Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, cuando los introduzco en Mis verdades eternas, por lo general las reconocen como Mi palabra santa e inquebrantable de revelación, pero solo en contadísimas ocasiones reflexionan, o no reflexionan en absoluto, sobre esta circunstancia: ¿cuáles son las razones por las que no se expresa en su vida aquello que les acerco? Dicho de otro modo: ¿cómo es posible que aquello que les proclamo como ley divina no se convierta en realidad en su vida? ¿O que, al menos, no suceda en la medida que desean?
Si leen o escuchan Mis palabras con un corazón abierto y una confianza filial, descartarán la posibilidad de que Yo los instruya de manera equivocada. Por consiguiente, debe existir algo que impida que sus consecuencias se manifiesten en la vida cotidiana como se las describo; algo que evita que suceda aquello que deseo para ustedes y que ustedes mismos desean tanto.
Les daré un ejemplo sobre el que muy pocos reflexionan. En sus Escrituras leen que quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama a la puerta se le abrirá. No solo leen esta sabiduría, sino que también forma parte una y otra vez de sus oraciones. Pero ¿cuántas veces han pedido, buscado y llamado sin recibir la respuesta prometida? ¿O creyendo no haber recibido ninguna respuesta?
¿No han pasado por alto, casi siempre o siempre, este «silencio del cielo» y continuado con su vida cotidiana? ¿No pocas veces para pronunciar la misma oración, o una parecida, en la siguiente ocasión? ¿Nunca dudaron de que algo no podía estar bien? ¿De si esta palabra era realmente verdadera? ¿O de si quizá algo no estaba bien en ustedes? ¿De por qué no se produjo ninguna reacción, o ninguna visible, con frecuencia durante un largo período? ¿Alguna vez se detuvieron y reflexionaron, preferentemente sobre ustedes mismos? ¿O simplemente continuaron como quien repite oraciones de manera mecánica?
Utilicé la palabra bíblica mencionada solo como ejemplo para señalarles que se puede aceptar una sabiduría divina y, al mismo tiempo, pasar por alto con rapidez. Esto también puede suceder con otra verdad que es de gran importancia para Mis hijos y que, si no se reconoce correctamente, puede traer consecuencias perjudiciales para el alma y el cuerpo.
Para que comprendan mejor Mi ley en este punto, permanezcan atentos y actúen a tiempo cuando surja la necesidad, hoy hablo del profundo significado de Mi protección divina, con la que los envuelvo o deseo envolverlos una y otra vez. Existen aquí muchos malentendidos, lo cual permite con frecuencia que el adversario encuentre las puertas abiertas en Mis hijos y pueda así penetrar con facilidad en una protección que hasta entonces existía y privarlos temporalmente de su armonía interior y exterior.
El mayor malentendido consiste en que por «protección» entienden casi exclusivamente una protección exterior, es decir, piden y esperan que no les suceda ninguna desgracia. Esto también es Mi deseo y, si su confianza y su fe lo permiten y no existen «tareas de aprendizaje» que se opongan, Mi protección los envolverá. Las tinieblas también lo saben, es decir, lo sabe la fuerza negativa con sus innumerables facetas, que lucha contra Mí y contra ustedes, y que intenta perjudicarlos robándoles energía espiritual y vital, de la que tiene tanta necesidad.
¿Cómo procede? Se necesita un poco de lógica del corazón para que no se limiten a leer o escuchar y asentir con la cabeza, sino para que las relaciones se revelen en ustedes mismos. Solo así —especialmente si ya vivieron algo semejante— estarán preparados, reconocerán un ataque invisible y podrán defenderse de él con éxito y con Mi ayuda.
Las fuerzas contrarias intentan llegar a ustedes por dos caminos: por una parte, provocando circunstancias exteriores, algo que casi siempre también afecta su interior; y, por otra, influyendo en su estado de ánimo, lo cual tarde o temprano se manifiesta con frecuencia en el exterior. También emplean con éxito combinaciones de ambas posibilidades.
Si una desgracia pequeña o grande les llega «desde afuera», resulta evidente que consiguieron neutralizar la protección o que ya habían procurado de antemano que no pudiera formarse un escudo protector en la medida deseada. Esto tiene muchas causas de las que ya les he hablado con frecuencia; entre ellas se encuentran la falta de aplicación de sus conocimientos, la recaída en antiguos errores y debilidades, la falta de atención, la apatía y muchas cosas más.
Les recuerdo una imagen que utilicé en otra ocasión: están sentados, protegidos, en una esfera de luz dorada que nada puede penetrar. Representa Mi protección, con la que están envueltos. Desde afuera no es posible abrir ni dañar esta esfera protectora. Por tanto, nada negativo puede entrar, salvo que ustedes mismos abran la esfera en algún punto porque les interesa lo que se les ofrece afuera de manera tan prometedora. ¡Y en ese instante su protección ya tiene un agujero!
