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El cielo dirige la obra. Una revelación fundamental.

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die Regie führt der Himmel. Eine Grundsatzoffenbarung.

Fecha original: 20 de mayo de 2019

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, ya muchas veces les he señalado una de Mis leyes divinas, que dice: ¡A quien sirve a la ley, la ley le sirve!

Comprender este principio es importante para ustedes si de verdad quieren entender por qué las cosas son como son en su Tierra y, sobre todo, en su vida personal. Y es decisivo para lo que sucederá con ustedes y con el mundo en el futuro. Les permite reconocer bajo la luz correcta muchas cosas que ocurrieron en el pasado. Porque a menudo se han encontrado ante acontecimientos que les resultaban incomprensibles, sacudiendo la cabeza, vacilando en su fe y dudando de Mí y de Mi justicia. Y todavía ahora hay muchas cosas que no comprenden.

Ya hace algún tiempo les dije que son más de las doce. La inmensa mayoría de las personas no escuchó las campanadas del reloj. No querían oírlas. No toman en serio las señales de los tiempos y creen que, de algún modo, todo seguirá adelante. Al fin y al cabo, todavía están vivos y no les faltan entretenimientos agradables.

Sí, de algún modo todo seguirá adelante, porque nada de lo que he creado se perderá jamás. La meta está fijada y se alcanzará con absoluta certeza: el regreso al hogar de todos aquellos que abandonaron los cielos, por las razones que fueran. En ese sentido, es decir, con la mirada puesta en una vida eterna e inmortal en su indescriptiblemente glorioso hogar celestial, no hay motivo para preocuparse. Pero queda la pregunta de cómo se configurará el destino de Mis hijos humanos y espirituales en el camino hacia allí, es decir, en el trayecto que aún tienen por delante y que, en ciertas circunstancias, puede llegar a ser muy largo y poco gozoso para ellos.

Debe quedar claro para cada uno de ustedes que, durante los años en que actué por medio de Jesús de Nazaret y enseñé a las personas, di mucho más de Mi sabiduría divina que lo poco que se encuentra en sus Escrituras. Además, los fragmentos que aún se conservan ya no corresponden al original de Mi enseñanza debido a errores de traducción y falsificaciones, algo que sus investigaciones han demostrado desde hace mucho tiempo y que también conocen los responsables de sus iglesias.

Es cierto que adapté a la conciencia y a la comprensión de las personas aquello que puse en sus corazones, pero eso no significa que les ocultara verdades fundamentales. No hubo pregunta que Yo no respondiera, no hubo dolor que Yo no comprendiera, no hubo corazón en el que Yo no depositara todo Mi amor cuando reconocía en él el anhelo. ¿O creen seriamente que Yo, su Dios —que impregnaba por completo al hombre Jesús con Mi luz—, Me contuve, pasé algo por alto o dejé de escuchar algo? ¿O que oculté o negué algo? ¡Yo Soy el amor!

Por lo tanto, las personas de aquel tiempo que estaban abiertas a ello recibieron y comprendieron mucho más de lo que hoy se ofrece y se da a quienes dependen de las enseñanzas e interpretaciones de sus escribas. Lo que todavía no podía decirles a quienes se esforzaban por vivir de acuerdo con Mi enseñanza de amor, Mi Espíritu lo trajo en las décadas siguientes. Él condujo a todas las personas dispuestas y de corazón abierto cada vez más profundamente hacia la verdad, tal como puede leerse en sus Escrituras. Allí todavía encuentran esta palabra, pero no la comprenden, la pasan por alto, desatienden Mi promesa o no creen en ella.

He cumplido Mi palabra. Pero Mi guía directa mediante Mis enseñanzas era una espina para las fuerzas contrarias; y así finalmente lograron, por medio de sugestiones refinadas dirigidas al ego de personas que carecían de humildad, hacer callar al Dios que habla.

Hoy, más que nunca, gran parte de la humanidad se parece a caminantes que vagan sin rumbo. Las señales colocadas apuntan en distintas direcciones. E incluso aquellas en las que dice «hacia el cielo» fueron colocadas al revés, de modo que así el ser humano ya no encuentra el camino de regreso. Por eso, desde hace muchos siglos —y con mayor intensidad en las últimas décadas—, alzo Mi palabra para orientar las señales en la dirección correcta y, al mismo tiempo, explicar y profundizar aún más Mi sencilla enseñanza del amor. Su esencia es: amen, y nada más.

