Antecedo la revelación de hoy con unas palabras que encontré hace pocos días en el folleto «El camino hacia una conciencia superior». El contenido del folleto 1) y de muchos otros escritos fue recibido por Eva Bell-Werber. Lo que allí se reveló corresponde tan acertadamente al contenido de la última revelación, del 20 de mayo de 2024, que no pude resistir la «tentación» de incluir aquí el texto. Decidan ustedes mismos.
Tú, amada mía, comienzas ahora a reconocer y comprender que aquello que está dentro de ti, lo que el mundo exterior no ve, es mucho más real que el mundo de la conciencia exterior.
Aquello de lo que hablo es el Gran Ser que vive dentro de ti, que vive y actúa por medio de ti, que piensa mediante tu intelecto y habla con tus labios.
Esta eres TÚ, tu alma viva. Dentro de tu alma habito YO —ESPÍRITU—, y en la medida en que aprendes a establecer contacto conmigo mediante la conciencia de tu alma, puedo pensar a través de tu intelecto y pronunciar por medio de tu boca mis palabras de amor y sabiduría.
Deberías prestar mucha atención a este pensamiento y, cuando descansemos del calor del día junto al estanque cristalino, revelaré ante ti su profundo significado. (Este descanso y contemplación de la palabra dada es de la mayor importancia).
Cuando descanses de esta manera, nunca dejes de hacerte consciente de que mi santa Presencia te rodea y te transmite una comprensión que va mucho más allá de las palabras que acabas de leer.
Tu conciencia del Poder dependerá de que aceptes y realices plenamente esta enseñanza. Cuando llegues a reconocer por completo que lo físico es solamente la envoltura exterior del alma y del espíritu, habrá a tu alrededor un brillo, un resplandor semejante a una Luz que brilla en una noche oscura.
Las personas con quienes te relacionas a diario percibirán ese resplandor interior. Dirán de ti que posees aquello que llaman «personalidad»; de ti emanará una fuente de juventud y alegría.
Como alma no naciste ni morirás jamás. Cuando vivas en este estado de conciencia, poseerás un saber seguro, una percepción profunda que influirá en toda tu vida exterior. Verás cómo tu vida en el plano exterior alcanza una armonía como nunca antes.
Amada mía, es tan necesario que nos tomemos tiempo para cultivar este crecimiento y desarrollo interiores. No dejes pasar un solo día sin apartarte del parloteo exterior y del ruido del mundo material que te rodea, para que Yo pueda renovar dentro de ti tu fuerza y regalarte Mi poder espiritual.
Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, cuando decidí ir Yo mismo a la Tierra y, después de una preparación minuciosa, el aspecto de Mi Amor encarnó en el hombre Jesús de Nazaret, la conciencia de las personas había alcanzado un punto muy bajo. Las fuerzas de las tinieblas habían conseguido influir y, con ello, seducir a las personas de tal modo que ya no podían detener el deterioro de sus almas mediante su propio esfuerzo.
Les faltaban tanto los conocimientos como la fuerza necesaria para cambiar interiormente de rumbo, modificar su pensamiento y dar así a su vida una nueva dirección que las condujera de regreso a Mí. Durante períodos infinitamente largos, la oscuridad había hecho todo lo posible por provocar semejante situación. Ahora parecía que podría realizar su propósito.
¡Pero Yo no pierdo nada de lo que una vez creé! Y Mis posibilidades superan todo cuanto, a pesar de su inteligencia, puedan calcular quienes luchan contra Mí y contra Mi Creación: Yo mismo vine y llevé la solución a Mis hijos humanos caídos al redimirlos, al liberarlos de las cadenas que ellos mismos se habían puesto; aunque no lo hicieron con plena conciencia, sino con un pensamiento fuertemente enturbiado por la influencia de Mi enemigo y el de ustedes.
Quien lo deseara podía emprender nuevamente el camino de regreso a casa.
He abordado conscientemente una vez más este punto, que no les resulta desconocido, porque representa algo absolutamente central en cuanto al sentido de su presencia aquí. Solo cuando hayan comprendido de verdad, en lo profundo de su entendimiento, de qué se trata, estarán en condiciones —si así lo desean, ¡tienen libre albedrío!— de configurar su vida con plena conciencia y por decisión propia de manera distinta a como lo hicieron en el pasado.
