Jesús habla: «Mi paz sea con ustedes. Mi corazón está abierto de par en par, y de él fluyen luz y amor hacia cada uno de ustedes. Así he tejido un vínculo entre sus corazones, y ustedes están unidos por Mi amor. Esta comunidad que Yo he reunido aquí, porque nadie está aquí sin Mi voluntad ni sin Mi llamado, forma una pequeña isla de luz en medio de la oscuridad de este mundo. Porque este mundo se ha vuelto muy oscuro en este tiempo. Y por eso necesito islas de luz y de amor. Necesito corazones luminosos que, en medio de la lucha de los mundos, revelen Mi amor a los seres humanos que andan perdidos, sin sentido, sin propósito y sin meta. Ellos no conocen su pasado ni su futuro, porque no se conocen a sí mismos. No saben quiénes son. No saben que también ellos son hijos de Dios.
Pero a ustedes los he llamado, y ustedes se han reconocido como Mis hijos. Les he mostrado Mi amor y Mi guía. La ven al mirar hacia atrás, y también la verán en el futuro que ahora vendrá sobre esta Tierra, en este tiempo final, en el que habrá mucha aflicción y muerte. Allí ustedes deberán ser la luz. Deberán ser columnas de Mi amor, firmes en la fe, apoyados con seguridad sobre el fundamento del amor en Mí, desde Mí y por Mí.
Esto he preparado para ustedes. A esto los he atraído. A esto los he guiado a través de valles profundos. Los he conducido sobre altas montañas, y ahora están aquí. Como ya dijo el hermano, una vez les hablé diciendo: Nos volveremos a ver, y Yo prepararé un lugar donde nos encontraremos. Y ahora este espacio está aquí, en grande, y también en pequeño: en el espacio llamado corazón, donde Yo habito en ustedes, donde nos encontramos y donde Yo les hablo.
¿No es maravilloso moverse en este espacio del amor? ¿No es maravilloso sentir este poder del amor? Porque Yo soy este poder del amor. Yo soy esta fuerza. En Mí y desde Mí sucede el bien, cuando ustedes lo permiten, cuando se declaran dispuestos a caminar este camino Conmigo, con paso firme, llenos de valor, confianza y entrega, sabiendo que Yo estoy con ustedes, que los guío y los conduzco en todo tiempo.
Esta fe en que Yo estoy con ustedes es la condición fundamental para que este mundo ya no pueda hacerles daño. Porque todo lo que les sucede pasa antes por Mi corazón. Y todo lo que los toca y los alcanza nace de cierta necesidad, para perfeccionarlos en la gracia del amor, para perfeccionarlos en Mí. Por eso todo es bueno, Mis hijos. Es bueno el valle por el que caminan, porque allí se prueba y se fortalece su fe. Es buena la montaña que cruzan, porque desde allí pueden ver el paisaje espiritual que Yo he extendido delante de ustedes.
Así los encierro con estas primeras palabras en Mi corazón y les digo: Mis hijos, Yo los amo. Los he llamado por su nombre y los designo con estas palabras: Ustedes son Míos. Pero siempre permanece el libre albedrío que cada ser humano tiene, también ustedes. Y, sin embargo, cuando miran dentro de sus corazones, cuando sienten la comunión Conmigo, ¿pueden todavía imaginarse una vida sin Mí? ¿Una vida en el extravío del mundo, sin este punto firme junto a Mí? No, no pueden, Mis hijos. Yo lo veo en sus corazones.
¿No es el amor algo maravilloso? Mis hijos, contemplen la belleza del amor. Contemplen la vida del amor en la que Yo los he introducido, en la que pueden vivir y obrar en comunidad y en unión Conmigo.
Vivir en la presencia de Dios es, en realidad, la meta de todo ser humano. Pero cuántos andan perdidos sobre esta Tierra sin Dios, o cegados y extraviados en religiones equivocadas, en una espiritualidad complaciente consigo misma, en un amor al prójimo solo aparente. Pero muchas veces ese amor es falso, desviado y ciego.