Si ahora les pido que observen con honestidad el estado de su mundo, sin dejar de lado ningún ámbito; si les pregunto si reconocen o al menos perciben una relación entre las condiciones deplorables que imperan en todos los campos del mundo y el ocultamiento de Mi verdad y sabiduría; y si, además, les pido que no excluyan de esa observación las pequeñas y grandes discordancias e incoherencias de su propia vida, ¿qué responden?

Y si dicen: «Sí, lo reconozco, o al menos es probable», ¿qué se deriva de ello? ¿Un encogimiento de hombros? ¿Contemplar impotentes cómo siguen las cosas? ¿O reflexionar sobre lo que pueden cambiar en su ámbito personal? El miedo como motivación para cambiar de conducta es el peor consejero. Pero el deseo de volver a las raíces de Mi sencilla enseñanza y ponerla en práctica por amor a Mí, a su prójimo y a ustedes mismos —para lo cual, como tantas veces he dicho, Me basta su esfuerzo sincero— sería una base maravillosa. Así podrán comprender y experimentar mejor que hasta ahora lo que significa Mi palabra: a quien sirve a la ley, la ley le sirve.

Si no reconocen ninguna relación ni interacción entre las continuas transgresiones de Mi mandamiento de amor y las nubes oscuras que hace mucho aparecieron en el horizonte, les pido, sí, les exhorto a abrir los ojos y afrontar la realidad. Lo que consideran seguridad fue y es, en realidad, una falsa seguridad. Fue y es la calma antes de la tormenta, que los engaña. Recuerden su dicho de que los molinos de Dios muelen despacio.

Lo hacen, entre otras razones, porque con mucha frecuencia doy a cada uno —ya sea una persona, una comunidad pequeña o una grande— la oportunidad de reconsiderar sus actos y corregirlos. Así, las causas puestas en marcha pueden eliminarse total o parcialmente a tiempo, lo que significa que sus efectos no llegan a manifestarse o lo hacen solamente en pequeña medida.

También deberían reflexionar sobre otra frase: «No se engañen: nadie se burla de Dios». Nadie puede cubrirme de escarnio y burla, porque Yo estoy más allá de tales arrebatos humanos. Sin embargo, el sentido de la frase da en el blanco: nadie puede negarse a recoger la cosecha que produce su propia siembra. Mi ley actúa sin errores y, aun así, contiene todo Mi amor y Mi misericordia.


A quien todavía le resulte difícil, o incluso imposible, establecer la relación aquí expuesta, le pido que haga Conmigo una pequeña excursión en la que nos serviremos de la lógica del corazón.

La creación visible e invisible no surgió «simplemente así, de la nada». Tiene un Creador —a Mí, a quien ustedes llaman Dios— y fue llamada a la vida y es sostenida por una fuerza todopoderosa que procede única y exclusivamente de Mí. No hay nada, ningún lugar ni ningún instante en todo el universo en el que Yo no esté. ¡Yo Soy eterno, Yo Soy omnipresente, Yo Soy la conciencia suprema y Yo Soy el amor!

Mi creación descansa sobre leyes espirituales inmutables, del mismo modo que la convivencia humana solo puede desarrollarse ordenadamente cuando se respetan en gran medida las leyes terrenales que ustedes mismos se han dado. Para asegurar esto, además del poder legislativo, que crea las leyes, tienen el poder ejecutivo, que las hace cumplir, y el poder judicial. Cuando se infringen sus leyes, entran en acción el poder ejecutivo y el judicial.

Como las personas no podían imaginar —y todavía no pueden hacerlo— que Yo no necesito tales leyes, porque el amor no amenaza ni castiga, en su incomprensión y limitación Me atribuyeron su propia conducta humana e imperfecta. Yo tengo otras posibilidades para impulsar a Mis hijos a reconocer y corregir sus errores. El tiempo no desempeña ningún papel en este proceso.

Las enseñanzas de sus dirigentes respecto al libre albedrío del ser humano son muy diversas. Algunos niegan o ponen en duda el libre albedrío que he dado a cada persona; otros lo reconocen en principio, pero esto ha llevado a que, según sus planteamientos, una transgresión de Mi voluntad realizada por voluntad propia traiga consigo un castigo de parte Mía.

No se les ocurrió que Yo, en Mi sabiduría, también sigo otros caminos, a pesar de que en sus Escrituras se dice que el ser humano cosecha lo que siembra. Como esta palabra se interpreta únicamente con vistas al futuro, es decir, a una vida después de la «muerte», ya no puede servir para comprender una situación en su conjunto. Con esta visión unilateral y equivocada, se ha vuelto completamente insignificante y carente de valor cuando preguntan y buscan el sentido de la vida y la manera correcta de interpretar los acontecimientos. Ni siquiera se plantea la pregunta: «¿Cuándo sembró el ser humano lo que cosecha hoy?», porque en sus enseñanzas eclesiásticas no existe un «antes», es decir, una vida anterior a la actual.