Siempre que exista la necesidad de hacerlo, añado con una leve sonrisa. Pero, si se mide con Mi mandamiento del Amor —fácil de formular, aunque no tan fácil de llevar a la práctica— y con los obstáculos que su vida pone repetidamente en su camino todos los días, esta sonrisa bien puede estar justificada…
Las fuerzas contrarias consiguieron presentarse a sí mismas como no tan malas ni peligrosas; o —algo muy extendido debido a una instrucción falsa o incluso a la completa falta de instrucción— ridiculizar la creencia de que existan poderes invisibles, malignos, hostiles y vergonzosos: «Es un necio alejado de la realidad quien cree en algo semejante».
Sin embargo, todo aquello con lo que tienen que enfrentarse está relacionado con el hecho de que, casi sin interrupción —y por regla general sin que lo adviertan—, son observados desde lo invisible; y con que se intenta impedirles dar los pasos que, como proceso de aprendizaje, pueden fortalecer su alma y ampliar su conciencia. El principal interés consiste no solo en obstaculizarlos, sino, en lo posible, en moverlos a una conducta que ciertamente sirva a su ego, pero que no beneficie a su alma e incluso la perjudique.
La buena noticia es esta: no solo hay seres negativos a su alrededor; también están allí sus seres queridos procedentes de la Luz. Su ángel de la guarda, por ejemplo, mantiene una unión ininterrumpida con ustedes, y muchos de sus amigos que pasaron al más allá antes que ustedes están dispuestos a ayudarlos, siempre que estén en condiciones de hacerlo, lo cual depende, a su vez, de manera decisiva de ustedes mismos. Recuerden la ley espiritual según la cual lo semejante atrae a lo semejante.
Para quienes aspiran a desarrollar su alma de Mi mano es importante saber que se hace todo lo posible por dificultárselo tanto como sea posible. Y como se conoce tan poco al respecto, abordo este punto aquí.
En general, la Caída y sus consecuencias tienen una importancia tan decisiva que, si no se reconoce, lleva inevitablemente a hablar de algún modo sobre el diablo, pero a no pasar de allí. A la inmensa mayoría ni siquiera se le ocurre establecer una relación con aquello que, bajo la influencia invisible de fuerzas negativas, hace difícil su vida de vez en cuando.
Hagan consciente una y otra vez lo siguiente:
Las fuerzas de las tinieblas necesitan energía. Como no la reciben de Mí para sus acciones contrarias a la ley, la obtienen de los seres humanos y, allí donde es posible, también de seres espirituales. Este es un proceso que ocurre desde hace muchísimo tiempo y que continuará hasta que, en un futuro lejano, vuelvan a disolverse los ámbitos extracelestiales y finalmente todo vuelva a estar unido en Mi Amor.
Pero todavía existe una lucha incesante por la energía. Y ustedes están en medio de ella.
¡Pero no están solos! Sin embargo, este conocimiento no los ayudará ni les dará consuelo si lo dejan reducido a algo que han oído decir. Por una parte, debe estar profundamente arraigado dentro de ustedes que son seres espirituales poderosos, capaces de oponer al tentador Mi fuerza de Amor; por otra, deben saber cómo hacerlo y cómo reconocer que se colocan piedras en su camino, algo que casi siempre sucede de una manera tan sutil que lo advierten tarde o, con frecuencia, no lo advierten en absoluto.
Si su meta es ir de aquí hasta allá, deben ponerse en movimiento.
Si su meta es crecer paso a paso en el alma, de Mi mano, entonces algo debe transformarse. Un cambio de conducta es una condición necesaria; de lo contrario, seguirán siendo los mismos de antes. También lo sabe quien no desea su desarrollo. Por eso hará todo lo posible sin cesar —como lo hace desde la eternidad— por impedir, con todos los medios a su alcance, que el ser humano modifique su conducta.
Y por eso el cambio de conducta es tan decisivo, porque sin él no puede alcanzarse ninguna meta. La instrucción es buena y necesaria; es, como ustedes dicen, «hermosa e importante», ¡pero debe ir seguida por la puesta en práctica! De lo contrario, será y seguirá siendo una palabra vacía que quizá aumente sus conocimientos, pero nada más. Sin la acción no produce una transformación profunda. Y la acción continúa llamándose: ama, y nada más.
