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«Divide y vencerás»: su modo de actuar y sus consecuencias

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: "Teile und herrsche": seine Wirkungsweise und seine Folgen

Fecha original: 23 de enero de 2021

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, lo que están viviendo actualmente es una demostración clásica del principio satánico de «divide y vencerás». Quien pone algo así en marcha parte de la premisa —y la práctica confirma que es acertada— de que un grupo o una comunidad puede ser vencido y dominado si se logra introducir una cuña en su interior. De este modo surgen dos o más unidades con intereses diferentes. El objetivo es que las partes de la comunidad así formadas entren en desacuerdo, se vuelvan unas contra otras o incluso se combatan. Entonces el adversario queda ocupado consigo mismo, en lugar de reconocer al enemigo y enfrentarlo como una comunidad fuerte.

No se trata únicamente de incitar a un pueblo contra otro. Es mucho más eficaz introducir la división en matrimonios, familias, amistades, círculos de conocidos, asociaciones y otros ámbitos, porque las diferencias, en parte profundas, se trasladan así automáticamente a la comunidad mayor; a menos que su vida y su convivencia transcurran tan solo «en la superficie». Cuando este es el caso, naturalmente pueden dejarse muchas cosas fuera, de modo que no se conviertan en una carga evidente; pero entonces a su existencia le falta algo esencial.

Los temas que valdría la pena afrontar, ocupándose seriamente de su problemática, quedan sencillamente al margen. La «armonía» no se altera. Pero ¿puede ser esta una solución duradera? Si, por el contrario, se va «a lo profundo», surgen dos o más bandos con formas de pensar diferentes, que solo podrán volver a encontrar un punto común cuando la gran mayoría haya descubierto el juego.

Y, a pesar de toda la propaganda y la desinformación, esto no es tan difícil si toman conciencia de lo siguiente y lo arraigan firmemente en su interior:

¡No soy Yo quien divide para gobernar! Tampoco gobierno, aunque soy el Regente y Creador de todo cuanto existe. Soy el Amor, que desde el comienzo de la caída hace todo lo posible por restablecer la unidad. Pero si no soy Yo el causante de las discordias y tensiones, ¿hace falta mucha imaginación para descubrir la fuente de la falta de paz, reconocer a su autor y ajustar de manera correcta la propia conducta ante ella?

Quien piense ahora —porque, por diferentes razones, no desea realizar por sí mismo un poco de trabajo detectivesco— que Yo debería nombrar directamente esa fuente, se lo pone demasiado fácil. Se requieren su entendimiento, su capacidad de discernimiento y su valentía para sacar sus propias conclusiones. Porque en su camino de desarrollo deben volver a convertirse en hijos e hijas responsables de Mi amor, que van descubriendo poco a poco Mi sabiduría en su interior, mientras al mismo tiempo se amplía su conciencia.

Esto significa, de manera muy práctica, que no deben dejarse deslumbrar por informaciones, por hábilmente preparadas y presentadas que estén, que con bastante frecuencia constituyen una mezcla de verdad y mentira. Significa que deben utilizar su sano juicio, el cual —aunque a veces todavía esté un poco condicionado por diversos intereses propios— terminará por llevarlos a descubrir las artimañas del bando contrario.

Ya hablé de que, al evaluar problemas de la magnitud de los que existen actualmente en todo el mundo y que no tienen precedentes en la historia de la humanidad, no basta con decir de manera superficial, cuando se sostiene una opinión contraria: «Simplemente pienso de otra manera». Eso no correspondería a la dimensión de lo que sucede. Les mostraré mediante un pequeño ejemplo lo que quiero decir:

Cuando un dictador se coloca al frente de un pueblo al que ha adormecido con una retórica pulida y falsas promesas, al comienzo de su gobierno pueden existir, naturalmente, valoraciones diferentes acerca de su persona y de sus actos, porque su táctica y sus objetivos todavía no son evidentes y solo unos pocos los han descubierto. Pero si provoca una guerra y sume al país en el caos, de manera que finalmente prevalecen una gran necesidad y miseria, ya no puede tratarse tan solo de ver sus actos de una u otra manera. Entonces se llega al fondo del asunto: se está a favor o en contra de él.

Trasladado a su tiempo, esto significa que, a la larga, no podrán evitar contemplar bajo este punto de vista la situación mundial y adoptar una postura, al menos para ustedes mismos. En este contexto les repito una vez más que, para la gran mayoría, evaluar y juzgar correctamente la situación no es una cuestión de inteligencia, sino de intereses propios. Como con ello provoco una fuerte oposición, quiero explicarles Mis palabras.

