Revelación divina
¿Qué creen, Mis hijos e hijas: en qué consiste el mayor peligro para la humanidad? Tómense un momento para responder. De lo contrario, la respuesta llegará con demasiada rapidez desde el conocimiento de su mente y posiblemente estará dictada por sus miedos. Tengan en cuenta que lo espiritual está por encima de todo lo material y que, por tanto, también debe buscarse en lo espiritual la causa de todo cuanto se manifiesta en lo visible.
Las guerras, las enfermedades, el sufrimiento personal, las catástrofes, el deterioro económico y muchas otras cosas serán las amenazas que acudirán primero a la mente de la mayoría. Pero son solo las consecuencias, no las causas.
¿Están de acuerdo Conmigo en que el mayor peligro procede de la ignorancia que reina en todo el mundo desde tiempos inmemoriales? La ignorancia es la fuente de muchos males, de casi todos. No les permite reconocer la situación en la que fueron colocados. Ni siquiera les permite sospechar que se encuentran en una encarnizada lucha espiritual. En su desconocimiento son comparables con piezas ciegas y sordas que son movidas de un lado a otro sobre un tablero de ajedrez sin tener la menor idea de lo que les sucede. Pero lo peor es esto: incluso cuando reconocen fragmentariamente cómo son influidos, manipulados y atados, les falta el conocimiento acerca de cómo liberarse de las cadenas satánicas y recorrer su camino con mayor facilidad y en gran medida sin daño. Esto se refiere sobre todo al tiempo que se encuentra ante ustedes en un futuro no muy lejano.
Si Me siguen y reconocen la ignorancia como el mayor peligro, tendrán que aceptar también la conclusión de que el conocimiento encierra la mayor oportunidad de mirar y avanzar de Mi mano, llenos de confianza y con una sensación de seguridad. Con una condición: ¡que este conocimiento se lleve también a la práctica! Entonces se convierte en sabiduría practicada.
Para que esto penetre profundamente en ustedes, les recordaré una y otra vez que se encuentran en medio de una confrontación cuyo objetivo es debilitarlos en el alma y en el cuerpo e impedir así su desarrollo interior. Esta confrontación avanza hacia su punto culminante provisional. Los lados luminoso y oscuro están tomando posiciones, colocando, por así decirlo, a sus «combatientes en sus puestos», después de que los preparativos realizados desde hace mucho se hayan concluido en gran medida.
No conocer estas cosas, quizá incluso negar la realidad de las tinieblas y su proceder, no solo favorece enormemente a Mis adversarios y a los de ustedes; fue una condición necesaria para que el caos, las inseguridades y los miedos pudieran surgir siquiera en la magnitud existente. Estas fuerzas opusieron a Mi mandamiento del amor sus mentiras y tergiversaciones que, unidas a falsas enseñanzas, presentan un camino aparentemente más fácil para llegar al cielo, sea lo que sea que la persona se imagine con ello.
Cuando hace dos mil años enseñaba a las personas como Jesús de Nazaret, utilizaba un lenguaje sencillo. Empleaba imágenes y parábolas para llegar a ellas, porque casi ninguna Me habría comprendido si les hubiera explicado leyes y relaciones espirituales como lo hago hoy. Y, sin embargo, a muchas les resultaba difícil creer en Mis palabras, pese a todos los milagros que realicé por amor a ellas. Pero para reconocer Mi amor y poner en práctica Mi enseñanza tenía que existir disposición en sus corazones. Si faltaba esa buena disposición y faltaba la fe en la verdad de Mis palabras, las personas eran meramente oyentes y volvían a marcharse sin haber reconocido la verdad y sin que Yo pudiera mover nada en ellas. Hasta hoy nada ha cambiado en este aspecto.
Mi palabra de sus Escrituras, que conocen como las llamadas bienaventuranzas, sigue teniendo plena vigencia. Dije: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos», y con ello Me refería a una confianza como la de un niño, que no disecciona ni examina Mi enseñanza con el intelecto. La razón les sirve muchas veces de obstáculo; el corazón les revela Mi verdad.
