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Cada uno de sus pasos sirve para alcanzar la perfección

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Jeder eurer Schritte dient der Vervollkommnung

Fecha original: 14 de diciembre de 2017

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, es muy importante que lleguen a ser personas que comprenden, que actúan bajo su propia responsabilidad al reconocer las relaciones, a quienes se les abren los ojos interiores y que, por tanto, ya no pueden ser manipuladas. Porque ustedes son hijos libres, a quienes he dado un corazón grande y, como compañero suyo, un entendimiento agudo. Mi deseo y voluntad es que sigan desarrollando ambos y que también los usen.

Por eso, Mi palabra revelada debe, por un lado, recordarles una y otra vez quiénes son, por qué llegaron a la Tierra, dónde se encuentra su meta y cómo pueden alcanzarla con la mayor rapidez y un mínimo de esfuerzo —de ahí también las repeticiones, muchas veces necesarias—; y, por otro, debe ayudarlos a comprender, mediante explicaciones cada vez más amplias y profundas, cómo obra el bando contrario y en qué medida influye y domina a las personas. Pero, sobre todo, Mi palabra sirve para proporcionarles los instrumentos necesarios con los que pueden liberarse de las ataduras que unos llevan en mayor medida y otros en menor.

Una y otra vez he hablado de que todo en Mi creación es evolución; es decir, que nada surgió ni surge «de la nada» de un instante a otro. Todo necesita su proceso de desarrollo; esto se aplica tanto al ser vivo diminuto como a la poderosa galaxia. Y así, durante un «período» imposible de medir, surgieron los ámbitos más hermosos e infinitos de los cielos. Aunque resulte incomprensible para ustedes y también para muchos que ya han entrado en las esferas luminosas, la creación no tiene fin ni límites «temporales» o «espaciales», ni en el microcosmos ni en el macrocosmos; es decir, ni en lo más pequeño ni en lo más grande.

En su gloria y perfección constituye un mosaico imposible de describir con palabras: su patria eterna.

A causa de la caída, ahora faltan muchas piezas en este mosaico. No cabe duda de que volverán a colocarse, pues mediante Mi obra redentora como Jesús de Nazaret se detuvo la destrucción de la imagen, y muchas de las pequeñas piezas que en otro tiempo se desprendieron ya han vuelto a ocupar su lugar.

Pueden aplicar esta comparación a la creación material y, en particular, a su Tierra. También ella se presenta como un mosaico que hace mucho tiempo dejó de mostrar la belleza que una vez le perteneció. Un conjunto armonioso, una riqueza variada de colores, una evolución constante mediante la interacción de todos los procesos dispuesta por Mí y, gracias a ello, un crecimiento conforme a Mis leyes no estuvieron ni están de acuerdo con las intenciones de las fuerzas oscuras. La Tierra y los ámbitos astrales vinculados a ella constituyen su dominio —provisional—; aquí dan rienda suelta a sus fuerzas en la medida en que las personas sometidas a ellas lo hacen posible. Pero no utilizan únicamente a sus seguidores. En todas las personas fortalecen —o por lo menos lo intentan— los patrones negativos de conducta que ustedes denominan en conjunto «el ego».

Obtienen energía de toda conducta dirigida contra el mandamiento del amor y la emplean para aumentar su influencia y poder terrenales, conservar o ampliar sus ámbitos en los mundos del más allá y, al mismo tiempo, arrancar una pieza tras otra del mosaico de su mundo. Y esto desde que existe memoria humana, con mayor intensidad durante los últimos siglos y con toda su fuerza durante las últimas décadas.

Miren su mundo y reconozcan cómo se presenta hoy. Nadie que se haya quitado los lentes color de rosa y procure observar con sinceridad puede evitar reconocer el daño devastador y progresivo del mosaico. Ningún ámbito quedó excluido del proceso de producir un cambio —iniciado en la mayoría de los casos de manera gradual— con el objetivo de derrumbar su sistema. En todas partes, es decir, sin excluir sector alguno, las tinieblas comenzaron a actuar, propagando e introduciendo poco a poco una nueva moral y ética, un pensamiento «moderno» y una falsa libertad. Seguir el espíritu de la época se ha vuelto más fácil que sostener los valores antiguos.

Y con cada cambio hacia un pensamiento y una conducta que ya no correspondían a los principios de una convivencia amorosa fundada en Mis leyes, se arrancaba una pequeña pieza de la imagen antes armoniosa. Ahora los primeros comienzan a notar que la imagen contiene muchos lugares oscuros que sus causantes intentan cubrir con pintura.

