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El camino real es el camino del amor vivido

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Der Königsweg ist der Weg der gelebten Liebe

Fecha original: 12 de julio de 2014

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

En silencio y sin que sus sentidos exteriores lo percibieran, Yo, Cristo, he entrado entre ustedes. Me acompañan muchos de sus hermanos y hermanas, procedentes de la luz y de los ámbitos de las almas, que anhelan escuchar la palabra del amor, igual que ustedes.

Les he traído la luz de los Cielos y también todas sus fuerzas: la paz, la salvación y el amor, que son la vida de todo el infinito.

Deseo pedirles que dejen a un lado todo aquello que todavía trajeron consigo hasta aquí. Deposítenlo con confianza en Mis manos amorosas, extendidas hacia ustedes, y con esa misma confianza abran también —hasta donde puedan— las puertas de su corazón, para que las inunden los dones que les ofrezco.

Los bendigo, a ustedes aquí y a ustedes allá. Bendigo a todos los que se han reunido en Mi nombre alrededor de toda la Tierra, pues ¿dónde podría estar Yo sino junto a ellos? Mi palabra y Mi presencia los acompañan durante su hora de celebración.

Amén

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas en el más acá material y en el más allá espiritual, elevo Mi palabra revelada para hacerlos partícipes de Mi sabiduría, instruirlos y brindarles ayuda en el camino de regreso a la patria eterna.

Esto es sumamente necesario, porque veo cuán poco instruidos atraviesan la vida Mis hijos. Se asemejan a alumnos a quienes solo se les enseña una y otra vez la tabla de multiplicar más sencilla, año tras año y vida tras vida. Por eso la mayoría queda perpleja ante los problemas de su vida cotidiana.

Así pues, les daré para el camino otro instrumento de conocimiento de sí mismos, que los ayudará —si así lo desean— a explorar su interior más profundamente y a extraer las conclusiones correctas de lo que comprendan y tomar las decisiones necesarias. Adapto Mis palabras a la conciencia de Mis hijos, y se beneficiarán de ellas quienes no se limiten a escucharlas y considerarlas interesantes, sino que las lleven a la práctica.

Mi Creación surgió de Mi amor. Ciertamente también descansa sobre los pilares del orden, la voluntad, la sabiduría y otras de Mis esencias y cualidades, pero el elemento que lo sostiene todo es el amor. Por ello, conforme a la ley según la cual lo semejante atrae nuevamente a lo semejante, solo puede existir un camino que conduzca de regreso a Mi corazón, incluso hacia el interior de Mi corazón: el camino real, el camino del amor vivido. No existe otro.

Ciertamente pueden acercarse a Mi corazón de diferentes maneras; pero para sumergirse finalmente en la vida verdadera, universal y eterna y volver a ser uno con la fuente de la cual procede todo, se necesita desarrollar el amor, que en su camino posterior hacia Mí se hace cada vez más desinteresado e incondicional hasta volver a convertirse en el amor que deposité en toda criatura.

Un aspecto decisivo del amor es la entrega, de la cual ya les he hablado en varias ocasiones. Les doy unas palabras sobre las que vale la pena reflexionar sabiamente. Dicen así:

La sinceridad y la seriedad de su entrega equivalen al crecimiento de su alma y a la ampliación de su conciencia.

Corresponde a la «lógica del corazón» aplicar a estas palabras la conclusión inversa, que les mostrará cuán cerca están ya de Mi corazón y si aquí o allá todavía se necesita un esfuerzo mayor para acercarse a Mí. Sin importar cuál sea el resultado de su análisis, siempre puede ser motivo de alegría: ya sea por aquello que han desarrollado en su alma —que entonces se manifiesta con la fuerza y luminosidad correspondientes— o por lo que hayan reconocido como consecuencia y ahora deseen cambiar con Mi ayuda.


Toda la Creación está construida sobre el principio de la evolución, del crecimiento constante y del desarrollo permanente. Esto significa que, en el camino que recorren hasta volver a entrar en su patria eterna a través de la Puerta de las Rosas, se producirá una transformación —realizada mediante muchos pasos pequeños y grandes— y que al final del camino serán diferentes de como eran al comienzo. Eso es evolución. Yo participé y participo de manera decisiva en esta transformación ininterrumpida. La parte de ustedes consiste en su decisión, su voluntad y su esfuerzo.

Acompaño a cada hijo humano y a cada alma por este camino, sin que exista ni un solo instante en que no esté junto a Mi hijo. Por tanto, nadie está jamás solo, aunque a la inmensa mayoría se lo parezca. Les ofrezco ayuda ininterrumpidamente y de múltiples maneras: mediante estímulos, impulsos, sugerencias, comprensiones, acontecimientos o también por medio de personas que llegan a ustedes. Frente a ello se encuentra su ego, que —reforzado por las actividades de las fuerzas contrarias— levanta más de un obstáculo que temporalmente dificulta que pueda llegar hasta ustedes. De ese modo se impide muchas veces el conocimiento de sí mismos.