Toda persona que tenga libertad para hacerlo elegirá, en situaciones que la desafían y exigen decisiones, la posibilidad que corresponda a sus intereses. Esto es humano, comprensible y tampoco es incorrecto; pero al mismo tiempo revela algo acerca de ella, de lo que desea y de las consecuencias que, en lo posible, quiere evitar. Un ejemplo sencillo de la época de la persecución de los cristianos:

Si el principal interés de una persona está en preservar su vida terrenal, su decisión «a favor o en contra» será distinta de la que tomaría si el centro de su pensamiento y de sus aspiraciones no fuera la vida terrenal, sino la vida eterna que sigue a la muerte. Su interés determinó su decisión.


Así sucede con todo lo que encuentran en la vida. Solo en casos muy raros han reflexionado sobre sus motivos; la mayoría de las veces ni siquiera se plantearon si debían decidir de una u otra manera. Reaccionaron automáticamente y, con bastante frecuencia, marcaron así el rumbo de su vida. Casi nunca cuestionaron lo que hicieron o dejaron de hacer, aunque ello siempre les habría revelado algo acerca de ustedes mismos. Porque lo que los lleva a pensar y actuar de determinada manera está arraigado en las profundidades de su alma y puede darles información sobre ustedes mismos, si desean conocerla.

¿Qué significa esto para ustedes en una situación en la que entretanto prevalece en todo el mundo la división antes mencionada, surgida casi simultáneamente a escala global debido a acuerdos al más alto nivel y al empleo de sus medios de comunicación?

Es más importante que nunca que contemplen lo que sucede sin miedo. Esto no es fácil; y resulta tanto más difícil cuando todavía falta un poco de confianza en la relación entre tú y Yo; cuando vivir Conmigo todavía no se ha convertido para ti —como lo desea tu alma— en algo natural que impregna y determina tu vida cotidiana en todos sus aspectos. Porque solo cuando contemplen el desarrollo libres de miedos y preocupaciones podrán reconocer la verdad. De lo contrario, serán esclavos de sus intereses. Su visión de la realidad y de la verdad que se oculta detrás de las cosas estará empañada.

Esto puede incluir que no quieran ocuparse mucho de todo ello y prefieran la posibilidad aparentemente más sencilla de «dejarse llevar por la corriente», porque abordar el tema podría aportar conocimientos y exigir decisiones que se oponen a los diversos intereses de su ser humano. No tiene que tratarse únicamente de la pandemia, sino también de las muchas incertidumbres que traerá consigo el tiempo que tienen por delante, con pandemia o sin ella. Esto incluye asimismo renunciar a cosas que han llegado a apreciar, y también ocuparse de la pregunta de cómo se configurará su vida en general.

Aunque a primera vista no lo parezca, también el miedo —un recurso probado del bando contrario— pertenece a la categoría de los intereses que determinan su conducta. Puede ser miedo por la propia salud o la propia vida, pero también por familiares, amigos y otras personas. El miedo siempre genera el deseo de evitar una situación en lo posible, es decir, de comportarse de manera que se experimente la sensación de una seguridad, aunque sea dudosa. Pero entonces la seguridad no se busca junto a Mí ni en Mí, sino en soluciones ofrecidas por quienes primero crearon la situación que provoca miedo.

No se reconoce, o se olvida, que la seguridad se encuentra única y exclusivamente en Mí. Todo lo demás es una seguridad aparente, semejante a una burbuja que estalla ante la primera presión y deja tras de sí «llanto y crujir de dientes». Naturalmente, esto se les oculta y se sustituye por promesas que no pueden cumplirse, algo que tampoco se pretende y nunca se pretendió.

Así, muchos se encuentran, en el sentido más literal, dentro de un «círculo vicioso» al que fue posible arrastrarlos porque no tuvieron en cuenta algo: hacer el esfuerzo de acudir a Mí en su interior llenos de confianza, hablar Conmigo de sus preocupaciones y contemplar con amor, sin juzgar, la conducta de los poderosos de su mundo, para reconocer las verdaderas intenciones que hay detrás. O bien porque ni siquiera conocen la posibilidad de mantener una comunicación intensa y amorosa Conmigo y de dejarse caer en Mis manos, lo cual es más que una oración pronunciada solamente con los labios.

