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Cómo confiar con facilidad

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Vertrauen leicht gemacht

Fecha original: 28 de julio de 2021

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Hijos e hijas Míos, no todos los que leen o escuchan Mi palabra con mayor o menor regularidad la acogen con la debida seriedad. Esto ya sucedía cuando estuve en la Tierra como Jesús de Nazaret. De los muchos miles a quienes hablé entonces, solo unos pocos abrieron verdaderamente su corazón para Mí. Pero fueron ellos quienes actuaron como «la sal de la tierra».

Después, comenzando en el transcurso de las décadas siguientes y continuando hasta el tiempo actual, vino el mal y sembró cizaña entre el trigo, como lo describí en una parábola. Esto sucedió mientras el labrador dormía. Y siguió sucediendo porque Mis hijos humanos aún duermen. Es difícil despertarlos, porque entonces tendrían que reconocer que no basta con ser simplemente miembros de una comunidad religiosa. Mi mandamiento principal del amor abarca más, mucho más. Desafía a Mis hijos humanos a ocuparse del amor que Yo mandé y, al mismo tiempo, de su propia conducta.

Esto no es del agrado de todos, porque les abriría los ojos e interrumpiría el sueño que todavía mantiene la ilusión de que nada es tan grave o que todo volverá a estar bien.

Ante ustedes se encuentra un tiempo difícil. Quienes no quieren aceptar la realidad califican de teorías conspirativas las exhortaciones y advertencias y las ridiculizan. Al hacerlo pasan por alto que, de ese modo, también se Me clasifica a Mí como partidario de conspiraciones. Quien considere esto exagerado, que lea en las Escrituras lo que Mi discípulo Juan recibió y puso por escrito acerca del llamado «tiempo del fin».

Ninguno de ustedes guardará silencio si, como padre o madre, reconoce peligros que se aproximan a sus hijos. Por eso, quien crea fundamentalmente en Mí no podrá negarme la capacidad ni la voluntad de alzar Mi palabra una y otra vez, precisamente ahora y con mayor intensidad, aunque a alguno le resulte molesto ser impulsado y sacudido constantemente. Quien piense así y, por ello, excluya Mis palabras de su conciencia, no podrá quejarse más adelante de que no se le advirtió sobre los peligros que amenazan al cuerpo y al alma.

Desde que existe memoria humana Me revelo a Mis criaturas de las maneras más diversas. ¡Nunca he callado y nunca callaré! Nadie puede reprimir Mi voz, aunque se haya intentado hacerlo; muy especialmente desde el momento en que enseñé a los seres humanos el mandamiento principal, el amor a Dios y al prójimo, y viví este principio fundamental de la Creación hasta Mi crucifixión.

Al hacerlo nunca exigiré demasiado a Mis hijos humanos. ¿Qué sentido tendría conducirlos a profundos misterios de la Creación si su conciencia todavía no está lo bastante desarrollada para comprenderlos? Pero esto no significa que Yo guarde silencio, como se afirma repetidamente desde distintos sectores con el argumento: «¡Todo está dicho!». Este argumento resulta fácil de reconocer para quienes saben que la recepción de Mi palabra siempre guarda una relación directa con el grado de desarrollo del alma de quien recibió o recibe Mi palabra.

Adapto cada vez Mi palabra de revelación a la conciencia de Mis hijos. También pueden decir: a su capacidad de comprensión conforme al desarrollo de su alma. Y avanzo lentamente, siempre un paso más, dándoles sobre todo ayuda para que puedan dar sus propios pasos en cuanto a reconocer conclusiones y la necesidad de tomar decisiones.

Ustedes son Mis hijos e hijas, y en ustedes también deposité Mi sabiduría. Volver a descubrirla paso a paso forma parte de la evolución de su alma tanto como aprender y vivir su capacidad de amar. La medida en que cada uno acepte y ponga en práctica Mis ayudas para aprender a pensar, hablar y vivir nuevamente —o cada vez más— con independencia y responsabilidad propia queda sujeta a su libre voluntad. Yo no la evalúo ni, si falta aplicación, la condeno. ¡Yo no juzgo!