Pero la influencia negativa sobre el ser humano no comienza únicamente cuando este procura llevar a la práctica Mi mandamiento, sino mucho antes. Porque, para transformar algo, primero se necesita reconocer que la conducta antigua no concuerda con lo que Yo enseñé y sigo enseñando. Para facilitar este conocimiento, sí, para hacerlo siquiera posible, con gran frecuencia entro en detalles en Mis revelaciones.
Sin ver la necesidad de que, conforme al Amor, algo debe hacerse —en este caso incluso tiene que hacerse— de manera distinta que en el pasado, falta toda motivación para aspirar a una nueva manera de ver las cosas. Naturalmente, el bando contrario también lo sabe. Por eso, desde siempre hace todo lo posible para impedir cualquier forma de conocimiento de uno mismo, y con gran éxito.
Al fin y al cabo, tampoco resulta especialmente alentador tener que reconocer que, en este o aquel punto, en realidad uno no vive de acuerdo con aquello que, como cristiano, sabe y cree en el fondo. A menos que el deseo de acercarse cada vez más a Mí en el interior ya sea muy fuerte. Entonces, esos conocimientos producen muy a menudo un impulso interior que, a pesar de todo el trabajo necesario, no pocas veces también está ligado a la gratitud.
Como no solo es importante, sino necesario, mirarse a sí mismo, el camino hacia Mi corazón también recibe el nombre de «camino del conocimiento de uno mismo».
Para los «seguidores del Nazareno», como se llamaba entonces a los primeros cristianos, esto era natural. Durante muchas décadas conservaron el conocimiento que Yo había dado a las personas y lo vivieron. Todo marchó bien hasta que las fuerzas contrarias consiguieron diluir progresivamente Mi enseñanza y finalmente tergiversarla, algo que alcanzó su punto culminante en la Edad Media, cuando en Mi nombre —¡en el nombre del Amor!— se perseguía y mataba a quienes profesaban otra fe.
De lo que Yo llevé a las personas como Jesús de Nazaret solo quedó la envoltura. El contenido fue deformado, y todavía lo está, hasta tener apenas algo en común con Mi verdad, que, con todo Su Amor, es consecuente y no admite concesiones.
En su lugar, se inventaron normas y reglas consideradas necesarias para la salvación, que nada tenían ni tienen que ver con lo que Yo enseñé y viví como ejemplo. El cumplimiento de esas leyes e instrucciones, establecidas por seres humanos bajo la influencia de las fuerzas oscuras, no solo fue presentado como sumamente importante; no practicarlas también fue castigado con frecuencia, muchas veces con la muerte.
Unas personas prescribían a otras cómo debían vivir como cristianas. Y no solo lo prescribían entonces: siguen prescribiéndoselo hoy a sus semejantes. Estos, a su vez, apenas conservan posibilidades, o solo con mucha dificultad, de buscar y encontrar la verdad. Tampoco poseen ya la fuerza ni el conocimiento necesarios para reconocer que Mi enseñanza estaba libre de toda forma de pensamiento basado en méritos, condenación y generación de miedo.
El hecho de que hoy, en algunas de las numerosas religiones cristianas, ya no se vean confrontados con ello no necesariamente significa que hayan desaparecido las enseñanzas que Me presentan como el Juez. Pero, como dicen ustedes, ya no se proclaman a los cuatro vientos. Y esto por una buena razón.
No puedo subrayarlo con suficiente frecuencia: Yo enseñé el Amor y expliqué mediante numerosos ejemplos y parábolas qué significa amar a Dios, al prójimo y a uno mismo.
Hoy es posible ser cristiano, o al menos sentirse como tal, y al mismo tiempo no tomar del todo en serio la esencia de Mi enseñanza; en el peor de los casos, incluso ignorarla. Naturalmente, está claro que no es fácil pensar y vivir con mayor o menor rigor y firmeza como Yo lo hice, y como lo hicieron Conmigo quienes Me siguieron seriamente y anunciaron Mi Amor infinito mediante su vida y su ejemplo.
Para renovar el conocimiento suprimido, muchos seres espirituales encarnaron especialmente en su época. Inspirados por Mí, transmiten Mi palabra desde hace muchos años y décadas. Aunque los contenidos poseen los rasgos individuales de quienes reciben la palabra, no es difícil reconocer la verdad en ellos cuando tratan de Mi Amor desinteresado.
Y este les recordará una y otra vez que actualmente están encarnados como alma dentro de un ser humano y que esa persona se encuentra en la Tierra para aprender; cada una a su manera y bajo circunstancias destinadas para ella.