Mis hijos e hijas, el Único que sabe lo que les traerá el tiempo venidero soy Yo. Por eso actúan sabiamente cuando Me dejan la preparación y la realización de su futuro. Aun cuando sus planes y esfuerzos no estén cargados de miedos y preocupaciones, sus consideraciones jamás podrán acercarse a lo que Yo he previsto para ustedes. *)

Si quieres «protegerte», dedica tiempo a estar Conmigo, más tiempo que en el pasado. Permanece en diálogo Conmigo; hagamos que nuestra relación llegue a ser aún más íntima, como Yo deseo.

Aunque no siempre todo transcurra con la facilidad que desea tu ser humano, debes saber que te has confiado al Creador, a tu Padre, a la fuente primordial de tu vida. Si encuentras piedras en tu camino, que muchas veces son necesarias para enseñarte algo, no te entristezcas ni te vuelvas vacilante. Recuerda en esas horas que Yo no cometo errores y que todos y todo cuanto sostengo en Mis manos están protegidos, sin importar cómo pueda presentarse una situación en ese momento.

Desarrollar esta confianza con mayor fuerza que hasta ahora es la garantía de que encontrarás tu equilibrio anímico y permanecerás en él. Porque desde el lado satánico todo está orientado a provocar dudas, inseguridad, dolor, desesperación y caos. Al mismo tiempo, se minimiza todo, se ridiculiza o elimina a quienes advierten. Lo correcto y lo falso se mezclan deliberadamente, y conocimientos y advertencias objetivos y bien fundamentados se presentan como teorías de conspiración.

Así, en este momento parece menos problemático dejarse llevar por esa ola y estar «a la moda» que ocuparse de lo que vendrá y que ya anunciaron muchos videntes y profetas. De este modo, también ellos forman parte —y esa es la intención— de los conspiradores. Y naturalmente también Yo, que hablé y hablo por medio de ellos. Muy pocos son conscientes de esto, incluidos todos los que se llaman cristianos.

Lo que están viviendo en estos meses son apenas los comienzos. En primer plano se trata de un virus y de lo que sus gobiernos y sus auxiliares, las empresas farmacéuticas, ofrecen contra él como supuesta ayuda y solución. En realidad se trata de mucho más. La magnitud de lo que está planeado y ahora se ha puesto en marcha supera su capacidad de imaginación. Pero les diré esto:

Si siguen Mis afirmaciones de que las tinieblas nunca han dejado de luchar contra Mí y de que esta lucha se libra en la Tierra, sabrán aproximadamente hacia dónde apunta esta campaña: a eliminar todo aquello que, de cualquier manera, recuerde a Mí como Dios y Creador, de quien todo ha surgido; y con ello, al mismo tiempo, a borrar el conocimiento de Mi obra de redención por medio de Jesucristo y del camino que conduce nuevamente de regreso a Mí. El objetivo declarado es una impiedad absoluta que domine por completo su planeta, el cual pertenecería entonces a las fuerzas contrarias. Y su Tierra apenas podría seguir sirviendo, o ya no serviría en absoluto, como lugar para la evolución de las almas. Para llevar a cabo este proyecto dirigido contra la vida y totalmente impío, se necesitaron y se necesitan personas…

Este plan fracasará. Tiene que fracasar, porque Mi ley se opone a él. Mi ley es la instancia suprema. Nada existe por encima de ella. También pueden llamarla «la que está por encima de todo».

Las potencias de las tinieblas aceptan la posibilidad de fracasar. Algunas incluso saben que sucederá. No obstante, juegan esta carta porque esperan tener el mando y ejercer el control al menos durante algún tiempo. A ellas mismas, que habitan en los ámbitos astrales, nada puede sucederles. No solo aceptan la muerte de muchas personas, sino que la procuran. Así, creen, el poder caerá en sus manos.

¡Se equivocan!

Y con ellas se equivocan todos aquellos que, por razones egoístas, se dejaron poner al servicio de sus propósitos; en la mayoría de los casos, sabiendo muy bien lo que hacen. Para ellos habrá un amargo despertar. Y, sin embargo, todos siguen siendo Mis hijos, a quienes —en contra de otras enseñanzas— llevaré de regreso a Mí.


Ya les he explicado varias veces por qué, en principio, ninguna fuerza que no proceda del amor puede mantener de forma permanente su conducta contraria. Me repito en este punto porque comprender cómo gobierno Mi creación es de gran importancia para su confianza en Mí, pero también para su propia conducta.