Que tú, hijo Mío, creas esto o aquello o sigas esta o aquella enseñanza o ideología está muy a menudo relacionado con tus ideas y deseos, es decir, con lo que esperas obtener de ello; esto significa, con que sirva —consciente o inconscientemente— a tus intereses. Puede que esto provoque contradicción en ti, pero mientras puedas decidir con cierta independencia, siempre optarás por aquello que te parezca ventajoso para ti. Puede tratarse, por ejemplo, del anhelo de tu alma, que te impulsa a buscar; o del deseo de familiarizarte más Conmigo; o no abandonas una costumbre cultivada muchas veces durante largo tiempo porque llegaste a apreciarla; o sigues un camino que te parece más fácil para no enfrentarte a molestias y miedos; y muchas otras cosas.
Se añade que muchas veces falta una comprensión más profunda de Mis palabras. Para darles un ejemplo:
Incluso cuando no ponen en duda Mis verdades y hasta sienten «hambre» de Mis enseñanzas, con frecuencia no saben cómo ha de suceder que estén protegidos cuando toman Mi mano y no la sueltan, venga lo que venga. Al fin y al cabo, se trata «solo» de una imagen figurada que, sin embargo, puede adquirir una importancia cada vez mayor para ustedes. «Seguridad en Dios» es para muchos una promesa que despierta esperanzas; pero ¿cómo puede suceder, de una manera totalmente práctica, que las situaciones no siempre fáciles de su vida se vuelvan de pronto más sencillas de superar solo porque Me dan su «sí»? ¿O que Yo atraviese las tormentas con ustedes y los preserve de algo peor? La imagen del piloto a quien invitan a bordo del barco de su vida puede transmitirles una idea de lo que esto significa: el piloto conoce el camino; el navegante inexperto no.
Para que no se produzcan decepciones de parte de ustedes, les digo de antemano: no basta con pedirle al «buen Dios» que ayude o intervenga aquí o allá para que esto o aquello no suceda, o para que suceda conforme al deseo de quien pide. Este pensamiento y esta conducta, cuyas raíces se encuentran en la ignorancia mencionada, solo mueven —hablando figuradamente— unas pocas olas en la superficie, pero no alcanzan la profundidad necesaria. Tal conducta corresponde a un niño pequeño que todavía no puede decidir ni actuar por sí mismo.
Pero ustedes no son niños pequeños, sino Mis hijos e hijas poderosos, magníficos y luminosos. Por ello llevan en sí un potencial divino capaz de mucho más de lo que suponen. Pueden influir positivamente en muchas cosas en una medida mucho mayor de lo que creen, porque llevan en sí cualidades creadoras. Entre ellas se encuentra también la capacidad de cambiar su propia conducta conforme a Mi mandamiento del amor cuando se sirven de la fuerza que está en ustedes, la fuerza que Yo Soy en ustedes.
Quien desea recorrer su vida con la profunda certeza de que Yo lo protejo no necesita, en el fondo, hacer otra cosa que observar y cumplir Mi mandamiento de amar a Dios y al prójimo, que en su forma breve dice: amen, y nada más. «¿Así de sencillo debe ser?», oigo preguntar esperanzados a unos. Y otros dicen: «Pero eso no es nada sencillo». ¿Quién tiene razón?
El principio sobre el que está construida Mi creación, que la vivifica y obra en todo por toda la eternidad, es el amor desinteresado e incondicional. Quien vive con este principio y dentro de él vive Conmigo y en Mí. ¿Qué podría sucederle entonces, si nada es más poderoso que la fuerza de Mi amor? Así de sencilla y fácil de comprender para todos es, en efecto, Mi ley.
El problema es que, en una encarnación terrenal, entran en un mundo donde este principio también tiene vigencia, pero donde se hace todo lo posible para hacerles apetecible lo contrario, fortaleciendo su ego con sus numerosas facetas. Se añade que ya llevan consigo cargas del alma que no pueden verse en un recién nacido, pero que tarde o temprano influyen en la persona desde su interior, desde su alma.