Cada uno de ustedes puede ser un «profeta» si se entiende por ello sacar las conclusiones correctas al observar el pasado y deducir de ellas lo que traerá el futuro. Para esto no hace falta clarividencia ni ninguna otra facultad. En sus Escrituras encuentran las palabras según las cuales quien siembra viento cosechará tempestades. ¿Dónde están, en la política, la economía y las religiones, los dirigentes que poseen sabiduría suficiente para reconocer la verdad de esta ley, y que tienen la voluntad y reúnen la fuerza para mitigar por lo menos los peores efectos de la tempestad mediante un cambio de pensamiento y de rumbo?

Con demasiada frecuencia, la mayor parte de la humanidad acepta un efecto como algo «querido por Dios», y muchas veces también lo atribuye a la casualidad, a la arbitrariedad o a una injusticia de Mi parte. Pero, en todo caso, para ella son simplemente hechos con los que hay que vivir, sin reflexionar sobre quién, mediante qué conducta, puso las causas. En su vida personal —incluidas sus vidas anteriores—, ustedes mismos fueron los causantes; en la convivencia —o, mejor dicho, el enfrentamiento— de los pueblos, son los dirigentes a quienes ustedes dieron el poder para actuar contra la ley.

Por tanto, usen su entendimiento, Mis hijos e hijas, y consideren si aplicar provisionalmente una capa de pintura y ejecutar maniobras de distracción, por refinadas que sean, puede impedir los efectos de aquello que se causó. Si llegan a la conclusión de que esa no puede ser la solución, ¿qué sigue entonces?

La ley de la siembra y la cosecha conoce el principio de responsabilidad del causante; esto significa que quien produjo un daño debe repararlo. En la teoría —y, considerado a largo plazo, naturalmente también en la práctica—, esto quiere decir que cada pieza arrancada del mosaico debe volver a colocarse, pues de otro modo la imagen permanece incompleta. Todo desorden debe eliminarse, toda desarmonía transformarse, toda fealdad sustituirse por belleza y toda deshonestidad por honestidad. Y esto en todos los ámbitos: en la naturaleza, la convivencia de los pueblos y los Estados, la política, las religiones, etcétera. Solo entonces se habrán eliminado del mundo las causas que se pusieron.

Hasta allí la teoría. ¿Puede llevarse a la práctica en su mundo, y precisamente por quienes han comprendido su conducta equivocada y ahora comienzan a repararlo todo? Dejo conscientemente que ustedes respondan esta pregunta, para que reconozcan lo que ha ocurrido y no sigan cerrando los ojos ante los efectos que se producirán.

Pero la respuesta sincera no debe atemorizarlos; solo debe agudizar su mirada ante la realidad. Y debe ayudarlos a dirigirse hacia dentro, recordar Mi fuerza dentro de ustedes, servirse de ella y no dejar así su destino en manos de las incertidumbres de una vida determinada por causa y efecto, sino tomarlo en sus propias manos como forjadores de su propia felicidad.


Quiero dirigir su atención hacia otro aspecto adicional que ya les presenté una vez; es importante para construir una confianza libre de dudas, una confianza profunda, y es indispensable para la paz interior que la mayoría desea.

Partiendo del conocimiento de que Yo no cometo errores y de que todo cuanto hago y permito se funda en Mi amor, todo —aunque les parezca incomprensible— debe tener un sentido y conducir finalmente a que todo regrese a la unidad, a que todos los «hijos e hijas perdidos» vuelvan al hogar. Una cosa es creerlo solamente porque Yo se lo digo; otra es reconocer e interiorizar cómo ocurre el regreso al hogar, cómo encajan sin fisuras los distintos eslabones del plan de regreso. Tienen que encajar, porque cada paso que dan tanto la persona individual como la humanidad en su conjunto constituye la base para el siguiente. E incluso cuando, a sus ojos, el siguiente paso parece conducir más profundamente al abismo, es necesario para fomentar el reconocimiento de la propia conducta equivocada, con lo cual se detiene el movimiento descendente y se transforma en uno ascendente.

