Revelación divina
Mediante sus oraciones han generado una energía poderosa, y más de uno siente cómo pulsa esta fuerza en el recinto. Es Mi amor el que llena este lugar y resplandece también en sus corazones abiertos. Acompañaré sus oraciones con Mi luz y enviaré esta luz precisamente allí donde se necesita con urgencia. Saben que Yo aporto Mi parte y, por ello, en esta hora el mundo de ustedes se ha vuelto un poco más luminoso.
Hijos e hijas Míos, se han reconocido como Mis hijos, Me han dado su sí y recorren su camino tomados de Mi mano. Muchas personas de la Tierra también creen en Mí como su Dios y, sin embargo, prevalecen las opiniones más diversas acerca de quién o qué Soy. Sea cual sea su idea, les digo: ¡Yo Soy completamente distinto! Sus conceptos y fantasías jamás bastarán para reconocer Mi esencia, pues su entendimiento es demasiado limitado para poder comprender siquiera una fracción de Mi verdadera grandeza y omnipotencia.
¡Yo Soy el que Soy! ¡Yo Soy todo, y fuera de Mí nada existe! Pero toda Mi Creación está en Mí.
Las distintas creencias acerca de Mí y de Mi obrar contienen todas una proporción mayor o menor de verdad. Algunos Me consideran exclusivamente la energía que lo conserva todo, el fundamento primordial de lo creado, la fuente de todo ser: una corriente que da vida eternamente. La idea de que Yo, el Creador, Soy además algo más para Mis criaturas no encaja del todo en su concepción.
La energía que se derrama eternamente —el único «móvil perpetuo» de la infinitud y la eternidad—, esto también Soy Yo, amados Míos, pero no solamente esto. Es el aspecto impersonal de Mi esencia que constituye eternamente la vida en cada criatura.
Sin embargo, como a las personas les cuesta creer en algo impersonal y establecer una relación con ello, desde que existe memoria humana han intentado formarse una imagen de Mí; han imaginado que Estoy sentado en un trono dominándolo todo y Me han atribuido una figura humana. Así tenían al menos algo más o menos tangible a lo cual podían dirigirse.
Por medio de Jesús de Nazaret respondí a esta necesidad de Mis hijos y Me acerqué a las personas, que hasta entonces solo Me habían considerado un Dios despiadado y una instancia castigadora, como su «Padre» celestial, como Alguien que no es otra cosa que amor infinito. Pero el hecho de que Me llamen Padre o Me den otro nombre no es decisivo para su camino hacia Mí. Lo único decisivo es que recorran el camino del amor, mediante los hechos y no solo de palabra.
Como Yo Soy la Vida en toda la Creación, Me manifiesto —es decir, Me doy una expresión visible— donde, cuando y como corresponda a Mi santa voluntad. En efecto, toda la Creación es expresión de Mi vida. Y para mostrarme a Mis criaturas, que son todas Mis hijos, y fomentar su amor por Mí, Me presento ante ellas en la persona —en la manifestación— del Padre. Este es Mi aspecto personal.
Mis hijos de la Creación constituyen Mi gran alegría; y desde esta alegría concedí a cada uno libre albedrío, pues no quería esclavos, sino hijos e hijas que se volvieran libremente hacia Mí, su Vida.
Como ya se lo he dicho muchas veces, llevan en su interior fuerzas creadoras; fuerzas creadoras que pueden y deben utilizar para crear mediante ellas, con libre albedrío.
Sin embargo, su libre albedrío, Mi regalo divino para ustedes, posee un aspecto, un «punto débil», que también conocen, pero sobre el cual se reflexiona relativamente poco: puede ser objeto de abuso, y se abusa de él. El bando contrario aprovecha este aspecto de su libertad al intentar una y otra vez inducir a Mis hijos a utilizar su libre albedrío para tomar decisiones y realizar actos que no están en armonía con Mi ley eterna.
Toda alma que entra en la Tierra al encarnar queda, como persona, entre dos frentes: por una parte están las fuerzas de la luz, que procuran inspirarla y moverla; por otra, las fuerzas de las tinieblas, que quieren seducir a Mis hijos hacia el mal, cargar sus almas o impedir su progreso espiritual. Cada persona vive en este campo de tensión. Muy pocas son conscientes de que esta lucha existe, de que están involucradas en ella, de que ambos bandos realmente intentan ganarlas y, en efecto, de que esta confrontación las tiene personalmente como objeto.
Mi meta es permitir que Mis hijos crezcan y maduren paso a paso para que se acerquen cada vez más a su origen. El bando contrario persigue una meta muy distinta: quiere impedir este crecimiento. Ya hablé una vez de que le basta con que ustedes «sigan siendo los mismos de siempre». En verdad, les digo: ¡A Mí no Me basta! Mi deseo y Mi voluntad es que se pongan en movimiento.