Se retiró el engranaje llamado «causa y efecto», tan importante y decisivo para la comprensión. Las tinieblas habían obtenido una pequeña victoria parcial.

El instrumento del que dispongo, y que tiene en cuenta tanto Mi amor que no castiga como el libre albedrío de Mis criaturas, se fundamenta en la ley de causa y efecto, que entró en vigor como consecuencia de la Caída. Pero no es un látigo ni una vara, sino una parte de Mi gracia, la ayuda que ofrezco a Mis hijos, quienes de este modo volverán a encontrar el camino a casa sin que Yo intervenga jamás en su libre albedrío ni los castigue. Es una herramienta de Mi amor. Que muchos no la vean ni la comprendan así se debe a una interpretación completamente equivocada, que a menudo incluso creen y defienden quienes ya han adquirido conocimientos espirituales. Se la interpreta mal, de modo que siempre aparece como algo negativo y amenazante. Es todo lo contrario.

Corregir esta opinión errónea es el sentido de Mi palabra de revelación de hoy. Quiero hacerles comprender que Mi ley de siembra y cosecha existe y sirve para resolver sus problemas y dificultades, no para hacerles la vida más difícil. Con ella quiero prepararles los caminos, siempre que le den al cielo la oportunidad de hacerlo. Con el sí de ustedes quiero y voy a allanar muchas cosas que todavía se alzan ante ustedes como una montaña llena de preocupaciones e incertidumbres. Porque Mi ley no pende sobre ustedes como una espada; por el contrario, espera pacientemente poder mostrarles y entregarles la cosecha de la buena semilla que se ha acumulado y sigue acumulándose como resultado de su esfuerzo. Esta cosecha servirá entonces como una base cada vez más firme para su futuro pensar y actuar.


Como vivo en cada uno, no hay ningún instante de su vida terrenal ni, naturalmente, de su vida eterna en el que Yo no esté omnipresente en cada criatura. Si no fuera así, si Yo no fuera la vida en ti, tú no existirías.

Todo aquel que vive fuera de su eterno hogar de luz tiene a su ángel guardián invisiblemente a su lado; y también cuenta con otros ayudantes y maestros cuando su tarea o la situación concreta lo requieren. Para expresarlo en su lenguaje, están constantemente en la «pantalla de radar celestial». Es imposible que haya un solo momento en el que estén solos o incluso «perdidos», o en el que el cielo no sepa con certeza dónde están ni qué piensan y hacen en ese instante.

Pero, a diferencia de la forma de proceder habitual en algunos de sus regímenes, al cielo no le interesa vigilarlos. Todo lo contrario: todo está orientado a brindar a cada persona y a cada alma el máximo grado de ayuda y asistencia.

Por eso, no se preocupen por lo que el cielo pueda pensar ahora de sus faltas pequeñas y grandes, ni desarrollen sentimientos de culpa. Haga lo que haga una persona, sus acompañantes espirituales jamás la condenan. Todos ellos han desarrollado plenamente en sí mismos Mi principio espiritual, al que también ustedes deberían aspirar. Este dice: escucho, veo y lo sé todo; pero, sea lo que sea, ¡te amo sin condiciones!

Si crees esto y también que Yo tengo infinitas posibilidades para guiar a un hijo, el paso siguiente se desprende por sí solo al aplicar la lógica del corazón. Significa que el cielo ha asumido la dirección de tu vida, desde el momento en que entraste en los ámbitos situados fuera de los cielos. ¡Este principio es válido para todos!

¿Eres consciente del alcance de esta afirmación, de este hecho? ¿Comprendes que con ello tienes el porvenir asegurado, siempre que estés dispuesto a servir a la ley? Porque la ley que encarna Mi amor sirve en todo momento y sin error a todo aquel que está dispuesto a seguir los mandamientos de Mi ley de amor.

Para mostrarte lo que esto significa y cómo puede literalmente «poner de cabeza» tu vida en un sentido positivo, te doy una imagen.

Comparo tu decisión de encarnar para aprender y seguir desarrollándote con un viaje a un país extranjero. Quizás te propusiste ser una especie de cooperante para el desarrollo; quizás participas en una expedición; quizás solo quieres adquirir experiencias. Sea lo que sea, si tu encarnación está sostenida por el deseo de avanzar en el camino hacia tu hogar celestial, ¡actúas conforme a Mi voluntad!

