido, el respeto correcto de Mi mandamiento del amor, las preguntas acerca del sentido de la vida y la búsqueda de las respuestas correctas.

También las iglesias y religiones establecieron sus reglas. Respetar estas reglas, que durante muchos siglos condujeron con frecuencia a ritos y tradiciones firmemente arraigados, parece tan importante a una gran parte de Mis hijos que creen haber hecho ya la mayor parte o incluso todo al cumplirlas. Sin embargo, se trata de formas de práctica religiosa que Yo jamás enseñé como necesarias para alcanzar la salvación. Fueron añadidas a Mi sencilla enseñanza para proporcionar a las personas un «corsé exterior» de falsa seguridad; también para atarlas y poder provocar en ellas mala conciencia y sentimientos de culpa cuando infringieran las doctrinas y prohibiciones inventadas. Las personas con sentimientos de culpa pueden dirigirse fácilmente en la dirección deseada.

Y, finalmente, cada persona establece sus propias reglas, las reglas de su ego, que le permiten desenvolverse de alguna manera en su pequeño mundo. Observen tan solo su conducta hacia sus semejantes, marcada por sus ideas y por aquello que les agrada o desagrada. Entonces sabrán lo que quiero decir.

Establecer y practicar prescripciones y reglas propias, que muchas veces contradicen Mi santa voluntad, ha llevado a que Mi ley sea desatendida con creciente frecuencia y finalmente olvidada en su carácter absoluto. Además, expresa que quien las construye desconoce las leyes espirituales, las interpreta erróneamente o coloca por encima de ellas su propio pensamiento y voluntad. Incluso cuando esto sucede en grandes dimensiones o durante largos períodos, no siempre es fácil descubrirlo, porque muchas veces se cubre con el manto de lo querido por Dios, de lo inofensivo o de lo bien intencionado. Pero quien quiera ver y escuchar podrá reconocer, no obstante, lo satánico en muchas cosas.

Mi esencia es el amor más puro, que está disponible para todas Mis criaturas en todo momento y para siempre, de manera desinteresada e incondicional. Pero sería equivocado suponer que el amor solo susurra y sonríe y no posee estructuras claras. Soy también, entre otras cosas, el Orden, y poseo asimismo el poder y la voluntad de conservar por toda la eternidad aquello que he creado. Pero todo está subordinado a Mi amor, y sus leyes garantizan que todo cuanto un día Me abandonó a Mí y abandonó la gloria de los Cielos vuelva también a encontrar el camino a su hogar. Si esto no Me fuera posible, habría sido vencido por otro poder mayor que habría logrado quitarme una parte de los hijos de Mi creación.

¡Utilicen su entendimiento, Mis hijos e hijas…!

Existen, por tanto, leyes espirituales que actúan sin errores y con una precisión que ustedes no pueden comprender. Su eficacia no está limitada por el tiempo, lo cual significa que nada que alguna vez fue «introducido en el mundo» como una infracción de Mi mandamiento del amor vuelve a desaparecer por sí solo porque entretanto hayan transcurrido eones o pequeñas eternidades. Por eso, por encima de todas las demás leyes está Mi ley, de la cual nada ni nadie puede salir furtivamente.

Los «grandes» de su mundo —pero también innumerables «pequeños»— no lo saben o no lo creen cuando se les dice, pues la realidad parece demostrar lo contrario. Tampoco creen que, contemplada espiritualmente, toda realidad sea apenas un diminuto abrir y cerrar de ojos en la eternidad, que además posee un pasado y un futuro.

Mi ley, nacida de Mi amor y cuidado paternales, hace que todos vuelvan a encontrar su hogar. Esto sucede conforme a un principio sencillo:

Toda acción que no corresponda a Mi ley del amor —sobre todo cuando se trata de una infracción grave que sirve al beneficio propio y desatiende el bienestar del prójimo— lleva ya en sí misma la semilla de su destrucción. Con ello quiero decir:

Ninguna acción contraria a la ley permanecerá a largo plazo, por muy bien que haya sido preparada empleando la más elevada inteligencia humana y ejecutada con todos los recursos del poder. No puede permanecer porque el principio superior del amor hará que, tarde o temprano, se manifiesten los efectos de las causas establecidas anteriormente, de los cuales nadie puede sustraerse de manera permanente; ningún poderoso de su mundo, ni tampoco Sadhana y sus seguidores, aunque su transgresión se remonte a un tiempo inconcebiblemente lejano y todavía transcurra otro período igualmente inconcebible hasta que la caída encuentre su buen final.

