Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, el trabajo interior es el corazón del camino de regreso a su patria eterna. Se lo señalo una y otra vez, pues, si sus conductas humanas no se transforman para orientarse hacia el amor y la comprensión, la tolerancia y la claridad, solo avanzarán con dificultad. Pero si desean llegar a ámbitos luminosos y amplios después de dejar su cuerpo material —acto para el cual, por ignorancia y equivocadamente, acuñaron el término «muerte», cargado de temor—, entonces no podrán evitar comenzar a ennoblecer su alma ya durante su vida terrenal.
Ciertamente, la mayoría de quienes creen en Mí espera que la vida continúe de algún modo; pero, por falta de una enseñanza correcta y también de iniciativa propia para buscar explicaciones y conocimiento bajo su propia responsabilidad, las ideas sobre la vida en el más allá siguen siendo vagas y erróneas en la mayoría de los casos. Sobre todo, existe poco o ningún conocimiento de lo que el ser humano puede aportar para que su alma —¡que es él mismo!— encuentre más adelante el lugar que desea en secreto: en la luz y, si es posible, en niveles más altos que ya permitan presentir un poco los cielos.
Sin embargo, las personas, al menos dentro del cristianismo, conocen el mandamiento del amor a Dios y al prójimo que les traje como Jesús de Nazaret. Lo conocen, pero no reconocen su importancia central. Es tan absoluto que no hace falta otro mandamiento. Por eso, para regresar felizmente al hogar, tampoco importa otra cosa que el esfuerzo serio por llevar a la práctica Mi mandamiento del amor. ¡Amen, y nada más!
Aunque en sus Escrituras se destaca Mi mandamiento del amor como el mandamiento principal, las fuerzas contrarias han logrado distraer de esta exigencia fundamental o presentar su aplicación en la vida cotidiana como algo tan difícil que no puede realizarse con fuerzas humanas. Y no se equivocan, pues sus fuerzas humanas por sí solas no bastan para resistir el ataque incesante de las influencias negativas.
Pero Yo, que vivo dentro de ustedes, sí Soy perfectamente capaz de impedir los ataques contra sus puntos débiles y transformar sus debilidades en fortalezas.
El bando contrario lo sabe de sobra; tuvo que experimentarlo una y otra vez y sigue experimentándolo: ¡ante Mi fuerza debe retirarse!
Del reconocimiento de las limitaciones humanas y, al mismo tiempo, del desconocimiento de que Yo Soy la fuerza de transformación, disolución y redención que habita en el ser humano, surgió, entre muchas otras ideas, la de que uno puede confiar únicamente en Mi gracia mediante su fe. Otros de sus teólogos apostaron más por la tradición transmitida, las costumbres, las buenas obras y sus propias doctrinas, que convirtieron en dogmas —en Mi supuesta voluntad—, oprimiendo y encadenando así a los creyentes ignorantes.
Salvo exhortarlos constantemente a mejorar, a Mis hijos no se les enseñó cómo puede ponerse en práctica Mi mandamiento del amor a pesar de todas las adversidades e incomodidades de la vida cotidiana; cómo actúa Mi fuerza de amor en el ser humano; cuánto salgo al encuentro de cada persona que me llama y pide; ni cómo, conmigo, los defectos del carácter y las conductas erróneas ya reconocidos pueden disolverse y transformarse en algo positivo.
¿Cómo habría podido ocurrir? Solo puede dar algo quien tiene algo. Y solo puede ser un buen guía quien ha recorrido personalmente el camino. Pero a quien recorre el camino del amor se le revela la profundidad de la sabiduría y la verdad que este contiene. No necesita encogerse de hombros como respuesta ni ofrecer soluciones superficiales que a largo plazo no darán fruto, porque nada transforman en el alma, acerca de la cual sabe poco o nada.
El trabajo interior es importante y, a largo plazo, indispensable desde dos perspectivas: por un lado, respecto de cómo será su vida futura «allá», cuando hayan dejado atrás los años de aprendizaje en la Tierra; y, por otro, porque es Mi voluntad que ya «aquí y ahora» se produzcan para ustedes muchos alivios y mejoras de índole física y psíquica, que los golpes del destino se mitiguen o ni siquiera lleguen a manifestarse y que la paz y la libertad se conviertan en sus compañeras cotidianas.