A pesar de todas sus diferencias, los distintos tramos del camino tienen muchas cosas en común: antes de actuar y llevar a la práctica está la decisión; antes de la decisión, reconocer la necesidad, quizá también el arrepentimiento; y antes de ello, como primer paso, está el conocimiento de uno mismo, tal como lo expresa uno de sus refranes. Sin reconocer lo que sucede dentro de ustedes, apenas existe la posibilidad de iniciar un cambio de rumbo duradero en su vida.

Por eso hoy quiero darles otra ayuda que puede mostrarles —si así lo desean— aquello que todavía se encuentra en su interior, en su subconsciente y aún más profundamente en su alma. Pues allí están ocultos los factores que dirigen sus pensamientos, palabras y acciones y que muchas veces los hacen reaccionar sin que reconozcan las relaciones que actúan detrás de ello.

Mis palabras, cuyo significado es mucho más profundo de lo que parece a primera vista, dicen así:

Se sienten atraídos hacia aquello que satisface sus necesidades.

Esto es producido por la ley de atracción. Deseo explicarles esta ayuda Mía y dirigir un poco su mirada hacia la «profundidad», pues solo entonces se revela el sentido profundo de Mis palabras.

No se trata únicamente de necesidades físicas o psíquicas, sino también —y principalmente— de las necesidades de su alma: aquello que el alma, más o menos cargada, todavía busca y desea suponiendo que así se sentirá —aparentemente— mejor o bien. Y su ser humano sigue con demasiada facilidad ese afán, especialmente porque desconoce las relaciones y la búsqueda de satisfacción que procede del interior. Por eso encontrarán una y otra vez personas y comunidades, llegarán a situaciones y serán conducidos hacia tareas que se encuentran en resonancia con aquello que existe como necesidad en su interior, aunque no sean conscientes de ello.

Las necesidades pueden ser de muy diversas clases. Pueden ser perfectamente positivas, pero en todos los casos dicen algo acerca de ti si te tomas el tiempo y tienes el valor de aplicar esta verdad a tu conducta. Tal vez reconozcas aquello que ya ha cambiado dentro de ti y tengas todos los motivos para alegrarte.

La importancia de Mis palabras radica sobre todo en que te permiten interpretar correctamente tu conducta. Pueden mostrarte dónde están las verdaderas motivaciones de tus actos y quizá despojarte de una pequeña ilusión, de una imagen ligeramente embellecida que todavía conservas de ti mismo.

Pero también puede tratarse del trabajo de liberación de tu alma, que asume esto o aquello para cargar con una injusticia del pasado o compensarla mediante la reparación. Existen muchas posibilidades y, si estás dispuesto a explorarte un poco, te ayudaré a hacerlo.

Para que comprendan mejor lo que quiero decir, les daré un ejemplo: siempre eres de los primeros cuando se trata de ayudar. Si tuvieras que responderte por qué sucede esto, podrías decir: «Porque amo a mi prójimo y por eso deseo ayudarlo». Puede ser así, hijo Mío; y si lo es, alégrate, pues satisfaces una necesidad de tu alma despierta y Yo Me alegro contigo. Pero también pueden existir otros motivos. Por ejemplo, podría ser el deseo de reconocimiento; entonces esa necesidad se satisface mediante aquello que ustedes llaman síndrome del salvador.

Otro ejemplo: ingresas voluntariamente en una comunidad religiosa. ¿Por qué? Tus motivos pueden ser perfectamente positivos si deseas encontrar la verdad, acercarte a Mí y satisfacer así tu necesidad de encontrarme. Pero ¿podrían existir también otras razones? ¿Presiones exteriores, temores ocultos, gusto por las apariencias y otras cosas? ¿Adviertes lo importante que puede ser mirar aquello que te mueve? Tal vez tu necesidad proceda de una debilidad que todavía existe, o quizá de las partes de tu alma que ya has desarrollado por amor a Mí y con Mi ayuda. Una observación sincera te dará la respuesta acerca de por qué elegiste precisamente ese grupo u otro. Esto revela algo acerca de ti —¡sin valoración alguna!— y así vuelves a conocerte un poco mejor.

Otro ejemplo: te sientes atraído hacia una persona del otro sexo. Si es el amor verdadero lo que los une, Mi bendición y Mi alegría descansan sobre ustedes. Pero también puede haber otras razones de las que ni siquiera sean conscientes y que los vuelvan dependientes o que, al menos, intervengan también en su relación amorosa. Entre ellas pueden estar la soledad, la indolencia, el temor a quedar desatendidos, la conducta dominante y muchas otras. Las ataduras fuertes de cualquier clase —no solo en sus matrimonios y relaciones de pareja— también hacen que aquello que todavía no se ha resuelto ni soltado vuelva a activarse una y otra vez, porque se satisfacen las necesidades subyacentes —negativas en este caso— en vez de trabajar sobre ellas para debilitarlas y finalmente disolverlas.