Pero «semilla de su destrucción» no significa la aniquilación de quien carece de amor. Significa que el mal se transforma en bien, algo que se realizará en cada uno cuando una decisión provoque una conversión interior y exterior. El reconocimiento que la precede no tiene que llegar únicamente después de experimentar los efectos provocados por uno mismo. Puede producirse antes si se permite el movimiento de la conciencia y se pide la ayuda de Cristo. En este proceso soy, dentro de toda persona dispuesta a convertirse, la fuerza auxiliadora, sustentadora y sanadora que llevará a cabo la transformación.

Porque para eso vine al mundo en Jesús de Nazaret: para enseñar el camino que conduce nuevamente al corazón de Mi Padre y mostrarles con Mi vida cómo pueden recorrerlo. El Amor —Yo mismo— vivió entre Sus hijos humanos. Les hablé de este amor infinito, toqué con él sus corazones y pude llevar a muchos a orientar su vida de manera distinta del pasado. No solo les aseguré Mi amor: se lo regalé sin cesar. Quien miraba Mis ojos sabía que estaba mirando los ojos del Amor.

También hoy puedes hacerlo: cierra los ojos, entra en tu interior, dirige tus pensamientos y sentimientos hacia tu luz interior y pide poder experimentar Mi cercanía. Después permite que fluya libremente aquello que está en tu corazón y desea brotar de él. Si corren lágrimas y surge en ti el anhelo de tu hogar, de amparo, de libertad y de muchas otras cosas, entonces habrás mirado los ojos del Amor.*)


Acudir a Mí de esta manera y recostarte en Mis brazos te resultará tanto más fácil cuanto menos sentimientos de culpa lleves dentro de ti. Los sentimientos de culpa, te lo recuerdo en esta ocasión, proceden del diablo. Desde hace eternidades emplea este recurso, probado desde su perspectiva, para amordazar a las personas e impedir que emprendan el camino hacia Mí llenas de confianza y con ánimo alegre.

Lo favorece el hecho de que muchos de ustedes poseen una imagen completamente equivocada de Mí. El seductor lo consiguió introduciendo la idea de un Dios que castiga dentro de las enseñanzas, en parte dogmáticas, de sus iglesias. Así pudo impedirse que las personas reconocieran la grandeza de Mi amor, que todo lo perdona, y de Mi misericordia. Ahora muchos carecen de libertad y sufren bajo la impresión de no ser dignos de Mi gracia. No tienen la valentía de avanzar erguidos por la vida como hijos de Dios, de la manera que corresponde a su verdadera esencia.

Por eso tampoco saben que la salida del laberinto de los sentimientos de culpa se llama arrepentimiento. El arrepentimiento es un regalo divino de gracia. Les permite romper y, con ello, terminar el círculo de culpa y desánimo, de sentirse pecadores y «pequeños» ante Mis ojos. Porque con el arrepentimiento se da un paso decisivo. Sin embargo, tú tienes que darlo como primer paso, debido a tu libre albedrío.

Cuando tu arrepentimiento procede de un corazón sincero, Yo transformo la culpa de tu pasado. Queda borrada y deja así de existir ante Mí. Y esto sucede en el instante en que presentas ante Mí tu arrepentimiento sincero, al que quizá deban seguir otros pasos, por ejemplo, reparar el daño y pedir perdón a quien heriste.

Pero entonces tu «cuenta de deudas» queda borrada. La libertad vuelve a pertenecerte. Te habrás liberado de la atadura satánica. Sin embargo, quizá primero tengas que acostumbrarte a tu nueva libertad y practicar un poco para tratarla correctamente. Ten valor, estoy a tu lado. A más tardar entonces comprenderás también por qué las tinieblas hacen todo lo posible por cerrar a Mis hijos humanos este camino de liberación.

