Amado Jesús, Tu corazón está abierto de par en par, Tu amor irradia en este lugar, y por eso Te pedimos una palabra que brote de Tu corazón. Sin Ti, amado Padre, no somos nada. Solo por Ti y contigo nuestra vida puede tener verdadero sentido. Sí, Tú debes ser nuestra vida, nuestro amor, nuestro todo. En esta reunión nos muestras Tu amor, nos dejas ver un pedacito del cielo, tal como lo soñamos y lo anhelamos. Nuestro deseo más profundo es vivir en la unidad de Tu amor, sin falsedad ni mentira, estar unos para otros y también para todos los seres humanos, teniéndote a Ti como centro. Ese es el cielo dentro de nosotros.
Jesús habla: «Así les hablo a ustedes, Mis hijos. Estas palabras que fluyen de Mi corazón también las deposito en sus corazones. Un rayo de luz que sale de Mi corazón une sus corazones Conmigo y los une también entre ustedes, de manera que este lugar queda envuelto en un mar de luz y de amor, porque Yo soy la luz y el amor.
Así el cielo se ha abierto para ustedes, y también para los habitantes del cielo que ahora escuchan aquí Mi palabra. Ellos conocen bien sus vidas, los ven luchar y esforzarse aquí en la Tierra, para que puedan realizar aquello que Yo puse en ustedes desde el principio de los tiempos.
Ustedes han venido a este tiempo. Han asumido la aventura de la vida terrenal para alcanzar aquí la verdadera condición de hijos de Dios, y para iniciar aquí su servicio en estos últimos tiempos, que ahora entran en su última etapa. Están llamados a formar parte de este cuerpo Mío, como ya lo han conversado hoy entre ustedes, cada uno según la naturaleza de su alma, según la disposición de su corazón. Pero lo decisivo es esto: según su entrega, según la confianza que pongan en Mi guía y en Mi amor.
Sí, la lucha se desata con fuerza en el mundo, y también dentro de ustedes. Mis hijos, ustedes saben que cuando Yo di vida a esta creación, y una parte de Mis espíritus se apartó de Mí para seguir sus propios caminos, también dentro de Mí se libró una gran lucha. Mi santidad y Mi justicia no querían permitir que hubiera rebeldes apartados de Mi corazón. Pero una parte de Mí dijo: Déjalos salir en la libertad de su voluntad, para que algún día regresen en la libertad de su amor. Y así decidí dejarlos partir. El amor alcanzó la victoria en Mí.
Como hijos Míos, ustedes participan de esta divinidad y llevan Mis atributos en sí: por un lado, la justicia y la exigencia de perfección; y por otro lado, el amor y la misericordia. Por eso también dentro de ustedes se libra esta lucha entre ambos polos. Y así como una vez en Mí el amor alcanzó la victoria, también en ustedes debe vencer el amor: vencer su propia exigencia de justicia, su obstinación, su propia “santidad”, que también existe en ustedes porque son Mis hijos.
Por eso ustedes recorren un camino semejante. Pasan por un proceso parecido al que Yo mismo atravesé cuando di vida a esta creación. También ustedes están llamados a dar vida a una nueva creación dentro de ustedes mismos, una creación en la que el amor debe alcanzar la victoria.
Y una vez más hubo en Mí una gran lucha cuando Me hice hombre en esta Tierra y tuve que alcanzar nuevamente esa victoria: humillarme y hacerme pequeño en Mi santidad y justicia, en Mi propia justicia como Dios, para poner, como Padre de Mis hijos, Mi santidad y Mi justicia a los pies de la humildad.
Así también ustedes están ahora clavados en la cruz de la materia, es decir, en la unión del alma con el cuerpo. Y en esta crucifixión de sus almas también ustedes deben alcanzar la victoria, aceptando en la misericordia de Mi amor todo lo que Yo les encomiendo y todo lo que el mundo les hace, para luego resucitar Conmigo de esa tumba en la que el mundo los ha puesto. Pero esta resurrección, Mis hijos, es una resurrección permanente para la eternidad. Esta resurrección significa para ustedes volver al hogar, regresar a la casa del Padre. Esta resurrección es la vida eterna junto Conmigo, en la unidad del amor de los habitantes del cielo. Eso es lo que he preparado para ustedes.