Sí, muchos buscadores quisieran estar firmes sobre el fundamento de la verdad, pero no lo encuentran. ¿Por qué no lo encuentran? Porque sus pensamientos los han atado y encerrado en una fe falsa y endurecida, que no les permite examinar lo que creen ni tomar un camino mejor. Muchas veces el fundamento sobre el que están parados, por triste que sea, es el egoísmo y el orgullo espiritual, o está marcado por el miedo a un Dios castigador. Pero solo sobre el suelo de la humildad se Me puede encontrar verdaderamente y reconocer como el Dios que ama siempre. Y solo sobre este suelo conduzco a Mis hijos por el camino de la verdad y de la vida hasta la meta. No hay otro camino. Amén.»
«Mis hijos, a cada uno de ustedes lo he puesto en situaciones de vida muy especiales. Estas situaciones son diferentes, unas más difíciles y otras más livianas. Algunos de ustedes se preguntan: ¿Por qué tengo que cargar esta cruz tan pesada? Me esfuerzo por caminar este camino espiritual, pero todo es cansancio y carga, mientras otros casi no tienen que luchar.
A esto les digo: muchos factores tienen que ver. Por un lado, está el origen anterior al nacimiento. Por otro lado, están los elementos o la herencia de los antepasados que un alma recibe e integra. También su propia estructura particular del alma, y la cantidad de sustancia satánica del alma que ha cargado y que debe llevar a la redención, determinan el desarrollo de su existencia terrenal. También las tareas espirituales y la meta espiritual que una persona se ha propuesto y desea cumplir influyen mucho en el curso y el contenido de su vida.
Cuando un ser humano se ha entregado a Mí con confianza, Yo lo conduzco de tal manera que sea liberado de cargas anteriores al nacimiento, para que pueda llegar a la presencia viva de su identidad divina. Para eso se necesitan distintos instrumentos. En un hijo de Dios bastan instrumentos delicados y situaciones sutiles. En otro, hacen falta instrumentos fuertes, para liberarlo de una carga pesada que muchas veces ni él mismo conoce, porque no sabe todo lo que todavía lleva dentro. En todo esto no se trata solo de la propia redención, aunque esta tiene prioridad, sino también de la redención de aquellos que lo acompañan.
Mis hijos, ustedes no caminan sobre esta Tierra solo para ustedes mismos. Por el hecho de que Yo los he llamado y elegido, llevan dentro de ustedes una obra de redención para sus antepasados y para muchos que los acompañan por razones muy especiales, tanto de este mundo como del más allá. Por eso es tan importante que en cada etapa de la vida permanezcan en la confianza. Sea que carguen una cruz pesada, cuyo peso casi los aplasta y a veces los empuja a la duda, o sea que carguen una cruz liviana en el amor hacia Mí, deben permanecer en la confianza. Porque Yo lo tengo todo a la vista. Tengo poder sobre todo y solo permito aquello que es necesario. Sin embargo, el efecto y el resultado siempre dependen de cuánto Me confíen sus vidas. Yo solo puedo intervenir en su esfera en la medida en que ustedes Me abren la puerta. Solo tengo en su alma el espacio que ustedes Me dan. Cuanto más espacio Me den, cuanto más vivan sus vidas en entrega a Mí, tanto más eficaz será Mi presencia alrededor de ustedes y dentro de ustedes.
Ahora bien, Yo también obro en lo invisible. En los pasillos de su alma que ustedes no recorren, hago preparativos para que, cuando algún día se abran completamente a Mí, todo esté listo para recibir Mi Espíritu. Así sucede, por un lado, la preparación en este mundo por medio de las circunstancias exteriores, y por otro lado, la preparación en el mundo del más allá, invisible para ustedes y tampoco perceptible de manera consciente. Allí también obro con Mis ángeles en el fondo del alma, para crear el fundamento necesario para el momento en que Yo los llene y los atraviese con Mi Espíritu.
Esa es la meta, Mis hijos. Pero el tiempo apremia. No es que tengamos mucho tiempo. A todos ustedes les falta todavía la constancia necesaria. Es necesario dejar atrás al hombre viejo y revestirse del nuevo. ¿Qué significa esto y cómo se hace? Imaginen cómo actuaría Yo en las situaciones de su vida diaria. Imaginen cómo actuaría el amor desinteresado. Casi siempre será exactamente lo contrario de lo que ustedes harían desde lo meramente humano.