Mientras vivan en la materia, las tinieblas conseguirán influir en ustedes una y otra vez. Es el ámbito de su dominio, al que ustedes entraron. Lo sabían antes de decidirse a encarnar. Pero también conocían la fuerza invencible del amor que vive en su interior y que los ayuda incesantemente, o desea ayudarlos, a cerrar cada vez más las fugas de energía que tenían hasta ahora y abrir cada vez menos fugas nuevas.
Todo acontecimiento que actúe desde afuera y los irrite o inquiete, los vuelva temerosos o impacientes, que quieran resolver necesariamente por sus propias fuerzas —es decir, por voluntad propia— pero que no puedan resolver de manera duradera, que no estén dispuestos a aceptar o que casi los lleve a la desesperación, no permanece «en la superficie de su vida», sino que desencadena en su interior las correspondientes emociones negativas. Con ello, las tinieblas habrán alcanzado su primera meta: ¡habrán caído temporalmente fuera de su armonía interior! La consecuencia es una pérdida de energía visible y perceptible. Se habrán convertido en proveedores de energía para las fuerzas oscuras, a menudo sin advertirlo y, con toda seguridad, sin quererlo.
Pero solo en los casos menos frecuentes se trata de acontecimientos de gran gravedad o de consecuencias duraderas que interrumpan seriamente el ritmo de su vida. Si el adversario dependiera de sucesos semejantes, quizá condicionados por el karma, para abastecerse de energía, esto le resultaría poco satisfactorio. Aunque obtiene cierta satisfacción al perturbar durante algún tiempo la íntima conexión entre Mí y ustedes, a la larga apenas puede vivir de ello. Su necesidad de energía es inmensa y debe asegurarse el suministro.
Y lo consigue sirviéndose de una de las debilidades más extendidas entre Mis hijos, de la que estos tienen conocimiento pero a la que prestan poca atención: las tinieblas los seducen y llevan a cavilar, especular y pensar de manera completamente innecesaria; los incitan a considerar como problema algo que en sí mismo es inofensivo, a ocuparse de ello mucho más de lo necesario y a dar vueltas en círculo con sus pensamientos. Entran en un remolino del que tal vez incluso sean conscientes, pero que les resulta difícil o casi imposible abandonar cuando se han ocupado de él durante mucho, demasiado tiempo.
Han sido atacados en su interior; su protección fue neutralizada desde adentro, es decir, por medio de sus sentimientos. Al menos durante algún tiempo.
Muchos de Mis hijos no piensan en la protección interior con la que deseo envolverlos del mismo modo que con la exterior. Piensan o se preocupan por lo que podría sucederles en su vida cotidiana y desean que nada les ocurra en el exterior. Al hacerlo olvidan o descuidan su protección interior, por lo que con mucha frecuencia se vuelven vulnerables.
Las fuerzas oscuras practican en todo el mundo esta clase de ataque desde hace eones. Tienen asegurado el éxito, que se produce inevitablemente; por una parte, porque muy pocas personas conocen este peligro y sus consecuencias duraderas y, por ello, tampoco conocen las medidas interiores de protección que Mi amor tiene preparadas para ellas; y, por otra, porque ese pensamiento obstinado y lleno de cavilaciones, que no se fundamenta en la confianza en Mí, trae consigo toda una cadena de resultados negativos posteriores en el alma, en el cuerpo y también en el entorno inmediato de la persona afectada.
Así, la persona cae en una atadura cada vez mayor que finalmente le impide mirar hacia adelante con confianza, porque se «ejercitó» en juzgar las cosas conforme a su propia perspectiva y, con ello, estas quedaron consolidadas en su interior. Una vez llegado a ese punto, el progreso espiritual ya no es posible. Pero incluso cuando se reconoce finalmente el peligro y se actúa en sentido contrario, quedan atrás períodos que costaron mucha energía y exigieron cambiar el pensamiento y aprender nuevamente.
Mis amados hijos e hijas, no subestimen esta influencia satánica que intenta entrar de manera imperceptible en sus sentimientos y pensamientos para ir configurando así poco a poco sus palabras y acciones, si ustedes permanecen distraídos y no vuelven a cerrar a tiempo las aberturas de su escudo protector.
Tampoco digan: «Esto no puede sucederme, o casi no puede sucederme». Cada uno de ustedes se enfrenta una y otra vez a cosas que ocupan sus pensamientos más de lo habitual. No tiene que ser algo grave lo que entonces los conmueva; para perder energía basta con añadir nuevas reflexiones a los pocos pensamientos necesarios para analizar la situación, lo cual encierra el peligro de que se desarrolle un proceso que adquiera vida propia. Si viven o han vivido algo así o parecido, permanezcan atentos y no excluyan la posibilidad de que estén actuando fuerzas que quieren debilitarlos; que, hablando en sentido figurado, hacen cada vez más grande una pequeña rendija al introducir en ella pensamientos repetidos, para después deslizarse por allí.
