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Lo invisible es la realidad

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Das Unsichtbare ist die Realität

Fecha original: 14 de septiembre de 2013

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, sus científicos han descubierto las leyes de la naturaleza, al menos una parte de ellas, y sus políticos han creado leyes que regulan la convivencia y mediante las cuales se gobierna a los pueblos. Podría decirse que las leyes están presentes en todas partes de su vida diaria; en efecto, determinan su vida cotidiana. La mayoría también las considera necesarias, porque ninguna comunidad puede funcionar sin reglas y disposiciones.

¿Qué ocurre en Mi Creación? ¿No actúa también en ella Mi orden?

Muy pocas personas han reflexionado sobre el hecho de que en aquello que Yo he creado también existen leyes —leyes espirituales— que surgieron de Mí y de Mi amor; y que, en realidad, son Mis leyes las que rigen toda vida en la Creación entera —también, por tanto, su vida en la materia—, porque Mi ley está por encima de todo.

Cuando se habla de leyes espirituales, muchos miran desconcertados o niegan con la cabeza porque no saben qué hacer con ellas. Y como no las conocen, tampoco pueden respetarlas, vivir conforme a ellas ni incorporarlas a su manera de pensar, hablar y actuar. Pero el hecho de que las conozcan y reconozcan o no, no cambia que todo ser está sujeto a las leyes espirituales.

Así, muchas personas se parecen a marionetas movidas por hilos invisibles. Son semejantes a piezas de un tablero de ajedrez que son desplazadas sin conocer a quienes las mueven de un lado a otro. Incluso creen que se mueven por sí mismas. Pero, en realidad, no viven por sí mismas: se las hace vivir.

Entre Mis hijos existe una gran ignorancia, y esta contribuye a que las personas atraviesen su vida cotidiana como ciegas, a que muestren incomprensión, no crean en Mí, a menudo no se comprendan a sí mismas y un caos suceda a otro. Sus autoridades eclesiásticas no pueden enseñarles estas leyes porque no las conocen. Al igual que muchos otros, también ellas cuelgan como marionetas de hilos invisibles para ellas y son conducidas por quienes actúan detrás hacia las direcciones que estos determinan. Así, los ciegos son guiados por ciegos.

Si se conocieran Mis leyes, el mundo tendría otro aspecto. Quien sabe que todo cuanto procede de Mí está fundado en Mi amor y ya ha experimentado este amor en su vida, no puede seguir ignorando Mi obrar. Comienza a vivir conforme a Mis mandamientos y experimenta cómo, poco a poco, muchas cosas y finalmente todo lo que antes le causaba preocupaciones y temores se disuelve, porque Yo sirvo mediante Mi ley a todos los que sirven a Mi ley. Quien comprende Mis enseñanzas en toda su profundidad reconoce también en ellas la herramienta que pongo en sus manos y que lo ayudará a alcanzar la victoria, incluso sobre sí mismo.

Desde tiempos eternos, las tinieblas intentan impedir que se conozcan Mis leyes universales del amor. Hacen todo lo posible para que las personas no se conozcan a sí mismas ni reconozcan su verdadera esencia y, por consiguiente, no sepan lo que ocurre a su alrededor en lo invisible.

Yo Soy el Padre de todas Mis criaturas, y Mi voluntad es —y se cumplirá— que cada una encuentre el camino de regreso a Mi corazón. Por eso les concedo una comprensión cada vez más profunda y prácticamente les permito «mirar detrás de lo visible», para que tampoco ustedes atraviesen su vida como ciegos, sino que reconozcan y comprendan en lo profundo de su corazón, y para que corrijan algo allí donde sea necesario.

Hoy les acercaré un poco más a un aspecto de Mis leyes, aunque ya Me he manifestado sobre él en distintas ocasiones. Le doy el título «Lo invisible es la realidad».

La persona posee cinco sentidos que le transmiten impresiones de lo que ocurre a su alrededor y con los cuales puede percibir su entorno y a sí misma; pero estas impresiones reflejan una realidad que es tan solo una parte —una parte muy pequeña— de la verdad. Por lo general, le faltan las antenas para percibir también aquello que no existe para sus sentidos. Carece de intuición, sensibilidad, clarividencia y clariaudiencia. Sus ojos y oídos interiores todavía están cerrados, y su sensibilidad aún es relativamente burda.

Quien emprende el camino hacia Mí y comienza a vivir el amor en su vida evolucionará, su conciencia se ampliará y desarrollará capacidades —poco a poco, según sea bueno para él— con las que podrá mirar más allá del limitado horizonte de sus cinco sentidos. Sin embargo, desarrollar estas capacidades mediante las técnicas correspondientes no está de acuerdo con Mi voluntad. Sí corresponde a Mi ley cuando surgen como consecuencia de una íntima conexión Conmigo o cuando fueron asumidas como una tarea para estas encarnaciones.