Una herramienta que les enseño desde hace mucho es la «lógica del corazón». Ella puede convertirlos, y los convertirá, en hijos libres de Mi amor, independientes de enseñanzas y opiniones falsas, si se ejercitan cada vez más en ella.

A muchos de ustedes los inquieta la pregunta de cómo continuará todo. Y más de uno recuerda que la confianza es una clave muy importante para no dejarse arrollar por sus propios pensamientos llenos de preocupación. Con la confianza sucede algo parecido a lo que ocurre al nadar: conviene haberlo intentado y haber adquirido esa capacidad antes de caer al agua. En sentido figurado, esto significa que limitarse a recordar que la confianza es un gran apoyo no será de mucha ayuda cuando se presenten situaciones en las que se necesite confiar.

Como ya les he dicho muchas veces, la confianza constituye la suma de las experiencias vividas Conmigo. De este modo puede construirse una base cada vez más firme e inquebrantable. Pero para ello es necesario que antes se hayan aventurado Conmigo y con el «experimento de la confianza», de ser posible no solo una vez. Ustedes tienen una expresión muy conocida: «Learning by Doing», es decir, aprender actuando o aprender haciendo.

Existe un segundo camino para llegar a una confianza profunda en Mí. Pasa por la lógica del corazón. Sin embargo, presupone que no abandonen la cadena lógica que se va formando cuando lleguen al punto que, según su comprensión, pueda resultarles un poco «incómodo».

Si crees en Mí —no solo «porque sí» ni únicamente en que existo— y esa fe está firmemente arraigada en ti, entonces pregúntate si es posible que Yo, el Creador del universo, haya cometido alguna vez un error o pueda cometerlo. Hazte esta pregunta con toda seriedad.

Si consultas a tu corazón, solo puede haber una respuesta: Dios «trabaja» sin errores. Si no fuera así, si hubiera existido aunque fuera un solo instante que escapara a Mi control, ¿no se habría derrumbado la Creación? Entonces Mis leyes, que regulan toda la estructura del universo visible e invisible y cuanto ocurre en él, serían imperfectas. Y los engranajes del gran mecanismo de la Creación no encajarían perfectamente, como lo hacen desde eternidades.

¡Yo no cometo errores! Si puedes aceptar esto, has llegado a un punto decisivo de tu camino lógico, porque ahora estás «obligado» a seguir pensando hasta el final, si no quieres abandonar ese camino:

¡Entonces tampoco cometo errores en nada de lo que concierne a tu vida! Esto significa que todo lo bueno y menos bueno que te ha sucedido y todavía te sucede debe encontrarse dentro de Mi santa voluntad, y que no ocurre fuera de Mi ley y, por tanto, fuera de Mi amor.

¿Puedes seguir respaldando ahora plenamente la afirmación «Dios no comete errores»?


Es muy posible que te resistas a estas conclusiones. Tienes libre voluntad. Muy pocas personas, si llegan siquiera a este punto de sus reflexiones, lo aceptarán con alegría. La gran mayoría elige una salida:

No siguen pensando hasta el final, porque el resultado podría sacarlas de su tranquilidad, perturbar su sueño y también destruir su visión del mundo. O eligen el camino que consideran más sencillo: «Entonces no existe Dios, al menos no un Dios de amor». O se refugian en la afirmación de que, de todos modos, no es posible penetrar en los misterios de Dios y continúan con su vida cotidiana. O Me consideran injusto, si es que todavía creen en Mí.

Pero ¿qué clase de fe es esa? Una fe que ve en Mí al Creador todopoderoso y sustentador de todo lo creado, y a un Padre amoroso que lo tiene todo bajo control, pero que, tratándose de lo que les sucede a ellos mismos en su propia vida, de vez en cuando no prestó atención…

Ya sea que en este punto comiences a sentirte inseguro o que mantengas tu convicción de que Mi ley actúa sin errores, si sigues pensando surgirá en cualquier caso la pregunta acerca de Mi justicia y Mi amor divinos. Y en este punto todas las iglesias cristianas fracasan con sus doctrinas, porque estas ya no corresponden a Mis enseñanzas.

