← Hans Dienstknecht

El anhelo es la llave

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Die Sehnsucht ist der Schlüssel

Fecha original: 29 de julio de 2023

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, ustedes saben que ninguna alma ni ningún ser humano se perderá, pues se lo he dicho repetidamente en numerosas revelaciones. Es, por así decirlo, uno de los puntos centrales de Mis enseñanzas, porque esta realidad es importante para la disposición con la que recorren el camino hacia Mí y Conmigo. Si no se limitan a escucharla, sino que también la interiorizan, les brinda una gran medida de serenidad y confianza.

Algunos se preguntaron en el pasado, y todavía lo hacen, por qué estoy tan seguro de que todos regresarán a Mí y por qué también ustedes pueden tener la certeza de que volverán a su patria eterna. Al fin y al cabo, di a todos el libre albedrío, en el que jamás intervengo. Por tanto, al menos en teoría, tendría que ser posible que un alma decidiera «por toda la eternidad» rechazarme o incluso luchar contra Mí.

Pero esto no puede ni podrá suceder pese al libre albedrío, tampoco en el caso de quienes, en primera línea y tanto en las regiones anímicas como en la materia, intentan todo lo posible para destruir partes de Mi Creación y mantener sus almas atadas a ellos durante muchísimo tiempo. La imposibilidad de que Mis hijos se alejen de Mí de forma permanente —para siempre— tiene una razón especial.

Todo lo que creé lo hice a Mi imagen. Para ustedes no es fácil comprenderlo y, en toda su profundidad, les resulta imposible captarlo, porque tuvo y sigue teniendo lugar en dimensiones a las que la mente humana no tiene acceso.

Pero sí podrán comprender lo siguiente: deseé tener a Mi lado criaturas con las que pudiera comunicarme, lo cual presupone que —con excepción de un punto— estuvieran, por así decirlo y en mayor o menor grado, «a Mi altura». Les cuesta imaginarlo porque siempre se ven únicamente como seres humanos con posibilidades y capacidades limitadas, y no tienen la menor idea de las enormes fuerzas que poseen como seres espirituales. ¡Son creadores en pequeña escala! Sin embargo, su nivel actual de desarrollo, encarnados como almas en un cuerpo humano, tampoco permite una contemplación más profunda y amplia. Por eso les doy Mi palabra esclarecedora.

Cuando digo «con excepción de un punto», Me refiero a que Yo Soy el Uno, la fuente, el Omnipresente, el Eterno, Aquel que siempre fue y siempre será, el amor que todo lo abarca. Todo surgió de Mí, de este único punto central de cuanto existe. Con este conocimiento seguramente se comprende que haya cumplido Mi deseo de conservarlo todo para siempre. Esto incluye hacer regresar a quienes Me abandonaron. Naturalmente, también se aplica a quienes se encarnaron desde los cielos para ayudar a sus hermanos y hermanas terrenales y quizá se «enredaron» al hacerlo y no volvieron inmediatamente a casa.

Puse Mi amor en cada criatura, esa chispa de energía que mantiene la vida y sin la cual nada puede existir (1). Aunque esta chispa se reduce mediante una conducta contraria a Mi ley del amor, jamás puede apagarse en nadie. Forma parte de la «garantía» que todos llevan en sí y contribuye a que ninguno se pierda. Pero existe otro elemento que, junto con la chispa, garantiza el regreso:

Es el anhelo que también sembré en cada uno y que, al igual que la chispa de energía, no puede ser afectado permanentemente por nada ni por nadie. Ambos garantizan juntos que Mi Creación, actualmente todavía dividida, volverá a estar unida algún día.


Quiero hablarles acerca de este anhelo. Naturalmente, el bando contrario también lo conoce y sabe el peligro que representa desde su perspectiva; por eso hace todo lo posible para que el ser humano y también las almas que viven en sus regiones no tengan acceso a él. Pero no lo conseguirá a largo plazo, pues, pese a toda su fuerza, influencia y astucia, nada puede oponer a las posibilidades de las que Yo dispongo.

¿Cómo proceden las tinieblas? ¿Han reflexionado alguna vez al respecto? Quien no conoce su proceder, ni siquiera aproximadamente, se encuentra en una posición casi perdida. A ello se añade que la imagen que tienen del diablo, del mal, del tentador —o cualquiera que sea el nombre que utilicen— es tan imprecisa, distorsionada y hasta equivocada que él se ríe en silencio cuando alguien advierte acerca de su existencia. No poca culpa tienen las iglesias, que les presentan una imagen de Mi adversario y el de ustedes que ni remotamente corresponde a aquello con lo que realmente se enfrentan. Por ello, el peligro que representa para ustedes se ha reducido casi a «cero» en su conciencia, si acaso llegan a sospecharlo.

Uno de sus métodos consiste en distraerlos. Es su método preferido; y le resulta tan fácil y le proporciona tanto éxito porque logró llenarlos de toda clase de cosas. Sus ofertas son tan numerosas que ya ni siquiera consiguen mirarlas todas ni ocuparse detenidamente de ellas. Pero aquello que «se queda» en ustedes basta para relegar lo espiritual a un segundo plano. Las muchas posibilidades que su época ofrece mediante la tecnología le resultan muy convenientes, tanto más cuanto que fue él quien las creó.

Alcanzó lo que pretendía: apenas les queda tiempo para ocuparse de su desarrollo espiritual. El día está repleto de toda clase de acontecimientos y noticias, de trabajo y entretenimiento. ¿Queda todavía espacio para ocuparse de Mí y de ustedes mismos? ¿De las preguntas importantes de su vida y de su desarrollo anímico? ¿De las preguntas que les presento continuamente durante el día, pero que no reconocen porque están «ocupados», incluso por la noche y muchas veces hasta muy tarde? ¿Y por ello no pueden ocuparse de las respuestas? ¿O no quieren hacerlo?

