¡Mis amados, Yo Soy el Amor!
No puedo repetírselo suficientes veces y, sin embargo, a la inmensa mayoría de ustedes les resulta difícil comprenderlo en lo más profundo de su corazón. Esto se debe, por una parte, a que Mi amor supera —ustedes dirían: deja en la sombra— todo cuanto existe en Mi Creación. Y, por otra, a que ustedes, por muy inteligente que alguno se considere, no pueden seguirme hasta estas «alturas del sentir y del pensar». Porque, a pesar de toda la grandeza espiritual que todavía yace sin ser reconocida en su interior, jamás una criatura es tan grande como Aquel que la creó, ni mayor que Él: ¡el Creador mismo!
Pero Yo Soy desde siempre y seré eternamente el Amor desinteresado, eterno y que todo lo abarca; de este Amor proceden también ustedes, y este Amor lo llevan también en su interior. Porque tú, y tú, y tú —sí, todo cuanto Yo llamé a la vida— proceden de este Amor. Y no solo proceden de este Amor: ¡ustedes son amor!
Esto supera la capacidad humana de comprensión de ustedes tanto como distan el Cielo y la Tierra entre sí.
Cuando las tinieblas comprendieron que, a causa de su rebelión contra Mí, caían cada vez más bajo, y que finalmente, en el punto más profundo de la Caída, se formó la materia y con ella también la Tierra, su patria transitoria, se vieron obligadas a modificar su plan:
Abandonaron su propósito de crear un reino conforme a sus propias ideas. En cambio, hicieron cuanto estuvo a su alcance para influir en los seres humanos mediante una enseñanza falsa, de manera que, siguiendo el camino que ellas les habían hecho parecer «apetecible», ya no pudieran alcanzar su meta: acercarse al Cielo, su verdadera patria, sin grandes y prolongados rodeos. Esto les proporcionaba una parte de la energía que necesitaban con tanta urgencia.
Finalmente, en ese punto, Mi amor vino al mundo en la persona de Jesús de Nazaret y frustró el propósito del bando contrario. Como Jesús enseñé el amor, lo viví como ejemplo ante ustedes y mostré así a Mis hijos humanos el camino que los conduce de regreso a Mí.
Como Mi intención es permitir que crezcan hasta convertirse en seres capaces de pensar por sí mismos, les pido que por un breve momento —¡bajo Mi protección, por supuesto!— se pongan en el lugar de las tinieblas y se pregunten qué habrían hecho ustedes ahora en su situación; cómo habrían procedido.
Pausa…
Convencer a los seres humanos de que Dios no existe no habría sido prometedor a largo plazo. Una posibilidad mucho más eficaz sería —¡y fue!— modificar la enseñanza para que ya no correspondiera al original. Pero, como yo dispondría de muchos siglos, prácticamente nadie lo advertiría, sobre todo si pudiera emplear el miedo, el castigo y la persecución como medios para alcanzar mis objetivos.
¡¡¡¡Y así ocurrió!!!!
Después de casi dos mil años se presenta ahora una situación en la que muchas personas llevan Mi nombre en los labios y, con ello, tienen la sensación de haber hecho lo suficiente para estar, con la conciencia tranquila, en el camino correcto hacia el Cielo. La pertenencia a una de las muchas iglesias cristianas las reafirma en esta opinión. Pero Yo les digo: ¡difícilmente podría haber una idea más equivocada!
Las tinieblas supieron modificar y complicar Mi sencilla enseñanza del amor mediante verdades a medias y falsedades. Allí donde era necesario y les resultaba posible, recurrieron a la ayuda del poder secular para imponer sus ideas e intenciones y tampoco tuvieron «demasiados miramientos» al aplicar métodos que contradecían de manera flagrante lo que Yo había enseñado. Detrás de ello estaba —y todavía está—, en lo invisible, el bando contrario que Me rechaza y combate bajo la dirección de Sadhana o Lucifer; pero en lo visible necesitaba y sigue necesitando seres humanos, y también los encontró, para poder llevar a la práctica su propósito. Así, de lo que Yo enseñé —y que, reducido a su denominador más sencillo, dice: «ama, y nada más»— se levantó una construcción que aún contiene fragmentos de Mis verdades, pero que además fue y continúa siendo equipada con muchas normas, disposiciones e instrucciones. Sin embargo, muchos miembros de las iglesias no las conocen, y algunos ni siquiera desean conocerlas en detalle. ¿Por qué será? Pueden darse ustedes mismos la respuesta, siempre que sean verdaderamente sinceros y también un poco valientes…
La situación tal como se presenta hoy es esta: las enseñanzas de cada comunidad difieren de una iglesia a otra.
