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Amor infinito

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Unendliche Liebe

Fecha original: 8 de diciembre de 2012

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

El amor infinito llena y sostiene Mi creación. El amor infinito es la fuente de toda vida, ¡y el amor infinito soy Yo, el que soy! Todo cuanto existe ha surgido de Mi amor y lleva dentro de sí el mismo amor. Es un amor que ustedes, como seres humanos, no conocen y que quizá pueden presentir de manera incipiente en algunos momentos de quietud; un amor que se encuentra más allá de sus ideas y de sus límites.

Pero aunque todavía no puedan sentirse verdaderamente como hijos de este amor grande e infinito porque caminan por esta Tierra como seres humanos, les digo: «Tú, tú y tú; cada uno de ustedes lo lleva dentro de sí como herencia divina».

¡Quien pueda comprenderlo, que lo comprenda!

Cuando miran el mundo no ven mucho de este gran amor que, si creen Mis palabras, actúa en toda la creación. Ven necesidad, miseria, imperfecciones, agresividad y temores, también en su propio ámbito personal. Y así algunos se preguntan: ¿cómo surge esta discrepancia si el amor actúa en todo? ¿Por qué se lo encuentra tan pocas veces y por qué tampoco lo encuentro siempre dentro de mí?

Volveré brevemente a la caída, que desencadenó el surgimiento de los ámbitos situados fuera del cielo y finalmente también del universo material. Con el tiempo, las primeras almas encarnaron en la Tierra, que fue creada como planeta de aprendizaje para hacer posible el regreso de Mis hijos caídos.

Entretanto ha surgido una gran distancia entre el amor puro y desinteresado que actúa en los cielos, por un lado, y la materia y los seres humanos con su conducta, por otro. Esta distancia debe salvarse y, finalmente, volver a eliminarse por completo; y según el sentir de ustedes, sin duda sería justo que quienes crearon esta distancia también la eliminaran nuevamente para poder regresar al hogar, al lugar que abandonaron una vez. Pero Mis hijos humanos y Mis almas ya no poseían la fuerza ni la capacidad necesarias. Aunque en algunos fuera muy intenso el deseo de regresar a la casa del Padre como hijo perdido o hija perdida, la distancia —hablando en sentido figurado— entre el amor infinito y el ego humano había llegado a ser tan grande que al ser humano ya no le era posible superar aquello que lo separaba de Mí.

En ese tiempo difícil, cuando Mis hijos ya no sabían qué hacer o, en parte, ni siquiera sabían lo que hacían, decidí ir hacia ellos. Di el paso necesario hacia Mis hijos para llevarles la ayuda y la fuerza que necesitaban con tanta urgencia. Pues Mi amor no podía aceptar perder ni a un solo hijo. Y así inicié el regreso al hacerme ser humano.

Celebran ese día como Mi nacimiento, como la fiesta de Navidad; pero muy pocos conocen su sentido. Treinta y tres años más tarde concluí Mi misión redentora en el Gólgota; celebran ese día como la fiesta de Pascua. Con ello se había iniciado el regreso. Los cielos se habían abierto nuevamente y ahora era posible regresar al hogar para toda persona que tuviera ese deseo.

El amor infinito había comenzado a llevar a sus hijos de regreso al hogar.

En innumerables revelaciones les he hablado del sentido de su vida terrenal, de las muchas posibilidades que les ofrece su vida cotidiana y del apoyo que reciben desde el espíritu. Por eso hoy no profundizaré en este tema, pues todo aquel que lee y escucha Mi palabra con un corazón abierto es consciente de que la Tierra es una escuela que ofrece a las almas encarnadas —es decir, a los seres humanos— la posibilidad de aprender, purificarse y ascender con ello hacia ámbitos espirituales superiores. Solo diré esto: toda alma determina por sí misma su encarnación, sus circunstancias y el momento; ninguna alma es presionada ni mucho menos obligada. En el caso ideal, cuando escucha los consejos de su guía espiritual, sabe exactamente qué la espera.

También saben que, después de la llamada muerte corporal, el alma va a los ámbitos que corresponden a su propio estado, es decir, a la conciencia que el ser humano desarrolló a lo largo de su vida. Pues el propio ser humano dio forma a su alma mediante todo lo bueno y menos bueno que depositó en ella. También conocen la expresión: como cae el árbol, así queda tendido. Pero saben relativamente poco acerca de las posibilidades de desarrollo ulterior del alma, que al pasar al otro lado todavía no lleva dentro de sí la elevada vibración de los cielos que constituye el requisito para entrar en ellos. Ninguna alma puede madurar hasta la perfección absoluta durante una vida terrenal; aunque su luz pueda convertirse en un rayo luminoso o de máxima luminosidad, al otro lado aún no podrá entrar inmediatamente por la Puerta de las Rosas en su hogar celestial.