«Por favor, no pierdan el tiempo en el camino. No se demoren, porque el tiempo es breve. Aprovechen cada instante para vivir el amor», les dije no hace mucho por medio de uno de Mis instrumentos. ¿En qué pueden demorarse?

¡En cumplir las tareas que el día les presenta continuamente!

Muchos preguntarán cómo y dónde. Al hacerlo olvidan con demasiada facilidad aquello que ya les expliqué muchas veces:

En primer lugar, es tu prójimo quien te señala —no pocas veces las veinticuatro horas del día— dónde todavía existe algo que aprender. Es su conducta la que te molesta, te inquieta, te irrita o despierta oposición. O la que provoca en ti el deseo difícil de reprimir de tener que «ayudarlo de acuerdo con tus propias ideas».

En todos estos casos podrías aplicar a tu conducta la ley de la correspondencia, que dice: «Aquello que me molesta, irrita, etcétera, en mi prójimo también lo llevo todavía en mí de forma igual o parecida». Si reconoces esta directriz espiritual, expresado de manera coloquial, tendrás suficiente trabajo durante el tiempo que viene.


Cuando les digo que el anhelo es la llave que sembré en ustedes (2), no son palabras dichas al pasar. Les pido que las tomen muy en serio. Llevarlas a la práctica —aunque al principio solo sean «ejercicios» logrados en mayor o menor grado— puede convertirse para ustedes en la llave que los haga avanzar un gran paso desde su posición actual, que quizá ustedes mismos califiquen de reservada, hacia una relación interior entre ustedes y Yo, si ese también es su deseo.

En lo profundo de tu alma está sembrado el anhelo de Mí, de la unidad, de una relación íntima con el amor eterno. Como ser humano también podrías decir: «Dios lo puso en mi corazón». Sea como fuere, forma parte de ti y tarde o temprano comenzará «su labor», si no lo ha hecho ya.

Esa labor consiste en recordarte que anhelas una relación amorosa y permanente Conmigo. Así es porque de ese modo te creé. Por tanto, tu anhelo no tiene que surgir de nuevo «de la nada»; solo necesita ser «activado», porque forma parte de ti desde que existes como ser espiritual. Solamente debes decir «sí» al deseo de estar más unido que antes a Mí y a tu patria eterna. Y todavía más: al deseo de regresar a esa patria eterna tan pronto como sea posible.

De manera limitada, esto ya puede suceder durante la vida, dependiendo de la seriedad con la que inicies y continúes este proceso. Pero con toda seguridad será tu meta cuando cierres los ojos terrenales para entrar en un mundo que tú mismo creaste mediante tus decisiones y esfuerzos: un mundo lleno de luz y amor, en el que comprenderás que dejaste atrás el tramo más difícil del viaje de regreso a casa.

Quizá ahora comprendas la importancia de este aspecto de Mi redención y de Mi obra de hacerlos regresar. Las fuerzas negativas no pueden influir realmente ni de manera permanente en él, por mucho que se esfuercen. Junto con Mi chispa de amor, es y seguirá siendo la garantía de que volveré a estrecharte entre Mis brazos.

Tu anhelo puede ayudarte —y te ayudará— a decidirte por el regreso a casa y a emprenderlo a Mi lado o a recorrerlo con mayor intensidad que antes. En todo caso, saciaré tu anhelo si ese también es tu deseo. Porque te amo y te espero.

Amén

(1) Por cierto, esta es la única explicación lógica de por qué solo necesitamos cerrar los ojos y volvernos hacia nuestro interior para estar con Él, nuestro amado Padre. Él vive en el ser humano, algo que ningún otro ser espiritual puede afirmar de sí mismo. Allí puede encontrársele en cualquier momento y sin demora alguna, mucho antes y con mayor rapidez que en un «edificio eclesiástico de piedra», donde, de todos modos, solo podemos encontrarlo en nosotros mismos. Es posible que nos ayuden las energías positivas acumuladas allí a lo largo de décadas y siglos, pero a Dios lo encontramos exclusivamente en nuestro interior.

(2) El anhelo es la llave que te permite encontrar

¿Realmente quieres encontrar, hijo? Entonces ponte en camino
y avanza buscando, paso a paso, por tu senda.
¡Y encontrarás! Porque la huella que te dejo
te conduce de regreso a Mí. ¿Aún esperas? ¿Qué esperas?
¿La búsqueda te parece difícil, llena de esfuerzo y carga?
¿Cómo quieres encontrar si permaneces inmóvil y lleno de dudas?
¿Si, en vez de buscarme, recorres tus propios caminos,
aquellos que elegiste por libre voluntad?
Dije que todo el que Me busca Me encontrará.
Por tanto, no puede existir duda alguna de que así sucederá
y de que Mi corazón atrae hacia sí también a ti y a cada uno
que ama y, lleno de anhelo, se abandona en Mí.
El anhelo es la llave que te permite encontrar,
y Yo Soy quien lleva en ti tu esfuerzo.
Yo Soy quien se mueve con fuerza y consuelo en tu interior,
y cuando vacilas, Yo te sostengo firmemente.
¿Quieres encontrarme, hijo? Entonces ven y da el paso,
deja fluir libremente tu anhelo y no vaciles;
encuéntrate así de nuevo contigo y Conmigo, en la luz.
Y, suceda lo que suceda, ten la certeza: ¡Yo voy contigo!

Del poemario «Confía en el suave sonido de tu corazón» (Hans Dienstknecht)