Cuanto más practiquen este ejercicio del amor desinteresado, permaneciendo en pensamiento y en obra solo en este amor, con todas las consecuencias de la negación de sí mismos, del perdón y de la entrega incondicional al amor divino, sin acusar a nadie, sino bendiciendo a todos los que conocen y a todos los que encuentran, entonces allí nace el hombre nuevo, Mis hijos. Ese es el ser humano que ustedes son en realidad: amor desinteresado, lleno de Mi Espíritu.
Practiquen esto cada día, siempre en una situación distinta: en el trabajo, en la familia, al conducir. Y digan: Vivo esta hora solo para Jesús. No albergo ningún mal pensamiento. Permanezco siempre en la paciencia. Permanezco en el amor. Entonces verán lo maravilloso que es vivir así, llenos de Mi amor. Pronto serán varias horas al día, y encontrarán gran alegría en vivir de esta manera. Finalmente se dará una unión entre nosotros. Y el resultado será el hombre nuevo. Entonces serán llenos de una alegría indescriptible. Serán llenos de una paz que el mundo no conoce. Amén.»
«Mis hijos, ahora los conduzco al tiempo de hace dos mil años, a la noche decisiva para el pasado y para el futuro. Miren cómo estoy sentado en el huerto de Getsemaní. Miren cómo el Hijo de Dios se inclina hasta el suelo, lucha y combate solo, con la fuerza de Su alma, para que pudiera y pueda cumplir la obra de la redención. Solo con la fuerza de Mi alma se Me permitió alcanzar esta victoria. Solo al alma divina se le permitió penetrar el alma universal y someterla. Sí, el poder de la divinidad habría alcanzado esta victoria fácilmente. Pero entonces este camino de redención habría quedado anclado en la ley y en el juicio, y no en el amor.
El amor debía alcanzar la victoria. El amor del Hijo del Hombre, que llegó a ser Hijo de Dios, el amor del alma divina, debía alcanzar la victoria sobre la muerte del alma universal. Así, en aquella noche, Yo fui hasta el borde más extremo de la oscuridad y detuve la caída de Satanás. Inicié el retorno. Abrí de nuevo el camino de regreso para toda vida caída, el camino para que toda vida vuelva a la libertad del espíritu. (Jesús habla aquí de la noche espiritual de la humanidad, porque inició el retorno en el tiempo entre Su muerte en la cruz y Su resurrección.)
Y cuando ustedes oyen, Mis hijos, que Satanás ya ha retornado, esto es correcto en el sentido de que Yo terminé la caída de la materia e inicié su retorno. Pero esto se refiere solamente al alma de Satanás. Este retorno entra ahora en una nueva dimensión, porque Yo establezco Mi Reino de Paz sobre esta Tierra. Pues esta Tierra es la fuente de fuerza y el punto energético (nodo sinusal) del hombre de la creación, y por eso el Reino de Paz venidero tendrá naturalmente un efecto pacificador sobre toda la creación.
El retorno del alma universal, del alma caída de Lucifer, tomará ahora un nuevo desarrollo. Se inicia una nueva dimensión de fe, y por tanto de redención, en esta creación. Y el hombre de la creación será inundado un poco más por la luz y el amor que fluyen de Mi corazón.
Así soy Yo el fundamento, el principio y el fin, el Alfa y la Omega de todo lo que sucede y de todo lo que todavía sucederá, hasta que todo lo caído sea encontrado, redimido y traído de vuelta; hasta que todo lo perdido regrese a Mí, a Mi corazón, y forme una unidad Conmigo; hasta que el hombre de la creación, finalmente perfeccionado, esté de pie delante de Mí, se arrodille en humildad ante su Dios y Creador, y Yo lo levante. Entonces habrá una boda, una unión divina. Entonces será como Yo lo había pensado originalmente: que Lucifer sea para Mí una contraparte que Me ame, una novia de Mi corazón.
Mis hijos, cuando algún día hayan entrado en Mi Espíritu, podrán abarcar con una sola mirada esta extensión infinita del tiempo. Comprenderán en lo más profundo por qué permití que Lucifer se apartara de Mí, y por qué permití esta acción de Satanás a través de los tiempos y los eones. Todo será comprensible para ustedes en un nuevo nivel de conocimiento que ahora todavía no pueden abarcar. Por eso vivan en la confianza. Una y otra vez pongo esta confianza en sus corazones. Una y otra vez los reúno y les digo: Hijitos, confíen en Mí, permanezcan Conmigo, vivan Conmigo y en Mí. Todo estará bien.