Mi protección interior, que debería resguardarlos, ya no puede cumplir plenamente su tarea cuando sus propios sentimientos y pensamientos la perturban.
Si en esos casos prestan atención a su vida emocional, comprobarán que algo ha cambiado, que se introdujo algo que antes no estaba allí: impaciencia, miedos, falta de libertad, quizá cierta agresividad y muchas cosas más. No tiene ninguna importancia que aquello que los ocupa sea real o no, ni que hayan sido tratados injustamente o no. Los sentimientos que surgen proceden de las correspondencias que todavía existen en su interior.
Cuando lo hayan reconocido, estarán consigo mismos, estarán en el lugar donde deben emprender el trabajo interior. Y, sobre todo, estarán donde vale la pena trabajar, porque no existe otro lugar para resolver el problema que su propio interior.
Ahora les he mostrado las causas que —de manera semejante a las palabras de sus Escrituras «Pidan y se les dará…»— impiden con frecuencia que Mi protección, que deseo conceder a todos, actúe en la medida esperada o deseada. No sería su Padre amoroso si no les hablara también de la solución con la que pueden evitar caer en las trampas de las tinieblas.
Si toman en serio Mis palabras, en el futuro observarán con mayor rapidez que hasta ahora aquello que ocupa excesivamente sus sentimientos y pensamientos. Tan pronto adviertan que comienzan a pensar una y otra vez en un asunto, a contemplarlo desde arriba y desde abajo, por la derecha y por la izquierda, por delante y por detrás, ¡dense a sí mismos una señal de alto! Si Me incluyen en su propósito de estar más atentos en el futuro, Seré Yo quien les dé un impulso grande o pequeño: «¡Cuidado, basta!». Entonces ustedes decidirán si quieren continuar o no por el camino de seguir pensando en ello.
Mi ley no puede ni va a impedir que lleguen a ustedes ciertas cosas con las que deben confrontarse. Esto sirve para que aprendan y maduren. Las fuerzas negativas, dotadas igualmente de libre albedrío, tienen derecho a atacarlos. Lo harán en los lugares que reconozcan como puntos débiles. Y, en verdad, créanme: ¡conocen muy bien los puntos en los que vale la pena atacar! Por eso es importante que ustedes también conozcan las puertas de entrada ante las que acecha el atacante para debilitarlos.
Por tanto, no se trata de protegerlos de todo —a ustedes, Mis hijos e hijas fuertes y poderosos— como si fueran recién nacidos indefensos, sino de esclarecerlos y fortalecerlos. Con las herramientas necesarias que pongo a su disposición mediante Mis revelaciones, están en condiciones de evitar una pérdida de energía. Y no para «vengarse» de las fuerzas contrarias por haber actuado antes con éxito contra ustedes, sino para llevarlas finalmente también a reconocer que una vida en amor y libertad solo puede encontrarse en Mí.
Recuerden las dos caras de una moneda de las que les hablé no hace mucho tiempo. También la seducción que conduce a cavilar, al estancamiento temporal y a una posible depresión tiene dos caras. La importante para ustedes es esta: por una parte, pueden aprender de ello si así lo desean; y, por otra, el intento de las tinieblas de perjudicarlos o dañarlos fracasa, porque este conocimiento los capacita para poner fin al robo de energía, lo cual contribuye a largo plazo al cambio de rumbo de esas fuerzas.
Por eso, permanezcan atentos, hijos e hijas Míos, y acudan inmediatamente a Mí con sus preocupaciones y problemas, a más tardar cuando adviertan que sus pensamientos y palabras comienzan a determinar también el curso de su día. Soltar significa, entre otras cosas, entregarme aquello que los ocupa en exceso, y no en algún momento, sino de inmediato, cuando comiencen a intentar resolver una dificultad mediante su propia voluntad. Un «Hágase Tu voluntad» pronunciado de corazón obra milagros, pues entonces Soy Yo quien interviene para resolver el problema.
Lo que suceda entonces sucederá por Mí, el gran preparador de los caminos. Seré entonces aquel en cuyas manos habrás puesto el ritmo de tu vida. A la luz de tu amor y tu confianza, Mi fuerza dirigirá hacia el bien aquello que pusiste ante Mí. Tu cabeza quedará libre, tus pensamientos sombríos y llenos de cavilaciones se disolverán en poco tiempo y Mi energía vital podrá volver a fluir plenamente en ti.
Intentémoslo juntos, hijo amado, si te reconoces en aquello que te he revelado. Mi promesa divina y paternal es esta: te esperan la alegría y la ligereza.
Amén