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Cada uno determina por sí mismo su bienestar o su sufrimiento

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Sein Wohl und Wehe bestimmt ein jeder selbst

Fecha original: 3 de marzo de 2022

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, su bienestar o su sufrimiento dependen del reconocimiento de las leyes espirituales; y no solo de reconocerlas, sino —algo aún más importante— de incorporarlas a su vida, su cotidianidad, su conducta y su trato con el prójimo.

Muchas personas que creen tener fe en Mí poseen, en realidad, una idea muy limitada de Mí y, por tanto, de Mi amor. Se comprende por sí solo que ninguna conciencia —ni siquiera la de un ángel por «grande» que sea, y mucho menos una conciencia humana— puede penetrar en Mis profundidades. Sin embargo, debe serles posible atribuirme entendimiento, lógica y ausencia de errores sin la más mínima limitación. Esto no significa al mismo tiempo que el ser humano pueda clasificar inmediatamente como bueno y correcto todo cuanto le sucede personalmente y ocurre en el mundo.

Pero aceptar una fe en Mí como el amor desinteresado e incondicional y como la fuerza insuperable de Mi creación, y sostener al mismo tiempo que algo podría suceder fuera de Mi voluntad, no puede denominarse «fe». Pensar así equivale a imaginar que algo sucede fuera de Mi amor. Llevar este pensamiento hasta sus últimas consecuencias significaría que el destino de Mis criaturas Me resulta indiferente; que no tengo todo bajo control y que otra potencia consiguió obligarme a abandonar Mis principios eternos y actuar contra Mis propias leyes…

¿Es esto imaginable? ¿Seguiría existiendo entonces Mi creación…?

Pero como sigue existiendo —y seguirá existiendo por todas las eternidades—, debe estar inequívocamente claro para todos aquellos para quienes no Soy su Dios solo sobre el papel que jamás dejo sin efecto Mis leyes. Si alguna vez existiera esa necesidad, ni ellas ni Yo, como su autor, seríamos perfectos.

¿Es esto imaginable? ¿Seguiría existiendo entonces Mi creación…?

Utilicen ahora la lógica del corazón: puesto que Mis leyes rigen siempre y eternamente, también lo hacen allí donde ustedes mismos encadenan su pensamiento mediante su poca fe o incredulidad, su ignorancia o su falta de voluntad. Si todavía les resulta difícil seguir estas reflexiones, solo eso les permitirá reconocer que su fe aún no ha alcanzado la profundidad que desea su alma y que, en esos puntos, acecha la tentación de dejar de pensar o de llevar el razonamiento hasta el final «por precaución». Porque semejante reflexión podría llevarlos quizá a tener que desprenderse de antiguos patrones de fe.

A cambio, sin embargo, llegarían a la convicción cada vez más firme como una roca de que Mi amor infinito es completamente distinto, mucho más amplio y variado de lo que hasta ahora creyeron y experimentaron; de que no contiene contradicción alguna y de que su inseguridad y sus vacilaciones se deben, en gran medida, a su ignorancia.

No pueden valorar suficientemente la ganancia y las consecuencias que esto tendría para ustedes. Porque los liberarían —no, los liberarán, si actúan con seriedad— de sus miedos y preocupaciones y los llevarán a una confianza en Mí y en Mi guía como nunca antes conocieron.

Cuando no solo vislumbren Mi cuidado y Mi justicia —sin los cuales Mi amor paterno y materno sería inconcebible—, sino que los experimenten en sí mismos, ya no será un gran paso confiarme su vida con mayor intensidad que antes. Entonces, después de volverse hacia Mí, estarán preparados para entregarse al amor. Tampoco quedará ya la pregunta de si pueden orar desde el corazón y con él: «Hágase Tu voluntad en mí».

No solo podrán hacerlo; se convertirá en una necesidad para ustedes. Porque percibirán y luego experimentarán que no existe nada más seguro que confiarse a Mi voluntad y, con ello, encontrar el «corazón de la Creación».


