Revelación divina
Yo, su Padre celestial y Creador de todo cuanto existe, he entrado en esta habitación junto a Mis hijos, porque Me siento atraído hacia quienes Me invitan a estar en medio de ellos. Irradio hacia sus corazones abiertos; percíbanme en su interior, sientan el silencio sagrado y advertirán cómo se transforman, porque elevo su conciencia.
En todos los lugares donde elevo Mi palabra están presentes innumerables hermanos y hermanas de ustedes procedentes de los ámbitos de las almas, pues también ellos tienen sed de Mi amor y del camino que los conduce de regreso al hogar, hacia la luz. Por eso hoy les hablaré sobre un tema que tiene la misma importancia para Mis hijos del más allá y del más acá.
En verdad, viven en un tiempo en el que muchos valores están siendo invertidos y aumentan la violencia y los clamores de guerra. El mundo contempla perplejo una evolución que, como ya presienten muchos, no terminará bien. A las personas les resulta difícil, incluso imposible, reconocer la acción de Mi amor en todos estos acontecimientos. La inseguridad y el miedo se extienden en ellas y caen en la incredulidad porque ya no logran encontrarme en el caos del mundo. Preguntan, se lamentan y claman en su desesperación: «Dios, ¿dónde estás, si en verdad existes? Y si existes, ¿por qué no intervienes? ¿No ves la miseria y la necesidad? ¿No ves hacia dónde se dirige el barco?».
En verdad, les digo: todos estos gritos de auxilio, todas las oraciones y también todas las acusaciones llegan a Mis oídos y a Mi corazón. Me duele ver cuántos hijos pierden la fe en Mí y Me niegan. Y esto sucede únicamente porque no pueden reconocer en estos acontecimientos Mi amor, que actúa en todo.
Pero Yo estoy en todo, pues sin Mí nada existe. Soy la vida en toda la Creación y, por tanto, también en todo cuanto sucede.
Como ya les he dicho varias veces, absolutamente todo está sujeto a Mi ley, ¡y Mi ley se llama amor! Mis hijos humanos no la comprenden porque tienen una imagen equivocada de Mi amor y de Mis leyes. Cuando oyen hablar de leyes, piensan en severidad y dureza. Sin embargo, orden es la expresión más apropiada: orden y justicia. Y sobre todo ello reina Mi misericordia.
Las tinieblas, que luchan desde la eternidad contra Mí y contra quienes son Míos, han logrado mantener a la humanidad en la ignorancia. Solo por ello pueden surgir las acusaciones contra Mí, la rebelión y el alejamiento, porque casi nadie conoce los trasfondos ni la actuación de Mi ley en cada acción, por pequeña que sea. Se contempla únicamente un período breve —una pequeña parte de una etapa de desarrollo muy prolongada— que quizá dure apenas unas horas o días, tal vez meses, años o incluso una vida entera, pero que aun así no es más que un diminuto eslabón dentro de una sucesión infinitamente larga de acontecimientos y vidas.
Quien dirige la mirada únicamente hacia un breve período no puede reconocer el conjunto y necesariamente llega a una valoración equivocada de Mis actos y de Mi amor.
Se les ocultó y se les continúa ocultando la interpretación correcta de la ley de causa y efecto; por eso, cuando hoy se habla de siembra y cosecha, las personas siempre lo proyectan hacia el futuro, porque casi nadie sabe que también tiene un pasado, posiblemente muy antiguo, que influye desde el ayer en el presente y determina el mañana.
Para valorar correctamente lo que sucede actualmente en su planeta no basta con contemplar únicamente unos cuantos años o décadas pasados. Deben tomar conciencia de que una cantidad infinita de cosas no expiadas actúa sobre su época. Quien desconoce las repetidas encarnaciones de las almas porque cree en una sola vida no puede comprender estas relaciones.
Ya les he explicado muchas veces que el alma continúa viviendo en los mundos del más allá y que, por decisión propia, aprovecha la posibilidad de una encarnación para vivir aquello que todavía desea o debe vivir, o que incluso la impulsa con fuerza a encarnar. En el caso positivo, la mueve el deseo de aprender y madurar; en el negativo, entra en una nueva vida terrenal con la voluntad de vengarse, propagar violencia, sembrar odio y acumular y ejercer poder.
La oportunidad de volver a nacer en la carne procede de Mi gracia. No constituye un castigo; es la ayuda que ofrezco a Mis hijos para que se perfeccionen paso a paso. Pero el bando contrario aprovecha la posibilidad de la reencarnación para sus propios fines.
Quien no reconoce o no aprovecha las numerosas oportunidades que la vida le ofrece para crecer interiormente con Mi ayuda, y quien posiblemente se carga todavía más de lo que ya estaba, tarde o temprano entrará en una nueva vida terrenal, después de haber permanecido durante cierto «tiempo» en el más allá.