Durante toda su vida se ven confrontados con circunstancias que los desafían a decidir a favor o en contra del amor. No perciben la mayoría de estas situaciones porque muchas cosas se han convertido en hábitos para ustedes, de modo que reaccionan automáticamente, sea de manera equivocada o correcta. Por eso, en la mayoría de los casos ni siquiera llega a producirse una decisión consciente.
La otra afirmación, «Pero eso no es nada sencillo», expresa que se colocan muchos obstáculos en su camino, algo que por lo general no perciben y, por ello, permiten. Con ello se pretende conseguir que a) ni siquiera reconozcan el principio o b), si lo han reconocido y quieren ponerlo en práctica, este trabajo les parezca difícil o imposible. Y, sin embargo, en ustedes existe la fuerza para procurar un cambio positivo de su esencia. Es su capacidad de amar, su herencia divina, que Yo deposité en ustedes. Está sepultada y, por ello, la persona se asemeja a un pozo cuya fuente quiere brotar, pero que primero debe ser liberada de todos los desechos acumulados durante largo tiempo que impiden que salga a la superficie.
Quiero conducirlos un poco más profundamente hacia los misterios de Mi creación, para que reconozcan las relaciones y puedan extraer de ellas las conclusiones necesarias para ustedes. La mayoría sabe ya que la materia no es otra cosa que energía que se formó como consecuencia de la caída de los ángeles. El origen de todo ser es energía; la materia es su forma condensada.
La ley de atracción asumió la tarea de fomentar en Mi creación una convivencia diversa, un complemento mutuo y un crecimiento duradero. Reducido a un denominador sencillo: «Lo semejante atrae a lo semejante». La ley de repulsión solo entró en acción mediante la caída; en los ámbitos puramente espirituales no hay repulsión porque allí no existe nada contrario. Tanto la atracción como la repulsión se producen siempre primero en un plano energético y solo después, muchas veces casi al mismo tiempo, se hacen visibles en lo exterior.
Cada criatura —por tanto, también tú— irradia en todo momento una frecuencia que le es propia, una vibración que expresa su alma y que, en muchos casos, se manifiesta también en la naturaleza de la persona. Tan diversa como es el alma humana en cada etapa de su desarrollo, así de diversas son sus vibraciones, según la proporción y la naturaleza de sus cualidades buenas y menos buenas. Por tanto, el interior de la persona se expresa mediante su conducta exterior; y quien tiene un poco de práctica —y suficiente valor para mirarse con sinceridad, digo con una sonrisa— puede reconocer en su conducta qué lo mueve desde dentro a pensar y actuar de uno u otro modo. Esa persona sabe cómo está su interior y puede producir un cambio, si así lo desea.
La mayoría de los seres invisibles que se ocupan constantemente de ustedes, tanto para el bien como para el mal, posee la capacidad de reconocer el estado de su alma. También los seres de la caída, que dependen de recibir energía de las personas, conocen muy bien la ley de atracción. Trabajan con ella de manera completamente intencional y proceden con tanto refinamiento que la mayoría de las veces ustedes no perciben que cayeron en una de sus trampas. A menos que tengan el deseo de conocerse a sí mismos y sean suficientemente vigilantes para poder reaccionar a tiempo.
¿Cómo proceden? Les hacen ofertas adaptadas a ustedes, naturalmente sin advertírselo. Esto significa, por ejemplo, que introducen en su entorno y, con ello, en su conciencia, una idea, una persona o una situación que posee la misma vibración, o una semejante, que una carga aún presente en su alma. La persona «responde» a ello, quizá incluso sin quererlo o sin poder controlarlo. En este caso, la ley de atracción hizo que algo se acercara a ustedes y que reaccionaran de manera correspondiente porque existían en ustedes condiciones iguales o semejantes en el plano energético del alma. Muchas veces sin saberlo ni quererlo, les tendieron —expresado figuradamente— la mano y fueron guiados por ellos y no pocas veces seducidos. Todo esto fue preparado energéticamente en lo invisible y después se manifestó en lo visible.