En el difícil tiempo que viven, cuando el mundo comienza a cambiar, es más necesario que nunca encontrar un sostén interior y convertirlo en un lugar dentro de ustedes que les proporcione la calma y serenidad necesarias. Para ello hace falta, por una parte, una confianza bien fundada y, por otra, la certeza inalterable de que entregarse a una «potencia divina abstracta y ampliamente desconocida» para muchos es realmente algo sensato. Y no solo eso: que constituye la salvación, la única solución que les permite sobrevivir sin el sufrimiento posterior, sin aflicción, autorreproches, miedos, tristeza y muchas otras cosas.

La palabra «posterior» ya indica hacia dónde quiero conducirlos:

No basta con considerar que las pocas décadas de su vida terrenal actual lo son todo —quizá incluso lo más importante— y procurar salir adelante de manera más o menos satisfactoria. Ciertamente, en este momento es lo más importante, porque sus pensamientos y actos actuales determinan los pensamientos y actos futuros; y no solo con vistas a la vida en el más allá, que seguirá inmediatamente a esta, sino también en relación con el tramo de vida que aún tienen por delante en esta encarnación.

¡Y, sin embargo, se trata de mucho más!

Para comprenderlo, alcanzar los conocimientos necesarios y, sobre todo, tomar las decisiones imprescindibles que se desprenden de ellos, deben aprender a ampliar su mirada y su conciencia. La mayoría de Mis hijos humanos atraviesa la vida, hablando en sentido figurado, con la cabeza inclinada, mirando el suelo y observando apenas los pocos metros que tiene delante de sus pies.

Mis amados, esto no es digno de ustedes. Son hijos de los cielos que superan en fuerza, poder y belleza todo cuanto puedan imaginar. Nunca podré recordarles lo suficiente la grandeza espiritual que llevan dentro y, con ella, la meta hacia la cual avanzan desde que abandonaron su verdadera patria Conmigo. No importa por qué razones sucedió.

Las tareas de aprendizaje y los desafíos que encuentran aquí son, en principio, iguales para todos los seres humanos: el ego, con sus innumerables facetas, debe ser reducido, y el amor a Mí, al prójimo y a ustedes mismos —que aún permanece sepultado bajo los desechos de las debilidades humanas— debe volver a quedar al descubierto. Las tareas solo se diferencian por las cargas del pasado que cada uno trae consigo y por aquello que quizá se propuso para esta encarnación.

La intensidad con la que pueden entrar en su vida y los efectos que tendrán para ustedes dependen de su capacidad o voluntad de reconocerlas como procesos de aprendizaje, así como de su disposición para aceptarlas como tales y procurar resolverlas con Mi ayuda. Mientras no estén dispuestos —ya sea por ignorancia o porque no aceptan Mis leyes espirituales—, seguirán siendo juguetes de otras fuerzas que trabajan contra Mí y contra ustedes.

Por eso, como dije al comienzo, su bienestar o sufrimiento depende de que todavía atraviesen la vida a ciegas o ya estén en el camino de convertirse paso a paso en personas que ven. Naturalmente, también depende de que estén siquiera dispuestos a afrontar gradualmente esas tareas, algo que Yo llamo «trabajo interior».

Las fuerzas contrarias intentan impedirles constantemente que, caminando tomados de Mi mano, aprendan a mirar detrás de las cosas y lleguen a comprender que todo está unido y entretejido, y que una cosa actúa continuamente sobre la otra. De ese modo se crean sin cesar causas que tarde o temprano se convierten en efectos. Estos, a su vez, despiertan en el ser humano sensaciones y sentimientos que muchas veces no están en el amor y lo inducen a reacciones equivocadas y a una conducta incorrecta. Con frecuencia sabe qué sería lo correcto, pero, por falta de esclarecimiento y práctica, no logra convertir ese conocimiento en acción, en su propia acción.