Es un ciclo que se extiende desde la vida en la Tierra hacia una existencia en los mundos sutiles, después hacia otra vida terrenal, un nuevo regreso al más allá y así sucesivamente. Es una rueda dentro de la cual se encuentran muchas almas desde hace eones, porque no quieren o no pueden reconocer la necesidad de seguir desarrollándose y, por tanto, tampoco toman las manos dispuestas a ayudarlas que se extienden hacia ellas para liberarlas de su estado.
Pero en una vida terrenal no solo se lleva a cabo la maduración, sino que muchas veces esta también está vinculada con saldar cargas anteriores. Esto significa que aquello que se causó en vidas pasadas y no se reparó o no pudo repararse, es decir, la culpa que un alma asumió, puede manifestarse en la vida siguiente o incluso en una vida posterior. Y con gran frecuencia el alma o la persona vuelve a encontrarse con aquellos con quienes estuvo envuelta en disputas y discordias de cualquier clase durante vidas anteriores.
Este proceso, muchas veces muy prolongado, de enfrentamientos repetidos y sometido a la ley de atracción, no corresponde a Mi voluntad, pues deseo que Mis hijos encuentren el camino de regreso al hogar.
Esa es también una de las razones por las que doy al mundo enseñanza tras enseñanza. La amplitud del tema es tan infinita y sus facetas tan numerosas que siempre puedo transmitir a Mis hijos únicamente fragmentos, porque su conciencia todavía no basta para reconocer en toda su profundidad la compleja relación del conjunto. Pero quien se esfuerza por estudiar Mis palabras, que doy desde hace cientos de años en muchos lugares de esta Tierra, reconocerá la imagen que poco a poco se completa; aprenderá a seguir el hilo conductor que atraviesa los siglos y milenios. Y llegará a comprender.
El ciclo de la vida y la muerte tiene que interrumpirse, pues de lo contrario el alma no puede encontrar el camino hacia la luz. Pero ¿cómo puede interrumpirse si se responde a la violencia con violencia, al odio con odio y a la falta de reconciliación con más falta de reconciliación? ¿Si las personas, por falta de esclarecimiento, no conocen ni buscan otra solución que actuar contra su prójimo con los medios conocidos de su conducta equivocada anterior —también y especialmente los medios bélicos— y cargar así con nueva culpa? Y la rueda continúa girando y girando…
¿Pueden imaginar por qué sucede esto? ¿Quién mantiene la rueda en movimiento? Si no soy Yo, solo existe una respuesta: es Mi adversario y el de ustedes, que vive de las energías liberadas mediante la opresión, la hostilidad, los conflictos, la necesidad, el miedo y muchas otras cosas.
Por tanto, lo que sucede hoy en su mundo no es más que la encarnación, ahora como victimarios, de quienes fueron víctimas en épocas anteriores; de quienes durante su permanencia en los mundos del más allá no pudieron reconocer ni quisieron perdonar. La humillación y la ira por aquello que les hicieron los dirigen desde su interior, desde su alma. El «juego entre victimario y víctima» se repetirá, intercambiando cada vez los papeles, hasta que por lo menos una de las dos partes llegue a comprender y deje de participar en este «juego» que rechaza toda reconciliación.
¿Cuál es entonces la manera correcta de proceder para aliviar y finalmente resolver el problema descrito? ¿Tengo que recordarles que como Jesús de Nazaret enseñé y viví la no violencia? ¿Que enseñé el amor a los enemigos? Probablemente no. Pero sí puedo hacerlos conscientes de que, si se esfuerzan por seguir Mis huellas, la no violencia forma parte de aquello que deben ejercitar hasta poder finalmente practicarlo.
Pues si quienes desean seguirme no ponen fin al giro interminable de la rueda de causa y efecto extendiendo la mano para reconciliarse —aunque ante los ojos de otros parezcan perdedores y débiles—, si no son ellos, ¿quién habrá de hacerlo? ¿Acaso quienes Me aman de corazón —y no se limitan a llevar Mi nombre en los labios— y llevan en su corazón el deseo de paz no deben ser también capaces de retroceder alguna vez un paso?
La rueda no puede detenerse ni habrá paz en su Tierra sino mediante corazones grandes y valientes que perdonen y pidan perdón, que renuncien a devolver el golpe aun aceptando aparentes desventajas momentáneas. Mi misericordia espera poder actuar en una medida mucho mayor que hasta ahora en cuanto reconozca en los corazones la disposición de comprenderse y reconciliarse. Sin embargo, en muchísimos casos la voluntad obstinada de la persona impide que Mi ley del amor pueda entrar en acción con mayor eficacia, porque el libre albedrío humano es sagrado para Mí y no lo toco. Les recuerdo Mis palabras: ¡a quien sirve a la ley, la ley le sirve!