Cuando digo que aquello que es invisible para ustedes constituye la realidad, Me refiero a los mundos que todavía permanecen ocultos a sus ojos externos, razón por la cual la mayoría de las personas concluye que no existen o que se encuentran en algún lugar lejano. Sin embargo, están directamente a su alrededor; así como ahora mismo este recinto está lleno de innumerables almas que han seguido Mi llamado y escuchan Mis enseñanzas. Porque lo que tengo que decir a Mis hijos vestidos con el ropaje terrenal vale igualmente para ellas.

Quiero aclararles el tema mediante una imagen, usando como ejemplo un alma que se dispone a encarnar de nuevo. Si ha escuchado las enseñanzas de su ángel guardián o de sus ayudantes espirituales, la encarnación está bien preparada, tanto en lo referente al momento como a las circunstancias en las que nacerá. Un alma que ha recibido enseñanza y reconoce la necesidad de una nueva encarnación entra, por regla general, en su nueva vida terrenal llena de alegría y buena voluntad. Está colmada de las metas que se ha propuesto, llena de entusiasmo por lo que puede alcanzar, y confía plenamente en quienes la acompañan durante su vida, invisibles espiritualmente.

Pero también sabe que, al encarnar, entra en el dominio de las tinieblas. Sin embargo, «allá arriba», donde hay más luz que en esta Tierra, todo parece relativamente fácil; y muchas almas no pueden imaginar que su propósito de aprender en una nueva vida lo que todavía les falta pueda fracasar.

Así, pues, descienden a la Tierra, y Mi ley les hace olvidar lo que sucedió antes. El cerebro del nuevo y pequeño habitante de la Tierra está vacío, pero su alma no lo está. Lleva a su nueva vida el potencial de buenos propósitos y cualidades, así como las fuerzas que ya ha desarrollado. Pero también trae consigo sus cargas: aquello que en el más allá reconoció como erróneo y que ahora quiere reparar o hacer de otro modo, pues es precisamente eso lo que desea superar. Por tanto, no llega a esta vida como una hoja en blanco ni como una rosa recién abierta, sino que lleva en su interior luz y oscuridad. Con ellas entra en la materia, sobre y dentro de la cual se desenfrenan las tinieblas.

Desde el principio, tanto las fuerzas buenas como las fuerzas oscuras contrarias se esfuerzan por el alma. Estas últimas intentan actuar sobre las vibraciones de lo negativo que el alma aún lleva dentro y, de ese modo, alcanzarla. Comienza una lucha por el alma. La persona, es decir, su alma, se convierte en juguete del bien y del mal, desgarrada entre los impulsos que proceden del amor y las insinuaciones que quieren provocar lo contrario.

Estos intentos de conducir a Mi hijo humano por el camino luminoso o por el oscuro duran toda la vida. Como también las tinieblas poseen libre albedrío, se les permite acercarse a un hijo humano de todas las maneras imaginables. Y como ven en qué aspectos el alma aún está cargada, actuarán precisamente allí para hacerla vacilar o caer, y no, naturalmente, donde el alma ya se ha fortalecido. Esto permite comprender también por qué es tan importante llegar al conocimiento de uno mismo. El bando contrario conoce a cada uno porque su irradiación y su vibración lo delatan. ¿También tú te conoces, hijo Mío? ¿Sabes dónde tiene puntos débiles tu línea de defensa?

Por tanto, si creen que pueden confiar en sus cinco sentidos porque no perciben nada de todo esto, están cometiendo un grave error. Si ya les fuera posible contemplar interiormente, reconocerían lo que sucede sin interrupción a su alrededor; qué fuerzas están a su lado para servirles y cuándo tienen que retirarse si ustedes, aun sabiendo que no deben hacerlo, transgreden la ley del amor.

Pero también percibirían las figuras, algunas de ellas tenebrosas, que esperan poder influir sobre ustedes y que, por medio de la ley de la atracción, lo hacen de manera muy sutil tan pronto como les ofrecen una oportunidad. Solo pueden acercarse y alcanzarlos cuando su luz interior no es lo bastante intensa, y solo pueden seducirlos si encuentran en su alma algo correspondiente y los llevan entonces a sentir, pensar, hablar y actuar de una manera que no concuerda con los buenos propósitos que adoptaron en el más allá.

Todo ser está expuesto de forma más o menos constante a estas insinuaciones y a estos intentos de influencia. También Yo, como Jesús de Nazaret, conocí los intentos de seducción de Mi adversario. Pero igual de constante e inmediato es el empeño de los innumerables ayudantes espirituales por hacer fluir energía hacia una persona de buena voluntad y colocar las agujas de las vías para que actúe correctamente.