No pierdo aquello que creé con amor, y tengo la voluntad y la omnipotencia para devolver a todos y todo a la perfección. Para comprenderlo, imaginen una espiral cuyo principio y fin están anclados en los cielos y que forma así un gran círculo. Todo lo que abandonó los cielos se encuentra —sin saberlo y quizá también sin quererlo— nuevamente en el camino de regreso al hogar desde el primer paso hacia fuera, pues el círculo grande o pequeño en el que el alma recorre su camino fuera de los cielos termina de nuevo donde comenzó: ¡en la luz!

Esto es algo que los ángeles caídos no sabían o no tomaron en cuenta; se aplica en la misma medida a la humanidad ignorante. Puesto que ningún ser puede encontrarse fuera de Mi creación —no existe un solo punto fuera de ella, todo está en Mí—, siempre se encuentra dentro de la creación. Siempre se encuentra dentro de una órbita circular que con absoluta seguridad lo conduce de nuevo hacia Mí. El momento en que ocurrirá es otra cuestión y depende del libre albedrío de la criatura. Pero que ocurrirá está establecido en Mi ley.

Si fuera de otro modo, existiría una fuerza más poderosa que la Mía y que podría anular Mi voluntad con solo oponerse a ella. Pero Mi voluntad conducirá todo, sin excepción, de regreso a la unidad.

Este pensamiento va dirigido a sus teólogos, que ciertamente me atribuyen la omnipotencia, pero al mismo tiempo consideran posible vencer esa omnipotencia mediante un pequeño y obstinado «No, Dios, no quiero» humano, y que Yo pierda así eternamente a Mi hijo en favor de las tinieblas… Con estas ideas suyas, que todavía prescriben como creencia obligatoria, han sumido y siguen sumiendo a innumerables personas en un dilema espiritual.

Por tanto, ¡también tú, Mi amado hijo, volverás a Mí! Esto te lo dice tu Padre celestial.

Puesto que todo es evolución, tampoco el regreso al hogar ocurre de un día para otro. Porque presupone reconocer una culpa y decidir repararla. En la fase de rebelión contra Mí y de rechazo a Mi amor y Mi guía, ocurrirá que tanto grupos enteros como personas individuales sean confrontados con los efectos de las causas que pusieron anteriormente; no como castigo de Mi parte, sino como consecuencia de acciones pasadas, como ayuda educativa para despertar. Esto se manifiesta entonces en sufrimiento, preocupaciones, necesidades, temores, catástrofes y mucho más, y puede hacer que se intensifique el movimiento descendente en la espiral. Pero en algún momento se producirán el reconocimiento y la conversión, y el siguiente paso ya avanzará en dirección a «la luz y el cielo», aunque todavía no sea reconocido de inmediato como un ascenso.

Mientras todavía no se haya alcanzado el reconocimiento ni iniciado la conversión, no tiene sentido preguntar si el movimiento en la espiral ya vuelve a ser ascendente o sigue siendo descendente. Tomen esto en cuenta cuando especulen sobre el futuro. Pero no busquen respuestas que incluyan una fecha, ni siquiera aproximada. Por un lado, no recibirán una respuesta seria y, por otro, el momento no es lo decisivo; lo primordial es qué desarrollo interior han alcanzado, si únicamente acumularon conocimiento o también lo pusieron en práctica y, de este modo, están «al día».

Por tanto, es mejor que pregunten cómo puedo fomentar su crecimiento interior, cómo puede elevarse aún más la fuerza radiante de su alma y qué deben todavía reconocer y poner en práctica para poder dar el siguiente paso o los siguientes pasos en su camino hacia Mí; con ello también se fortalecerá Mi protección.

Con gusto les doy respuestas a estas preguntas. Se las di, mediante Jesús de Nazaret, como una ley fundamental en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo; y las doy detalladamente desde hace siglos, y con mayor intensidad durante las últimas décadas, por medio de muchos de Mis discípulos y discípulas fieles.


Si reconocen que Mis palabras son correctas, también comprenderán por qué cada paso —aunque parezca todavía absurdo, incomprensible y muchas veces injusto— debe ocurrir: ¡porque sirve de base para el siguiente paso!

Cada uno de ustedes se encuentra en algún punto de este ciclo. Cada uno da los pasos que corresponden a su conciencia. No puede ser de otro modo, porque nadie puede actuar contra su conciencia. Si aparentemente lo hace porque otros le inculcan o prescriben algo, esto solo dice algo acerca de su conciencia real en ese momento, en la cual la responsabilidad propia, la libertad y la autonomía todavía no se han desarrollado en grado suficiente.