Expresada en una fórmula breve, esta verdad divina dice: ¡los sentimientos de culpa proceden del diablo; el arrepentimiento procede de Dios!

A los sentimientos de culpa que desarrollaste debido a faltas personales de amor puede añadirse todavía algo más: el pensamiento de pertenecer a quienes siguieron a Sadhana y abandonaron los Cielos; es decir, de formar parte de los seres caídos que un día se levantaron contra Mí.

Muchas personas se formulan esta pregunta. Puede convertirse en una carga mental cuando de ella surge y se fortalece el sentimiento de culpa de ser corresponsables de las consecuencias que justamente ahora comienzan a hacerse sentir con intensidad creciente. En personas muy sensibles, esto puede conducir al estancamiento de su desarrollo anímico o incluso a problemas anímicos serios cuando se dejan caer por completo dentro de estos pensamientos.

No se dejen seducir, amados Míos, para cultivar semejantes pensamientos. No aportan nada. Que sean hijos de la caída o pertenezcan a quienes abandonaron voluntariamente los Cielos por diferentes razones no desempeña ningún papel para aquello que deben aprender aquí. Vine al mundo en Jesús de Nazaret para liberar, sanar, salvar y llevar de regreso al hogar. Mediante lo sucedido en el Gólgota algo cambió de manera fundamental: el Cielo vuelve a estar abierto. La fuerza de Satanás fue quebrantada, lo cual significa que tiene que liberar y dejar marchar a todo aquel que reconoció su injusticia y quiere emprender nuevamente el camino hacia su hogar.

Mi misión, fundada en Mi amor por ustedes, estuvo dirigida precisamente a quienes parecían perdidos. Por ellos vine; por ellos permití que Me clavaran en la cruz. Desde entonces les grité y les sigo gritando: «Ven, acepta Mi amor. Emprende el camino que te mostré. Sígueme con un esfuerzo sincero, y encontrarás tu hogar».

Es cierto que antes de Mi tiempo como Jesús, durante Mi vida y también desde entonces —y especialmente en su época actual— muchos seres espirituales procedentes de los Cielos y de ámbitos cercanos a ellos volvieron una y otra vez a la carne sobre la Tierra. Lo hicieron y lo hacen por amor a Mí y a sus hermanos humanos, para colaborar en la gran obra del regreso al hogar. Todos, tanto si proceden de la caída como si vienen «de arriba», están sometidos a las mismas condiciones al encarnarse. Mi justicia no permitiría otra cosa.

Por tanto, las fuerzas contrarias pueden también acosar y atacar a las almas más luminosas para hacerlas tropezar o caer. Y justamente ahora lo hacen con intensidad creciente, porque presienten o prevén lo que sucederá.

Por eso se encuentran en su Tierra, vestidas como seres humanos, almas procedentes de los ámbitos sutiles más diversos. Unas están contra Mí y quieren destruir; otras se decidieron por Mí y quieren salvar y construir. Esta confrontación, anunciada desde hace mucho tiempo por Mí mediante quienes Me son fieles, entra en una fase decisiva. Y ustedes —tú, tú y tú— forman parte de ella. Y esto no es casualidad.

Percibe en tu interior si ya estás preparado para apoyar al lado de la luz con tus posibilidades. Esto presupone que creas Mis palabras y no te limites a leerlas y archivarlas como un «bello discurso». Y que estés dispuesto a permitir que en tu alma se despierte el anhelo de Mí y de tu hogar eterno. También puedes pedir que esto suceda, si ya se mueve en ti ese deseo, pero la llama de tu nostalgia del hogar todavía es relativamente pequeña.

Para darme tu sí no importa cómo sea tu pasado. Para Mí, tu pasado solo existe ya como recuerdo cuando decides establecer en tu vida prioridades diferentes de las anteriores. Esto significa recorrer tomado de Mi mano, paso a paso, un camino más ligero. Muchos ángeles y ayudantes espirituales, incluidos algunos que formaron parte de tus vidas terrenales anteriores, están preparados para ayudarte.