Si encarnaste por voluntad propia, si razones egoístas te impulsaron a una nueva vida terrenal o si simplemente seguiste el «espíritu de la época» sin la motivación de una evolución del alma, tampoco estás sin acompañamiento espiritual, que desea ayudarte y protegerte; pero las posibilidades de que percibas y pongas en práctica sus impulsos de apoyo y advertencia pueden estar muy limitadas. Entonces, otras fuerzas ejercen la dirección determinante y tú sigues estando fuertemente sujeto al aspecto educativo de la ley de causa y efecto.

Pero si en tu vida has comprendido que su sentido consiste en aspirar al bien y al amor, te pareces a un cooperante para el desarrollo que reúne las mejores condiciones para cumplir la misión que él mismo eligió. Lo hace trabajando en su propio desarrollo —lo cual no tiene nada que ver con egoísmo— para luego, conforme se fortalezca su alma, poder ayudar a otros y servirles de ejemplo.

¿Crees que el cielo no brinda a una persona así toda la ayuda que necesita, sea joven o anciana, esté comenzando a esforzarse o tenga ya cierta experiencia? Esto empieza con la cuidadosa preparación de una encarnación junto con el espíritu protector. Además, se dispone todo lo necesario para la encarnación, se sopesan las fortalezas frente a las debilidades y se preparan las primeras condiciones del camino. Todo esto sucede en lo invisible y, sin embargo, al nacer llega al mundo un ser que confía en Mí y en quien Yo también confío, porque quiere aportar su parte para que haya un poco más de luz en el mundo.

La persona, aunque todavía sea pequeña de estatura, lleva dentro de sí todo lo que necesita para poder concluir con éxito su tránsito por la materia en el sentido de una maduración del alma. Está equipada como quien participa en una expedición. ¿Tiene que preocuparse por los suministros necesarios? Recuerden lo que les dije acerca de la pantalla de radar. El cielo conoce a cada uno. Sabe lo que cada cual necesita y lo prepara todo antes incluso de que se lo pidan. Porque al amor le interesa que sus «representantes» entren bien equipados en territorio enemigo.

Este proceso es comparable con una organización de abastecimiento que funciona sin errores y que únicamente puede ser perturbada o interrumpida por aquel a quien se destinan los suministros. El abastecimiento no puede entregarse de la manera habitual y deseada cuando existe una conducta que no corresponde al mandamiento de amor. La entrega se vuelve todavía más difícil, hasta llegar a ser imposible —recuerden que lo semejante atrae a lo semejante y lo diferente se repele—, cuando una conducta equivocada no se practica solo una vez o durante poco tiempo. Si se repite a pesar de saber que está mal y quizás incluso ya se ha convertido en un patrón difícil de abandonar, puede bloquearse la afluencia de energías fortalecedoras y sanadoras.

Entonces la persona deja de comprender, empieza a dudar, se siente abandonada y continúa su camino únicamente por rutina. Su corazón ya no participa. La encarnación amenaza con convertirse en un tránsito terrenal que termina con la temida e inevitable «muerte». Al despertar del lado que está más allá de los velos, el alma reconoce poco a poco lo que habría sido posible si…

En cambio, si la persona está dispuesta a llenar de vida Mi mandamiento y lo manifiesta en su conducta cotidiana, ella misma crea las condiciones para que todo transcurra de manera mucho más ordenada, sencilla y fácil. Entonces Yo Soy verdaderamente quien dispone los grandes cambios de rumbo y, gracias al esfuerzo de ustedes, puedo hacer cosas que llaman «milagros». Lo dicen a menudo, siempre que no saben que en el trasfondo invisible se han movido los hilos. De pronto todo encaja: se retiran las piedras del camino, terminan las disputas, comienza a abrirse paso una convivencia más armoniosa, las preocupaciones se desvanecen, llega ayuda inesperada, pueden soltarse vínculos agobiantes y enfermizos con viejos hábitos, sentimientos y pensamientos positivos sustituyen a los negativos, el motor de su vida deja de fallar y muchas, muchísimas cosas más.

¿Qué ha sucedido? Con su sí le dieron al cielo la posibilidad de asumir la dirección de su vida, porque abandonaron el dominio de la dirección ejercida por su ego. Con ello comenzaron a añadir más semillas a las buenas que ya habían sembrado en el campo de su vida, algo cuyo valor no puede sobreestimarse. Y la ley de causa y efecto, que es su amiga y no su enemiga, comienza —en sentido figurado— a hacer crecer las flores más hermosas en su jardín, mientras la maleza disminuye cada vez más, aparentemente por sí sola.