Con la caída, llamada también caída de los ángeles, entró en vigor la ley de causa y efecto. Ella garantiza que todo aquel que desatienda y quebrante la ley del amor llegue, tarde o temprano, al reconocimiento y a la conversión mediante la cosecha de la semilla que antes sembró. Esta ley actúa con la misma precisión que todas las reglas que he creado. Es una parte de Mi orden, porque devuelve una y otra vez al orden todo aquello que lo ha abandonado. Y porque «al final de los tiempos» hará que todo vuelva a estar unido Conmigo en el amor.

Las fuerzas satánicas han conseguido que incluso quienes pertenecen a una comunidad cristiana conozcan esta ley de nombre, pero no la incorporen a la práctica de su conducta en la vida cotidiana. A quienes no creen en Mí —tanto si se llaman cristianos para guardar las apariencias como si son ateos—, tales reflexiones les resultan de todos modos ajenas. Por eso, sus actos tampoco están determinados por la consideración de que algún día tendrán que rendir cuentas. ¿Cuándo habría de suceder? ¿En una vida posterior a esta vida terrenal, que continúa en el más allá, pero en la que no creen? Si tuvieran conocimiento, no abusarían del poder que ejercen solo durante algunos años o décadas. Porque ninguna persona que posee el conocimiento espiritual correspondiente y está en pleno uso de sus cinco sentidos actúa deliberadamente contra sus propios intereses, contra su vida verdadera, la vida de su alma.

Pero crea alguien o no en la ley de causa y efecto, esta existe, registra, actúa silenciosa y correctamente en el trasfondo y presenta la cuenta en el momento oportuno. Nadie, sea conocedor o ignorante, está excluido. ¡Nadie! Por grande que sea durante un tiempo en el mundo, por muchos recursos económicos que posea y por refinadamente que trabaje su entendimiento, nadie puede sustraerse a esta ley ni al juicio vinculado con ella, en el cual será su propio juez. El gran sobresalto llegará para todos los que han seducido y para quienes se han dejado seducir.

Mi ley es como Yo soy.

Este es uno de los aspectos de Mi ley, que también se denomina —no del todo correctamente— «ley del karma». Por karma puede entenderse, en general, una deuda del alma. Pero quien dirige la mirada únicamente hacia ella pasa por alto el aspecto igualmente importante de que en los platillos de la balanza de la ley no solo se acumula lo negativo, sino que —hablando en imágenes— también lo positivo queda depositado en el platillo marcado con el signo «+». Todo cuanto han hecho y hacen desinteresadamente por amor a Mí y a su prójimo se encuentra allí, en la cuenta de su alma, por así decirlo como un saldo energético a favor.

Este saldo ya actúa sobre ustedes durante su vida, prepara sus caminos y, con frecuencia, ejerce también una gran influencia sanadora sobre su salud física. En todo caso, aquello que por medio de su amor ha dejado buenos frutos en el platillo de su balanza los espera como luz, ligereza, armonía y muchas cosas más cuando su alma deje su vestidura humana y vaya a su nuevo hogar.

Erróneamente se denomina este proceso con el término «muerte», porque el ser humano ignorante considera la desaparición de una forma de vida como una extinción, cuando en realidad representa al mismo tiempo la formación de una nueva forma de su vida eterna. Repito una vez más: la vida es energía, y la energía no puede ser destruida. Nunca se les recordará esto con suficiente frecuencia.

Sin embargo, decidirse por una vida conforme a las reglas del Cielo no debe estar unido a la intención oculta de recibir por ello una recompensa y poder evitar muchos golpes del destino. Quien Me ponga a prueba, quien viva Conmigo durante un tiempo, hará sus propias experiencias. Reconocerá en Mí al Padre, al Hermano, al Amigo y mucho más, en quien puede confiar sin reservas. De este modo estrechará cada vez más el vínculo entre nosotros, y nuestra relación adquirirá una intimidad que antes no conocía. La protección y el amparo que experimenta interior y exteriormente le confirmarán que se encuentra en el camino correcto.

Todo esto puede suceder y sucederá sin un gran esfuerzo de tu parte si Me das tu sí. No se requiere pertenecer a una comunidad, ingresar en ella, asumir una atadura de ninguna clase, formular un voto ni muchas otras cosas. Basta con tu esfuerzo sincero por llevar a la práctica en tu vida cotidiana Mi mandamiento: ama, y nada más. Entonces también los acontecimientos de su tiempo perderán cada vez más su carácter aterrador; sí, para quienes están dispuestos a aprender se transformarán en lo contrario. Porque:

¡Las crisis son oportunidades de crecimiento!

