Me gusta saborear las lágrimas
de mi hija menor,
pues ella llora las lágrimas de mi corazón
y así las materializa.
Sus lágrimas se transforman
en soles y estrellas
en las noches de mi alma.
Las lágrimas de Dios
se materializan
como estrellas y planetas
en el rostro del universo
en el que vivimos.
* * *