La multitud de quienes están del lado de la luz, tanto en el ámbito espiritual como en la materia, es inmensamente grande. Muchos se sienten pioneros, y quiero explicarte lo que esto significa.

Los pioneros son enviados por delante para realizar los preparativos necesarios a fin de que quienes vengan después puedan cumplir más fácilmente sus tareas, porque ya se les habrá ahorrado una gran parte del trabajo fundamental. O —como sucede, por ejemplo, al construir un puente provisional— para que quienes los sigan tengan siquiera la posibilidad de alcanzar la otra orilla.

Siempre existieron seres espirituales que se decidieron por semejante tarea y que después, mediante su encarnación, se convirtieron en pioneros. Participaron, entre otras cosas, en los preparativos para Mi encarnación, pero también actuaron como Mis apóstoles, discípulos y seguidores. De este modo, muchas veces con grandes sacrificios personales, colocaron la primera piedra para quienes —siguiendo la imagen mencionada— pudieron entonces atravesar el puente construido por ellos como pioneros y entrar en un territorio luminoso y amplio.

En principio, todo aquel que comienza a seguirme es un pionero porque —si se esfuerza por hacerlo— sirve de ejemplo y constructor de puentes para quienes, por medio de él, se sienten impulsados a reflexionar acerca de la finalidad de su propia vida. En este sentido, su Tierra está llena de pioneros; la mayoría ni siquiera es consciente de que está aquí como precursora y de que mediante sus esfuerzos representa una hermosa piedrecita dentro de Mi gran y espléndido mosaico.

Sin embargo, algunos pioneros tienen dificultades para creer que su tarea y sus esfuerzos llegarán a buen término cuando ven que la destrucción causada por el bando contrario adquiere dimensiones cada vez mayores. Puede suceder entonces que caigan en el pensamiento humano y tengan que motivarse una y otra vez. De lo contrario, existe el peligro de que predominen los pensamientos que los arrastran hacia abajo: «¿Para qué sirve todo esto? Es evidente que todo empeora cada vez más. ¿Puedo verdaderamente producir algún efecto?».

Amados Míos, como el gran Consolador y la fuerza más poderosa de la Creación, los animo cuando en tales ocasiones acuden a Mí lo antes posible; sí, cuando prácticamente huyen para refugiarse en Mí. Semejante manera de pensar es demasiado comprensible, y nadie debería creerse libre de ella. El adversario lo intenta todo y aprovecha toda oportunidad que se le presenta para llenarlos de inseguridad. Basta que no estén atentos durante un instante para que encuentre alguna abertura por la cual volverlos inquietos, desganados o incluso desanimados.

Esto le resulta tanto más fácil cuando dirigen su atención únicamente hacia los acontecimientos exteriores. Entonces olvidan rápidamente que la única realidad es lo espiritual que actúa detrás. Lo exterior que él les vende como realidad no es más que una apariencia engañosa que algún día se disolverá en la nada porque no puede permanecer.

Sin embargo, en este momento la fuerza negativa domina a las personas por medio de sus sentidos, favorecida por la ignorancia muy extendida entre la humanidad. Pero ustedes conocen estas cosas y pueden protegerse de los pensamientos que muchas veces los asaltan como surgidos de la nada si tienen presente lo siguiente. Reconocerán la enorme diferencia que produce contemplar algo desde uno u otro ángulo.

Es equivocado pensar: «El bando contrario destruye cada vez más aquello que construimos mediante nuestros esfuerzos».

Es correcto pensar: «¡Mediante nuestros esfuerzos construimos aquello que fue y sigue siendo destruido!».

Lo que hacen Mis pioneros es construir algo espiritual que en el futuro se manifestará también en lo material. Pero actualmente siguen siendo trabajos de pioneros que, sin embargo, las potencias oscuras no pueden destruir, porque lo espiritual creado permanece fuera de su alcance.

Esto debería ser motivo de alegría para ustedes, que conocen Mi actuar, Mis leyes y la fuerza Mía y de ustedes. Se convertirá en su alegría cuando contemplen el conjunto; cuando reconozcan que colaboran en la construcción de un mundo y un tiempo nuevos y mejores; cuando no especulen con ver madurar lo antes posible los frutos de sus esfuerzos.