Desde la perspectiva de las fuerzas demoníacas fue una jugada magistral inducir, ya en los primeros siglos, a representantes decisivos de la iglesia de poder que entonces se estaba formando a eliminar la doctrina del renacimiento corporal y a castigar la fe en ella con la condenación eterna (1). Hasta el día de hoy, con ello no hacen otra cosa que atribuirme injusticia, imperfección y posibilidad de error. Sobre todo, lograron imponer a una humanidad en gran medida ignorante una «fe» que carece de confianza profunda en Mi conducción amorosa y justa.

Y, sin embargo, en su tiempo nada sería más importante que eso.

Cada vez más personas, cuando comienzan a reflexionar, llegan a la convicción de que no puede existir la casualidad. Porque eso significaría que un acontecimiento aparece en el mundo «porque sí», sin que antes hubiera ocurrido algo, cualquier cosa. Pueden comprobar continuamente en su vida cotidiana la falta de lógica de semejante pensamiento. Siempre hay un paso y muchos pasos anteriores, así como un paso y muchos pasos posteriores.

Incluso los más inteligentes entre ustedes abandonan con frecuencia este camino de la razón cuando no consiguen encontrar una causa, lo que sucede muy a menudo. Pero el hecho de que aparentemente no puedan reconocer una causa jamás significa que no exista. Simplemente permanece oculta para ustedes. Ya sería mucho si reflexionaran sobre este hecho y lo reconocieran. Sin embargo, esto también significaría que, al seguir pensando, tendrían que entrar en el ámbito espiritual. Y aquí Mi adversario y el de ustedes ha levantado obstáculos enormes y los ha convertido en personas de fe incompleta o sin fe; o les ha ofrecido explicaciones esotéricas que no tienen coherencia alguna. Notarán que se sostienen sobre una base muy inestable cuando las examinen Conmigo y con el corazón abierto.

La respuesta, sin embargo, es fácil de encontrar; por decirlo así, cae directamente ante sus pies cuando la buscan junto Conmigo:

A ninguna de Mis criaturas, ya viva como ser espiritual en la patria eterna, como alma en regiones fuera de los cielos o encarnada en la Tierra, puede sucederle algo que no guarde alguna relación con ella. Esto vale para lo bueno y para lo menos bueno. Cuando se trata de lo «bueno», están mucho más dispuestos a aceptarlo con gratitud de Mi mano. Con lo «menos bueno» suele ser distinto. Entonces surgen muy pronto pensamientos de injusticia, de su propia condición pecadora, también de castigo y mucho más, si es que reflexionan y no pasan de inmediato a sus asuntos cotidianos.

Lo cierto es que todo tiene una historia previa, fundada en los pasos ya mencionados que preceden a cada acontecimiento. Pero ese acontecimiento no tiene que poseer necesariamente un contenido negativo; es decir, no tiene que representar forzosamente una deuda del alma —también llamada karma— que se haya desarrollado por su conducta en una vida anterior. Existen muchas otras razones, entre ellas asumir voluntariamente una parte de la deuda del alma de un hermano o una hermana para que este o esta no tenga que soportar una carga tan pesada. También puede tratarse de una tarea de humildad, destinada a mostrar la fortaleza que puedo desarrollar en una persona si esta se ejercita cada vez más en la entrega a Mí. Hay muchas otras razones por las que una vida no puede transcurrir tan fácilmente como se desea y que no están relacionadas necesariamente o de forma directa con una carga personal del alma.

Les digo esto para que no caigan en la evaluación ni en la condena cuando contemplen su vida o la de otras personas. Pero tampoco debe inducirlos a ignorar con ligereza las señales e indicaciones que reciben incesantemente de las maneras más diversas.

Ningún alma llega a este mundo, al encarnarse, fresca e inmaculada como una rosa. O lleva en sí cargas de encarnaciones anteriores, o bien, si procede de los cielos, ha asumido voluntariamente debilidades y defectos humanos durante su descenso a la materia para contribuir, al superarlos, a reducir las numerosas energías negativas.