Quienes creen en Mis enseñanzas y procuran llegar a la luz mediante su manera de vivir no piensan únicamente en la salvación de su propia alma, sino también en la de sus hermanos y hermanas que todavía no poseen este conocimiento ni estas ayudas y se encuentran indefensos ante su ignorancia y sus consecuencias. Y en verdad, les digo: en los mundos del más allá hay legiones y legiones de almas que viven en la oscuridad, impulsadas por su deseo de venganza o sin saber siquiera qué les sucedió. Su atención y su amor deben dirigirse también hacia ellas, pues, como ya dije, son sus hermanos y hermanas. ¿Qué pueden hacer por ellas?
Ya les he pedido varias veces que oren por quienes viven en condiciones dignas de compasión en el más allá. Toda oración representa una energía que llega a la otra persona y hace su existencia un poco más luminosa y más llevadera. No olviden este servicio de amor a su prójimo. Pero también pueden hacer algo más, algo semejante a lo que sucede en este mismo momento mediante Mi esclarecimiento a través de Mi palabra revelada: expliquen también a sus hermanos y hermanas del más allá lo que les ha ocurrido.
Pero presten ahora mucha atención a Mis palabras:
Oren por ellos y explíquenles, pero eviten bajo toda circunstancia buscar el contacto con las almas del más allá por curiosidad o por un deseo de ayudar mal entendido, y mucho menos con la intención de comunicarse con ellas. Si leen que esto puede representar una ayuda, como se difunde en diversas publicaciones, reconozcan que semejante invitación no procede de Mi sabiduría ni de Mi verdad, sino que pretende enredarlos, quitarles la libertad, atarlos a fuerzas del más allá y debilitarlos energéticamente.
Existen almas que encarnaron con una misión correspondiente. Poseen una fortaleza anímica especial y, debido a su tarea, también están bajo una protección particular. No solo deseo, sino que les digo que sucederá así: despertará en Mi Espíritu un número creciente de personas que reconocerán esta tarea como propia y la cumplirán. Pero ¡jamás intenten acelerar este proceso por voluntad propia! Entren una y otra vez en oración. Vengan repetidamente a Mí, depositen su amor junto a Mi corazón y confíenme su desarrollo interior a Mí, exclusivamente a Mí y a nadie más. Pues Yo soy el único que los conoce por completo, ¡porque vivo dentro de ustedes!
Y si corresponde que hayan asumido semejante misión por amor a su prójimo, Yo seré quien los conduzca paso a paso hacia esa tarea, conforme lo permita su desarrollo interior; reconocerán el momento. En cuanto a cualquier otro intento —para utilizar una expresión de ustedes—: ¡no se metan en eso!
Oren y esclarezcan, y depositen la salvación de las almas en Mis manos. Si lo hacen con el espíritu correcto, estarán protegidos y, además, contribuirán en gran medida a que, ya de antemano —es decir, antes de que los seres decidan encarnar nuevamente—, muchas cosas puedan reconocerse y elaborarse allá, de modo que algunas encarnaciones que de otra manera quizá habrían terminado en violencia o bajo condiciones difíciles ya no tengan que realizarse o puedan desarrollarse de una manera distinta y mejor.
Quien se esfuerza por seguirme reconocerá a más tardar ahora que, dentro del caos que se extiende por su Tierra, esta es una tarea mucho más difícil y un desafío mayor que practicarla en tiempos de paz. Pero el amor verdadero y el esfuerzo sincero solo muestran su rostro y su autenticidad cuando la situación se vuelve grave, tal como Yo lo viví como ejemplo para ustedes.
Mis amados hijos e hijas del más acá y del más allá, irradio Mi amor hacia todos ustedes, fortalezco sus almas y les doy valor. ¡Vivan Conmigo! Experimenten la alegría de nuestra comunión interior. Experimenten la seguridad y crezcan cada vez más hacia una confianza profunda e inquebrantable. Yo soy la garantía de que encontrarán el camino hacia Mi corazón, pues los amo.
Amén
Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, sí, en verdad, les digo —una y otra vez—: han nacido de Mi amor. Por tanto, no existe separación alguna entre Mis hijos y Yo, entre Mi Creación y Yo.
¿Por qué creen que repito esto continuamente, aunque con otras palabras y por medio de distintos instrumentos, pero siempre con el mismo contenido? Examínense, Mis amados hijos, para saber si esta afirmación, esta verdad Mía, ya se ha arraigado firmemente dentro de ustedes. ¿Son conscientes a cada instante, con cada respiración, de que viven? ¿De que viven procedentes de Mí y dentro de Mí?