De la misma manera, pero sin que tengan que intervenir fuerzas oscuras personificadas, se produce el contacto o la comunicación con campos de energía que existen por todas partes en el cosmos, en incontables formas y con todas las cualidades negativas que la humanidad haya producido alguna vez.
Mis hijos e hijas, reconozcan mediante este ejemplo cuán grande es el peligro de ser empujados y arrastrados en una dirección hacia la cual el alma, en el fondo de su esencia, no desea ir. Por eso no es casualidad que una persona encuentre esto o aquello en su vida; que se enfrente o no a situaciones desagradables o amenazantes; que se entregue a un vicio o busque personas de igual inclinación; que llegue a relacionarse con personas que finalmente le hacen daño; que pueda ser conducida o no por extravíos ideológicos; y tantas otras cosas… Siempre hubo algunos aspectos en su alma que todavía no conocía, que no quería conocer o que vivía conscientemente. Solo este hecho hizo posible que, mediante la ley de atracción, lo correspondiente se acercara a ella para atarla y amordazarla aún más, impedir el desarrollo de su alma y hacer que posiblemente se enredara todavía más en la ley de causa y efecto.
En el centro del camino que conduce de regreso a Mi corazón se encuentra el trabajo interior. Su finalidad es producir paso a paso un cambio de su esencia mediante una conducta distinta, menos egoísta y, en su núcleo, amorosa hacia el prójimo. En muchas revelaciones he iluminado el trabajo interior desde todos los ángulos y también les he llamado la atención sobre las dificultades que encontrarán cuando comiencen a integrarlo en su vida cotidiana. Porque el lado contrario no se limita a observar cuando una persona se dispone a cumplir Mi mandamiento del amor. Pero tengan la certeza de esto: Mis posibilidades de guiar y proteger a un hijo —y, si es necesario, también de llevarlo en brazos— son incomparablemente más diversas y poderosas que todos los intentos de perturbación de las tinieblas.
Por tanto, el trabajo interior será cada vez más importante en el tiempo venidero, pero no por el «trabajo» en sí, sino por los efectos positivos que produce en su alma. Quien comienza a cuestionar con más seriedad que antes su conducta y a cambiar, es decir, ennoblecer, rasgos de su carácter que ha reconocido como impropios de un hijo de Dios, modifica al mismo tiempo la vibración de su alma y también la irradiación de su persona.
Esto significa que aquello que transforma con Mi ayuda va perdiendo poco a poco su irradiación negativa, porque se vuelve más claro, ligero y cada vez más luminoso, hasta que finalmente se disuelve y deja de ser una carga. Su nivel energético se ha elevado entonces. La ley de atracción continúa obrando en él, pero ahora atrae otras cosas —otras personas, inspiraciones, circunstancias de vida y muchas cosas más— porque han cambiado sus «condiciones generales», que también determinan su futuro.
De este modo dio también a sus ángeles y a todos los que lo acompañan espiritualmente para ayudarlo la posibilidad de dejar llegar hasta él algo positivo que antes, debido al estado de su alma, no podía alcanzarlo en la misma medida. Entre ello se cuentan también los numerosos impulsos divinos, a los que la persona se vuelve más receptiva cuanto más se orienta hacia el amor.
La ecuación es muy sencilla:
Decisión a favor de Mí, el amor = trabajo interior con Mi apoyo = cambio como consecuencia del esfuerzo sincero = menos puntos débiles en el alma, lo que significa al mismo tiempo mayor fortaleza del alma = disminuyen las posibilidades de influencia del lado contrario = la guía por medio de Mí adquiere mayor peso = su seguridad y protección están en Mis manos.
Si quieren, pueden trabajar con la conclusión inversa de esta ecuación. Ustedes mismos encontrarán las respuestas. Solo diré esto: ¡la verdadera seguridad se encuentra únicamente en Mí! Si en su vida no se percibe o no llega a percibirse la protección esperada, y todavía les faltan la confianza y la seguridad que anhelan, puede ayudarlos preguntarse si estuvieron dispuestos, o en qué medida lo estuvieron, o si están siquiera dispuestos a conceder mayor importancia a Mis mandamientos.
