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GEJ 1.39

Fuente: Jakob Lorber

Traducción al español latinoamericano.

Capítulo 39 de 161

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GEJ 1.39.1

En estas tierras, esta clase de desayuno no sería considerada precisamente muy exquisita. Pero en el país del que proverbialmente se decía que rebosaba de leche y miel, este era sin duda el desayuno más delicioso, especialmente porque la miel de la Tierra Prometida era probablemente la mejor del mundo y todavía lo es, y porque tampoco hay otra leche en la Tierra que supere la de allí.

*

GEJ 1.39.2

Después de la comida se sirvieron frutas deliciosas. Muchos disfrutaron de ellas y alabaron a Dios, quien dio a los frutos un sabor tan exquisito y concedió a las abejas la capacidad de extraer de las flores del campo una miel tan sumamente dulce y llevarla hasta sus celdas construidas con tanto arte.

GEJ 1.39.3

Uno de los samaritanos del grupo, que era un hombre sabio, dijo: «¡Nunca se podrá alabar suficientemente la sabiduría, la omnipotencia y la bondad de Dios! La lluvia cae sobre la tierra; mil veces mil géneros y especies de arbustos absorben la misma lluvia y arraigan en el mismo suelo, y aun así cada especie tiene un sabor, un aroma y una forma diferentes. Cada forma es hermosa y agradable a la vista. Nada crece sin utilidad, y ni siquiera la planta de musgo más reseca crece sobre una piedra sin propósito.

*

GEJ 1.39.4

¡Y luego están todos los animales de la tierra, del agua y del aire! ¡Qué multitud y qué diversidad, desde el mosquito hasta el elefante, y desde el ácaro de las hojas hasta el indomable Leviatán, que podría llevar montañas sobre su espalda y jugar con los cedros del Líbano! ¡Oh Señor, qué poder, qué fuerza y qué profundidad infinita de sabiduría debe haber en Dios, que guía y dirige el Sol, la Luna y las innumerables estrellas, contiene el mar en sus profundidades, edificó las montañas sobre la Tierra y fundó la Tierra misma mediante Su palabra omnipotente!».

GEJ 1.39.5

Yo dije: «Sí, sí, ahora has hablado correctamente; así es. Dios es supremamente bueno, supremamente sabio y supremamente justo, y no necesita el consejo ni la instrucción de nadie cuando quiere hacer algo. Pero Yo les digo: el ser humano de esta Tierra está llamado, no menos que eso, a llegar a ser perfecto como el Padre en el Cielo es perfecto.

GEJ 1.39.6

Hasta este momento, eso era ciertamente imposible, porque en esta Tierra la muerte empuñaba el cetro. Pero desde ahora será posible para todo aquel que se empeñe seriamente en vivir conforme a Mi enseñanza.

GEJ 1.39.7

Pero Yo pienso que, si Dios manda al ser humano que se ocupe de algo pequeño, es decir, de la sencilla práctica de Mi enseñanza, entonces tampoco debería rehuir esfuerzo ni trabajo alguno para alcanzar este bien supremo».

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GEJ 1.39.8

El sumo sacerdote dijo: «Sí, Señor, por alcanzar lo más elevado el ser humano también debería arriesgar lo máximo. Quien quiera disfrutar de la vista desde una montaña alta debe aceptar primero la subida penosa y difícil. Quien quiera cosechar debe arar y sembrar antes. Y quien sabe que puede obtener algo debe arriesgar algo por ello; pero quien no arriesga nada por temor a que la ganancia no llegue jamás podrá obtener algo. Por eso, cuando Tú nos des a conocer los caminos, oh Señor, tampoco nos será difícil alcanzar lo que nos anunciaste hace poco: llegar a ser perfectos como el Padre en el Cielo es perfecto».

*

GEJ 1.39.9

Yo dije: «Ciertamente, y agrego algo más: ¡Mi yugo es suave y Mi carga es ligera! Hasta ahora las personas han tenido que llevar pesadas cargas y no han podido lograr nada con ellas. Ahora cabe preguntarse qué forma tomará su fe cuando deban cambiar lo antiguo, pesado y acostumbrado por algo nuevo, ligero y desconocido. ¿No terminarán diciendo: “Si no logramos nada por el camino del duro esfuerzo y del trabajo, qué lograremos entonces con el esfuerzo que hacen los niños en sus juegos?”.

GEJ 1.39.10

Les digo: tendrán que quitarse al viejo ser humano como si fuera una ropa vieja y ponerse en su lugar uno completamente nuevo. Al principio, este ciertamente les resultará incómodo. Pero quien no se deje empujar de regreso a lo antiguo y acostumbrado por una pequeñez semejante, sino que acepte una pequeña incomodidad, llegará a aquella perfección de la que hablé hace poco.

*

GEJ 1.39.11

Ahora prepárense todos. Enseguida emprenderé el breve viaje hacia el monte. Quien quiera ir conmigo, que se ponga en marcha. Y tú, Mateo, ve a buscar tus materiales de escritura. Pero regresa pronto, porque ya ves que estoy listo para partir».

GEJ 1.39.12

Mateo dijo: «Señor, Tú sabes cuán dispuesto estoy ahora a seguirte. Pero si voy a casa, es decir, al lugar donde trabajo como recaudador de impuestos y escriba al servicio de Roma y tengo mi oficina en la puerta principal de la ciudad, seguramente encontraré, como siempre, mucho trabajo. Los guardias romanos no me dejarán marchar hasta que lo haya terminado. Por eso preferiría conseguir aquí suficientes materiales de escritura para hoy y recoger los míos por la noche. Con ellos, como ya señalé antes, podría arreglármelas durante dos días completos, pues los romanos no me entregan por adelantado materiales para más de tres días, y casi siempre los consumo por completo».

GEJ 1.39.13

Yo dije: «Amigo Mío, haz siempre lo que Yo te digo, y todo te saldrá bien. Ve ahora como te lo indiqué; hoy no encontrarás trabajo alguno ni a nadie esperando en la puerta. Pero lleva también contigo a tus otros escribas para que Mi palabra quede escrita aquí en varios ejemplares». Mateo respondió: «Sí, si es así, puedo ir».

GEJ 1.39.14

Entonces Mateo, el recaudador de impuestos, se fue y encontró en casa todo tal como Yo se lo había predicho. Muy pronto regresó con otros tres escribas, y junto con todos los que estaban en la casa emprendimos el camino hacia el monte Garizim. Cuando llegamos al monte después de una hora de camino, el sumo sacerdote me preguntó si debía subir y abrir la antigua casa de Dios.

GEJ 1.39.15

Pero Yo le mostré la región y a las muchas personas que nos habían seguido, y le dije: «Mira, amigo, esta es la casa de Dios más antigua y más legítima. Pero está muy descuidada, y por eso quiero restaurarla ahora, como restauré la de Irhael. Para ello no necesitamos la antigua casa; basta con este lugar al pie del monte. Además, aquí hay varios bancos y mesas que serán muy útiles para los escribas. Por tanto, abran sus oídos, sus ojos y sus corazones y prepárense, porque ahora sucede ante sus ojos aquello que profetizó el profeta Isaías».

GEJ 1.39.16

Mateo dijo: «Señor, estamos preparados para escucharte».

GEJ 1.39.17

Entonces comenzó el conocido Sermón del Monte, que puede leerse completo en los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio de Mateo. Este sermón duró unas tres horas, porque esta vez hablé lentamente a causa de los escribas.

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