La consecuencia es que la persona se aleja cada vez más de Mí, porque no Me conoce realmente y muchas veces apenas conoce Mi nombre. Entonces tampoco se Me atribuye justicia, lo cual ocasiona otra serie de conclusiones y reacciones equivocadas que la hacen caer cada vez más en una fe débil o en la incredulidad.

Entre los factores que provocaron y siguen provocando esto se encuentran la doctrina errónea de una única vida terrenal y la consiguiente interpretación equivocada de la ley de la siembra y la cosecha. Según la enseñanza eclesiástica, esta siempre actúa únicamente hacia el futuro y deja de lado el pasado. Así queda sin respuesta la pregunta de cuándo se sembró la semilla de la cosecha actual. Se la aparta con un encogimiento de hombros y la afirmación de que ningún ser humano puede penetrar en los misterios de Dios.

¡Qué error tan fatal! ¡Qué consecuencias tan dolorosas ha traído para Mis hijos humanos esta jugada de las tinieblas, en cuya creación e imposición participaron por igual los poderes seculares y eclesiásticos de aquel tiempo!

Mi justicia no hace distinciones, aunque al mirar superficialmente muchas veces les parezca lo contrario. Favorecer a uno y descuidar a otro jamás puede ser compatible con Mi amor. Todas las criaturas están integradas en él por igual.

Esto también se aplicó al ser humano Jesús de Nazaret, en quien Yo encarné y quien fue Mi morada durante treinta y tres años. También él —y precisamente él— tuvo que librar las luchas interiores más difíciles, pues las potencias de las tinieblas lo acosaron de manera especial. ¡Qué «fiesta interior de alegría» habría sido para ellas conseguir hacerlo caer…!

Para ustedes es importante recordar una y otra vez que cuanto ven con los ojos, oyen con los oídos y perciben de múltiples formas mediante sus demás sentidos es apenas una diminuta parte de un acontecimiento mucho mayor. Es una parte que, junto con todos los poderosos y «grandes» de este mundo, pronto pertenecerá al pasado, pero que mediante su conducta actual marca el futuro: el de cada uno y, si cada vez más personas llegan a reconocerlo y lo ponen en práctica positivamente en su vida, también el futuro de grupos y pueblos enteros.

Reducida al denominador más pequeño, pero decisivo, la conducta correcta exigida dice: ama, y nada más. Y háganlo en el sentido que Yo enseñé y viví como Jesús.

A semejante amor, que su alma conoce desde hace mucho tiempo, pertenece también, sin peros ni condiciones, una confianza en la que no haya lugar para miedos ni preocupaciones. Me refiero a los miedos y preocupaciones cotidianos, a sus pensamientos y conversaciones inútiles que se manifiestan especulando acerca de lo que podría venir y que son, por tanto, puro desperdicio de energía. Las tinieblas reciben estos regalos con gratitud…

Es una «afirmación de gran alcance» cuando les digo que allí donde el ser humano da una y otra vez espacio a pensamientos negativos acerca del futuro, y quizá incluso permite que estos lo dominen, su amor hacia Mí todavía es pequeño. O, expresado positivamente: aún existe un gran potencial de crecimiento.

Esto provocará oposición, y está bien que así sea, pues debe motivarlos a reflexionar sobre Mi palabra. No se trata de minimizar el amor que ya han desarrollado hacia Mí. Yo no condeno; ¡Yo amo! No importa cómo se comporte un hijo o una hija Conmigo. Pero una observación sincera puede ayudarlos a desear corregir quizá algo en la evaluación que hacen de sí mismos. Que lo hagan después y en qué medida queda enteramente en manos de su libre albedrío, sin limitación alguna.

Sin embargo, es un instrumento interesante para conocerse a sí mismos…


Tarde o temprano, en su vida o sus vidas, todo ser humano llega al punto de preguntarse: «¿Qué sentido tiene todo esto?». Por lo demás, esto también se aplica a toda alma. Porque con la «muerte» de su ser humano y su entrada en los mundos sutiles —que equivale a un «nacimiento en el más allá»—, el alma no pierde su entendimiento. Al contrario, puede estar completamente despierta, llena de curiosidad y preguntas, o también muy limitada en su percepción y conciencia.