En cualquier caso existen razones para una encarnación, que siempre es voluntaria: por una parte, intereses egoístas en quienes desean dar rienda suelta en la Tierra a sus cualidades carentes de amor; por otra, el deseo de aprender algo en la escuela de la vida y madurar así en el alma, en quienes han reconocido el sentido de su existencia eterna y han desarrollado el anhelo de regresar al hogar (2).

Puesto que este conocimiento no solo falta hoy, sino que además sigue siendo combatido —aunque con un éxito cada vez menor— y presentado como una doctrina falsa, podría parecerles casi un pequeño milagro que aumente cada vez más el número de quienes despiertan y cuestionan seriamente muchas cosas. Pero solo es un pequeño milagro para quienes nada saben de Mí, de Mi amor y de Mi intervención en su actual morada provisional, la «Tierra».


Quien decide encarnarse para desarrollarse por amor y anhelo hacia Mí recibe todas las ayudas del Cielo. Pero esas ayudas también están disponibles de inmediato y en la misma medida cuando el reconocimiento y las decisiones llegan apenas en una etapa posterior de la vida, como sucede en la mayoría de los casos. A menudo son las circunstancias de la vida las que inician la reflexión y el cambio de rumbo.

Hijos e hijas Míos, tengan presente que ¡Yo soy, sin condiciones ni reservas, el Amor desinteresado e incondicional! Y construyan sobre esta verdad eterna y este conocimiento sus siguientes reflexiones, que incluyen también la confianza en Mí y en Mi conducción sin errores.

Yo vivo en ti, hijo Mío. Esto es algo que nadie más puede afirmar de sí mismo, ni siquiera quienes se llaman «Dios» en medida cada vez mayor. ¿Cómo podría entonces, en Mi amor, querer o permitir algo que no pudiera servir para tu crecimiento interior? ¿Cómo podría sucederte algo que representara un error de Mi parte porque en realidad estaba destinado a otra persona, pero por equivocación te alcanzó a ti?

Amados Míos, por favor, utilicen su entendimiento.

Nunca permito algo que pueda perjudicar el desarrollo de tu alma. Es cierto que las tinieblas intentan hacerlo sin cesar; pero que tengan éxito depende de ti y del estado de tu alma, marcado, entre otras cosas, por tus deseos e ideas, pero también por aquello del pasado que todavía arde oculto en ti, sin haber sido reconocido ni lamentado, y que en algún momento se expresa como sufrimiento y miseria, si antes no fue transformado y resuelto Conmigo.

Por tanto, aquello desagradable o incluso difícil que te sucede en la vida se debe a influencias negativas que pudieron y pueden actuar en ti por tu vibración energética, a cargas antiguas de acontecimientos pasados que aún se encuentran en tu alma y que ahora, estimuladas por distintas situaciones, salen a la luz, o también a una conducta que se practicó o todavía se practica en esta vida.

No se trata de pruebas que Yo te imponga, porque no necesito ni voy a poner a prueba a Mis hijos. ¿Para qué? Yo lo sé todo acerca de cada uno.


Con esto he abordado un tema que muchos preferirían excluir. Tampoco profundizaré más en él, porque lo dicho basta para comprender las relaciones. En cambio, dirigiré ahora su mirada al hecho de que, si lo desean y lo buscan de la manera correcta, están protegidos, envueltos en amor y guiados en una medida que supera ampliamente su comprensión. Allí reside la gran importancia de la confianza y su significado profundo. Puede volverse inquebrantable en quien se entrega a Mí y a Mi conducción.

