Yo respondí: «Ya te he dicho que siempre hablas según tu entendimiento mundano. Darle al mundo su paz equivaldría a darle todavía más muerte de la que ya posee en sobreabundancia.
Si debes ayudar a un ciego a recobrar la vista, ¿acaso verá si le arrancas los ojos? ¿Llegará un cojo a caminar derecho si le cortas el pie enfermo? ¿Podrá hablar un mudo si haces que le corten la lengua? ¿O puede curarse la peste con más peste y apagarse una casa en llamas con más fuego?
Mira, así ocurre ahora con las personas del mundo: están espiritualmente muertas y, fuera de la vida natural animal, no tienen vida en sí. Sus almas son pura carne, y su espíritu está como muerto. Se asemeja a los espíritus que reposan en las piedras y que, mediante su persistencia bajo juicio, enlazan la materia que de otro modo estaría suelta, de manera que surgen piedras de toda clase y forma: más blandas y más duras, algunas transparentes, otras opacas y de distintos colores según la naturaleza del espíritu que contienen.
Pero si quieres liberar de su materia a los espíritus que están en las piedras, ¿podrás lograrlo con agua tibia? ¡Ciertamente no! Te digo que, con un trato tan suave y pacífico, la piedra seguirá siendo firmemente lo que era y es. Tiene que llegar un fuego poderoso que haga entrar a los espíritus de la piedra en una gran lucha; solo entonces romperán ellos mismos los vínculos de su materia y quedarán libres. Y mira: así tiene que suceder también aquí.
Lo que libera a los espíritus de la piedra —el fuego, la lucha, una presión poderosa y golpes fuertes y duros— también despierta a los espíritus en los corazones humanos convertidos en piedras duras y los hace libres. Esto ocurre especialmente con los corazones de los grandes y los ricos, que tienen corazones como diamantes, incapaces de ser ablandados por fuego terrenal alguno.
Por eso, recuerden lo que les digo: abandonen la creencia ridículamente necia de que Yo habría venido para enviar por medio de ustedes, Mis discípulos y siervos, la paz terrenal a las personas del mundo; no la paz, sino la espada.
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¡Compréndanlo bien! He venido para levantar al hijo todavía más sensible contra la dureza, muchas veces demasiado inflexible, de su padre; a la hija modesta contra su madre dominante, y a la nuera más apacible contra su suegra avara y envidiosa. Sí, los peores enemigos del ser humano serán los miembros de su propia casa.
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En verdad, en verdad les digo: quien ama a su padre y a su madre más que a Mí no es digno de Mí; y quien tiene hijos e hijas y los ama más que a Mí no es digno de Mí. Quien no toma voluntariamente sobre sus hombros su carga, aunque lo oprima como la cruz de muerte romana, y no Me sigue, de ningún modo es digno de Mí ni tendrá parte en el Reino de Dios.
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En verdad les digo: quien busca siempre la vida de este mundo y además la encuentra con facilidad perderá la vida eterna. Yo no lo despertaré a la vida eterna en el día final, inmediatamente después de desprenderse del cuerpo, sino que lo arrojaré al infierno, a la muerte eterna.
Pero quien no solo no busca la vida del mundo, sino que la rehúye y la desprecia por amor verdadero y puro hacia Mí, encontrará la vida eterna. Porque Yo lo despertaré inmediatamente después de la muerte de su cuerpo, al iniciarse su nueva vida en el mundo de los espíritus; lo introduciré en Mi Reino eterno y adornaré su cabeza con la corona de la sabiduría y el amor eternos e imperecederos. Entonces reinará eternamente conmigo y con todos los ángeles del cielo eternamente infinito sobre todo el mundo sensible y espiritual».
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