El lugar y la forma en que llega al otro lado, cómo se siente, qué experimenta y muchas otras cosas dependen de la condición que poseía al desprenderse de su cuerpo terrenal, que ya no necesita. Pero «poseía» significa también que fue ella misma quien, mediante su conducta durante la vida, configuró su conciencia tal como ahora es. Por eso no podrá responsabilizar a nadie más —si encuentra algo desagradable o malo— por aquello que halla ahora en su nuevo entorno de vida.

Su refrán «Como cae el árbol, así queda tendido» describe, en sentido figurado, cómo continúa la vida después de la muerte: aparte de encontrarse en otro entorno ya no material, al principio todo permanece como era antes. Esto significa que el interior del ser humano se refleja ahora en el espacio exterior donde vive el alma y se experimenta de manera muy real; con una tendencia más o menos fuerte hacia adelante o «hacia arriba», en dirección a la luz, si este deseo ya se desarrolló como anhelo en el ser humano o estaba presente de todas maneras.

He colocado en cada alma el anhelo de su verdadero hogar como un tenue recuerdo. Este garantiza que cada uno de Mis hijos volverá a encontrar el camino hacia Mis brazos. Porque nadie puede perderse, ya que todos se encuentran en una trayectoria circular cuyo punto de partida es al mismo tiempo la meta.

Por tanto, no existe una separación eterna de Mí, como todavía les presentan a manera de advertencia o incluso amenaza muchas comunidades religiosas si no se comportan conforme a las diversas doctrinas eclesiásticas. Aunque estas doctrinas de condenación se proclaman públicamente cada vez con menor frecuencia, siguen ocupando un lugar en muchos códigos de sus iglesias y, por consiguiente, conservan su validez no expresada a los ojos de quienes pueden enseñarlas a las personas que creen ciegamente a sus autoridades eclesiásticas.

No en vano les enseño la lógica del corazón…


Todos conocen las palabras de sus Escrituras: «Quien busca, encuentra». En ellas se fundamenta Mi ley divina de atracción. Al mismo tiempo, constituyen Mi promesa de que todo aquel que emprenda el camino de la búsqueda de la verdad la encontrará y, con ella, también Me encontrará a Mí, que Soy el amor, pues un amor sin verdad no es amor.

Muchos entre ustedes ya encontraron la verdad en su interior. A menudo saben cómo los conduje a partir de su deseo consciente o inconsciente. Las etapas de sus caminos fueron muy diferentes, debido a la distinta condición de sus almas, determinada por sus diferentes pasados. Para Mí no existe camino alguno por el que no pueda guiar a un hijo. En este sentido, Mi promesa también constituye para ti la garantía de que encontrarás aquello que necesitas como paso siguiente o pasos siguientes, sin importar cómo sea tu pasado.

En aquellos de Mis hijos e hijas que se sienten interpelados por Mi palabra, pero todavía no han tenido tantas experiencias Conmigo, ya encendí la llama del anhelo; sin embargo, alguno necesita todavía ciertas explicaciones para comprender mejor. Por eso explico la acción de Mi ley. En este contexto tampoco debe olvidarse otro de sus refranes, según el cual «la práctica vale más que la teoría».

Todo es vibración, todo es energía. Esto también se aplica a las sensaciones, pensamientos y palabras, y para Mí no importa cómo se expresen: en voz alta, en silencio, consciente o inconscientemente, una vez o varias, etcétera. Mucho más decisivas son la seriedad que existe detrás y la motivación. Si las peticiones u oraciones están sostenidas por la necesidad de querer desarrollarse interiormente en el sentido del amor —y no por el deseo predominante de evitar algo, poseer algo o vivir determinada experiencia—, contienen un potencial muy elevado de energía positiva de amor. Por él reconozco Yo, y Conmigo todo ser espiritual que los rodea y posee las capacidades correspondientes, la sinceridad de aquello que expresan.