La casualidad ha quedado desenmascarada como irreal, y Mi supuesta injusticia como una mentira. La verdad es esta: toda criatura, sin importar dónde se encuentre ni cómo viva, está siempre integrada en la ley de Mi amor, de la que nadie puede caer jamás. Esto significa que todo lo que les sucede tiene sentido para la salvación de su alma y nunca representa un descuido ni mucho menos un castigo de Mi parte. Al contrario, puede ser —y será— edificante y valioso si se reconoce y acepta como ayuda, porque se funda en Mi amor. Las causas de la conducta de una persona siempre deben buscarse en su pasado. Por eso, las explicaciones del cristianismo eclesiástico, que no reconoce un pasado del alma, no conducen a ninguna parte… (3)

Así pueden desaparecer todos sus temores y preocupaciones de ser afectados o alcanzados alguna vez por algo que no guarde relación con ustedes. Naturalmente, esto no significa que todo vaya a agradarles ni que estén de acuerdo de inmediato. Porque muchas cosas interfieren con sus ideas humanas acerca de vivir como les parece correcto y satisfactorio.

Concedo a cada uno la libre voluntad de organizar su vida como desee. Pero deben tener claro que todo sirve para que aprendan a amar de la manera correcta. Esto es algo que su alma desea desde hace mucho, porque ella también tiene deseos y sufre cuando la conducta de su ser humano la debilita. Los efectos negativos se vuelven visibles y perceptibles, a más tardar, cuando el alma abandona el cuerpo al desprenderse de él —lo que ustedes llaman erróneamente «muerte»— y pasa a las regiones del más allá. Es posible que se sumen tareas pendientes de esta vida o de una anterior que esperan ser abordadas. Para ese fin aparecen y entran así en su vida.

La buena noticia —«buena» en el sentido más verdadero de la palabra— es que nadie que exprese, de la manera que sea, su deseo de mejorar algo en su vida, es decir, de cambiarlo conforme a Mi mandamiento del amor, quedará jamás solo. Hacia él fluyen fuerzas y más fuerzas, lo que lo llenaría de asombro y de profunda gratitud si ya pudiera contemplar este proceso espiritual con sus ojos interiores.

Si tú, hijo Mío, das tan solo un paso hacia Mí, Yo doy muchos pasos hacia ti. Tengo que esperarte porque posees libre voluntad. Pero si vienes a Mí al reconocer que hiciste algo incorrecto o porque deseas seguir desarrollándote en el sentido del amor, no transcurre ni un parpadeo antes de que Yo inicie los pasos necesarios. También tu ángel guardián y, en determinadas circunstancias, otros ayudantes espirituales participan en este «proceso de recuperación». Porque eso es en verdad: con cada decisión que tomas conforme a Mi voluntad se orienta el rumbo de tu regreso al hogar, hacia Mí.

Es posible que no todo cambie enseguida en tu vida con la rapidez que quizá imaginas o deseas. Entonces recuerda que cada uno está integrado en una red inmensa y relacionado con muchas otras almas y personas mediante acontecimientos que quizá se remontan a muchas vidas o incluso a eones. También debo respetar sus necesidades y su libre voluntad.

Pero estas serán excepciones. Yo transformaré muchas cosas y, con ello, te las quitaré; esto no tardará en repercutir en tu vida, en tu entorno y en tu conducta. Percibirás que crece en ti una fuerza nueva. Poco a poco se desprenderán de ti algunas cosas, y muchas otras adquirirán una importancia distinta de la que tuvieron en el pasado. Comenzarás a descansar cada vez más en Mí y, por tanto, también en ti mismo. Mis energías fluirán en ti con intensidad creciente, lo que también repercutirá en tu salud física, si así está previsto para ti en Mi ley.

¿Qué desencadena todo esto? Has acogido a Mí en tu vida con mayor intensidad que antes. Esto incluye un reconocimiento sincero de ti mismo y también el arrepentimiento necesario si tu conducta pasada así lo requiere. El arrepentimiento y los sentimientos de culpa son dos cosas completamente distintas que, sin embargo, se confunden con demasiada frecuencia. Mediante un arrepentimiento sincero te libero de tu culpa en ese mismo instante; mediante los sentimientos de culpa, las fuerzas demoníacas te atan a ellas, te roban energía sin cesar e impiden el avance de tu alma.