Hoy quiero hablarles de cómo hacerlo correctamente para poder cosechar pronto los frutos de su esfuerzo. Porque existen muchas ideas —también muchas equivocadas— acerca de lo que ustedes pueden hacer por su parte o creen que deben hacer, y de cómo es concretamente Mi ayuda, cómo actúa y qué produce dentro de ustedes. Entre ellas está también la idea de que el trabajo interior o el camino conmigo es una tarea penosa y difícil de realizar.
En verdad les digo: será mucho más penoso para quien no comience a dar sus primeros pasos. Porque es como está escrito en sus Escrituras: «Mi yugo es suave y Mi carga ligera», comparados con el peso que los espera sin Mi ayuda. La parte de ustedes es ínfima frente a la Mía, que asumo por amor a ustedes; esto lo he expresado muchas veces con las palabras: «Si ustedes dan un solo paso hacia Mí, Yo doy muchos pasos a su encuentro». Lo que les pido, en primer lugar, es que tomen una decisión. Con ello ya se ha ganado mucho.
Algunos ejemplos los ayudarán a comprender mejor las relaciones. Si los buscan, encontrarán otros ejemplos en su vida, relacionados con sus propios problemas, dificultades y limitaciones. Con frecuencia ya los conocen; no pocas veces los acompañan desde hace bastante tiempo.
La manera de abordarlos y resolverlos con Mi ayuda es, en principio, siempre la misma: por un lado están sus debilidades humanas, todas arraigadas en que, por voluntad propia, hacen o dejan de hacer algo; y, por el otro, estoy Yo con la acción de Mi amor cuando veo el deseo de un hijo de querer seguirme.
Puesto que, como dice uno de sus proverbios, el primer paso para mejorar es el autoconocimiento, las tinieblas hacen cuanto pueden por reprimirlo. Para ello han encontrado muchas posibilidades, todas las cuales se apoyan en su debilidad de querer quedar bien; es decir, en no querer ser como una observación sincera revelaría que son. Por eso ignoran o niegan las indicaciones correspondientes, atribuyen la culpa al otro o buscan y encuentran toda clase de excusas y explicaciones endebles para no tener que reconocer la verdad.
Pueden evitar esta trampa, que siempre aparece al comienzo de su trabajo interior, empezando a observarse a ustedes mismos y su conducta de manera, por así decirlo, neutral, desde otra perspectiva más elevada. Aproximadamente como Yo los veo. No se trata de reprimir ni embellecer algo, sino de verlo sin condenarlo. De otro modo, apenas tendrán oportunidad de observarse sin prejuicios, porque su ego frustrará sus planes.
La pequeña palabra mágica «todavía» puede ayudarlos: todavía soy así… Porque esto expresa que han tomado una decisión y que ya están transformando algo, siempre que ese sea el caso. Y eso ya es un pequeño motivo de alegría; una alegría que deposito en ustedes, que fortalezco y comparto con ustedes.
Si recorren el día con atención, comprobarán que la ley de correspondencia o resonancia quiere conducirlos al reconocimiento con bastante frecuencia, precisamente cada vez que reaccionan emocionalmente con mayor o menor intensidad a causa de un acontecimiento pequeño o grande. Entonces ha comenzado a vibrar algo dentro de ustedes que quiere decirles: «Todavía hay algo dentro de ti que aún no conoces o que no quieres examinar más de cerca».
Basándose en la ley de la atracción espiritual, la energía del día te ha presentado algo para invitarte a mirar allí dentro y decidir si quieres trabajarlo, transformarlo y disolverlo con Mi ayuda.
Ahora te corresponde actuar, siempre que desees avanzar paso a paso en tu camino de regreso al hogar. Puedes aprovechar esta oportunidad o dejarla pasar. Hablando en sentido figurado, estoy a tu lado y espero, mientras irradio Mi amor hacia ti y hablo a tu alma:
«Mi amado hijo, precisamente ahora estoy muy, muy cerca de ti. Quiero fortalecerte y recordarte el amor que llevas dentro. Mi amor, del cual procedes y al cual quieres regresar. Decídete a actuar conforme al amor. No escuches las insinuaciones que te aconsejan imponer tu voluntad, jugar tus cartas y actuar por voluntad propia como quieras, porque tienes derecho a hacerlo. Escucha Mi voz tierna dentro de ti, que ahora te hace reflexionar. Siente Mi amor».
Sin interrupción son conducidos a situaciones como estas y otras semejantes; muchas no las advierten porque el día y el trabajo los apresuran y sus sentidos están ocupados constantemente. Si me piden que los haga estar más atentos que hasta ahora, cumpliré esa petición. De todos modos, la atención es uno de los requisitos fundamentales para poder salir siquiera de la «rutina» de su vida.
Cada vez que hayan recibido un impulso y lo hayan notado, corresponde dar el siguiente paso, que se subestima y descuida, aunque es el más importante: ¿qué deciden? ¿Quieren transformar algo?
Muchas personas han alcanzado muchas comprensiones. Con frecuencia sienten que algo no está bien, que algo debería ocurrir de otra manera, que deberían cambiar este o aquel hábito y muchas cosas más. Pero ¿por qué, a pesar de ello, todo sigue siendo tan frecuentemente igual? ¿Por qué la vida continúa muchas veces por los caminos trillados en los que «en realidad» no se sienten bien? ¿Por qué vuelven a cometerse siempre los mismos errores, que ya han provocado tantas veces enojo, preocupaciones o incluso sufrimiento?
Mi pregunta para ustedes es esta: ¿puede ser una de las razones principales que no hayan tomado una decisión? ¿O que haya sido una decisión tibia? ¿O que de sus labios saliera solo una oración dicha por decir, sin que participara el corazón? ¿Porque únicamente deseaban liberarse de la situación, las circunstancias, las consecuencias, las incomodidades o aquello que los molesta, pero no de lo que su ego obtiene como «beneficio»? Esto, amados Míos, ciertamente es comprensible, pero no los haría avanzar en el desarrollo de su alma ni en la consolidación de su carácter, porque no los ayudaría a examinar más de cerca los motivos de su conducta.
He regalado a Mis hijos el libre albedrío, en el cual jamás intervengo. Su libre albedrío, es decir, aquello que hacen o dejan de hacer, los ha conducido al punto en que se encuentran y les ha preparado la cosecha cuya semilla ustedes mismos sembraron. A muchos les parece una afirmación inmisericorde en la que echan de menos el amor.
Pero en verdad les digo: precisamente en esto reside Mi amor, que lleva finalmente a cada uno a reflexionar sobre sí mismo. Estoy presente en esa reflexión; y si incluso fuera necesario un examen de conciencia profundo, Soy Yo quien da los impulsos. Pero, sobre todo, Soy la fuerza del amor que disuelve lo antiguo y construye lo nuevo; que hace de ti una persona nueva y te devuelve la paz que habías perdido. Y todo ello sin mostrarte jamás el espejo de tu culpa.
Si tienes la voluntad de disolver y soltar lo antiguo, y pides ayuda, están a tu disposición todas las fuerzas de los cielos que necesitas. «Soltar lo antiguo» significa también renunciar a las ventajas que obtuviste de tu conducta anterior. Si quieres reflexionar al respecto, te ayudaré a encontrar respuestas. Abarcan desde el abuso de poder y la manipulación, pasando por el placer equivocado y las pasiones desenfrenadas de toda clase, hasta la comodidad, la apatía, la negativa a asumir la responsabilidad de la propia vida y mucho más… Para una transformación hace falta una motivación. La peor es querer liberarse de algo solo porque causa continuamente molestias y trae dificultades. La mejor es querer transformarse por amor a Mí, porque has reconocido que una o varias características de tu ser no corresponden a un hijo de Dios. Entonces crecerá el anhelo dentro de ti y podré acercarte más a Mi corazón. No solo de algún modo en la teoría, sino de manera muy práctica, porque la unión entre nosotros se hará más estrecha —muchas veces perceptible también físicamente— y la alegría de poder caminar conmigo durante el día de una manera más intensa determinará cada vez más tu vida.
De las muchas debilidades humanas de Mis hijos —quienes ni siquiera saben que su alma sufre por ellas—, la seducción de las tinieblas que lleva a colocarse por encima del prójimo es la más difundida. Con frecuencia ocurre en dosis tan pequeñas y se ha convertido tanto en hábito que ya no se advierte. Se ha vuelto normalidad, y muy pocos reconocen en ella su soberbia y, al mismo tiempo, su falta de humildad.
Ustedes saben que Yo Soy el amor incondicional. Entonces también saben lo que significa incondicional: Mi vida dentro de ti, que al mismo tiempo es Mi amor, no está ligada a condiciones que exijan de ti una conducta determinada, de modo que, si no la cumplieras, Yo me apartaría de ti. Yo amo. Punto. A lo sumo, tú mismo te perjudicas cuando rechazas Mi amor y porque lo rechazas.
En el camino hacia Mí, también ustedes se convierten cada vez más en amor incondicional. Entonces ciertamente ven lo que ocurre en su mundo, cómo se comporta su prójimo —¡y, sobre todo, cómo se comportan ustedes mismos!—, pero ya no aplican a su prójimo su criterio humano imperfecto y falso, la regla que ustedes mismos fabricaron. Pero si todavía lo hacen, menospreciando al otro porque a sus ojos aún está lejos de haber alcanzado su grado de conciencia o porque, según su opinión, todavía hace muchas cosas mal, podrían reconocer allí, por ejemplo, una característica no divina.
Si quieren, pueden tomar entonces la decisión de dejar que Yo transforme ese rasgo de su ser, aunque naturalmente tendrán que aportar su parte. Entre otras cosas, tendrían que renunciar a la energía sumamente cuestionable que hasta ahora fluía hacia ustedes brevemente al «colocarse por encima del otro». En su lugar, Yo cobraría cada vez mayor fuerza dentro de ustedes.
Si me piden que, durante el día, les haga notar un pensamiento equivocado o el menosprecio hacia su hermano o hermana, lo haré. Cuanto más sincero sea su deseo, tanto más atentos estarán, porque Yo estoy dentro de ustedes y con ustedes. Hablaré dentro de sus pensamientos y les recordaré su propósito: «Ya no quería pensar así. Perdóname». Pero, si fuera necesario, puede ocurrir que te pregunte directamente, cuando piensas repetidamente con menosprecio en el aspecto o la conducta de tu prójimo: «¿Qué te importa?». Porque si deseas ser una autoridad moral, comienza contigo mismo y haz ejemplar tu vida, incluidos aquellos ámbitos que quienes te rodean no ven, pero que no están ocultos para Mí. El mundo de tus pensamientos forma parte de ellos.
Así de inmediata es la unión entre Mí y tú, así de directamente te guío, porque quiero serlo todo para ti —tu gran amor— cuando me dices sí. Así de cerca estoy de ti, Yo, tu Dios y Padre, de quien antes creías que me encontrarías, si acaso alguna vez, ¡en algún cielo lejano!
Entonces se produce invisiblemente una transformación en tu alma porque Yo «trabajo» dentro de ella y en ella; pues mediante tu decisión, mediante tu sí, me has dado la posibilidad de hacerlo. No he tocado tu libre albedrío; al contrario, tomo tu decisión voluntaria para fortalecerte y transformar dentro de ti aquello que todavía no corresponde a un hijo de Dios radiante y alegre. Mi energía de amor actúa dentro de ti; desde tu alma, una conciencia nueva y más luminosa se irradia hacia tu ser humano, y desde tu ser humano hacia el mundo.
Eso es el trabajo interior; y por insignificante que parezca a primera vista, porque solo afecta a una persona, su efecto es grande, tanto a corto como a largo plazo. Porque es el núcleo del regreso que lleva al hogar a todo lo caído.
Para eso vine al mundo, para eso liberé lo que estaba atado. Con Mi fuerza de amor, que deposité en todas las almas y personas en el Gólgota, también tú, tú y tú pueden cumplir Mi mandamiento del amor a Dios y al prójimo y aportar su parte al regreso al hogar de sus hermanos y hermanas.
Mediante el ejemplo del menosprecio o la condena de otras personas, les mostré cómo obran las tinieblas y qué pueden hacer contra ello con Mi ayuda. Todos los demás errores y debilidades humanos pueden transformarse de igual manera. Pero cuiden de no quedarse en la superficie al buscar sus puntos débiles, si estos no se muestran ya por sí solos en los acontecimientos del día. Tampoco caigan en el error de escarbar ahora de manera obsesiva cada vez más profundamente para encontrar hasta la última y más pequeña raíz de una manera de pensar y actuar. Si me piden ayuda, me ocuparé de que exista el equilibrio correcto entre buscar y reconocer.
Sería demasiado sencillo decir, por ejemplo: «Tengo que trabajar en mi ego». Naturalmente, su ego es lo que les causa dificultades. Pero ¿de qué está compuesto su ego? Entregarme su ego no funcionará, pues esto significaría que me piden convertir de manera general todos sus aspectos ensombrecidos en aspectos luminosos, sin que ustedes tuvieran que decidir si realmente quieren abandonar esto o aquello.
¿Y qué ocurriría si a partir de mañana estuvieras sin tu ego? ¿Quién o qué llenaría el vacío producido? Ciertamente se puede pedir Mi fuerza de amor, pero al mismo tiempo esta debe crecer mediante una vida conmigo y mediante las experiencias que haces gracias a ella. Y esto ocurre cuando recorres conmigo tu vida cotidiana, estás atento y dispuesto a aprender; lo cual hace crecer tu amor por Mí y por tu prójimo.
Con el término «ataduras», usado con frecuencia, ocurre algo parecido a lo que sucede con el ego. También las ataduras tienen innumerables aspectos. En el fondo, todo lo que no es libre y divino es atadura a personas, cosas, ideologías, ideas y mucho más. El cielo no ata; ¡es libertad!
¿Por qué permitiste que te ataran o te ataste tú mismo? ¿Qué obtienes de ello? ¿Qué te faltaría si lo dejaras? Si examinas esta pregunta, comprobarás que no es tan sencillo deshacer ataduras, incluso si lo deseas o si sería aconsejable. Esto puede ser una señal de alarma para reflexionar seriamente sobre la solución del problema y, sobre todo, acudir a Mí con él.
¿Surgen inseguridades y temores con solo pensar en abandonar una costumbre arraigada en este o aquel aspecto e iniciar algo nuevo? El trabajo interior también se ocupa de ello. El bando contrario trabaja con suma habilidad atacando una y otra vez sus puntos débiles. Si quieren verlo de manera positiva: siempre se pone el dedo en la misma herida, lo cual le indica a quien está atento y desea conocerse: «Todavía hay algo dentro de mí que necesita una corrección mediante la fuerza de Cristo; de otro modo no ocuparía repetidamente mis pensamientos ni querría moverme a una conducta que en realidad no deseo». Esto presupone que hayas reconocido que ese aspecto de tu conducta necesita cambiar; de lo contrario, todo permanece como está.
En un caso así, la ley de resonancia o correspondencia ha hecho bien su trabajo: recibieron un impulso y lo notaron.
Si, por ejemplo, advierten que sus pensamientos giran constantemente en torno al mismo punto y que se relacionan con ellos sentimientos negativos, ha llegado el momento de recordar Mi fuerza. Entonces se está intentando influir en ustedes para inquietarlos o mantenerlos inquietos, alimentar dudas, aumentar temores, moverlos a una conducta determinada, apelar a sus instintos humanos inferiores, bloquear su acceso interior a Mí, y mucho más…
Entonces acudan a Mí en su interior y hablen conmigo de aquello que los ocupa. Hablen conmigo como con su mejor amigo o su mejor amiga. Pero no lo hagan una sola vez, ni solo superficialmente ni, como dicen ustedes, de prisa y de paso. Acuerden conmigo que Yo dirija sus pensamientos en cuanto noten que hay fuerzas oscuras a su alrededor. No esperen mucho para pedir o solicitar ayuda; lo mejor es que acudan a Mi lado en ese mismo instante.
De ese modo ni siquiera dan al bando contrario la oportunidad de practicar con ustedes su juego maligno. Oponen constantemente a los pensamientos que quieren abatirlos pensamientos de la fuerza amorosa y luminosa que Yo Soy dentro de ustedes. No pasará mucho tiempo antes de que se fortalezca en ustedes la sensación, hasta convertirse en certeza, de que las tinieblas se retiraron. De acuerdo con la ley, tuvieron que retirarse porque no pueden resistir Mi luz dentro de ustedes.
En todo momento tienen la posibilidad de pedirme que los fortalezca en una situación difícil y entrar así bajo Mi protección. Pero, a largo plazo, esto no puede ser una solución, porque si algo semejante se vuelve necesario una y otra vez significa también que la puerta de entrada que usan las tinieblas todavía no se ha cerrado.
Por tanto, deben concentrar su atención principal en transformar en fortalezas los puntos débiles de su alma, de modo que puedan resistir los ataques de las tinieblas. Porque estas seguirán procurando seducirlos para que regresen a una conducta antigua, al menos durante un tiempo, hasta que tengan que reconocer que ya no consiguen nada con ustedes en ese punto. Tienen ese derecho, pues también poseen libre albedrío. Pero sus intentos fracasarán en la misma medida en que ustedes —y esto se aplica a todas las personas y almas— adquieran fuerza interior en Mí y conmigo y se conviertan en luz.
Les he mostrado el principio del trabajo interior. Si lo reconocen, también pueden encontrar en él la respuesta a las preguntas formuladas al comienzo: «Pero ¿por qué, a pesar de ello, todo sigue siendo tan frecuentemente igual? ¿Por qué la vida continúa muchas veces por los caminos trillados en los que “en realidad” no se sienten bien? ¿Por qué vuelven a cometerse siempre los mismos errores, que ya han provocado tantas veces enojo, preocupaciones o incluso sufrimiento?».
El trabajo interior es la solución por excelencia para todos los problemas. Pero aquí y ahora se trata de ti, de tu avance, del desarrollo de tu amor y de liberarte de aquello que todavía te oprime. Del mismo modo en que lo mostré mediante los ejemplos del menosprecio y las ataduras, puedes acudir a Mí con todo aquello en ti y en tu conducta que todavía no corresponde al mandamiento del amor: con tu ira y tus arrebatos, tus juegos de poder e intrigas, tu falta de disposición para reconciliarte y tu resentimiento, tu desorden y agitación, tus adicciones y pasiones, tu adaptación excesiva y tu mendicidad de amor, tu indecisión y obstinación… La lista de las facetas del ego y las ataduras humanas es inmensamente larga.
Sea cual fuere la debilidad, su transformación mediante Mi fuerza de amor ocurre siempre de la misma manera o de una parecida: al reconocimiento le siguen —según la gravedad de la culpa— un pesar sincero que puede llegar hasta un arrepentimiento profundo; luego, la decisión; y después, el paso hacia tu interior, allí donde Yo te espero. Allí me hablas.
¿Cómo? Eso queda a tu elección. Solo esto: no elijas palabras solemnes y, en lo posible, libérate también de aquello que otros ya dijeron o escribieron. ¡Te necesito como un ser original! Expresa tus sentimientos en aquello que deseas decirme. Y si así lo sientes, deja también correr las lágrimas. Pero, en todo caso, sé tú mismo quien se une a Mí con amor. Y si quieres, si lo deseas o si ya puedes hacerlo, háblame de tu anhelo y tu amor.
Y durante todo el tiempo que estás conmigo y me hablas, Yo te hablo de Mi amor infinito y, al mismo tiempo, lo irradio hacia tu corazón. Sentirás y finalmente sabrás que nosotros dos hemos iniciado un nuevo comienzo y que muchas cosas serán más fáciles en adelante, porque me has pedido que sea el piloto a bordo del barco de tu vida.
Ese es el camino, hijo Mío. ¿Qué tiene de difícil?
Amén