¿Qué posibilidades tienen entonces las almas para acercarse a su meta, a su hogar eterno? Por regla general, las almas que llegan todavía tienen algunas cosas que aprender, y esto puede suceder de muchas maneras. Sus ángeles guardianes y maestros espirituales están siempre presentes para llevarlos a reconocer, mostrarles los pasos que los hacen avanzar y recorrer después junto con ustedes el siguiente tramo de su camino. Es un desarrollo que se realiza etapa tras etapa. Como por los peldaños de una escalera, el alma dispuesta a cambiar y a dejarse guiar asciende hasta que finalmente alcanza el extremo de la escalera, que termina en el cielo.

En principio, toda alma debe atravesar este desarrollo. Sin embargo, la situación inicial de cada alma es muy distinta, al igual que su fuerza; ambas dependen de la condición de su alma. Más de un alma que durante su vida nunca se esforzó por las cosas espirituales vive en total ignorancia de su situación y, según la gravedad de su carga, también en la oscuridad y el frío.

Pero Yo, el amor infinito, llevo a todas por igual en Mi corazón. Por tanto, para Mí no importa si un alma Me negó o combatió, si continúa haciéndolo en el más allá o si Me anhela y corre alegremente hacia Mis brazos extendidos. Toda alma recibe el mismo amor, aunque Mi ayuda se adapta a la conciencia de cada alma.

En Mi sabiduría poseo una cantidad incalculable de posibilidades para guiar a Mis hijos en el más allá. Quiero darles solo algunos ejemplos:

Puede suceder que haga surgir dentro de un alma imágenes de su vida pasada para confrontarla con aquello que ella misma introdujo en las envolturas de su alma; o que fomente en ella este conocimiento: aquí y allá no actué por amor al prójimo; o que despierte dentro de ella el arrepentimiento y el deseo de poder reparar. ¿Qué clase de Padre sería si observara cómo algunos de Mis hijos viven en aflicción y penurias o incluso vegetan, sin darles la oportunidad de salir nuevamente de su existencia desdichada y dolorosa?

Otros hijos del alma cuya conciencia ya está abierta son instruidos por sus ángeles y siguen con alegría esas enseñanzas, porque con cada tarea que superan se vuelven cada vez más libres. Experimentan cómo se transforman su entorno, su vestimenta, su apariencia y su hogar, cómo encuentran amigos antiguos y nuevos, y muchas cosas más. Pero en todos los casos sienten el amor incondicional que, dondequiera que vayan y hagan lo que hagan, les ofrece un ejemplo. Así crece dentro de ellos la motivación para no desistir en su camino hacia el hogar eterno.

Otros asumen voluntariamente la tarea de servir —quizá porque tienen una carencia en ese aspecto— y alivian la vida de los pobres y los más pobres en los ámbitos astrales inferiores. O actúan como acompañantes y ayudantes de los ángeles guardianes para aprender de esta manera el servicio desinteresado al prójimo.

Y además, Mis amados hijos e hijas, entre las numerosas posibilidades tengo otra más: Me sirvo del magnetismo que existe entre Mis criaturas y Yo. Yo soy el amor infinito y ustedes llevan este amor dentro de sí; por este camino llego a ustedes. Así puede suceder que permita a un alma contemplar su hogar eterno, su meta celestial, cuando veo que el anhelo comienza a agitarse dentro de Mi hijo. ¿En qué consiste esta visión?

Abro, como un rayo de luz, un camino que comienza en Mi corazón y termina en el corazón de Mi hijo. Permito que Mi hijo mire dentro de Mi corazón y experimente el amor que lo espera y, junto con este amor, también la belleza, la luz, la eternidad, la libertad, la armonía infinita, la felicidad indescriptible y mucho más. ¿Creen que un hijo puede permanecer indiferente ante estos sentimientos «desbordantes» o resistirse a ellos y negarse a seguir este llamado de amor? Les digo: toda alma que experimente algo semejante será tocada hasta los cimientos más profundos de su ser y tendrá un solo deseo, una sola meta: ¡querer estar nuevamente junto a este amor y dentro de él!