Y si los llamo a salir de este mundo, o si todavía tienen una tarea que cumplir, déjenmelo a Mí. Mi plan es perfecto para cada ser humano. Y, sin embargo, ustedes participan en la configuración de este plan en la medida en que caminan su camino con seriedad y sinceridad, en la medida en que están dispuestos a abrir sus corazones y dejarme entrar en sus vidas. Así, su desarrollo y Mi plan confluyen en una unidad perfecta de amor.
Si pudieran ver la alegría de sus ángeles guardianes. Los ángeles guardianes tienen distintas tareas. Algunos tienen tareas más livianas, otros más difíciles. Algunos descienden a la oscuridad profunda, y otros tienen el privilegio de acompañar y proteger a los hijos de Mi amor. Así, sus ángeles se alegran de que ustedes les hayan sido confiados y de poder acompañarlos. Su deseo y su alegría es también que ustedes hablen con ellos, que sepan que siempre tienen a su lado a un mejor amigo y a una mejor amiga. Nunca están solos. Siempre están rodeados de buenas fuerzas, de varios espíritus buenos. Sean siempre conscientes de ello.
Sí, en realidad ustedes viven en el mundo del más allá. La materia solo oculta el espíritu. A quien Yo le abro el ojo espiritual, ve y contempla el mundo del espíritu sin el velo de la materia. Entonces ve que, en realidad, siempre ha estado en el mundo espiritual y nunca lo ha abandonado. Solo el velo de la materia se ha colocado sobre el espíritu y el alma. Por eso les digo: no teman la muerte del cuerpo. Para Mis hijos es fácil dejar el cuerpo. Muchos de ustedes incluso anhelan ya el momento en que puedan dejarlo. Así que sean libres de la carga del mundo, libres de la carga de la muerte, y caminen alegres y libres a Mi lado. Crean firmemente que así es, Mis hijos. Amén.»
Samuel sobre la palabra interior y la vida espiritual: Jesús pronuncia Su palabra en el corazón del alma. Luego esta palabra debe atravesar el paisaje del alma, con todos los fragmentos de conciencia que allí existen. Puede suceder que condicionamientos terrenales y opiniones personales se mezclen con la palabra de Dios, o que se pierda la línea clara de las palabras y estas no salgan de manera uniforme a la superficie. Entonces el hijo de la Palabra se traba y percibe el peligro de que la palabra pronunciada se desvíe o se deforme en su sentido, que es el alma de la palabra. También en mí esto es un proceso de aprendizaje. Debo estar atento mientras hablo, para que la palabra original no sea desfigurada. En esta cautela y atención, a veces pierdo la fluidez del hablar.
Jesús me dice: «El amor ha pronunciado la palabra en ti, y Yo he llenado tu alma con Mi amor. Por eso solo Mi amor tocará Mi palabra en tu alma, y así llegará verdaderamente a la superficie».
También percibo que siempre es la palabra de Jesús, aunque las estructuras de las frases y la forma de expresarla puedan cambiar, pero no el sentido del mensaje.
En el mayor profeta de la época moderna, Jakob Lorber, la palabra era pronunciada directamente en el alma. Él recibía la palabra ya completa y no tenía que revestir su esencia, porque ya venía con su vestidura. Solo su forma de lenguaje daba a las comunicaciones el estilo de aquella época.
Así, él recibía la palabra en su triple naturaleza divina. En cambio, los actuales hijos de la palabra la reciben en la dualidad espíritu y alma, y deben revestirla ellos mismos con una forma audible o escrita. Aquí todo depende de cuánta luz divina tenga el receptor, para leer correctamente la palabra en su alma y darle la vestidura adecuada.