Estoy ante ti con los brazos extendidos y llenos de amor. Nunca rechazaré a un hijo, sino que le haré llegar ayuda tras ayuda. Mi amor y Mi misericordia conocen caminos que ustedes ni siquiera pueden intuir. Pero debo esperar el «sí» de Mi hijo, tu «sí».
Ahora podrían preguntar con razón: «¿Por qué tiene que ser tan complicado? ¿No puedes Tú, amado Padre, intervenir simplemente, también en mi vida, y arreglar muchas cosas que de todos modos deseo desde hace mucho?»
«No es complicado, hijo Mío», te respondería. «Aquello que te parece un obstáculo y parece dificultar el asunto es algo que utilizas con gusto cuando se trata de tus intereses: es tu libre albedrío, Mi regalo para ti, que jamás tocaré, pero que te exige tomar tus decisiones bajo tu propia responsabilidad».
En la confrontación que se libra entre la luz y la oscuridad, las tinieblas parecen tener la ventaja de poder manipularte, seducirte y atacarte en cualquier momento sin tu consentimiento. Yo y Mis muchos ayudantes a tu lado, en cambio, debemos esperar hasta que decidas ponerte del lado del amor. Yo también te hago ofertas ininterrumpidamente —entre otras, mediante esta palabra de revelación—, porque deseo tenerte pronto de nuevo junto a Mí.
La ventaja de las fuerzas contrarias se convierte en desventaja para ellas cuando la persona decide oponerse a todas las influencias negativas, porque ha adquirido conocimiento, ha comprendido el juego y comienza a llevar a la práctica «amen, y nada más». Entonces se vuelve cada vez más fuerte y se convierte así en una luz que brilla cada vez más profundamente en la oscuridad. Pero —y con ello vuelvo al «buen Dios» del comienzo de Mi palabra y a la superficialidad que a menudo se encuentra en la relación entre Mis hijos y Yo— una decisión a favor de Mí que deba cambiar algo de manera duradera en su vida no puede tomarse con unas pocas palabras ni una sola vez.
Una decisión fundamental, tomada consciente o inconscientemente, puede y podrá constituir en muchos casos la base de una vida conforme a Mis leyes divinas. Pero, amados Míos, no se engañen. El adversario tomará nota de tal paso, pero este será un incentivo aún mayor para intentar detener precisamente el desarrollo del alma de quienes emprendieron el camino de regreso a Mí o incluso hacerlos caer. Los demás le interesan menos; en ellos apenas existe el peligro de que deje de recibirlos como proveedores de energía.
En este sentido, su «sí» a Mí es comparable con el «sí» pronunciado en el registro civil o ante el altar matrimonial. Aunque en ese momento se diga con toda seriedad, en el fondo no es más que una declaración de intención. Tendrá que demostrarse si resiste las tormentas de la vida cotidiana. Algo muy semejante sucede con el «sí» que se dan a Mí y a ustedes mismos cuando deciden hacer muchas cosas de otra manera en el futuro, es decir, hacerlas Conmigo.
Les digo: el cielo se alegra por cada «sí», y se ponen en movimiento todos los medios para que de él pueda surgir un «sí» duradero, aunque las fuerzas negativas intenten hacerlos tropezar una y otra vez. El lado contrario también conoce su decisión y hará todo lo posible por apartarlos nuevamente del camino. Para ello se sirve de las debilidades todavía presentes en su alma y que, por tanto, aún irradian hacia su condición humana. Mediante la atracción se verán confrontados con todo aquello que «en realidad» desean abandonar. Las ofertas son tentadoras y se presentan con refinamiento y de manera invisible para ustedes. ¿Están preparados?
Quien toma en serio el cambio de su condición humana en el camino hacia Mí tendrá que preguntarse una y otra vez si realmente desea conservar esta o aquella conducta en una situación determinada. Si no sería mejor detenerse un momento, reflexionar y solo entonces decidir. Si debe ceder a un impulso o luchar contra él con Mi ayuda. Si realmente debe seguir desarrollando un pensamiento que le llegó de la nada o responderle con un «alto» claro e inmediato. Ustedes mismos encontrarán muchos ejemplos más si desean examinarse.