Pueden formularlo de manera un poco informal: toda petición desinteresada es atendida por los cielos tan pronto como es posible. ¡Y todo anhelo de acercarse a Mí contiene un aspecto desinteresado! ¿Cómo podría entonces no responder a semejante petición? ¡Mi mayor deseo es que Mis hijos emprendan el camino de regreso a Mí!

Sus ángeles guardianes y ayudantes espirituales también reconocen de inmediato su intención de cambiar algo para mejorar. Cuanto antes se pone en marcha lo necesario para iniciar semejante proceso. Como quizá deban participar otras personas y realizarse preparativos más amplios, a veces puede parecer que los cielos duermen, guardan silencio o no quieren cumplir la petición.

Mis amados, tengan la certeza de que esto jamás sucede. Los cielos no cometen errores; solo que poseen una visión más amplia y saben qué pasos deben iniciarse y cuántos cambios de vía quizá deban coordinarse para garantizar el éxito. Siempre, naturalmente, que quien motivó que los cielos pusieran todo en movimiento se mantenga firme en su buena decisión.

Y aquí debo añadir una pequeña nota amarga a todo lo positivo y alentador:

El bando contrario también advertirá su despertar espiritual y no permanecerá inactivo. Esto significa que colocará piedras en el camino que acaban de iniciar. Deben saberlo para no sorprenderse ni decepcionarse cuando no todo se desarrolle como habían pensado o deseado. A ello se añade que Yo no cumpliré todo de la forma que quizá imaginan, pues atiendo en primer lugar el bienestar de su alma.

Una vez más: Yo poseo la visión de conjunto, y Mi mayor deseo es que tú, como ser espiritual que abandonó los cielos en otro tiempo, regreses a Mí y, con ello, a tu bienaventuranza eterna. En cuanto a ti, subordino todo lo demás a esta intención. Tienes la libertad de frustrarla si no aceptas aquello que la vida, tu destino, los cielos —o como quieras llamarlo— te presentan como la siguiente etapa importante de desarrollo. Tienes derecho a hacerlo. Muchas cosas que experimentas «en realidad y originalmente» tampoco fueron previstas así por Mí para ti, sino que son los frutos de una semilla que tú mismo sembraste en tiempos anteriores y que ahora debe cosecharse. Sin embargo, quizá sirvan para llevarte a reflexionar.

Ven a Mí cuando no estés seguro del camino que debes tomar. Pregúntame, pídeme, y recibirás la respuesta si tu corazón está Conmigo y permaneces atento. «Hágase Tu voluntad en mí» es también en ese caso la mejor protección para no caer involuntariamente en las trampas refinadamente tendidas por el mal.

Cuando comiences a buscarme encontrarás muchas recomendaciones, propuestas e indicaciones. Cuál eliges —o si eliges alguna— depende de numerosos factores. En el fondo nunca podrás tomar un camino «equivocado», porque al principio siempre te sentirás atraído por aquello que corresponde a tu vibración interior. Esto también está bien, pues si siguieras consejos que se te imponen como correctos aunque tu corazón te dijera algo distinto, actuarías contra tu interior y tú mismo entrarías en un callejón sin salida.

Visto así, no existen caminos equivocados. Porque si los hubieras reconocido previamente como tales, no los habrías recorrido. Después habrás aprendido algo y, si guardas esa experiencia en tu corazón, habrás dado un paso muy importante para la maduración de tu alma.

Si Me buscas con un corazón sincero, te mostraré tu camino, que te conducirá por etapas apropiadas para ti. Por tanto, no te orientes por diversas doctrinas de salvación. Si lo necesitas, busca información que verdaderamente te ayude a avanzar. Pero procura que tu corazón permanezca exclusivamente Conmigo y que no te guíe el deseo de adquirir conocimientos interesantes. Llevar este pensamiento a la práctica en tu vida es una de las mejores protecciones que puedes obtener.

