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Los cambios duraderos requieren comprensión y decisión

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Nachhaltige Veränderungen erfordern Erkenntnis und Entscheidung

Fecha original: 11 de febrero de 2017

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, para gran parte de las personas y las almas, el camino de regreso a la patria eterna es largo y arduo; pero esto se debe únicamente a que no lo conocen realmente, lo recorren con los ojos más o menos cerrados y desconocen Mi ayuda desinteresada. La mayoría ni siquiera sabe que ya está en camino de regreso a casa.

Pero en verdad les digo: ¡todas las personas y todas las almas están en camino de regreso! Todas, porque no perderé a ningún hijo, por mucho que se haya alejado de Mí. Y es un camino de regreso porque, desde el Gólgota, es decir, gracias a Mi redención, solo existe una dirección en la que un alma puede evolucionar: hacia «arriba», hacia la luz, de regreso a Mí. El Gólgota fue el punto de retorno; y el camino que hasta entonces conducía cada vez más profundamente hacia la oscuridad se convirtió en una curva que terminará nuevamente en su punto de partida.

Con estas pocas palabras quedan descritos la llamada caída y aquello que inicié mediante Mi encarnación hace dos mil años y llevé a cabo frente a toda resistencia: ¡el regreso de Mis hijos a casa!

Cuando dije que su camino de regreso suele ser largo y penoso, eso no significa que tenga que ser así ni que constituya una dificultad inevitable. Tampoco significa que las cargas de su vida no puedan llevarse con mayor facilidad, como experimentan todos los que viven conmigo. Pero vivir conmigo es algo distinto de haberme estudiado o de haber leído mucho acerca de Mí, de limitarse a creer que existo o de pertenecer a una comunidad religiosa.

Precisamente entre quienes todavía no están conmigo de corazón hay muchos que no conocen realmente el camino de regreso y cuyos ojos aún están cerrados; en parte porque se les ha ocultado la verdad, pero también porque, por razones diversas, prefieren caminar por la vida medio ciegos e ignorantes. Esto siempre parece más fácil que afrontar los desafíos de una realidad espiritual y, con ello, reconocer su verdadero ser, sus tareas y su camino. Se equivocan.


En Mi revelación anterior hablé de que se encuentran en medio de una guerra invisible. No era la primera vez que se los decía ni será la última vez que aborde este tema central. Lo haré una y otra vez porque comprender las relaciones que existen les aporta un gran beneficio. Al mismo tiempo, allí se encuentra una de las llaves que puede ayudarlos a liberarse de sus ataduras, siempre que lo quieran, pues poseen libre albedrío, y siempre que acepten como un hecho que las fuerzas de dos lados se esfuerzan constantemente por influir sobre ustedes. Esto no debe entenderse en sentido figurado. Al final vencerá el lado al que ustedes proporcionen mayor alimento mediante sus pensamientos e ideas y mediante lo que hacen y dejan de hacer.

Pero no basta con conocer las fuerzas negativas y su actividad. Lo decisivo para ustedes es reconocer cómo influyen en su vida, cómo determinan su conducta y cómo afectan su capacidad de juicio, también o precisamente en lo que se refiere a ustedes mismos y a sus errores y debilidades. Y, sobre todo, es importante que no se ocupen solo teóricamente de las herramientas que les presento para resolver sus problemas y dificultades, sino que también las utilicen.

En esto, Mis amados hijos e hijas, hay muchas deficiencias. No porque no deseen un cambio y un alivio, sino porque, debido a la falta de un reconocimiento sincero de sí mismos, no ven el camino hacia la solución. Y cuando sí lo ven, muchas veces no utilizan o utilizan incorrectamente la «herramienta» que pongo en sus manos desde hace muchos siglos: desde Mis enseñanzas como Jesús de Nazaret, pasando por los llamados de muchos de Mis profetas, hasta las explicaciones actuales transmitidas por incontables fieles Míos. O bien —y esto tampoco es poco frecuente— desean alcanzar la meta, pero rehúyen las dificultades del camino, que les plantea exigencias y los desafía e invita a abandonar el lugar que ocupaban hasta ahora.