Yo utilizo cada paso que da una persona o un alma para preparar —apoyándome en él— el siguiente. No importa si es pequeño o grande. En todo caso será el paso siguiente, no el que viene después, ¡porque no exijo demasiado a nadie! Yo ofrezco, dispongo los cambios de vía y procuro la ayuda correspondiente; pero siempre construyo sobre aquello que Mi hijo ya puede hacer, aquello que está dispuesto y capacitado para hacer y lo que se propuso para esta encarnación. Conozco el grado de madurez de cada alma, sus posibilidades y capacidades. Para Mí no importa cómo se presente un hijo. Por eso Mi amor es incondicional, también hacia ti, hijo Mío. Tampoco se me puede engañar y, por tanto, no puedo sentirme decepcionado, a diferencia de ustedes.

Ahora imaginen una situación en la que están a punto de pasar finalmente de su movimiento descendente a otro ascendente más estable, deseado desde hace mucho tiempo, después de que anteriormente, como en una montaña rusa, hubiera subidas y bajadas repetidas. Es posible que muchos acontecimientos pequeños y grandes del pasado —del cual forman parte también sus vidas anteriores— hayan contribuido al cambio. Y Yo fui quien, actuando en segundo plano y sin que lo notaran, proporcionó los impulsos y produjo las oportunidades. Ahora algo comienza a moverse dentro de ustedes; no tiene que ser nada extraordinario. Pueden ser las primeras reflexiones acerca de querer hacer algo de manera distinta que antes en este o aquel aspecto. Quizá ni siquiera lo adviertan, porque no se fundó en una decisión consciente, sino que la nueva conducta, por así decirlo, «se introdujo por la puerta trasera».

Si ahora les digo que, en una fase semejante, están comenzando a separarse de antiguos hábitos y a abandonar caminos trillados, que han comenzado —incluso mediante los cambios más pequeños— a poner en práctica Mi mandamiento del amor en su vida, ¿no sería esto motivo de alegría?

En verdad, el cielo se alegra, intensifica su apoyo y espera que sus esfuerzos no sean obstaculizados ni anulados de nuevo por fuerzas —en primer lugar, por otras personas— que todavía no reconocen lo que significan para ustedes y para su labor interior constructiva esos pasos que, a sus ojos, carecen de importancia; personas que juzgan precipitadamente y con menosprecio porque, al valorar equivocadamente su propio nivel espiritual, aplican sus criterios y no reconocen la importancia del esfuerzo más pequeño de parte de ustedes. Porque no conocen el desarrollo de su alma ni la ayuda que necesitan, y no comprenden que este nuevo paso de ustedes sirve para preparar el siguiente.

Ahora cambien un pequeño detalle en la imagen que les he dado:

La persona de la que hablé no los representa a ustedes, sino a su prójimo, quien actúa de acuerdo con su conciencia —tampoco él puede hacerlo de otro modo— y en cuya alma y sobre cuya alma Yo «trabajo» para ayudarlo. Y en verdad les digo: toda persona y toda alma, sin excepción, necesitan Mi ayuda; incluso la ley de la siembra y la cosecha constituye una ayuda en el sentido más amplio. Muchas veces también se necesitan su asistencia y comprensión; pero ¡con qué rapidez la gran mayoría de ustedes aplica su propia regla a la manera de ser y a los actos de su prójimo!

Quien haya decidido recorrer su camino de Mi mano dejará poco a poco de condenar todo cuanto ocurre a su alrededor y en el mundo. Dejará de clasificar inmediatamente todo y a todos como buenos o malos; porque, además de desconocer los antecedentes e infringir Mi ley con su condena, no le corresponde hacerlo. No le corresponde a nadie. Esto no significa que deba cerrar los ojos y los oídos. Pero el «arte» que debe aprenderse consiste en ver, oír y, aun así, amar.

E incluso cuando en el mundo o en la vida de su prójimo las cosas siguen descendiendo de manera muy evidente, esto no es motivo para comportarse con condena, reproche y acusación. Estén atentos e intenten considerar un acontecimiento que llame su atención, o a una persona cuya conducta les desagrade, desde la perspectiva que acabo de describir.