Y tengo otra petición que procede de Mi corazón paterno y quiere advertirte acerca de una gran tentación:

Procura no abandonar demasiado pronto tu búsqueda de la verdad —es decir, tu búsqueda de Mí— porque creas haber aprendido y hecho ya lo suficiente. Ni siquiera el tesoro de conocimientos de Mis «mayores» profetas, que puedes adquirir leyendo o incluso estudiando sus obras, sustituye jamás tu propio desarrollo interior. Este solo puede comenzar y realizarse mediante tu trabajo interior. Es y seguirá siendo el punto central de tu regreso al hogar; nunca concluye en esta Tierra. Y si se entiende como un crecimiento que surge de conocimientos siempre nuevos y de su aplicación, entonces no termina jamás. Porque tu evolución —y no solo la tuya, sino la de toda la Creación— continúa por toda la eternidad.

Aquí en la Tierra, tu futuro muchas veces te parece inestable y lleno de interrogantes. Será así y continuará siéndolo hasta que coloques todo plenamente en Mis manos. Solo entonces te liberarás poco a poco —o quizá con mucha mayor rapidez, porque depende de tu decisión y de los actos posteriores— de tus miedos y preocupaciones. Al mismo tiempo crecerá tu amor hacia Mí, hacia tu prójimo y hacia ti mismo. Yo preparo para ti los pasos necesarios. Podrás darlos protegido, tomado de Mi mano.

En este proceso tendrás la asombrosa experiencia de que quizá sea muy hermoso alabarme y glorificarme, pero que amarme produce una felicidad incomparablemente mayor. Experimentarás una dimensión nueva de alegría interior cuyo fundamento es un intercambio mutuo. Porque el amor es la fuerza más grande del universo, no la alabanza. Convierte tu vida en una alabanza esforzándote por hacer de Mi amor el fundamento de tu existencia.

Acercarte a Mí de esta manera significa volver a convertirte tú mismo, paso a paso, en amor.


Con Mi palabra de revelación de hoy he trazado un gran arco, entre otras razones porque es importante que reconozcan el panorama completo; que vean la relación que existe entre todos los acontecimientos y de la cual ustedes también forman parte. Nada permanece jamás solo y aislado, como si simplemente hubiera sucedido sin relación con el ayer ni efecto sobre el mañana.

Del pasado surge el presente y de este, el futuro. Su conducta actual marca aquello que se aproxima. Esto se aplica tanto al pequeño destino del ser humano como al gran destino de la humanidad.

Incluso cuando la «rueda de la compensación» —la gran rueda del karma— ya no puede detenerse porque se necesita una purificación fundamental, esto no significa que Yo no pueda guiar y proteger individualmente a quienes Me lo piden y se confían a Mí: no solo con palabras y con el deseo subyacente de quedar a salvo de todo, sino con la necesidad de su corazón de no perder la fe en Mí ni en Mi amor durante el difícil tiempo que viven.

Si Yo Soy la solución para ustedes, puedo y voy a «tomarlos bajo Mis alas» como una gallina a sus polluelos. Confiar en ello les resultará tanto más fácil cuanto más interioricen Mis palabras y Me «pongan a prueba» en la realidad de su vida cotidiana.

Les ofrezco la única solución que constituye el verdadero ancla de salvación en este tiempo nada fácil. Ante la pandemia creada por ustedes mismos, que es apenas una entre varias dificultades que ya afrontan y que todavía los esperan, ciertamente no carece de importancia que procuren mantener un sistema inmunitario funcional y estable.

Pero no olviden el sistema inmunitario de su alma. Muchos desconocen su existencia. Por eso les digo: es más decisivo para su vida futura que el sistema físico. Además, una fortaleza anímica desarrollada únicamente mediante su esfuerzo y Mi ayuda también manifiesta efectos positivos en el cuerpo. Lo contrario no sucede.

Amén