Así no pueden recorrer con éxito el camino que su alma tanto desea transitar, porque apenas se «mueven» o solo lo hacen un poco. Con frecuencia ni siquiera son conscientes de ello. Y cuando sí lo son, no pocas veces se quedan allí, confundidos y decepcionados, y pierden el valor o las ganas de seguir recorriendo con la atención necesaria ese camino que parece tan difícil e infructuoso. Sin embargo, esto sería mucho más fácil que soportar de manera permanente las adversidades de su vida cotidiana, siempre que lo hagan correctamente, es decir, conmigo.

Aunque alguno se incomode a veces porque sitúo una y otra vez el trabajo interior en el centro de Mi palabra, seguiré haciéndolo porque es el único camino para liberarlos de las ataduras a sus hábitos y formas equivocadas de conducta, que muchas veces cargan consigo desde hace varias encarnaciones. En el mundo hay información y conocimiento más que suficientes. Para que puedan tomar una decisión no hace falta aún más de lo que ha llegado a ustedes durante las últimas décadas y los últimos siglos.

También lo sabe el adversario, que aviva una y otra vez su sed de conocimientos, algunas veces solo para mantenerlos ocupados en su intelecto, pero muchas otras también mediante novedades aparentemente muy interesantes cuyas falsas «verdades» no reconocen. Muchos buscan respuestas desesperadamente y, de este modo, se desvían o terminan en callejones sin salida.

Lo adquirido en la cabeza jamás los llevará ni un solo paso hacia la patria, a menos que sirva de fundamento para la acción posterior. Pero cuando actúen, muy pronto comprobarán que «toda teoría es gris», como dice uno de sus proverbios. Entonces los resultados de sus acciones, las experiencias que hayan vivido conmigo, constituirán el fundamento nuevo y único verdaderamente estable de su evolución posterior.

Actuar es movimiento, actuar es cambio, actuar es avanzar, actuar es desarrollar lo nuevo y dejar atrás lo antiguo. Desde la perspectiva espiritual, actuar es aquello que Mi adversario y el suyo más teme y combate. Las personas que acumulan conocimientos no representan peligro alguno para él; sí lo representan, en cambio, quienes viven lo que han comprendido con Mi ayuda y tomados de Mi mano.

El mandamiento del amor a Dios y al prójimo que di a las personas como Jesús contiene todo lo que necesitan. Pero exige que actúen, porque amar es un trabajo práctico y no se limita únicamente a un sentimiento. Este mandamiento se encuentra, como una especie de encabezado principal, por encima de todo. Todo cuanto además se ha dado y se sigue dando desde los Cielos a las personas sirve solamente para comprender con mayor profundidad el mandamiento universal del amor y poder llevarlo mejor a la práctica.

Constituye una ayuda porque sé cuánto les cuesta a Mis hijos avanzar bajo los ataques de las tinieblas, con cuánta facilidad se distraen y cuán refinados son los intentos de las fuerzas demoníacas de presentar una palabra absolutamente clara —es decir, inequívoca— como si necesitara ser interpretada; naturalmente, con una interpretación falsa y, por consiguiente, un resultado equivocado.

Entre otras cosas, el concepto de «amor» constituye un ejemplo apropiado de una manera de pensar que contiene una connotación equivocada. Solo les recuerdo los muchos errores que se cometen al educar a sus hijos porque consideran que es amor evitarles el trabajo, las incomodidades y la confrontación consigo mismos y con la vida. ¿No se descuidan así muchas veces el aprendizaje de la madurez y la asunción de responsabilidad? ¿No se impiden con ello procesos de maduración indispensables para la vida? ¿Realmente entienden eso por amor?

La conciencia de las personas de aquellos tiempos todavía no bastaba para reconocer las numerosas relaciones que hoy les permiten formarse una imagen más amplia de cuanto sucede en la Creación. Salvo pocas excepciones, aún no eran capaces de reconocer el papel del ser humano dentro de ella y situarlo correctamente. Esto también se aplicaba a Mis apóstoles y discípulos; pero ellos tenían un corazón grande y amoroso.