Las preguntas «¿Por qué él o ella no actúa de otra manera?» o «¿Por qué él o ella sigue siendo así?» suscitan automáticamente la contrapregunta: «¿Qué te importa?». Y si en esos momentos permanecieras completamente en silencio, quizá recibirías una segunda pregunta: «¿Y por qué tu conciencia todavía no está más desarrollada?». Porque, en comparación con aquello que fueron y volverán a ser, aún queda mucho por hacer…

En la siguiente etapa del crecimiento de tu alma actuarás de otra manera. Ya no esperarás nada; verás, bendecirás y procurarás ser un ejemplo. Y si permites que Yo te guíe, también surgirá dentro de ti la pregunta: «¿Cómo puedo ayudar?». Entonces comenzarás a ver el conjunto mayor. Entonces te reconocerás como uno de innumerables seres —puntos de luz— dentro de una red de tamaño inconmensurable, todos amados por igual, todos unidos entre sí y cuya verdadera felicidad solo será perfecta cuando se haya restablecido la unidad.


No les transmito conocimiento únicamente por el conocimiento mismo. Si son prudentes, tomarán aquello que hoy se les ha revelado y lo integrarán en sus comprensiones, cosmovisiones, ideas y reflexiones anteriores. Abran sus corazones y sus ojos y perciban la seriedad de Mis palabras, pero también el amor que vibra en ellas. Jamás busco provocar temores ni preocupaciones. Si, pese a ello, surgen dentro de ustedes estos sentimientos u otros semejantes, estén dispuestos a mirar también allí.

¿Qué descubrirán? Que les ayudará a sostener Mi mano —hablando en sentido figurado— aún más firmemente que en el pasado. Esto significa recordar una y otra vez el amor que Yo Soy dentro de ustedes. Pero, sobre todo, comenzar a colaborar con esta fuerza de amor de manera aún más intensa que hasta ahora.

Durante los últimos dos mil años, las fuerzas contrarias hicieron fluir muchas doctrinas falsas hacia el mundo y, con ellas, hacia el pensamiento de las personas. Con ello causaron un sufrimiento inconmensurable a quienes siguieron ciegamente sus ideas y normas de fe. Uno de sus mayores «éxitos» —desde su perspectiva— fue mantener a las personas ignorantes de que Yo Soy la fuerza dentro del ser humano, de modo que se buscó y se sigue buscando a un Dios en las extensiones infinitas del cielo, donde se supone que me encuentro como un ser lejano, inalcanzable y abstracto, al cual ciertamente se puede y se permite orar, pero al cual, por lo demás, no se puede integrar en todo momento y de manera inmediata en la propia vida. ¿Cómo creen que sería hoy su mundo si las muchísimas personas de buena voluntad, que solo esperan orientación sabia y amorosa, hubieran comenzado a incluirme conscientemente en su vida cotidiana como la fuerza más poderosa?

Elevarse por encima del prójimo es algo tan cotidiano y difundido que prácticamente ya no se advierte. Y, sin embargo, es una actitud fatalmente equivocada que trae consigo consecuencias incalculables y graves. Porque separa, menosprecia, halaga el ego, coloca el propio pensamiento en el centro y hace así que se destruyan los elementos comunes y que el mosaico adquiera manchas desagradables.

Cada uno de ustedes puede contribuir, dentro de sí mismo y en su entorno, a que por lo menos el pequeño mosaico del cual es responsable vuelva a resplandecer poco a poco con su antiguo brillo; a que las piezas desprendidas vuelvan a colocarse. Les he mostrado uno de los muchos caminos: servirse de Mi fuerza de amor, reconocer las relaciones y, como consecuencia, dejar todos los pensamientos y actos de menosprecio.

Una conducta nueva como esta los hace libres, lo cual se siente interiormente y se reconoce exteriormente. Con ello desencadenan una reacción positiva en cadena que irradia, toca y alcanza a otras personas y almas. Cumplen así un punto importante de Mi mandamiento del amor, concretamente el aspecto que se refiere a su prójimo. Y, amados Míos, de este modo deshacen muchas de las ataduras que todavía los sujetan y los mantienen inmóviles.

¿Quién no desearía deshacer sus ataduras, algo que equivale a liberarse de una prisión invisible, si se ha confiado a Mí y a Mi guía?

Hagan del nuevo año que tienen por delante un año de renovación. Utilicen la energía que ahora, durante los días de Navidad, fluye en mayor cantidad y con mayor fuerza, para tomar decisiones y comenzar a ponerlas en práctica; pues precisamente este tiempo es especialmente apropiado para fortalecer y producir el bien. Y consideren Mis palabras como lo que son: otra llave que se les entrega por amor para abrir la puerta de su prisión, a fin de que se conviertan en forjadores de su propia felicidad.

Amén