Les digo esto para mostrarles nuevamente de qué se trata en realidad. La vida en esta Tierra es, ciertamente, un camino de sacrificio. Esta vida requiere cierto olvido y cierta negación de sí mismos. Requiere entregar a Mí sus necesidades terrenales, para que Yo pueda tomar sus vidas en Mis manos, para que Yo pueda resucitar y hacerme vivo en sus almas, y para que así ustedes cobren vida en Mí.
La vida de entrega a Mí en esta Tierra es solo un tiempo breve, comparado con lo que fue antes y con lo que vendrá después. Es un punto en una línea de infinitud. Y ese único punto en el que ahora se encuentran, bien pueden entregármelo a Mí. En ese punto está contenida la eternidad. En este momento de eternidad en el que ahora se hallan, está todo lo que necesitan para entrar en Mi Reino.
Estas son las primeras palabras para hoy. Mi bendición descansa sobre ustedes. Sus ángeles se alegran. Están con ustedes y participan de esta reunión, de esta comunidad.»
Breve silencio
«Ahora perciban, en el silencio de sus corazones, Mi palabra y los impulsos que deposito en ustedes. Sientan el amor que se levanta dentro de ustedes, que ahora los llena. Sientan Mi presencia en ustedes. Perciban la fuerza del amor que les regalo. En este poder del amor están contenidas la entrega, la misericordia, la paciencia y todo lo que necesitan para esta vida. Todo está ya depositado dentro de ustedes. Solo se trata de despertarlo por medio del amor a Mí, abriendo sus corazones para Mí. Entonces brota desde lo más profundo de ustedes esta luz de amor, esta libertad en Mí. También sus pensamientos quedan envueltos en esta luz de amor. El entendimiento se somete al amor, y así nace en ustedes una unidad Conmigo.»
Jesús habla nuevamente: «Mis hijos, también he incluido a este país en Mi obra de redención. Pero dondequiera que mire en este país, veo impiedad, veo mundo y corrupción, veo pecado. Este país se ha vuelto una tierra oscura. Sin embargo, he despertado a algunos en esta tierra para que sean puntos de luz en medio de esta oscuridad. Así ustedes forman parte de Mi obra de redención. Ustedes son luces en la noche del mundo en este país.
Por eso, lamentablemente, es necesario hacer que también este país sea humillado, como sobre tantos otros países donde los seres humanos Me han olvidado, Me han negado y solo viven para su placer, para su propia voluntad y para su egocentrismo. Pero en ustedes, Mis amados, a quienes he despertado para servirme, existe la disposición de ser luz para Mí en esta oscuridad del mundo. Sí, veo un gran anhelo en sus corazones. Un poder se ha manifestado en ustedes, un poder divino que solo espera ser liberado. Y como siempre les digo: esto sucede por el amor a Mí.
En sus pequeños círculos, en su entorno, Yo los formo como trabajadores en Mi viña. En lo pequeño deben aprender lo que significa ser hijos de Dios: en el trato con los demás, en la vida diaria, en su trabajo, en su matrimonio. Entonces verán cómo esta luz y este amor crecen cada vez más en ustedes, en la entrega y también en la humildad de reconocer que sin Mí nada pueden hacer, y que solo Conmigo y por Mí son capaces de cumplir su servicio. Entonces la fuerza de su voluntad y su anhelo se unirán con la fuerza de Mi voluntad y con Mi amor, y todo se hará una unidad. Entonces también les confiaré tareas mayores. Les acercaré personas desesperadas, personas solitarias, que ya no saben qué hacer ni hacia dónde ir.
Ellas sentirán dentro de sí un anhelo por un Dios que pueda ayudarlas en su aflicción. Y entonces ustedes estarán allí para ellas, para hablarles de Mí, del Dios bueno, que solo permite aquello que los seres humanos mismos han provocado con su maldad y su falsedad. Les hablarán de Mí, que estoy dispuesto a abrir Mi corazón también para todos los que estén en aflicción, mientras todavía haya tiempo.