A este proceso de aprendizaje, que en el fondo es un proceso de maduración, pertenece el conocimiento de uno mismo ya mencionado, al cual siguen la decisión y luego la transformación. Al final de este camino surge finalmente un ser humano nuevo; en realidad, un ser nuevo, pues la existencia humana terrenal solo sirve y sirvió para acelerar el proceso de desarrollo del alma más de lo que resulta posible en el más allá.
El llamado «destino» —saben que «lo que uno mismo provoca» sería una expresión más acertada— tiene numerosas posibilidades de apoyarlos en el necesario conocimiento de sí mismos. Al final, siempre conduce a que haya un cambio de conducta. En el caso ideal, la persona no espera hasta que el destino comience su labor para llevarla a este punto. Como permanece atenta, reconoce las muchas indicaciones grandes y pequeñas que recibe. Y entonces decide transformar para bien, hacia lo positivo, algo en su conducta y quizá, en mayor medida, también en su vida.
Entonces, Mis amados, entran en acción fuerzas de las que saben poco o nada, pero que existen, que están constantemente a su alrededor y que los ayudan a avanzar de manera consecuente en la nueva dirección elegida. Y al frente de todos los seres buenos que se alegran porque se han vuelto conscientemente hacia la Luz estoy Yo, su Hermano divino, el Amor en el Padre.
El empeño de la oscuridad ha sido siempre impedir el crecimiento de las almas encarnadas. Porque cada alma que aumenta su Luz mediante un esfuerzo sincero por vivir Mis mandamientos significa para ella la pérdida, tarde o temprano, de un proveedor de energía. Por eso hizo y sigue haciendo todo lo posible para influir sobre ustedes de las maneras más diversas. Ha procedido paso a paso y con tal refinamiento —y continuará haciéndolo durante un tiempo imposible de prever— que muchas cosas ya ni siquiera se reconocen como incumplimiento de Mis mandamientos.
Mediante Mi palabra revelada de hoy quiero sensibilizarlos para que vuelvan a «mirar» dentro de ustedes. Y deseo profundamente que practiquen regularmente esta sensibilidad hasta que forme parte de su conducta diaria; que ya no pasen con demasiada rapidez, como sucedió tantas veces en el pasado y sigue ocurriendo, por encima de las muchas indicaciones y ayudas que cada día mantiene constantemente dispuestas para ustedes, para cada uno.
El camino de regreso hacia Mí recibe de Mí el nombre de «Trabajo Interior». Es trabajo, y no tiene sentido describirlo y enseñarlo como si fuera algo fácil que no exigiera a toda la persona. Pero las fuerzas del Cielo lo apoyan de una manera que supera su imaginación.
Esto es lo edificante y alentador que nunca podré recordarles con suficiente frecuencia: no existe nada capaz de resistir la fuerza de la Luz. Quien tiene al Cielo a su lado porque se esfuerza con corazón sincero, como ustedes dirían, «ya no tiene de qué preocuparse».
Pero esto presupone que reconozcan qué deben transformar; o que al menos tengan una idea de dónde deben tomar una dirección distinta de la seguida hasta ahora y comiencen luego a caminar en esa nueva dirección. Seguramente puede parecer más fácil dejar que una vida que transcurre por cauces relativamente ordenados continúe como hasta ahora. Pero ese no es necesariamente el camino que los ayuda a madurar interiormente.
Como esta maduración, este desarrollo, ha sido previsto por Mí para toda alma —pues si permanece tal como es actualmente, muchos de Mis hijos humanos no se acercarán al Cielo—, Mi ley se encargará en todos los casos de que, tarde o temprano, haya transformaciones en toda vida. Bendita es la persona que no espera a que estos pasos necesarios se inicien sin su participación, sino que, al reconocerse como un ser espiritual presente en la Tierra para crecer en el alma, hace lo que es importante para ese crecimiento.
Y esto siempre significa aprender a amar.
No es tarea de esta palabra revelada mostrarles detalladamente todo cuanto necesita transformarse en su conducta. En unos será más y en otros menos. Pero quiero decirles lo siguiente:
Por regla general, es mucho más de lo que creen. Pero con frecuencia tampoco se trata de grandes defectos de carácter o conductas profundamente arraigadas que esperan una transformación. Muchas veces se han acostumbrado, por ejemplo, a la manera en que tratan a otras personas. Entonces ustedes mismos ya no advierten que algo no está del todo bien. O piensen tan solo en el desorden que se introduce con tanta facilidad y rapidez si no permanecen atentos; y pueden incluir también la falta de orden en sus sentimientos y pensamientos.