También puede suceder que la palabra interior provenga, en ocasiones, solamente del aspecto anímico de una persona. Si el alma está en armonía con el Espíritu de Dios, también es verdadera. Sin embargo, suele mezclarse con ideas y deseos propios del alma, así como con conceptos tomados de lecturas. Entonces la palabra expresada es una imitación de la palabra pura de Dios. En ese caso es recomendable detenerse con humildad, examinarse y pedir a Jesús que conceda la luz necesaria para el autoconocimiento y el discernimiento. De lo contrario, el alma puede exaltarse a sí misma y terminar cegándose en su propia palabra.
Jesús también dice que en realidad desea hablar a cada uno de Sus hijos. Quiere pronunciar Su palabra en cada corazón, y todo ser humano es capaz de percibirla.
El problema es que en este tiempo nuestras almas están tan saturadas de opiniones y condicionamientos terrenales, debido a la gran cantidad de puntos de referencia mental que nos ofrecen los medios y el mundo desviado, que el ruido del alma ahoga la palabra de Dios.
Si pudiéramos ver cómo nuestros pensamientos se agitan bajo la influencia del mundo, cómo se enredan y con ello nos enredan también a nosotros en él, veríamos lo difícil que es alcanzar un estado del alma en el que se pueda percibir la palabra de Dios en el propio corazón. Por eso Jesús insiste una y otra vez en la importancia de apartarse del mundo. Debemos aislarnos del mundo en el plano del alma, no físicamente. Debemos realizar nuestro trabajo y convivir con personas del mundo, pero no debemos apropiarnos de las energías mundanas, para permanecer libres de las imágenes mentales satánicas que una y otra vez atan nuestras fuerzas espirituales.
Precisamente ahora la gracia divina es grande. El corazón de Jesús está abierto de par en par para aquellos que apartan su amor del mundo y se lo entregan a Jesucristo, que abren su corazón a Él y siguen Sus indicaciones y Su palabra con sinceridad y seriedad. Ellos pueden ser llenados con el Espíritu de Dios en poco tiempo.
Entonces cada hijo de Dios debe preguntarse: ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a recorrer este camino? ¿Son suficientes mi disposición interior y mi amor para entregar con confianza mi vida a Jesús?
Esto solo es posible cuando se conoce el corazón de Jesús. Solo cuando se ha reconocido cómo es realmente Dios, qué relación tiene con nosotros y cuánto nos ama, se puede dar este paso de entrega total. Si no se tiene esta comprensión, en realidad no es posible amarlo sobre todas las cosas ni entregarle la propia vida.
Todos conocemos esos momentos de elevación espiritual en los que, por poco tiempo, somos llenados de luz y amor. Esos momentos están destinados a convertirse en nuestro estado permanente. Eso es lo que el Padre celestial desea darnos. Pero ahora deben motivarnos y alentarnos a continuar nuestro camino con constancia en Su amor. Como Él también dice hoy nuevamente: «Mis hijos, estoy dispuesto a darles Mi vida, si ustedes Me entregan la suya». Con esto se dirige a cada uno de nosotros y nos coloca en la gracia más alta.
Sin embargo, en realidad es el amor al prójimo en la vida cotidiana lo que nos diviniza. Cada situación de vida en la que nos encontramos, ya sea en la familia o en el trabajo, es el ambiente que el Padre celestial dispone para nosotros, para poder divinizarnos allí. Así estamos, en nuestra imperfección, dentro de la perfección de Dios, pero no en el aspecto de Su ley, sino en el de Su misericordia.
Para ello, ante todo, hace falta paciencia. La paciencia no es solamente el problema de los hombres del mundo, sino también de los hijos de Dios: impaciencia en lo terrenal y también en lo espiritual. La impaciencia bloquea la irradiación divina y da testimonio de una falta de confianza en el amor y la guía de Dios. Porque cuando no se avanza en lo espiritual, cuando aparentemente todo va demasiado lento, esto no se debe a la falta de cuidado y gracia de Dios, sino a la propia tibieza y falta de seriedad, a la falta de conocimiento de sí mismo y, sobre todo, a la falta de humildad.
¿Qué significa realmente la humildad? La humildad es el espacio que le concedemos a Dios en nuestra alma mediante la entrega de nuestras propias pretensiones terrenales de poder a la vida divina. La humildad es la confianza de hijos de que nuestro Padre celestial cuida de nuestra vida. La humildad reconoce el poder de Dios, pero aún más reconoce el poder del amor redentor y misericordioso.