Pero ¿han pensado alguna vez que Yo Soy un Dios para todas Mis criaturas? ¡Tanto para las que están en el Cielo como para aquellas que —por las razones más diversas— abandonaron los Cielos y ahora tienen su hogar transitorio en los mundos sutiles y también en los materiales!
¡Yo Soy también la Justicia, y esta forma parte de Mi amor! ¡Qué clase de amor sería, de no contener también la justicia! Pero esta exige que haya un camino de regreso a Mí que todos puedan recorrer. Cualquier otra cosa sería injusta.
Ese único camino existe; acabo de mencionarlo: «ama, y nada más». Lo que, además de esto, se enseña y se prescribe que debe creerse es obra humana. Puede ser útil durante un tiempo para alguna persona en su situación del momento, pero jamás debe sustituir el mandamiento de practicar activamente el amor, que está por encima de todo.
¡Por favor, Mis amados, estén atentos y usen su entendimiento!
Sin embargo, al modificar Mi sencilla enseñanza hubo que encontrar explicaciones, muchas de las cuales —incluso la inmensa mayoría— no eran ni son lógicas. A pesar de ello, había que lograr que las personas aceptaran aquello que se les ofrecía como sustituto de Mis indicaciones para el camino. Pero ese contenido doctrinal —mejor dicho: contenido vacío—, plagado de miedo, verdades a medias y falsedades, que durante muchos siglos garantizó que Mi sencilla enseñanza del amor pudiera ser reprimida, hoy ya no cumple su propósito. Y no lo cumple, entre otras razones, porque los medios de coacción de entonces ya no pueden aplicarse por muchos motivos.
Pero, con el transcurso del tiempo, Mis hijos humanos se volvieron perezosos en su manera de pensar. Las tinieblas consiguieron esto, entre otras cosas, porque simultáneamente, a lo largo de muchas décadas, pusieron «sobre la mesa» una oferta gigantesca y cada vez mayor de distracciones interesantes, de las que pocos pudieron y pueden sustraerse.
¿Quién reflexiona todavía hoy sobre la profundidad, la fuerza indescriptible y las posibilidades insospechadas que encierran las palabras —ya sean habladas o cantadas— cuando confiesa que Yo Soy el Amor?
¿Quién reconoce, además, que Mi enseñanza fue adornada con toda clase de agregados, lo que hace que a tantas personas les parezca difícil, o hasta imposible, vivirla seriamente tal como se presenta hoy? ¿Quién reconoce que, por ese motivo, para muchos ha dejado de ser interesante seguirme?
Si ahora emplean su entendimiento y la lógica de su corazón, debe resultarles claro que Yo nunca, jamás, utilizo el instrumento mundano de la educación llamado castigo. En Mi amor infinito no hay lugar para él. Si lo desean, repitan en su interior estas palabras decisivas: ¡En Mi amor no hay lugar para castigo alguno, sea de la clase que sea!
Mi amor dispone de otras posibilidades para llevar a Mis hijos humanos al reconocimiento; posibilidades que son mucho más eficaces y que, sin embargo, no contradicen Mi principio de justicia:
Puse a Mis hijos bajo la ley de la siembra y la cosecha, lo que significa: tú —y nadie más— cosechas aquello que una vez sembraste, aunque haya sido hace muchísimo tiempo. Lo que aún no se ha reconocido como contrario al amor ni se ha lamentado; lo que todavía no se ha reparado y, con ello, disuelto, continúa existiendo y algún día, tarde o temprano, recaerá sobre ti.
La alegría de Mi adversario y de ustedes duró poco, pues él creyó que ahora le resultaría fácil influir en los seres humanos y seducirlos. Pero no tardó en reconocer el instrumento genial que Yo empleaba para llevar finalmente a la comprensión a quienes él había seducido y mantenía bajo su hechizo: el camino del conocimiento de sí mismos, que —sea cuando sea y del modo que sea— finalmente conduce al reconocimiento y al cambio de rumbo. Esta es la buena noticia. Y para mejorarla todavía más:
Existe un camino más corto y rápido que, además, a menudo es menos doloroso. Ustedes lo conocen: por libre decisión se entregan al Amor, a Mi amor. ¿Pueden comprender ya lo que significa para ustedes decir sí a Mi amor? ¿Y hacerlo desde lo más profundo del corazón, tan bien como ya les sea posible? ¿Tienen miedo de lo que entonces sucederá?
Si es así, reflexionen sobre lo que significa confiarse a la fuerza más poderosa de toda la Creación. Esta fuerza no les quita nada que no quieran entregar o trabajar voluntariamente. ¡Simplemente está presente! Te espera y camina a tu lado mientras te esfuerzas. Al hacerlo, asume la mayor parte del «trabajo» que aún tienes por delante en tu camino hacia la Luz. ¿Tienes miedo de este «trabajo» si Yo, tu Amigo divino, camino a tu lado? ¿Te parece más fácil la alternativa de saldar y reparar tus cargas sin pedirme ayuda de manera consciente y sincera?