Conozco su respuesta: «Señor, ¿cómo puedo hacerlo en mi vida cotidiana tan rápida y tantas veces agitada?».
Y, sin embargo, no les hablaría de ello si no fuera posible. Quiero darles —una vez más— algunas indicaciones.
Sus reuniones mensuales en esta comunidad, la lectura de Mis mensajes o el intercambio acerca de ellos, las oraciones en común y también una meditación silenciosa los cargan, por así decirlo, de energía divina y refrescan su espíritu como una fuente fresca en los días calurosos. Cuanto más profunda sea su entrega, tanto más tocará también su corazón y lo hará florecer de amor. Pero asimismo experimentan cómo esa energía vuelve a disminuir después de algunos días. Casi sin advertirlo, se les escurre nuevamente entre los dedos como arena.
Ya les he dado muchas indicaciones acerca de lo que pueden hacer para mantenerme en su conciencia e incluirme en su vida. De vez en cuando, uno u otro de Mis hijos recuerda, interioriza y realiza alguna de ellas.
Hoy deseo darles otro consejo muy práctico. Permanezcan en contacto entre ustedes aun cuando, después de sus reuniones, cada uno vuelva a tomar su camino. Intercambien, por ejemplo, a través de sus medios de comunicación, pero no mediante las expresiones habituales, sino de corazón a corazón. Cuéntense mutuamente dónde Me han «integrado» en su vida cotidiana, dónde han avanzado en la realización de Mis palabras e indicaciones y dónde pudieron producir transformaciones viviendo en Mi Espíritu.
Si hasta ahora el centro de sus intercambios durante las reuniones consistía en contar cuándo y en qué cosas sienten carencia, prueben cómo se siente hablar desde la abundancia. Dejen fluir la plenitud. Compartan con los demás la alegría que les produce su vida y Mi presencia en su vida cotidiana. La alegría es contagiosa y estimula. Aquello que uno ha conseguido puede ser recogido y realizado por el siguiente; o así se confirma lo que ya se había conseguido.
Recorran el día Conmigo en su corazón y sus pensamientos y a Mi lado. Inclúyanme en todo cuanto hagan. No se oculten de Mí cuando crean haber cometido una falta. Yo siempre los veo. Y sin importar lo que hagan o dejen de hacer, ¡los veo con los ojos del amor!
Permanezcan, pues, en contacto entre ustedes también en su vida cotidiana. Miren a su alrededor y a los ojos del hermano o la hermana que está junto a ustedes. ¿Lo conocen? ¿Saben cómo se siente verdaderamente? ¿Son reales sus oraciones por todo el mundo si pasan de largo junto a la persona más cercana? Caminen más que antes de la mano de los hermanos y hermanas con quienes están unidos en Mi Espíritu. Entonces tejerán una red de amor con gran irradiación y fuerza de atracción.
Así también ustedes se convertirán en pescadores de hombres, como lo fuimos una vez Mis discípulos y Yo. Al principio nosotros también éramos apenas tantos como ustedes en su grupo. Pero miren a cuántos abarca hoy la red extendida por todo el mundo. Y Yo, su Padre en Jesucristo, estoy y permanezco en medio de ustedes.
Amén
Revelación divina
Su Padre vuelve a extender los brazos sobre todos ustedes: sobre ustedes, Mis amados hijos vestidos con el ropaje terrenal, y también sobre ustedes, amados, vestidos con el ropaje del alma.
Denme su sí en el interior, y les prometo que los tomaré de la mano y los guiaré por el camino destinado, sin excepción, a cada uno. Y aquí no digo, como dicen muchos entre ustedes: «El camino es la meta». No: ¡el camino que recorren Conmigo tiene una meta! Esa meta es Mi corazón, esa meta son Mis brazos, esa meta es el regreso de cada uno de ustedes a la patria de la cual todos partieron una vez.
Nadie está excluido, tampoco tú, hijo Mío, ni tú, hija Mía, aunque escuches Mi palabra con incredulidad y todavía dudes si este Dios —el Dios del amor que es tu Padre— verdaderamente te guiará; si Él te tomará de la mano y te ayudará a dar los pasos que te saquen de toda necesidad, aflicción y oscuridad.
En verdad, vuelvo a decirles a todos: Yo soy el que soy, su Padre, que mediante Su poder y Su amor, Su sabiduría y Su justicia sabe conducir a cada criatura de regreso a su origen.
Váyanse, pues, vuélvanse hacia la luz y den los pasos que les mostraré. Los amo, hijos Míos, aquí y allá, y los bendigo.
Amén