Toda la Creación es evolución infinita. Todo está sujeto a un cambio constante, a un progreso ininterrumpido. Esto también supera su comprensión. La vida es movimiento. Ustedes tienen un dicho: «Quien no se mueve, será movido». Hoy quiero hablarles sobre su significado, recurriendo para ello a los conocimientos de su física.
Para mover o acelerar una masa —sea pequeña como un átomo, grande como una estrella o, dicho con una sonrisa, viva como una persona— se necesita una energía que actúe sobre ella. La fuerza debe tener la magnitud correspondiente; de otro modo nada ocurre y el impulso se disipa. Pero la masa es inerte, es decir, opone resistencia a todo intento por modificar su estado. La intensidad del movimiento o de la aceleración depende de la fuerza que actúa sobre la masa. Del mismo modo, la magnitud de la resistencia decide si puede producirse o no un cambio.
Trasladen esta imagen al ámbito espiritual. A las tinieblas les interesa que Mis hijos no entren en movimiento ni aceleren. Conocen la imagen de la escalera de Jacob que conduce al cielo. En esta imagen, la comparación con la masa significa: ausencia de movimiento = permanecer inmóviles en el peldaño en el que se encuentran. Por tanto, las fuerzas de las tinieblas hacen todo lo posible para mantener este estado, que a veces se asemeja a una rigidez.
¿Cómo lo hacen? Los vuelven inertes, tanto en el alma como —en consecuencia— muchas veces en el cuerpo. Para ello se valen de los errores y debilidades que todavía existen en la persona, pues ¡no pueden alcanzarlos de otro modo! ¡No tienen otras posibilidades de conseguir que ustedes escuchen sus insinuaciones! Les presentan imágenes atractivas, responden a sus deseos e intereses, les ofrecen alternativas, hacen que muchas cosas les resulten apetecibles, fomentan sus inclinaciones humanas, refuerzan sus correspondencias y mucho más. ¡No subestimen su astucia! Con demasiada frecuencia Mis hijos caen en estas tentaciones, pues poseen libre albedrío. Solo en casos muy raros son conscientes de que, en ocasiones como estas, son incitados y seducidos a utilizar una parte de ese libre albedrío para tomar decisiones que no corresponden a Mi voluntad ni al deseo de la parte espiritual de su propio ser.
De esta manera se interceptan los impulsos y estímulos que Yo doy, porque la persona es demasiado inerte y, en esos momentos, se encuentra más bajo la influencia negativa que bajo la protección de Mi luz.
¡Sin embargo, jamás intervendré en el libre albedrío de ninguna de Mis criaturas! La corrección de una conducta equivocada —si esto es apropiado y necesario— se producirá de todos modos mediante Mi ley de amor de siembra y cosecha. Mi esclarecimiento paternal tampoco significa que no se permita a cada uno tomar las decisiones que considera correctas. Muchas veces, precisamente estas decisiones son necesarias para reconocer luego el error por sus efectos y actuar de otro modo en el futuro. Mi amor apoya todo aprendizaje y esfuerzo. Mis palabras solo pretenden ser indicaciones que recibirán y tendrán en cuenta quienes toman en serio los peligros que acechan en lo invisible.*)
Muchas veces les he señalado la manera tan refinada de proceder de su adversario y del Mío. Quiero ofrecerles un ejemplo de su astucia para que estén y permanezcan atentos.
Si quisiera seducirlos para que recorrieran un trayecto desde A hasta F —algo que probablemente rechazarían estando «en pleno uso de razón», porque su conciencia daría la «alarma» de inmediato—, muy probablemente su empresa no tendría éxito. Entonces, ¿qué hace? Divide el trayecto en pequeños tramos y les muestra el camino de A a B, que no parece tan peligroso y que bien podría recorrerse una vez, a modo de prueba. Se acostumbran rápidamente a la nueva situación, y entonces llega la propuesta de dar el siguiente paso, de B a C, luego de C a D, y así sucesivamente, hasta que finalmente llegan a F. No tienen idea de cuanto sucede a su alrededor en lo invisible.
Y, sin advertirlo, han incorporado a su vida cotidiana y a su conducta algo que ya no corresponde a su anhelo, dirigido originalmente hacia Mí. Han adquirido nuevos hábitos y se sienten «en casa» dentro de ellos. Ya no hay movimiento en el sentido espiritual, o queda muy poco, y los impulsos que Yo doy con frecuencia no encuentran respuesta. La masa humana se ha vuelto inerte; el siguiente peldaño de la escalera de Jacob espera en vano el paso que debería darse.
