Es fácil comprender que la compañía recibió estas enseñanzas muy bien y con gratitud, aunque no todos las entendieran. Incluso los fariseos y los escribas se asombraron mucho de Mi sabiduría y se preguntaron entre sí de dónde Me venía. Ellos Me conocían a Mí, a José, a María y a todos los hijos de José, y dijeron a los discípulos: «¡Esto es verdaderamente incomprensible! Su padre fue un artesano muy competente en su oficio, un hombre sumamente fiel, justo y honrado, y al mismo tiempo un judío estricto que tomaba con toda seriedad a Moisés y a los profetas en la medida en que los conocía. Pero jamás se percibió en él una sabiduría especial, y sus otros cuatro hijos naturales, que ya han trabajado varias veces para nosotros, están tan alejados de cualquier rastro de sabiduría como el Sol, la Luna y las estrellas de la Tierra.
La buena madre María sigue siendo una mujer muy hermosa, diligente y sumamente virtuosa, a quien ciertamente nadie puede atribuirle nada deshonroso. Según estamos bien informados, fue educada en el Templo cuando era niña; pero conocemos esa educación y sabemos demasiado bien cuánta sabiduría se les transmite allí, especialmente a las niñas. Por eso Él tampoco pudo absorber mucha sabiduría de Su madre. Que sepamos, tampoco asistió a ninguna escuela; al contrario,
dijo un escriba que conocía bien a José: «José se quejó conmigo más de una vez de las dificultades con su hijo Jesús y dijo: “No sé qué hacer con este muchacho. Su nacimiento, del cual se afirma que fue muy extraordinario, y las manifestaciones que al menos parecían estar estrechamente relacionadas con él hacían esperar que el ser divino mismo Se manifestaría en la Tierra por medio de semejante niño. También hablaban demasiado claramente a favor de ello varias manifestaciones ciertamente extraordinarias de Su primera infancia, así como Sus palabras, que a veces rozaban una elevada sabiduría. Todo esto me llenó de las expectativas más altas, tanto más cuanto que desciendo de David en línea completamente directa. Pero precisamente ahora, cuando ha llegado el tiempo en que el muchacho debería aprender algo, ya no se puede hacer nada con Él; ni siquiera puede hablarse de aprendizaje. Aunque Lo entregue a un maestro, este no logra nada con Él. El muchacho sabe y comprende todo mejor, y si un maestro intenta tratarlo con severidad, ¡entonces todo se acaba!
Lo que ha conservado desde Su primera infancia es una fuerza de voluntad incomprensible y absolutamente indomable, con la cual realiza milagros manifiestos cuando lo considera necesario. Pero precisamente a causa de esta cualidad Suya no se puede hacer nada con Él en lo referente al aprendizaje. Por lo demás, es piadoso, dispuesto, obediente, muy educado, cortés, amable y modesto como Su madre; ¡solo que no se le puede hablar de aprender!”
Miren, el anciano José no se quejó de esto conmigo una sola vez, sino varias. Por eso es tanto más seguro que Él no aprendió en Su vida nada fuera del oficio de carpintero: ni a leer y mucho menos a escribir. Por consiguiente, es muy comprensible que se pregunte de dónde obtiene semejante sabiduría».
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El evangelista Juan dijo: «Amigos, yo lo sé muy bien y conozco perfectamente el asunto; pero todavía falta mucho para que llegue el momento de dárselo a conocer. Ya vendrá el tiempo en que lo escucharán de Su propia boca. Entretanto, que les basten Sus obras y Su sabiduría». Aunque los fariseos y los escribas insistieron en que Juan les diera al menos algunas indicaciones, él no se dejó persuadir. Varios funcionarios de la aduana y los supervisores regresaron entonces a su trabajo, pues han terminado de almorzar, y quedó espacio libre en la gran mesa.
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