Pero al mismo tiempo reconocerá su propia situación y verá el camino que se extiende ante ella, y este le parecerá infinitamente largo. Cuando existe el deseo, pueden encontrarse caminos y soluciones para acortar la duración del trayecto. Los ángeles guardianes se acercan a esa alma y le muestran las posibilidades que tiene. Le harán comprender que puede elegir permanecer en los ámbitos del más allá para seguir creciendo y madurando, o aprender por medio de una nueva vida terrenal aquello que todavía le falta en capacidad de amar, o quizá desprenderse también de las cargas que aún lleva dentro de sí y que todavía necesitan purificación y transformación.

El alma tiene, por tanto, la posibilidad de encarnar nuevamente. Si la encarnación está bien preparada y si el anhelo y el amor del alma por Mí, su Padre, son suficientemente grandes, su nueva encarnación también será un éxito; éxito en el sentido de que, en el breve tiempo de una vida terrenal, puede recorrer un tramo mucho mayor del camino hacia Mí de lo que le sería posible en el más allá —su hogar actual— a pesar de todas las enseñanzas y ayudas. Pues la gran ventaja de una nueva vida terrenal consiste en encontrarse, e incluso confrontarse, con una multitud de personas muy diferentes, con sus caracteres y cualidades, para finalmente reconocerse a sí misma en esas relaciones y realizar cambios. En los ámbitos de materia sutil, donde un alma se encuentra con otras de conciencia semejante o igual, y aprende y actúa junto con ellas, no existe esta forma concentrada de confrontación, entendida en sentido positivo.

Existen otras razones para una encarnación, pero no serán Mi tema hoy. Hoy quería señalar las posibilidades que el amor infinito tiene preparadas para sus hijos, las perspectivas que se abren para cada alma; por ejemplo, la oportunidad de una nueva encarnación para encontrar más rápidamente el camino de regreso al hogar.

En este mundo existen muchas ideas diferentes acerca de la reencarnación. Algunos la rechazan, otros solo la aceptan como excepción y otros la consideran una regla, semejante a una rueda que gira sin cesar. Mis amados hijos e hijas, tienen un corazón y un intelecto. Empleen ambos en la medida correcta y reflexionen:

Si un alma posee libre albedrío —y les digo que todas las criaturas lo poseen—, ¿cómo puede alguien predecir si habrá otra encarnación, cuándo ocurrirá, cuántas habrá, si serán pocas o si no habrá ninguna? ¿No depende esto únicamente de la decisión del alma? Puede ser que un alma prefiera continuar su camino hacia Mí en el más allá. Tiene derecho a hacerlo. Pero también puede ser que, por libre decisión, elija el camino por la Tierra y que vuelva a hacerlo una y otra vez porque esto corresponde a su sentir y al estado de su alma. Por tanto, una encarnación no es una obligación, ni un automatismo ni un castigo. Es la ayuda que ofrezco a Mi hijo para acortar su camino de regreso hacia Mí. Que «muy probablemente» lo acorte o que solo «posiblemente» lo haga depende, a su vez, de la disposición de Mi hijo a reconocer y aprender en su vida lo que corresponda.

Hoy les transmití conocimiento porque para algunos es bueno e importante. Con ello tracé un gran arco y les mostré relaciones que pueden facilitarles encontrar ahora por sí mismos respuestas a sus preguntas. Pero al mismo tiempo les digo: ¡este conocimiento no es decisivo para su camino hacia Mí! Lo decisivo es que comprendan el sentido de su vida, que reconozcan en cada encuentro, en cada hora y en cada circunstancia la oportunidad que les ofrece su encarnación, y que aprovechen esta oportunidad por libre decisión. Para hacerlo posible y para acompañarlos en su camino hacia los cielos nuevamente abiertos, Yo, el amor universal, Me hice ser humano.

Uno de sus hermanos, a quien llaman místico, formuló la frase de que, si Jesús no nace dentro de ti, tampoco te serviría que naciera mil veces en Belén. Se los recuerdo. Cuando vuelvo a nacer dentro de ustedes mediante el deseo de convertirse en amor, entonces la Navidad ha surgido dentro de ustedes.

Entonces comienza el camino del amor, que no se distingue por manifestaciones exteriores, sino que se recorre en el interior, tomados de Mi mano, hasta que volvamos a estar unidos. El amor infinito espera a cada hijo.

Así bendigo toda Mi creación; los bendigo a ustedes en este círculo y los bendigo a ustedes, almas. Fuerzas luminosas inimaginables fluyen dentro de los corazones que se abren a Mí. ¡Vengan, vengan! ¡Dejen que la Navidad surja dentro de ustedes! Yo, el amor infinito, los estoy esperando.

Amén