Si repasan brevemente su vida, reconocerán la verdad de Mis palabras y encontrarán confirmación, en muchas situaciones, de la influencia que el principio de siembra y cosecha ya ha tenido en su existencia.

Una vez dije que Yo no Soy un contador; es decir, que no hago una cuenta «mezquina y meticulosamente exacta» de una cosa contra otra. En cuanto veo un esfuerzo, una intención sincera que va más allá de una oración pronunciada rápidamente —«Hazlo Tú, por favor»— y que se basa en el deseo de cambiar el carácter en el sentido del amor, entran en acción fuerzas positivas.

Según de qué se trate, en el ámbito espiritual deben hacerse preparativos que luego repercuten en lo material, en el entorno de ustedes. Por eso muchas cosas no pueden hacerse visibles de inmediato, pues no viven solos en el vacío, sino que están vinculados con innumerables personas y almas, y también con acontecimientos del pasado.

Pero les digo que ninguna petición de un cambio orientado a acercarse a Mí será jamás desoída ni rechazada. Y no solo eso: se la atiende, por así decirlo, «con prioridad». Todo lo necesario se pone en marcha en el momento en que un llamado de esta clase alcanza Mi corazón. Lo que sucede después depende, entre otras cosas, de su comportamiento y de la seriedad con que emprendan el «trabajo interior». Con esto Me refiero a la parte que les corresponde en ese trabajo, porque de todos modos Yo asumo la mayor parte.

Pero dar un paso adelante y luego uno atrás, con todo Mi amor, no los hará avanzar.


Les he trazado el gran marco dentro del cual se desarrolla todo cuanto sucede en el mundo, tanto en la gran política mundial, con la que se determina el destino de los pueblos, como en su vida personal. Dentro de este marco, cada uno tiene plena libertad para hacer o dejar de hacer lo que quiera.

Sin embargo, no puede eludir las consecuencias de sus actos, ni siquiera después de miles de años. Por eso, el mecanismo de causa y efecto solo puede comprenderse correctamente cuando se reconoce que, por regla general, no existe una sola vida, sino que el alma —por libre decisión— encarna varias veces.

Mi guía se ocupa de que a las personas que permiten ser guiadas, porque viven en gran medida conforme a la ley, no les ocurra nada que cause un daño serio a su alma. Esto también vale, en mayor o menor grado, para lo exterior; aunque antes de su encarnación la mayoría de las almas sabía que entraría en el ámbito de dominio de las tinieblas y que, por tanto, tendría que aceptar molestias, indisposiciones y dificultades. Pero su deseo de avanzar o de aportar su parte para que la pesada y oscura atmósfera terrestre se impregne de luz las llevó a asumir el riesgo. Cuando estas personas caminan tomadas de Mi mano, Yo lo reduzco a las experiencias de aprendizaje necesarias.

Para expresarlo con una imagen: no siempre se pueden evitar los relámpagos, los truenos, la lluvia y la tormenta; sin embargo, Yo sé guiar a los Míos de tal modo que quizás se mojen —lo que a menudo no puede evitarse—, pero aun así lleguen a casa sin sufrir daño.

Para todos aquellos hijos Míos que se preocupan sin motivo, la buena noticia de Mi mensaje es que nadie puede perderse, porque nadie puede caer fuera del «sistema de la creación». Además, no existe la muerte ni el fin, y todos volverán a casa. Tampoco hay en Mí una injusticia que conceda a una persona una buena existencia y a otra una mala. Cada uno tiene en sus manos, en todo momento, la posibilidad de dar a su vida otra dirección, una que apunte «hacia el cielo». Yo le ayudo, porque Mi amor y Mi misericordia salen al encuentro de todo aquel que Me llama.

La noticia menos buena para todos los que quieren vivir conforme a su propia voluntad —algo que Mi amor no les impide— es esta: a la larga no lo lograrán; pero tienen la libertad de intentarlo. Todos, sin excepción, pertenecen a la gran comunidad celestial en la que reinan la entrega desinteresada, la convivencia amorosa y una felicidad indescriptible en la luz. Mientras alguien se encuentre fuera de esta comunidad, estará separado de ella; estará aislado, aunque todavía no lo perciba como algo perturbador y doloroso. Pero el anhelo que hay en él, que arde en la chispa de vida que también lo sostiene, hará que él también vuelva a encontrar el camino hacia la unidad.

Como el cielo siempre dirige la obra desde un nivel superior, y nadie puede arrebatarle esa dirección, así sucederá. ¡Porque es Mi voluntad!

Amén