Quizá logres incluso convertir tu acercamiento a Mí en entrega. Si este es tu deseo y tu meta, impulsaré tu empeño con todos los medios y lo apoyaré en una medida tal que algunas cosas se presentarán ante tus ojos como un milagro.

Aunque pueda parecer una expresión un poco exagerada, también puedes llamarlo así: «Entonces la persona ya tiene asegurado su porvenir». Si miran al tiempo venidero, nada mejor podría sucederles. Pero esto no significa que la necesidad y la adversidad pasen sin dejar huella sobre todos los que decidan seguirme. Sin embargo, aprenderán a afrontar todo mejor que en el pasado. Y, no menos importante, reconocerán que el alma es lo decisivo. Porque ella pasa al más allá y continúa viviendo allí bajo condiciones que no son como son por «casualidad». El cuerpo que necesitó para los años de aprendizaje de la encarnación pasada queda atrás y se desintegra.

Ahora más de uno comprenderá mejor por qué Mi atención se dirige en primer lugar al fortalecimiento y desarrollo de su alma, aunque también tengo presente su bienestar corporal. Y comprenderá que todo sirve para despertar a la persona, a fin de que pueda liberarse de las influencias de la oscuridad y de los vínculos con lo negativo. ¡Porque la libertad espera a cada uno de ustedes!


Mi palabra de revelación de hoy debe darles valor para entregarse, más que hasta ahora, a Mí, a Mi conducción y a Mi amor. Si reconocen que no existe la casualidad, la única conclusión que queda es esta: Mi ley divina actúa en todo, también en ti y sobre ti. Y puesto que Mi ley es amor y Me basta tu empeño sincero, darme tu sí no puede implicar ningún riesgo para ti, aunque al principio sea solo un sí pequeño y cauteloso.

Todo esto y mucho más se lo revela la «lógica del corazón». También el reconocimiento de que, para quien cree en Mí, no cabe preguntarse si confía en Mí o no. Sin embargo, requiere un poco de práctica, y en ella quiero ser su acompañante y Maestro.

Amén

(1) Una de las muchas explicaciones que pueden encontrarse, por ejemplo, en Internet:

Sin embargo, Orígenes vivió en una época en la que estaba en pleno desarrollo la transformación del cristianismo primitivo en una institución de poder edificada sobre rituales externos y costumbres tomadas del paganismo. Ya durante su vida fue objeto de fuertes ataques.

Hacia finales del siglo IV, los escritos de Orígenes ya habían sido tergiversados y, además, representantes de la Iglesia los destruyeron sistemáticamente. En la actualidad solo existen restos muy escasos de sus escritos originales. Aun así, la doctrina de Orígenes se difundió por grandes regiones de Europa a través de Arrio (aprox. 270-336) y Wulfila (313-383), como el llamado «arrianismo». Esta «herejía» era una espina para la Iglesia. En un sínodo de la Iglesia oriental celebrado en Constantinopla en el año 543, el emperador Justiniano hizo prohibir la doctrina de Orígenes, hasta donde todavía se conocía entonces, mediante nueve anatemas de tono marcial.

Aunque la reencarnación no se mencionó expresamente en estas condenas, sí se condenaron la preexistencia del alma y la «restauración de todas las cosas», es decir, la doctrina de que todas las personas y almas algún día volverán a estar con Dios y que, por tanto, no existe una «condenación eterna». De este modo se privó de fundamento a la doctrina paleocristiana de la reencarnación. ¿Y por qué sucedió esto? Porque la fe en la reencarnación libera a la persona de todos los dogmas y leyes eclesiásticas.

Extracto de:

Reencarnación: un don de gracia de la vida. ¿Hacia dónde se dirige el viaje de mi alma?

(2) Véase también: https://www.aus-liebe-zu-gott.de/Eine-neue-Inkarnation.html

(3) «Fundamentalmente se subraya que el alma es creada directamente de la nada por Dios, que por ello no pertenece a la sustancia divina y que tampoco lleva nunca una vida anterior al cuerpo…».

De: Herders Theologisches Taschenlexikon, tomo 6