Como no todos reconocen de inmediato la verdad contenida en estas palabras, quiero explicarlas.

Todo en Mi creación es evolución, es decir, todo se desarrolla sin cesar. Esto no siempre sucede por un camino directo, especialmente cuando se trata del proceso de maduración anímica de Mis hijos humanos. Nada ni nadie está excluido de un desarrollo continuo hacia adelante y hacia arriba. Se presentan procesos de aprendizaje que todos Mis hijos humanos —tanto quienes están dispuestos a aprender como quienes no lo están— deben afrontar y superar.

Cuando las resistencias provocan estancamiento o retroceso, surgen condiciones más difíciles para quienes no quieren comprender; pero estas deben buscarse en su propia conducta y no aparecen para castigarlos por no estar dispuestos a aprender. Su propósito es impulsarlos a ocuparse de lo que ahora encuentran, para que puedan extraer conclusiones y adquirir experiencia.

Esto puede compararse con las enfermedades infantiles que, una vez superadas, fortalecen el sistema inmunitario. Tampoco el adolescente y posteriormente el adulto avanzan en su desarrollo personal sin enfrentarse a aquello que se presenta como molesto, desagradable, problemático, peligroso y difícil. En el ámbito anímico no es diferente.

En innumerables revelaciones les he explicado hasta el último detalle la herramienta para afrontar correctamente las crisis y todo cuanto traen consigo. Por tanto, jamás puede tratarse de rodear una crisis —algo que de todos modos no es posible a largo plazo—, sino que siempre se plantea la tarea de reconocer el problema y comenzar a trabajarlo de manera correcta. Esto significa: examinar, sopesar, decidir y actuar Conmigo y con una visión clara.

Esto no anula Mis palabras de que pueden venir a Mí con todo cuanto los mueve y los oprime. Naturalmente, también pueden entregarme su miedo. Pero limitarse a depositarlo ante Mí en la oración, sin mirar en su propio interior qué provoca ese miedo, no constituye una solución duradera. Vengan a Mí con la causa de su miedo, una vez que la hayan reconocido y quieran soltarla, y pídanme que los ayude a superar el mal fundamental del que se alimenta. Entonces sentirán Mi ayuda y reconocerán que los efectos positivos en su interior serán incomparablemente mayores que si se limitan a depositar su miedo ante Mí sin hacer nada por su parte.

Cuando una crisis solo los afecta personalmente, conviene reconocer la parte propia que siempre está presente, en mayor o menor medida, en toda dificultad y en toda circunstancia desagradable. Descubrir el trasfondo de una crisis que no es solamente personal, sino que, como en el caso actual, se presenta en todo el mundo, exige un poco más. Presupone una claridad considerable, pero esta solo puede existir en medida suficiente donde no prevalece el miedo, o existe muy poco, y donde los intereses propios no se oponen a una visión más profunda de las cosas.

Si existe esta disposición, entonces estoy a tu lado para convertir, mediante la superación de los problemas, una crisis en un proceso de aprendizaje que te haga avanzar un gran paso en el camino de tu maduración anímica y que, al mirarlo retrospectivamente, siempre te permita sentir gratitud.

¡No desechen Mis palabras, amados Míos! Sea lo que sea que les traiga el tiempo venidero, en todo caso es más sensato ocuparse de las preguntas que los inquietan —muchas veces sin que lo sepan ni lo quieran— que seguir ciegamente las instrucciones de quienes son responsables o corresponsables de lo que ahora le espera al mundo y de lo que está viviendo.

Las consecuencias de «divide y vencerás» no pueden evitarse. Demasiadas personas están dispuestas a seguir ciegamente a los de arriba, con miedo y sin reflexionar. Sin embargo, quienes han descubierto el juego pueden levantar un contrapeso en el ámbito espiritual. La condición —y también en este punto Me repito— es tratar en pensamiento y en hechos, con claridad pero con amor, a los causantes y a sus vasallos. Así podrán evitar también cargarse ustedes mismos mediante acciones y reacciones que no corresponden a la ley del amor. Enviar desde el corazón luz y amor al mundo y orar por los seducidos es el camino más eficaz, aunque los frutos de semejante trabajo interior no siempre puedan reconocerse de inmediato.

Permanezcan en la certeza de que nada se Me escapa y de que todo lo tengo en Mis manos.

Amén

*) Blaise Pascal (1623–1662) lo expresó acertadamente con estas palabras:

«Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes».