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¿Qué valor tiene una felicidad que te pueden quitar?

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Was ist ein Glück wert, das man dir nehmen kann?

Fecha original: 13 de noviembre de 2017

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis hijos e hijas, hoy profundizaré en dos aspectos. No les son desconocidos, pero si los examinan más de cerca con Mi ayuda, se sorprenderán al descubrir qué se oculta realmente detrás de los conceptos de libertad y felicidad, y qué pasos sencillos, necesarios y perfectamente realizables pueden dar de Mi mano para poseer ambas de manera permanente.

Todos los seres de los cielos puramente espirituales llevan dentro de sí la libertad absoluta. Es Mi regalo para cada uno de Mis hijos. Nace de emplear el libre albedrío para actuar y crear dentro del marco de Mis leyes, que surgieron de Mi amor. Mis hijos «celestiales» no carecen de nada; todo está a su disposición en abundancia. En esto se funda, entre otras cosas, su felicidad, que no conoce pérdida ni privación y, por consiguiente, tampoco tristeza ni aflicción.

Los temores que surgen de una pérdida o privación, temida o real, son fenómenos que solo se encuentran fuera de los cielos. Aparecen cuando el ego de un alma o de una persona cree que solo puede alcanzar la bienaventuranza y la satisfacción si continúa realizando los esfuerzos y empeños anteriores, que muchas veces están dirigidos contra Mi ley; solo para tener que comprobar que el llamado destino acaba quitándole aquello que quería conservar a toda costa.

Todo en Mi creación es vida, todo «fluye», como lo expresan ustedes. Nunca y en ningún lugar hubo ni hay inmovilidad. Esta vida que fluye sin interrupción garantiza un desarrollo ascendente constante. Todo ser participa en él, aunque muchas veces a ustedes les parezca que retroceden o que una espiral descendente determina su existencia actual. Pero también estas fases de su vida eterna forman parte de los procesos de aprendizaje necesarios, sin los cuales no puede alcanzarse la meta: la perfección en Mí.

Los muchos pasos de la evolución espiritual de tu ser, que ocurre constantemente, se asemejan en cierto modo a los eslabones de una larga cadena: el eslabón inferior se encuentra en algún lugar de las profundidades de tu pasado, mientras que el superior toca los cielos. Entre ambos estás tú como ser humano, aquí y ahora. Por tanto, el punto donde hoy te encuentras y aquello que eres y cómo eres constituyen el resultado de tu pasado. El punto donde estarás mañana y aquello que serás y cómo serás se derivan de tu presente; más exactamente, de lo que hoy piensas, dices y haces.

Todo está en comunicación entre sí, una cosa actúa sobre otra. Las fuerzas luminosas procuran impulsar a las personas y las almas a volverse hacia lo bueno y desinteresado; las fuerzas oscuras se esfuerzan por impedir los empeños de la luz. Ustedes viven en este campo de tensión. Mediante su libre albedrío, ustedes mismos determinan qué lado obtendrá la victoria, ya sea a corto o a más largo plazo.

«Yo sí quiero, pero no puedo», los oigo decir. «El libre albedrío está muy bien, pero no me sirve de nada si no puedo emplearlo porque se le oponen fuerzas más poderosas».

Muchos de ustedes conocen Mi respuesta: «Tu debilidad o fortaleza interior depende de la condición de tu alma. Y esta no surgió de la nada porque sí ni porque Yo te haya creado así, sino que es el resultado de tu pasado, incluso a lo largo de muchas vidas. Tu pasado es lo que te convirtió en aquello que ahora eres, puedes hacer y haces. Jamás he tocado tu libre albedrío. Pero otros que no respetan tu libertad, aunque así lo aparenten, han intentado con mayor o menor éxito —hábilmente y halagando tu ego— inducirte a realizar acciones contrarias al mandamiento del amor. Y al hacerlo te han atado».

Una evaluación sincera como esta nunca debe llevarlos a sentirse ahora pequeños, débiles y no amados; recuerden la palabra mágica «todavía»1). A veces es necesaria, pero para quien desea liberarse de las ataduras que, sin notarlo y generalmente sin quererlo, permitió que le impusieran, ya contiene también la solución. Así como después de la lluvia vuelve a brillar siempre el sol, a las etapas de abatimiento y resignación les sigue siempre un tiempo de renovación y determinación, siempre que este sea su deseo y me incluyan en su proceso de transformación positiva.

Este es, sin duda, Mi deseo; pues para ello vine al mundo: para instruirlos, despertar dentro de ustedes el anhelo y el amor y, como su Creador, Dios y Padre, ser al mismo tiempo para ustedes, en Cristo, hermano y amigo que los acompaña, protege y fortalece.


La supuesta felicidad con la que las tinieblas intentan seducirlos una y otra vez se les ofrece en las formas más diversas y con los adornos más deslumbrantes. El principio ha sido el mismo desde que existe memoria humana y, puesto que desde su perspectiva ha dado resultado, no hay motivo para cambiarlo. Los métodos se han refinado, las ofertas se adaptaron a las posibilidades de cada época, pero el proceder ha permanecido.

Todo ser procura alcanzar y conservar un estado de plenitud. En los cielos esto ocurre al vivir el amor desinteresado, que trae «automáticamente» una abundancia y libertad imposibles de describir con sus palabras. La abundancia y la libertad ya habrían podido alcanzarse también en la Tierra —aunque solo de manera limitada, porque aquí actúan las leyes de la materia— si se hubiera puesto en práctica Mi enseñanza, que traje como Jesús de Nazaret, y se hubiera seguido Mi ejemplo. Esta Tierra podría ser «un pequeño paraíso» en el que reinaran la paz, la armonía y la sanación en todos los ámbitos, porque se practicaría una convivencia amorosa.

Sin embargo, las fuerzas contrarias no podrían participar de ello porque, a causa de su conducta, no tienen a su disposición esta fuerza del amor. Obtienen la energía que necesitan exclusivamente de las personas a quienes inducen a realizar acciones dirigidas contra Mi ley. No existe otra energía para ellas, salvo el mínimo que les doy para mantener su existencia.

La lógica del corazón los ayudará a descubrir por sí mismos cómo se inicia y lleva a cabo el robo de energía:

Se desconoce en gran medida que las fuerzas negativas son sumamente reales, y también que están presentes de manera inmediata. Ciertamente se habla del diablo que seduce a las personas, pero casi nadie reconoce esta formulación abstracta como una amenaza permanente.

Esa es la situación. ¿No resulta oportuno iniciar ataques de toda clase desde este anonimato que ofrece una protección excelente? ¿Es posible defenderse siquiera de un enemigo en quien no se cree realmente, al que no se ve y no se conoce? Si tuvieran malas intenciones, con un camuflaje semejante contarían con las mejores condiciones para acercarse inadvertidamente a sus víctimas, seducirlas, atarlas y robarles energía.

¿Creen que las tinieblas —subestimadas incluso cuando se conoce su existencia— no aprovechan tales posibilidades? ¿Qué se desprende de ello?

¿Qué se desprende de ello para ustedes personalmente? Porque solo esto es importante y decisivo.

Cuando se dice que el mal avanza en todo el mundo, que los demonios y sus seguidores crean caos y fomentan la agresividad y la violencia, y que los excesos criminales en todos los niveles han alcanzado dimensiones nunca vistas, por lo general esto no afecta directamente a ustedes ni a su entorno familiar y social. Pero ¿significa esto al mismo tiempo que las tinieblas no procuran obtener energía también allí donde no pueden desencadenar de inmediato guerras ni causar disturbios de mayor magnitud? ¿En el «hombre común», la «mujer común», todos los ignorantes, las muchas personas que viven sin pensar en el mañana y todos aquellos que no conocen o no respetan la ley de causa y efecto?

Usen su entendimiento…

Si las fuerzas contrarias procuran obtener energía en todas partes y «a toda hora», ¿no surge entonces, para quien quiere protegerse y fortalecerse, la pregunta: «¿Cómo proceden estas fuerzas? ¿Dónde están los puntos débiles —mis puntos débiles— que les permiten penetrar en mí a pesar de mi buena voluntad y mis mejores intenciones?»?

Una gran parte de la energía robada llega a las tinieblas por medio del miedo. Provocar miedo es relativamente sencillo cuando la persona está orientada únicamente hacia el mundo y sus sentimientos de felicidad y satisfacción proceden solamente de poseer valores exteriores, tanto materiales como inmateriales. Pero tampoco quienes creen en Mí y me conocen están a salvo de ser llevados a situaciones que los atemorizan. Y el miedo aparece siempre que existe el peligro de perder algo, o cuando esto ocurre realmente.

El miedo y el sentimiento de infelicidad suelen ir de la mano. Y siempre son consecuencia de una pérdida real o meramente supuesta. Entonces queda muy lejos la felicidad que tanto anhelaron y quisieron conservar. Les quitaron algo, perdieron algo o deben renunciar a algo, y la felicidad de días pasados se transforma en una desgracia de mayor o menor magnitud.

Cuando esto ocurre, ¿no surge la pregunta: qué clase de felicidad era en realidad? Ya no tienes algo que considerabas tuyo, de tu propiedad. ¿Qué valor tenía realmente si alguien —quienquiera que fuera— podía quitártelo?


Existe una posibilidad que, cada vez que la practican, los libera poco a poco de sus temores a la pérdida. La conocen, pero rara vez han prestado atención a su sentido profundo. Les di esta sabiduría como Jesús de Nazaret cuando hablé de que no deben acumular tesoros en la Tierra, donde pueden ser devorados por la polilla y el óxido y robados por ladrones. En cambio, deben vivir de tal manera que, mediante su conducta, acumulen tesoros en el cielo.

Todo lo que alguien pueda quitarte te hará infeliz mientras no hayas reconocido que te vuelves dependiente —en distinta medida— de la persona o la cosa a la que entregas tu corazón. Así obra el adversario: te hace creer que serías feliz si tuvieras esto o aquello. Para ello estimula tus deseos, halaga tu ego y aumenta inadvertidamente tu dependencia; y cuando, por razones distintas y de muchas maneras, aquello vuelve a serte quitado, se beneficia de tu miedo, ira y decepción, quizá también de tus reproches contra Mí.

Por tanto, el secreto de la verdadera felicidad no consiste en obtener o tomar algo, sino en dar algo. Aplicado al amor, esto significa que amar uno mismo produce felicidad duradera, no ser amado.

Este es un proceso de aprendizaje que no resulta del todo sencillo. Pero quien haya reconocido la verdad que contiene comenzará a crecer lenta pero constantemente hacia esta forma desinteresada de amor. La «recompensa» llega por sí sola, pues «¡a quien sirve a la ley, la ley le sirve!». Y te devuelve muchas veces más de lo que has dado. No en el exterior —aunque la ley también procura un bienestar apropiado en el exterior—, sino en el interior, donde nadie puede quitarte nada.

Cuando comienzas a acumular tesoros en el cielo, los guardas, por así decirlo, en una caja fuerte a la que nadie puede llegar y que nadie puede abrir por la fuerza. Solo nosotros dos tenemos la llave, tú y Yo, y esa llave lleva el nombre de amor.

Todo lo que crean, poseen y desean conservar en su mundo desaparecerá algún día. Esto se aplica a tu vida tanto como a tu salud, belleza e inteligencia; a tu prestigio, fama y honor; a tu poder, talento y toda forma de posesión. Soltarlo no significa tener que separarte de ello. Significa administrar sabiamente los tesoros que hice llegar a ti y estar dispuesto a desprenderte de ellos interior y exteriormente cuando haya llegado el momento.

De esta manera ningún temor te acosará cuando debas dejar algo, ni podrán seducirte para tomar, desde una posición de debilidad temerosa, decisiones equivocadas que quizá te aten aún más a aquel que solo tiene una meta: obtener energía de ti.

Así te conviertes poco a poco en «tu propio dueño», en Mi hijo fuerte, grande, radiante y capaz de actuar bajo su propia responsabilidad; en Mi hijo, Mi hija de origen divino. Las fuerzas negativas pueden manipularte cada vez menos y, finalmente, ya no pueden hacerlo en absoluto. Has dado los primeros pasos hacia la libertad, hacia la libertad verdadera e interior.


Para deshacer las ataduras de tu destino necesitas dirigirte hacia dentro y conversar conmigo, que vivo dentro de ti. Les he revelado cómo puede ocurrir esto al describirles detalladamente el principio, la práctica y el efecto del trabajo interior.2)

Hoy quiero llamar su atención sobre otro aspecto del trabajo interior que a menudo se pasa por alto, pero que puede tener una importancia decisiva para su comprensión. Se trata de disipar sus dudas y, a veces, también sus temores de que el proceso de su transformación interior —el ennoblecimiento de su ser— y el cambio de su conciencia sea muy largo y difícil; temor que, no pocas veces, representa para algunos un obstáculo para comenzar su «trabajo» o continuarlo con prontitud.

Los pasos del autoconocimiento, del arrepentimiento si es necesario, de la decisión de querer transformar algo y de pedirme que los ayude son necesarios porque poseen libre albedrío y Yo no dispongo sobre ustedes ni decido por encima de su voluntad. Pero cuando dan estos pasos, ponen en marcha una maquinaria incomparablemente más compleja que todo cuanto la mano humana haya creado o el cerebro humano haya ideado, y que, sin embargo, funciona sin errores. Es un enorme engranaje espiritual que incluye su pasado y su futuro, así como las almas y personas con quienes tuvieron contacto a lo largo de sus vidas y con quienes todavía queda algo por resolver.

Entonces Mi misericordia actúa dentro de ustedes y sobre ustedes, y lo hace en una medida que supera ampliamente todo lo que pueden imaginar. Sin Mi gracia, la persona tendría que reparar hasta el último centavo todo lo negativo que introdujo en el mundo. De este modo se haría justicia, pero la carga que deberían llevar sería muy pesada. Con frecuencia les quitaría hasta la última fuerza y la última chispa de valor para seguir trabajando en su ascenso hacia la luz.

¡Una conducta expectante semejante no corresponde a Mi amor! Yo no Soy un Dios del «ojo por ojo y diente por diente», como me representaban antes las personas en su desconocimiento y como muchos, con el mismo desconocimiento, me ven todavía hoy.

Soy un Dios de amor y, sin embargo, no solo un Dios, sino el único Dios, porque fuera de Mí no existe ninguna fuerza de la cual haya procedido todo.

Mi gracia se expresa en las palabras que ya les he anunciado tantas veces: «Si ustedes dan un solo paso hacia Mí, Yo doy muchos pasos a su encuentro». Mi amor no puede actuar de otro modo, pues anhelo a cada uno.

Sí, también te anhelo a ti, que lees estas palabras con asombro e incredulidad porque tienes otra imagen de Mí.

Una vez les dije que Yo no Soy un contador.3) Esto significa que no tienes que marcar en una lista todos tus errores y debilidades para presentármelos uno tras otro y que Yo los transforme. Ciertamente, también en tu vida hay acontecimientos que dejaron huellas y deben examinarse. Tú mismo sabes si son muchos o pocos cuando te observas con sinceridad. Pero hacer ahora, como consecuencia de tal autoobservación, una especie de inventario temeroso y mezquino de tus errores y debilidades no corresponde al espíritu ni al sentido de aquello que les enseño sobre el trabajo interior.

Cuando decides darme tu sí y, con él, tu mano, o cuando decides recorrer con mayor perseverancia y determinación que hasta ahora el camino del amor vivido, entra en acción Mi gracia. Esto significa que, en la medida en que lo permites, tomo tu vida en Mis manos; subo entonces como piloto a bordo del barco de tu vida; Soy entonces el único competente en la cabina de conducción de tu tren, aunque todavía no sepas, o no sepas en detalle, cómo transcurrirá ahora el viaje.

Haré que estés atento para reconocer a tiempo las tentaciones que se acerquen a ti. Entonces te ayudaré en tus decisiones, porque con tu sí has activado dentro de ti la fuerza que te permite actuar de una manera distinta de como lo hacías hasta ahora.

Con ello cambia el paisaje de tu alma. Imagina un mapa, tu alma, que contiene puntos grandes y pequeños. Ahora acudes a Mí y me pides que te ayude a abandonar en adelante aquello que has reconocido, deshacer ataduras y reducir temores. No solo escucharé tu petición de apoyo y liberación respecto de tu asunto concreto, sino que iluminaré el paisaje de tu alma también en los puntos que aún no me has presentado expresamente, siempre que vea en tu corazón tu voluntad sincera de producir un cambio de carácter, alejándote paso a paso de lo humano centrado en el yo y avanzando hacia el amor desinteresado.

¿Y qué es el ennoblecimiento de tu carácter —que representa la suma de tus pensamientos, palabras y acciones— sino aquello que enseñé a las personas como Jesús mediante el mandamiento del amor a Dios y al prójimo? En tu amor se expresa tu carácter en su forma más bella.

Así se vuelve más luminoso y ligero dentro de ti; algo cambia, al principio imperceptiblemente y luego de manera perceptible y visible para ti y quienes te rodean. Ese es Mi obrar dentro de ti; esa es Mi misericordia, que no solo te quita la carga actual que has reconocido, sino que transformará fundamentalmente tu vida para conducirla hacia lo positivo, la felicidad y la libertad.


Si ya me has reconocido como el Amor, Mis palabras acerca de la labor seductora de las tinieblas no te atemorizarán. Las recibirás con gratitud como información necesaria porque ahora conoces las relaciones y puedes prepararte. No tiene sentido esconder la cabeza en la arena, especialmente cuando conoces el mejor remedio que la creación pone a tu disposición: Mi amor en Jesucristo.

Saber cómo las fuerzas contrarias atan a las personas, les quitan energía e impiden el desarrollo de su alma es un aspecto; la posibilidad de liberarse de estas ataduras es el otro y más importante. Si consigues reaccionar con serenidad y confianza en Mí ante la pérdida o la privación de una felicidad falsa, te liberas de los temores, preocupaciones, inseguridades y dudas que inevitablemente surgían en el pasado.

Se desprende de ti aquello que hasta ahora te restaba libertad en distinta medida. Ante ti se encuentra entonces la tierra de la libertad de la que ya he hablado tantas veces y en la que tanto deseo entrar contigo. Libertad significa mucho más que poder moverse sin impedimentos. Libertad tampoco significa poder hacer o dejar de hacer lo que a uno se le antoje. La verdadera libertad se expresa en poder abandonar sin gran esfuerzo aquello que en el pasado la persona consideraba necesario, bello y apropiado para ella, aunque su conciencia hacía mucho tiempo que le había enseñado algo mejor.

Sobre el terreno de semejante libertad crece entonces la felicidad que nadie puede quitarte. De quien trabaja para alcanzar esto —con una elevada proporción de regalo de Mi parte— se desprenden muchas cosas que no pertenecen a la libertad.

Quien se libera o ya se ha liberado no necesita mentir ni urdir intrigas; tampoco lo atormentarán los celos, la envidia ni muchas otras cosas; el miedo ya no podrá atraparlo entre sus garras. Y aquello que antes le parecía una injusticia o una «casualidad desafortunada» será reconocido como una pieza que Yo, el gran encargado de disponer los cambios de vía, inserté en el colorido mosaico de su vida para el bien del alma y, muchas veces, también para la salvación de la persona.

¿No es esto lo que desea tu alma: ser guiada con seguridad a través de las tormentas de tu vida por una fuerza inquebrantable y un poder invencible? ¡Tienes dentro de ti la fuerza y el poder que anhela tu alma: Mi amor divino! Pídeselos, y se abrirán las puertas hacia la libertad.

Amén

1) Revelación del 15 de octubre de 2017

2) Revelación del 15 de octubre de 2017

3) Revelación del 12 de mayo de 2017