Esto sucede en una infinidad de situaciones de su vida y es preparado con tanto ingenio y presentado con tanta habilidad que la persona apenas lo percibe, o no lo percibe en absoluto.
Así procede el bando contrario.
Ahora quiero decirles cómo procedo Yo; pues Yo Soy el amor, y el amor es la fuerza más poderosa, y nada puede resistirse a él de manera permanente, ni siquiera las seducciones de las tinieblas, por hábilmente que hayan sido urdidas.
Muchas veces durante el día hablo en su interior, les doy indicaciones, consejos y ayuda mediante encuentros. Irradio en sus pensamientos y en su conciencia, y fortalezco el anhelo en su interior para que despierte cada vez más su amor por Mí y por su prójimo. Si están atentos, el efecto de esta fuerza Mía —si permiten que actúe— será mayor que cualquier contramedida y superará así su inercia poco a poco. Con cada superación ascienden un peldaño de su escalera de Jacob. A su alrededor hay más luz, se vuelven más libres y experimentan que realmente nada es más fuerte que el amor.
Estoy a su lado en sus esfuerzos. Guío sus pensamientos, palabras y actos, mantengo Mi mano sobre ustedes y Soy lo bueno y luminoso en todo cuanto hacen. De este modo crece también su confianza y comienzan a comprender qué significa lo siguiente: la confianza en Dios, mi Padre, surge de la suma de las experiencias que vivo con Él día tras día.
Las posibilidades de las tinieblas de mantenerlos en su inercia disminuyen cada vez más, pues —como ya se ha dicho tantas veces— la oscuridad debe ceder ante la luz.
Muchos de Mis hijos no perciben Mis impulsos ni Mis exhortaciones, y no toman en serio Mis palabras. Permanecen en su estado, para gran satisfacción del bando contrario. Pero, amados Míos, Yo Soy también la sabiduría. Por eso he previsto muchos caminos para poner en movimiento a un hijo. Si nada ayuda y un hijo corre peligro de sucumbir bajo las consecuencias de la cosecha que él mismo produjo, puede entrar en acción, por ejemplo, una fuerza que tarde o temprano induce a cada uno a reflexionar y cambiar de rumbo: la ley de siembra y cosecha comienza a mostrar sus primeros efectos; en el peor de los casos, un golpe del destino desencadena el movimiento.
Muchos de Mis hijos e hijas no comprenden la ley de causa y efecto como expresión de Mi amor porque no conocen las relaciones entre las cosas. Pero esta sirve únicamente para que Mi hijo supere la inercia interior y, si es necesario, también la exterior, y vuelva en sí. Cuando esto ocurre, Estoy ante él con los brazos abiertos y una sonrisa, y le digo: «Alégrate, hijo Mío. Has dado tu siguiente e importante paso hacia Mí. No flaquees. Déjame entrar en tu corazón. Permíteme no solo acompañar tu futuro camino de vida, sino asumir su conducción».
Hijos e hijas Míos, vine al mundo como Jesús de Nazaret para ayudar a que el amor se abriera paso. Vine para quebrantar el poder de las tinieblas, poner fin a la rigidez e iniciar el movimiento de cada persona hacia la luz. Transmití a las personas y a las almas la fuerza necesaria para sus decisiones y sus actos; y les pido, como ya tantas veces: «Denme su sí, lo cual equivale a entregarse a Mí, el Amor. Adéntrense en un desarrollo que todavía no pueden imaginar. Crezcan hacia su libertad y entren así en posesión de su herencia divina».
Lo dicho vale también para ustedes, almas reunidas aquí en una cantidad imposible de abarcar. Déjense impulsar y presten atención a aquello que las vuelve inertes, pues también ante ustedes se extiende el camino hacia la luz. También deben tomar las mismas decisiones que Mis hijos humanos. Los únicos que no necesitan tomar esta decisión porque ya la han tomado son sus hermanos y hermanas de los mundos puramente espirituales. Ellos se dejan llevar con alegría hacia adelante y hacia arriba por la corriente de la vida, porque saben que todo es crecimiento, claridad y conciencia.
Reflexionen sabiamente sobre Mis palabras. No las descarten como algo abstracto, pues la lucha se desarrolla en su vida cotidiana: en sus familias, en su lugar de trabajo y en su entorno. Estén atentos cuando el bando contrario intente introducir un nuevo hábito en su conducta y recuerden quiénes son: hijos e hijas de los cielos, a quienes nuevamente colmo de Mi bendición. Con esta bendición, Mi fuerza fluye hacia cada uno que escucha o lee Mi palabra y los fortalece para el camino que tienen por delante. Mi amor llena sus corazones y hace crecer cada vez más su anhelo.
Amén