¿Es posible que la debilidad para tomar decisiones también sea algo que debe observarse y transformarse? ¿O la falta de amor propio, que forma parte de Mi mandamiento del Amor? ¿Y los juegos de poder dentro del matrimonio y la familia? ¿Quién puede declararse libre de ellos? La falta de confianza en Mi Amor y Mi guía pertenece igualmente a las características que no corresponden a un hijo o una hija que se han reconocido como hijos de Mi Amor.
¿O todavía son demasiado orgullosos para pedir ayuda cuando la necesitan? ¿Y qué sucede con la capacidad de pedir perdón? ¿Y con perdonar a otros sin que quede un «residuo»? Si realmente confían en Mí, las preocupaciones por su existencia y su futuro deberían resultarles desconocidas. ¿Ya han llegado tan lejos? ¿Y no los atormentan de vez en cuando el orgullo, la envidia, los celos y muchas otras cosas? La lista podría prolongarse indefinidamente…
Ven, Mis amados, que en cada uno todavía hay bastantes cosas que esperan ser observadas y trabajadas con Mi ayuda. Esto no es tan grave como para que pierdan el valor y se sientan pequeños e indignos. Son Mis fuertes hijos e hijas, habitantes eternos de un Reino cuya belleza no puede describirse. ¡Me tienen dentro de ustedes y a su lado! ¡A Mí, la fuerza más poderosa de la Creación!
Por tanto, no hay motivo alguno para «dejar caer las alas», como dicen ustedes. Pero deben reconocer que no basta con creer en Mí ni con pertenecer a una comunidad religiosa de personas que piensan de igual manera. Se trata siempre y exclusivamente de llevar a la práctica en su vida cotidiana, mediante un cambio de conducta, lo que adquirieron a través del conocimiento. Felices son quienes no necesitan el conocimiento, o apenas lo necesitan, para tomar las decisiones necesarias y dar los pasos requeridos, porque el amor hacia Mí es dentro de ellos el motor más poderoso que determina su vida.
Y como las fuerzas de las tinieblas reconocieron la importancia de un cambio de conducta, en el pasado hicieron todo lo posible para presentarlo ante sus ojos como innecesario. En cambio, inventaron reglas y normas que debían o tienen que observarse incondicionalmente como boletos de entrada al Cielo. Y su táctica alcanzó un éxito nada pequeño.
La interpretación falsa de la ley de la siembra y la cosecha las ayudó en ello. Esta todavía se encuentra en sus Escrituras, pero se interpreta como si el ser humano solo fuera a cosechar después de su llamada muerte aquello que sembró durante toda su vida anterior. Y como también les quitaron la tarea de pensar y declararon que sus doctores de la ley eran los responsables de interpretar estas palabras —y no solo estas—, casi nadie reflexiona ya sobre la posibilidad de que algo fundamental no pueda ser correcto.
La ley de causa y efecto no espera hasta que la persona cierre definitivamente los ojos en su vida actual. Trabaja conforme a Mi santa voluntad, que también contiene la justicia como parte de Mi Amor. Esta justicia no necesita esperar para entrar en vigor. Por eso, cada uno de Mis hijos humanos vive sujeto a esta ley desde su primer aliento, a menos que alguien crea en la «casualidad», es decir, en un acontecimiento al que nada precedió y que aparece de repente «sin motivo alguno»…
¡Usen su entendimiento, Mis hijos e hijas!
Hay mucho en qué reflexionar. Las tergiversaciones de Mi adversario y el de ustedes tienen profundas consecuencias. Pero ahora sus ojos están abiertos. ¡Manténganlos abiertos! Llegará un tiempo que no podrá superarse, o solo podrá superarse con dificultad, con los ojos cerrados. Se requiere su atención en todos los sentidos, pero también su reflexión y su disposición a reconocer la necesidad de cambiar su conducta; y después, a reunir el valor y la fuerza para emprender Conmigo esas transformaciones.
Amén
1) Eva Bell-Werber, «El camino hacia una conciencia superior», VERLAG DEM WAHREN-SCHÖNEN-GUTEN, 7570 Baden-Baden, edición de 1992.