Esa será entonces su tarea, Mis hijos. Ya ahora, de vez en cuando, les conduzco personas a quienes pueden hablarles de Mí, a quienes pueden darles impulsos y orientación. Cada ser humano cuenta para Mí tanto como miles. Si llevan a una sola persona hacia Mí, para Mí es como si Me trajeran a todo un pueblo. No hay diferencia para Mí, porque amo a cada ser humano tanto como amo a toda la creación. Así pueden imaginar cuánto amo a cada uno de ustedes. Yo dejo mundos enteros cuando un hijo Me deja entrar en su alma, en su corazón. Ese soy Yo: Dios desde la eternidad, Padre de Mis hijos, amor en toda Mi esencia.
Yo mismo soy gobernado por el amor. Y si pudieran mirar dentro de lo más íntimo de Mi ser, verían a un Dios vulnerable, manso y tierno. Lo más profundo de Mi corazón es delicado, suave y lleno de amor. Solo hacia afuera he establecido para esta creación un orden firme y una ley: la ley de causa y efecto. También ella nació de Mi amor y es otra expresión de este. Esta ley Me devuelve todo lo perdido, aunque sea a través de eones y eternidades. Porque llegará el día en que todo volverá a entrar en Mi Reino. El tiempo no tiene importancia, porque el final está abierto y es eterno.
Para ustedes, Mis hijos, ahora se cierra el círculo de su existencia. Una vez salieron de Mí, hace un tiempo que no se puede medir, para recorrer este camino a través de tiempos y eternidades. Algunos de ustedes vivieron ya en mundos maravillosos antes de descender a la densidad y oscuridad de la materia terrenal. No todos, pero algunos sí hicieron este camino. Y ahora el círculo se cierra. Yo los llevo de regreso al hogar. He salido a recoger a Mis ovejitas extraviadas. Los hijos e hijas perdidos regresan a casa. He preparado una gran fiesta, una fiesta maravillosa.
Y cuando sobrevenga la adversidad en este país, ustedes deberán estar preparados. Necesitarán una base firme, necesitarán sostén en Mí, deberán ser conscientes de Mi presencia. Porque, ¿qué puede sucederles en Mi presencia? En Mi presencia no hay muerte. En Mi presencia hay amparo y seguridad. Amén, Mis hijos, amén.»
«Como Dios Todopoderoso hablo al mundo. Como Padre amoroso hablo a Mis hijos. Así como una vez el mundo cayó en pecado, y en los tiempos de Noé hice que una gran desgracia se abatiera sobre la ciudad de Hanoch y sus alrededores, y así como Sodoma y Gomorra fueron un foco de pecado y permití que una gran calamidad cayera sobre su población, así sucede también hoy. Y, sin embargo, esto se lo digo a Mis hijos: también he envuelto este planeta en una nube de bendición que fluye sin cesar.
Esta luz, este manto de bendición que ahora envuelve la Tierra, lo he preparado para dar a todos los seres humanos una vez más la posibilidad de aferrarse a Mí. Así, en esta separación de los espíritus que ahora se está llevando a cabo, todos tienen todavía la posibilidad de tomar otro camino, para que la voz de la conciencia, si todavía no ha sido apagada, despierte y los seres humanos puedan reconocerse en su falsedad y en su ceguera.
Por eso, esta Tierra está ahora envuelta tanto en una nube de oscuridad como en Mi nube de bendición. Ambas cosas deben estar presentes. Ambas estuvieron presentes también en los tiempos de Hanoch, y también en Sodoma y Gomorra, cuando envié a Mis ángeles para anunciar a los hombres que pronto vendría una gran desgracia. Pero los Míos fueron ridiculizados, expulsados y asesinados.
Así será también en los próximos años. Nuevamente enviaré a Mis ángeles en carne, y ya lo he hecho, para advertir a los seres humanos que vendrá una gran desgracia. Pero, ¿qué harán los hombres? Mis hijos, ustedes pueden imaginarlo. Se burlarán de quienes los advierten y de su «viejo Cristo»; se reirán de ellos, los expulsarán y los calumniarán. Y los ángeles que no están en carne, aquellos que actúan sobre la conciencia de los seres humanos, tampoco serán escuchados. Así, en realidad, ya está trazado lo que sucederá. Y, aun así, es parte de Mi responsabilidad divina abrir estas posibilidades, para que después nadie pueda decir: “Yo no lo sabía. No podía actuar de otra manera”.