Todo esto permanece oculto a sus ojos y, sin embargo, es realidad. Es la realidad que los rodea como un mundo imperceptible, que los protege, consuela y acompaña o también los acecha, acosa e influye, en cada caso conforme al estado de ánimo y del alma de ustedes, pero también a su condición física, sus decisiones, sus deseos y su voluntad.

Como las personas no conocen esta realidad de la influencia invisible, tampoco pueden defenderse de ella; por eso, tantas cuelgan como marionetas de los hilos de seres de naturaleza sutil y de energías que determinan el rumbo de su vida.

Volverse hacia Mí —a lo que seguirá la entrega cuando su amor crezca cada vez más— no pone fin de inmediato a los intentos de influencia, pero los hace menos vulnerables porque se fortalecen interiormente. Es posible que, aun entonces, las fuerzas contrarias logren hacerlos tropezar alguna vez, hacerlos caer durante horas o días en un abatimiento del alma; quizá incluso den un traspié o caigan. Pero si su amor por Mí y por el bien es suficientemente grande, y si no flaquean en su empeño, Yo los levantaré una y otra vez; y después de cada caída, es decir, después de levantarse cada vez, saldrán fortalecidos de su lucha.

Porque se trata de una lucha por cada alma, librada inadvertidamente en el trasfondo, pero cuyos efectos —la victoria provisional o la derrota provisional de uno de los dos bandos— se manifiestan en el exterior y son percibidos, al menos, por quienes han aprendido a mirar con un poco más de profundidad.

Ya les he dicho muchas veces que avanzo muchos cientos de pasos al encuentro de un hijo que se esfuerza y Me pide ayuda. Ahora quiero explicarles también qué significa esta expresión figurada y qué ocurre entonces.

Como gran parte de su conducta negativa reside en su alma y «asciende» desde allí cuando se presentan las circunstancias correspondientes, es también allí donde se debe buscar y encontrar el punto sobre el cual hay que actuar para producir un cambio. Pero ningún ser humano puede penetrar en el ámbito de su propia alma. Ustedes pueden proponerse cambiar y mejorar muchas cosas en el futuro, y con Mi ayuda también lograrán muchas de ellas, sobre todo si tienen buena voluntad; pero no pueden penetrar en las capas más profundas de su conciencia ni, finalmente, en su alma. Solo indirectamente pueden lograr que su alma se vuelva más luminosa mediante el empeño por vivir el amor, lo cual provoca un cambio en ella. Sin embargo, si nada cambia allí, de esta fuente vuelve a fluir una y otra vez algo que «asciende» al interior de la persona y contra lo cual esta apenas puede defenderse, o no puede hacerlo en absoluto. Esa es la razón por la cual tantos buenos propósitos no llegan a ponerse en práctica.

¡El único que puede llegar a su alma y transformar allí la oscuridad en luz Soy Yo! Y lo hago cuando reconozco la petición sincera en el corazón de Mi hijo. Por tanto, llego hasta el fondo de la causa y actúo allí donde se encuentra el verdadero error: en lo invisible. Cuando algo se transforma allí, hijo Mío, ya no puede «ascender» ni servir como punto de ataque para los intentos de las tinieblas, porque ya no existe nada semejante que pueda reaccionar o comunicarse entre sí. Toda la influencia que las tinieblas ejercen sobre Mis hijos humanos se produce de acuerdo con la ley de la atracción espiritual. Donde ya no existe nada negativo, o donde lo negativo restante ya no está muy marcado, tampoco nada negativo puede ejercer influencia.

Esta es Mi parte en su esfuerzo; además, los fortalezco, les infundo ánimo, les regalo una y otra vez nueva alegría y los estimulo a no abandonar el camino que una vez emprendieron, sino a recorrerlo hasta el final con disciplina y seriedad. Entonces, palabras esclarecedoras como estas, acerca de los peligros invisibles, no causarán temor; sabrán que existe la posibilidad de ser acosados, pero verán también la abundante luz que los rodea igualmente sin interrupción y solo espera poder acercarse cada vez más a ustedes hasta colmarlos por completo.

Hago fluir hacia ustedes Mi amor, hijos e hijas Míos, y este amor lleva consigo fuerza para su camino. Los fortalece y, sobre todo, los mantiene alerta; pues cuando entren en el día con este nuevo conocimiento, reflexionarán bien antes de ceder a este o aquel sentimiento negativo, o a un pensamiento o acto correspondiente, porque ahora saben que detrás se encuentran fuerzas que no les desean el bien. En ese mismo instante se volverán hacia Mí, que vivo en ustedes, que poseo todo el poder, que los amo y que, en el mismo momento en que se acercan a Mí con su sentir, los atraigo hacia Mi corazón.

Amén