Entonces, en esos momentos, comienza el verdadero trabajo interior. Entonces se requiere su «sí», su petición de ayuda, ¡que nunca les negaré! Si todavía no lo han advertido, observarán una y otra vez que un «sí» a algo siempre está unido también a un «no» frente a otra cosa. Como muchos lo desconocen y, por ello, parten de presupuestos equivocados, a menudo cosechan pocos resultados en su trabajo interior.
Quien desea cambiar o construir algo Conmigo se enfrenta con frecuencia a la pregunta de si realmente quiere abandonar su antigua conducta. Naturalmente, en el futuro ya no desea vivir con el enojo, las preocupaciones, la inseguridad, las dudas y tantas cosas más. Pero también obtuvo de ello algún beneficio, aunque fuera dudoso, como, por ejemplo, el sentimiento de superioridad y de haber impuesto su voluntad propia cuando se trataba de juegos de poder.
Hijo Mío, hija Mía, cuando emprendes tu camino Conmigo o deseas recorrerlo con mayor intensidad que antes, ¿quieres renunciar en el futuro a este beneficio? ¿Por amor a Mí? ¿O solo para evitar posibles molestias o dificultades? Esta sería la peor motivación imaginable y ofrecería pocas perspectivas de éxito. Examínate; y si tu respuesta es un «sí» claro, mientras te esfuerzas por adoptar una conducta nueva Yo irradio hacia tu alma y transformo poco a poco tus sombras en luz, porque Soy el único que tiene acceso a tu alma. Todo esto sucede de manera invisible en una dimensión energética. Sin embargo, pronto advertirás cómo una libertad hasta entonces desconocida se convierte en algo propio de ti.
De todo ello puede deducirse fácilmente la manera en que sé guiar y proteger a los Míos. Es la propia persona quien crea en sí, mediante su pensamiento, sus palabras y sus actos, las condiciones para poder tomar y conservar Mi mano, o bien para que la ley de siembra y cosecha determine su vida en mayor o menor medida. Cuando ha comenzado a vivir Conmigo, la vibración de su alma se vuelve distinta. Se eleva en la medida en que la persona no permite que nada la confunda ni atemorice y permanece a Mi lado; lo cual significa que permanece fiel a Mí y a los propósitos que tomó y que, cuando sea necesario, debe renovar una y otra vez. Y no por Mí, sino para tomar conciencia de que se encuentra en una lucha y, por ello, está expuesta a un gran riesgo si no se mantiene vigilante y no vuelve a levantarse cuanto antes cuando alguna vez cae.
Todo es energía, y todo se prepara en un plano invisible y energético antes de expresarse y obrar en lo exterior. Como falta este conocimiento, las tinieblas tienen tanta facilidad. Por eso, la ignorancia constituye el mayor peligro para Mis hijos, que no saben qué sucede a su alrededor ni cómo pueden defenderse eficazmente de ello.
Entren en su interior con Mis palabras y reconozcan cómo Mi amor es capaz de tomar a cada uno bajo Sus alas, como una gallina a sus polluelos. Quien esté dispuesto a ello experimentará cómo Yo dirijo sus caminos: haciendo que muchas cosas ni siquiera lleguen a producirse o solo lo hagan de manera atenuada. Aquello que antes consideraban casualidad será entonces claramente reconocible para ustedes como una intervención Mía, con la que los preservo de algo, los ayudo, les hago llegar también ayuda exterior en el momento adecuado, les abro puertas que antes estaban cerradas o les allano caminos que antes parecían intransitables.
Todo Me es posible, y en el tiempo venidero necesitarán Mi ayuda más que nunca.
Mi amor fluye como Mi energía, como Mi bendición, hacia todos Mis hijos. Abran sus corazones. Entonces no les resultará difícil reconocer la verdad de Mis palabras, que es al mismo tiempo la solución de todos sus problemas.
Amén