Mira dentro de ti; y si descubres entonces que tus motivaciones —medidas según el mandamiento del amor y la libertad de Mi ley— no siempre corresponden a lo que les enseñé y enseño, toma una decisión y ven con ella a Mí, a tu interior. Pues no estoy únicamente para ayudarte a reconocer, sino que Mi propósito es liberarte de aquello que aún te dificulta vivir el amor más que antes. Yo soy la solución de todos tus problemas, pues no existe una fuerza mayor que la que Yo soy: ¡Jesucristo, el amor en el Padre!


Por eso Me dirijo a ti, hermano Mío, y a ti, hermana Mía, en representación de los numerosos hijos humanos Míos que todavía no han encontrado acceso a Mí en la medida que anhela su alma, porque recibieron una imagen falsa de Dios que les dificulta reconocerme como el amor y vivir Conmigo. ¡Soy completamente diferente de como piensas! No permitas que una idea falsa determine tu vida y tu conducta.

Cuando Me presento ante ti como hermano en Jesucristo, no existe amigo más amoroso ni hermano más fiel que Yo. No existe maestro más comprensivo ni mejor piloto capaz de conducir el barco de tu vida a través de las adversidades de este tiempo. Si tienes reservas, te pido: ¡ponme a prueba! Caminemos juntos durante algún tiempo. ¿Qué riesgo corres? ¡El amor te extiende la mano! Tómala, sostenla con firmeza y aventúrate Conmigo.

No necesito más que tu esfuerzo y tu entrega infantil. No tienen que ser palabras hermosas; abre tu corazón ante Mí, háblame de tú a tú; deja que fluyan tus sentimientos e imagina que Yo estoy frente a ti. La luz te inunda. Ante ti están tu confianza, tu protección y tu seguridad; ante ti está tu vida. Tómalas y libera así las fuerzas insospechadas que se encuentran dentro de ti.

Hace mucho tiempo su ciencia reconoció que la fe puede liberar energías con las que la persona logra cosas que antes consideraba imposibles. Pero si la fe por sí sola puede conseguirlo, ¡cuánto más puede hacerlo el amor, Mi amor! Ya está dentro de ti y espera ser avivado en una medida mayor que hasta ahora. Es el combustible incomparable capaz de elevarte, sacarte de la pesadez y las dificultades y llevarte hacia la luz.

En el camino de regreso a la casa del Padre deseo ser tu guía. Entrégate a Mí y confía en Mí. Ciertamente, tus preocupaciones y problemas no se resolverán de un minuto a otro, pero Yo encaminaré las cosas. Y la paz que entre en tu corazón, la seguridad que percibas y la calma que se extienda dentro de ti serán Mi paz, Mi seguridad y Mi calma. Es Mi amor dentro de ti, que crece cada vez más mediante tu esfuerzo y Mi ayuda.

Irradio hacia ti todo Mi amor y vuelvo a llamarte, penetrando hasta lo más profundo de tu corazón: ¡ponme a prueba! Recorramos juntos el camino que llamo camino real, porque es el único camino verdadero que conduce de regreso a la eternidad, a la perfección y a la gloria.

Necesito un sí, aunque sea pequeño. Esto Me basta. Ante ti está la tierra luminosa de la libertad, en la que deseo entrar contigo si este es también tu deseo. Alégrate por ello.

Levanto Mis manos y, como Padre, bendigo a Mis hijos e hijas, y como Cristo, a Mis hermanos y hermanas; hago fluir hacia ellos Mi fuerza, favorezco su comprensión, fortalezco su confianza y convierto en llama el amor que llevan dentro.

Yo soy quien los hace fuertes. Yo soy quien los ama por toda la eternidad. ¡Yo soy el que soy!

Amén

Revelación divina

Una vez más estoy ante ustedes. Mantengo Mi mano sobre su cabeza y dejo que Mi fuerza y Mi amor fluyan hacia ustedes. Veo cómo sus corazones vuelan hacia Mí, cómo vuelve a encenderse su amor hacia Mí y cómo pronuncian nuevamente en su interior el sí que Me dan.

¡Oh, manténganlo y pronúncienlo conscientemente una y otra vez! Y cuando —como tiene que suceder algunas veces— su camino parezca pedregoso y lleno de espinas y atraviese valles aparentemente carentes de luz, entonces, les digo y prometo, Yo, su Cristo, su Señor y Dios, estaré especialmente cerca de ustedes.

Precisamente entonces, no dejen de recordar Mi presencia y Mi ayuda; pondré en su conciencia con luminosa claridad estas palabras: «¡Tu Señor y Dios, tu Salvador, está contigo, hijo Mío!».

Y en verdad: ¡Yo estoy contigo!

Aunque mucho de lo que todavía tienen por delante en su camino requiera confianza, valor, paciencia, entrega y amor, les digo: procuren hacerlo todo con amor, envolverlo todo en amor y mantenerse siempre conscientes de Mi presencia; y les digo que crecerán paso a paso. Dentro de ustedes habrá cada vez más luz y claridad, y en su interior amanecerá la mañana de su nueva vida consciente Conmigo y con Mi amor.

Váyanse, pues; Yo los sostengo y ustedes Me sostienen.

Amén