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Horas Sagradas en Kals am Großglockner

Fuente: Samuel Surazal

Título original: Feierstunden am 27. und 28. August in Kals

Fecha original: 27 de agosto de 2024

Serie o colección: Horas Sagradas con Jesús

Traducción al español latinoamericano.

Jesús habla: «En todo tiempo, en todo espacio, Yo estoy siempre presente donde los corazones se han abierto a Mi amor, donde existe la disposición de servirme y de seguirme en las obras del amor. Por eso es algo maravilloso poder vivir ahora, en esta comunidad, esta unidad, esta unidad del amor en Mi Espíritu.

De Mi Espíritu salieron ustedes hacia esta Tierra, hacia el olvido, hacia la oscuridad de este mundo terrenal, para recorrer aquí un camino completamente individual y especial. El camino que he preparado para ustedes es el camino al que Yo los conduzco de regreso una y otra vez: por medio de circunstancias exteriores, por medio de ciertas situaciones en las que ustedes se encuentran y piensan que están en dificultades. Entonces viene la preocupación sobre ustedes, vuelven a refugiarse en Mí, y esa es la corrección que necesitan con urgencia.

Ustedes han sido puestos en este tiempo para servirme como precursores, como preparadores del camino, como puertas por medio de las cuales Yo puedo entrar en este mundo, siempre según su entrega y su disposición para hacerlo. ¿Y no es verdad que su anhelo, que el amor de sus corazones, les muestra que precisamente eso es lo que Yo he puesto en ustedes y lo que ustedes también quieren hacer? Pertenecerme por completo, llegar a ser uno con Mi amor y poder vivir en este amor, en este amparo indescriptible del amor. Y, sin embargo, ese amor se expresa en la acción cuando ustedes se entregan, cuando están dispuestos también a ofrecer sacrificios. Pequeños sacrificios en la vida diaria, ustedes los conocen todos, esas pequeñas cosas cotidianas que los desafían.

Y luego están los grandes sacrificios: perdonar a los enemigos, soltar el pasado. Porque muchas cosas del pasado atan su alma y no permiten que el amor a Mí sea libre. Pero el alma debe ser libre. El alma debe ser purificada, como una tela sucia que se lava una y otra vez hasta quedar blanca y limpia, sin que quede ninguna mancha en ella. Así también sus almas deben llegar a ser puras y blancas. Porque solo así pueden entrar en Mis cielos, donde nada imperfecto puede entrar ni vivir, en la perfección absoluta de Mi amor.

Por eso los formo. Por eso los guío. Por eso les digo lo que hace falta. Por eso también los impulso a esforzarse, a ser firmes en el seguimiento, a no escuchar lo que los seres humanos les dicen, sino lo que Yo les digo, y a actuar conforme a ello. Porque todavía vendrán muchos a ustedes y les dirán: “Eso no se puede hacer. Están locos si confían su vida completamente a Dios. Uno tiene que ver por sí mismo cómo salir adelante. Uno mismo tiene que luchar y esforzarse por su bienestar terrenal”.

Pero a esto Yo digo: Mis hijos, su lucha es Mi lucha. Y voy todavía más lejos y les digo: cuando caigan en tentación y crean que ahora deben luchar y esforzarse por ustedes mismos, entonces les digo: Hijo Mío, no luches. Ámame. Porque Yo he luchado por ti. Y si Me amas, entonces Mi victoria se hace eficaz para ti. Ámame, y serás libre. En el amor está contenido todo. En el amor reconocen también el valor de Mi obra redentora. Aceptarla exige humildad, reconocer sinceramente: “Padre mío, sin Ti no puedo. No tengo la fuerza. Te necesito”.

Y cuando algunos creen que pueden luchar y esforzarse con su fuerza humana, y que solo Me necesitan de vez en cuando para su propio beneficio, entonces permito que esa persona caiga tantas veces en su debilidad, hasta que finalmente comprenda que solo Yo tengo el poder y la fuerza para alcanzar victorias.

Y, sin embargo, he puesto Mi victoria dentro de ustedes. En el amor a Mí la toman y la hacen suya. Por eso, ámenme, Mis hijos, y entonces todo estará bien. Entonces el alma será libre. Entonces se dará la victoria sobre el pecado, que es la condición para el nacimiento en Mi Espíritu, que Yo he previsto para ustedes.

Pero muchos de Mis hijos piensan: “Padre mío, todavía estoy tan lejos de eso. Todavía hay tanta suciedad en mí, tanta carga terrenal. No puedo imaginarme ese nacimiento en el Espíritu, ese renacimiento en Ti. ¿Cómo va a suceder eso conmigo?”

Y a esto Yo digo: precisamente esta conciencia es la condición fundamental para el nacimiento en el Espíritu. Porque es el humilde autoconocimiento de los pecados del alma, y eso es muy necesario. Ustedes solo pueden darme aquello que ven en ustedes. Si no son conscientes de ello, no pueden entregármelo. Por eso Yo abro sus almas poco a poco, para que se reconozcan también en los rincones escondidos de su alma, donde todavía hay oscuridad. En parte, esto será desagradable y los asustará cuando les sobrevengan estas debilidades del alma. Estas incluso pueden producir dolencias corporales. Tal vez aparezca una enfermedad. Pero estas aflicciones los conducen a la humildad y los llevan a Mi corazón.

Así que, si lo miran correctamente, todo está bien a Mi lado. Por eso entren en una confianza profunda. Crean en Mis palabras, porque Mis palabras son verdad y vida, no solamente para ustedes, sino para todos los que escuchan estas palabras, también los del más allá. (Samuel: La puerta del más allá está abierta para muchas almas fallecidas, y del cementerio local se han sumado unas cincuenta almas).

Y también a ustedes, los del más allá, que todavía no recorren los caminos que Yo he preparado para ustedes, les digo: Yo soy un Dios de misericordia. Como Dios Me he puesto la tarea de convertir a todas las criaturas en Mis hijos y conducirlas al corazón de su Padre. No miro lo que ya pasó, sino que los recibo tal como se presentan ante Mí, aun en la falsedad en la que han vivido y todavía viven. Porque finalmente también ustedes deben alcanzar su patria espiritual, para que puedan vivir en luz y amor, en la bienaventuranza de Mi amor.

Yo soy la Palabra, y la Palabra es la vida, y la Palabra la he puesto en ustedes. También esta palabra que hablo aquí es una parte de esa Palabra, es una parte de Mí. Y cada vez que reparto Mi palabra a Mis hijos, pongo una parte de Mí en Mi hijo: un nuevo aspecto que Mi hijo puede contemplar, un nuevo aspecto de Dios, un nuevo conocimiento de Mi amor, que les regalo en esta palabra, en este espacio, en este tiempo, para la eternidad. Amén.»