Por eso extenderé y enviaré Mi gracia y Mi palabra sobre esta Tierra. También las palabras que pronuncio en este lugar saldrán al mundo como un mensaje espiritual que recorrerá las tierras y dirá: “Yo soy un Dios de amor. Vengan a Mí todos los que están cansados y cargados. Estoy dispuesto a recibir incluso a los más grandes pecadores”.
Mi corazón está abierto de par en par. Pero al final lo cerraré, y dejaré a los hombres malvados y obstinados al destino que ellos mismos quisieron.
Sepan, Mis hijos: antes de venir a esta Tierra, ustedes conocían muy bien este tiempo y lo que los esperaba. También conocían su servicio para Mí. Esta conciencia de la tarea que asumieron puede ahora, y pronto, despertarse en ustedes. ¿Y qué producirá en ustedes este abrirse de la conciencia de su preexistencia? Les dará una nueva seguridad. Surgirá en ustedes una nueva conciencia de responsabilidad por su vida terrenal. Tomarán conciencia de su misión. Entonces ya no habrá freno ni duda, sino que podrán obrar con una seguridad semejante a la de Dios, con talentos divinos y con poder divino.
Ahora ustedes piensan: “Pero eso todavía está lejos. No puedo verlo. Aún debe darse en mí una gran transformación”. Sí, así es. Pero, Mis hijos, muchas veces su disposición, su voluntad sincera, ya son suficientes para que Yo obre milagros en el alma, como lo hice una vez con Mis apóstoles. Ellos estaban reunidos como ustedes en esta ronda, hablando de Mí, y entonces Mi Espíritu vino sobre ellos. De manera inesperada, de pronto supieron quiénes eran y cuál era su tarea. No fue primero su entendimiento, sino su corazón el que fue llenado con Mi Espíritu. Desde allí, este Espíritu resplandeció hacia el entendimiento y penetró toda el alma.
Por eso, Mis hijos, crean también en los milagros. Crean en Mi poder divino. Su disposición, su confianza y su entrega Me permiten glorificarlos en Mí. Deben creerlo. No deben dudar de ello, porque si dudan, no puedo hacerlo. Ustedes son hijos de Dios. Piensen en lo que eso significa. Amén.»
Mis hijos, ahora les habla su padre primigenio Adán:
«Fui creado como el primer hombre de esta Tierra. No fui solamente hombre. También estuve penetrado por el espíritu satánico para ofrecerle, mediante mi vida como ser humano, una posibilidad de redención: reparar en la carne de esta Tierra su caída original. Pero yo, como hombre, sucumbí ante ese poder espiritual satánico que había en mí. Así di origen a un género humano que estaba, y todavía está, condenado a vivir en el pecado, y el pecado tuvo, y todavía tiene, poder sobre los seres humanos, un gran poder.
Finalmente, mi alma fue liberada del espíritu satánico. Pude llegar a ser hombre como ustedes, y Satanás recibió nuevamente su libertad propia al ser separado de mí. Así caminé como hombre sobre esta Tierra, como ustedes, hasta que fui llamado a salir de este mundo, como señal de que todos mis hijos también deben recorrer este camino: la muerte de la carne y la lucha contra el pecado.
Durante todo el tiempo en que la humanidad ha vivido en el pecado, he sufrido mucho con ella. Aunque como hombre pude experimentar la misericordia y el amor de Dios, y fui liberado de toda carga, he acompañado a todos aquellos que salieron de mí. Y ahora, en este tiempo, aquí, yo también he llegado a un punto que me llena de gran alegría, porque de alguna manera mi extravío llega a su fin. También para mí se cierra un círculo: el círculo del pecado, que se disolverá en el amor y la misericordia de Dios. Así se quita esta última piedra de mi corazón, y también del corazón de mi Eva, porque somos uno. Ahora, con el permiso de nuestro Padre celestial, puedo comunicarles estas palabras mías, para que sepan que también yo amo profundamente a mis hijos.
Como progenitor de toda la humanidad he llevado una gran carga, de la cual ahora soy liberado. Siento la necesidad de compartir esto con aquellos que ahora están en esta lucha de los mundos. La liberación espiritual de ustedes también me libera a mí, de cierta manera.»