Quizá reconozcan con qué astucia describen las tinieblas su camino, con qué facilidad se lo hacen apetecible a los seres humanos y cómo se alegran de cada aporte de energía que reciben, porque su promesa parece más interesante que Mis palabras, que muchas veces pronuncio con seriedad para instruir y despertar a Mis hijos humanos.
Pero también quienes todavía están contra Mí y contra ustedes son Mis hijos y sus hermanos y hermanas, que por el momento aún siguen su camino porque les parece más fácil. No obstante, también a ellos hay que amarlos, lo cual todavía representa en este momento una tarea difícil para la inmensa mayoría de ustedes.
Contemplen a estos hermanos suyos como alumnos de una escuela. Cada uno está en su clase. Esto también vale para ustedes: aún no se encuentran en el último grado. ¿Les agradaría que quienes ya han avanzado más y, por ello, están algunos peldaños por encima de ustedes pensaran y hablaran negativamente de ustedes, o incluso los insultaran o despreciaran? Es necesario esclarecer, sí; pero a menudo existe una línea muy estrecha entre el esclarecimiento y la condena. Si sienten que estas palabras van dirigidas a ustedes, entonces perciban más profundamente dentro de sí mismos y, sobre todo, ¡vengan a Mí!
He colocado esta revelación bajo las palabras: Sin peros ni condiciones: ¡Yo Soy el Amor!
Y aunque Mi mensaje de hoy es muy serio, recuerden y no olviden jamás que en el Amor también vive la alegría. Tiene que ser así, porque de lo contrario el camino hacia Mi corazón sería desolador y agotador, y solo unos pocos lo recorrerían verdaderamente. Esto también lo sabía y lo sabe el adversario. Por eso, desde el comienzo, procuró presentar ese camino, por una parte, como sumamente difícil y, por otra, adornarlo con muchos agregados vistosos que no solo son totalmente innecesarios, sino que los extravían.
El camino hacia Mí —es decir, el camino hacia tu interior, donde Yo vivo— tiene que poder recorrerse con alegría interior. A causa de la representación incorrecta y ampliamente difundida se formó, a lo largo de muchos siglos, una imagen falsa. De este modo, la suposición se convirtió en costumbre y se consolidó como creencia: que Soy Yo quien envía a Sus seres humanos sufrimiento, necesidad, desgracia y muchas cosas más. Ahora ustedes lo saben mejor.
De esta representación falsa surgió la idea de tener que realizar muchas prácticas externas, ya fuera para aplacarme o para eliminar así los pecados del mundo; o bien de tener que experimentar sufrimiento, como una especie de expiación, porque de ese modo se restablecería el equilibrio. No les enseñaron el camino mucho más sencillo y, además, mucho más eficaz: aprender a amar y ejercitar y practicar el amor en la vida cotidiana.
Es sencillo, quizá demasiado sencillo, y aun así no es tan fácil recorrerlo. No exige pertenecer a ninguna organización ni estar ligado a ella; exige, en cambio, un profundo anhelo por Mí y un gran amor hacia Mí. Y vale para todos los ámbitos y para todos los seres humanos y almas de todos los mundos situados fuera del Cielo. Esto debería consolarte en tu camino: ¡Yo vivo en ti! Y, por ello, estoy más cerca de ti que tus brazos y tus piernas. Esto también lo sabía y lo sabe el bando contrario con sus seguidores. Por eso hizo cuanto pudo para presentar como complicado el sencillo camino de «ama, y nada más», y añadió a Mi palabra divina mandamientos y prohibiciones que Yo nunca pronuncié.
Este mandamiento Mío es válido para todos los tiempos y en todos los mundos que todavía se encuentran fuera de los Cielos puros. En el Cielo, este mandamiento es innecesario. Porque el Cielo es amor, y quien está en el Cielo es amor. Si alguna vez, por la razón que fuera, abandonó los Cielos, entretanto ha vuelto a convertirse en amor y, con ello, está nuevamente en casa.
Por tanto, no tienen que experimentar forzosamente sufrimiento para volver a ser puros en su alma. Hay casos en los que esto es necesario, pero siempre sobre la base del libre albedrío. Sin embargo, ese no es el tema de hoy en este punto.
Pídanme que les enseñe a amar de la manera correcta, y Yo los conduciré a situaciones en las que podrán practicar el amor en la vida cotidiana y, al hacerlo, experimentar la alegría que sienten por Mi cercanía.
Ese es el camino.
Amén