Lo que hacen es, ante todo, trabajo interior. Los transforma a ustedes mismos y modifica así, en lo espiritual, las condiciones del tiempo que todavía tienen por delante. Cambia las condiciones bajo las cuales comenzarán y vivirán quienes habitarán la nueva Tierra. Ellos cruzarán los puentes que Mis pioneros construyeron. ¿Saben acaso si no formarán parte de ellos?

Por eso, para todos los que quieren seguirme —no solo para los pioneros— resulta infructuoso pensar en cuándo se mostrará exteriormente este o aquel cambio. Porque nadie conoce Mis planes y, por tanto, nadie sabe cómo, cuándo ni dónde. Es humanamente comprensible querer saber qué frutos produce tu trabajo. Y si lo realizas de corazón y por amor a Mí y a tu prójimo, de todos modos percibirás muy pronto lo que cambia en ti y alrededor de ti. Pero los actos de quien Me ama y confía en Mí están en gran medida libres del deseo de querer ver resultados.

Él recuerda unas palabras Mías anteriores:

Tú eres responsable de la siembra, no de la cosecha. ¡Deja que la cosecha sea asunto Mío!


El fundamento de un verdadero trabajo pionero es la confianza. Mis seguidores de las primeras décadas poseían esta confianza. De ella brotan alegría, entusiasmo y una fuerza siempre nueva. En aquel tiempo prometí a los Míos que les enviaría Mi Espíritu y los acompañaría siempre. He cumplido Mi promesa y la cumpliré por toda la eternidad.

Yo soy el Amor y habito en ti. ¿Cómo podría abandonarte jamás?

¿No anhelas también liberarte de las preocupaciones y los miedos? ¿Avanzar hacia el tiempo venidero con una confianza inconmovible porque está fundada en Mí? Puede adquirirse. Como confianza fundamental ya se encuentra en tu alma y procede del conocimiento de un tiempo maravilloso que pasamos juntos en la infinitud y en la libertad ilimitada de tu hogar celestial. Vuélvela a construir si todavía no posee la magnitud que anhelas.

Esto es más sencillo de lo que piensas: toda experiencia, por pequeña que sea, que vivas Conmigo contribuye a quitarte paso a paso tus miedos y reservas. También puede expresarse así:

«La confianza representa la suma de las experiencias que viviste o vives Conmigo, el Amor». Si en adelante te abres cada vez más a ello, percibirás cómo crece en ti el deseo de una mayor intimidad y cercanía. Esto es también lo que Yo deseo para ti.

Cumplir semejantes deseos de Mis hijos ocupa un lugar muy elevado entre todo cuanto hago por Mi creación.

Amén

*) A este respecto resulta apropiado:

El anhelo es la llave que te permite encontrar

¿Verdaderamente quieres encontrar, hijo? Entonces emprende el camino
y avanza buscando, paso a paso, por tu senda.
¡Y encontrarás! Porque la huella que Yo te dejo
te conduce de regreso a Mí. ¿Todavía esperas? ¿Qué esperas?
¿La búsqueda te parece difícil, llena de esfuerzo y carga?
¿Cómo quieres encontrar si permaneces inmóvil, dudando?
¿Si en lugar de buscarme recorres tus propios caminos,
por los cuales te decidiste en uso de tu libre albedrío?
Dije que todo aquel que Me busque Me encontrará.
Por eso no puede existir duda de que así sucederá
y de que Mi corazón también te atrae a ti y a todo aquel
que ama y lleno de anhelo se abandona en Mí.
El anhelo es la llave que te permite encontrar,
y soy Yo en ti quien sostiene tus esfuerzos.
Soy Yo quien se mueve en ti con fuerza y consuelo,
y si comienzas a vacilar, entonces Yo te sostengo.
¿Quieres encontrarme, hijo? Ven entonces y da el paso;
deja fluir libremente tu anhelo y no vaciles,
y así vuelve a encontrarte contigo mismo y Conmigo, en la luz.
Y, suceda lo que suceda, ten la certeza: ¡Yo voy contigo!

(De: Confía en el suave resonar de tu corazón, poemas)