Jesús habla: «He querido hacerles llegar estas palabras para que vean qué participación tienen todos los habitantes del cielo en su camino terrenal, desde Adán hasta hoy, todos Mis apóstoles y discípulos. Ellos los acompañan, viven con ustedes cada paso de su lucha y hacen irradiar su amor en sus vidas y en sus corazones. Ustedes no están solos. Siempre están rodeados y acompañados por habitantes del cielo, por ángeles que los ayudan, y por sus hermanos que no han venido en carne, que interceden por ustedes, que les regalan impulsos, que llenan sus pensamientos de luz, que les dan pequeñas orientaciones para mejorar esto o aquello. Ese poder les ha sido dado.
Así, un gran corazón los acompaña. Un gran amor está con ustedes. Por eso permanezcan firmes. Permanezcan en la confianza. Sepan que están acompañados y protegidos. Sepan que son seres espirituales que han tomado un cuerpo por un breve tiempo para servirme. Amén.»
Nuestro hermano espiritual Juan lee la palabra, que antes había recibido de Jesucristo:
«Para ustedes, seres humanos, ha llegado el momento que muchos de ustedes esperaban. Aquel momento del que muchos dijeron, durante los últimos dos mil años, que vendría al final de los días.
La pregunta no es: ¿cuándo será? Porque ya es. La pregunta es: ¿estás preparado? Estar preparado significa aferrarte por completo a Mi corazón, porque la guerra de los mundos ha comenzado.
Como muchas veces lo he prometido, a los Míos nada les sucederá. Pero ay de aquellos que Me niegan y actúan contra Mi amor.
Camina en la luz, aunque ahora se desate el infierno. El problema no es la oscuridad, sino cómo la atraviesas. Déjame caminar a tu lado, y verás cómo en medio del caos Mi paz te llena.
Tu tarea personal ahora comenzará a tomar forma. Amén.»
Amado Jesús, si es Tu voluntad regalarnos todavía una palabra, estamos listos para recibirla. Tú ves que nuestros corazones están abiertos de par en par, llenos de anhelo de que nos hables. Amado Padre, anhelamos tanto Tu amor y Tu presencia. Tú eres nuestra esperanza, nuestra confianza, nuestro refugio, nuestro hogar.
Llena cada vez más nuestras almas con Tu amor, amado Padre. Haznos reconocer qué Padre Dios tan amoroso eres, Tú que no deseas otra cosa más profundamente que estar con Tus hijos.
Jesús habla: «Así es, Mis hijos. Este deseo que florece en sus corazones es también Mi deseo, como ya lo he dicho en este día de gracia y alegría. En Mi corazón hay mucho espacio. Y también en sus corazones he creado un gran espacio, un espacio abierto, sin muros, capaz de contener lo divino por toda la eternidad.
Sí, su conocimiento, su sabiduría y su amor jamás tendrán fin en Mí, porque Yo soy un Dios infinito. Así, tomados de Mi mano y dentro de Mi corazón, entrarán en la infinitud del amor, llenos de alegría y bienaventuranza. Lo que ninguna palabra terrenal puede nombrar, lo que no se puede expresar, eso he preparado para quienes Me aman.
Refugio es una palabra importante para Mis hijos. ¿Qué significa estar refugiado en Dios? Estar refugiado en Dios significa no conocer miedo ni temor. Es una seguridad, una seguridad divina. Estar refugiado en Dios significa estar lleno de amor y no tener miedo de ser herido, porque el amor transforma todo. El amor está dispuesto a sacrificarse, está dispuesto a recorrer el camino del sacrificio, en el cual habitan el poder de la transformación y de la resurrección. Porque cuando una persona los hiere, Mis hijos, y ustedes reciben esa energía en amor, transforman a esa persona.
Así, ustedes son poderosos cuando perdonan, cuando disculpan, cuando están dispuestos a no devolver el golpe y a no vengarse de quienes les hacen daño, así como Yo lo hice una vez. Ese poderoso amor del perdón soy Yo en ustedes. Y cuando perdonan, cuando disculpan y están dispuestos a ofrecer sacrificio, entonces Yo Me hago vivo en ustedes. Entonces resucito en ustedes, y entonces reconocen el poder del amor dentro de ustedes. Amén.»