En definitiva, todo lo que doy a Mis hijos siempre tiene como propósito que puedan recorrer con menos esfuerzo y mayor alegría el camino de regreso a Mi corazón, y que estén en condiciones de aprender y madurar mediante sus acciones. Quien no tenga esto como meta se parece a un alumno que sabe recitar correctamente el orden de las letras del alfabeto, pero no progresa al escribir ni al leer.


Los efectos de la influencia oscura sobre el ser humano son diferentes, tanto en lo que respecta al tiempo como a la naturaleza de sus consecuencias. Su ignorancia acerca de la precisión con que actúa la ley de la siembra y la cosecha más allá del tiempo y del espacio facilita a las tinieblas hacer que ignoren esta verdad o crean que infringir el mandamiento del amor, con sus numerosas facetas, no tiene consecuencias o tiene muy pocas.

En verdad, Mis hijos e hijas, les digo: ¡Mi ley de causa y efecto actúa sin cometer errores! Es válida para toda persona y también lo fue para Mí como Jesús de Nazaret. ¿Cómo habría podido ser su ejemplo si Yo tampoco hubiera tenido que esforzarme y luchar? Tuve que vivir el amor para poder enseñarlo de manera convincente. Esto, por lo demás, se aplica a todo aquel que quiera acercar Mi amor a sus semejantes.

Después de que sus teólogos —influidos por las fuerzas contrarias— retiraron ya en los primeros siglos la pieza tan importante de la siembra y la cosecha del gran mecanismo de Mis leyes, quedó libre el camino para empujar indefensas a las personas, ahora ignorantes. Solo almas muy fuertes pudieron conservar durante aquel tiempo de ignorancia la fe en Mi amor y Mi justicia, aunque no comprendieran muchas cosas. Hoy nadie necesita recorrer el mundo lleno de preguntas: quien busque de verdad encontrará todas las respuestas que necesite para permitir que en su corazón surja la imagen de un Padre justo y bondadoso.

La falta de conocimiento de la relación entre lo que se hace y lo que después sucede como consecuencia ha llevado a que muchos vean los efectos, pero no sean capaces o no estén dispuestos a atribuirles una causa. En su ámbito personal, esto significa reconocer una causa relacionada con ustedes y con su conducta. Y cuando surge una sospecha o incluso existe un conocimiento, no pocas veces esos impulsos se pasan por alto y no se escuchan, casi siempre por miedo a tener que reconocer, al examinarse más de cerca, algunas cosas acerca de uno mismo y de la correspondiente conducta equivocada. O se refugian en la «casualidad». Entonces ya no queda mucho camino hasta imaginar a un Dios injusto, y la incredulidad solo espera poder apoderarse del pensamiento de la persona.

La semilla —es decir, arrancar una sola pieza del mecanismo— germinó y produjo como cosecha la incomprensión del gran mecanismo cósmico, acompañada por el rechazo de cualquier forma de poder superior. Con ello también se perdió el conocimiento de las repetidas encarnaciones del ser humano. Y, en lugar de emplear un sano entendimiento y la lógica del corazón, muchas personas se conformaron y siguen conformándose con la respuesta equivocada de sus dirigentes de que no deben seguir preguntando en este punto. Supuestamente, de todos modos no es posible penetrar en Mis misterios.

Ninguna criatura es mayor que su Creador. Por eso es correcto que jamás sea posible para ningún ser penetrar en las profundidades de Mi esencia. Pero esto no significa que no Me revele a Mis hijos hasta el punto de que puedan reconocerme como el Amor y la Justicia y, al mismo tiempo, admitir que en Mí no existen contradicciones ni secretos deliberados. Al contrario: en el camino hacia Mí, a medida que aumenten su fuerza luminosa y su conciencia, su capacidad de amar y su sabiduría, serán introducidos en las verdades de Mis leyes y Mi Creación en una medida que ahora todavía les resulta absolutamente inconcebible.

Una de las razones por las que no perciben la relación entre una causa y su efecto, o no la perciben de inmediato, se encuentra en la distancia temporal entre ambos, aunque esta no tiene que existir siempre. Según la necesidad, la ley también puede entrar en acción con mucha rapidez.

Si una consecuencia no se produce de inmediato, esto puede ser para ustedes una indicación de que quizá deban reflexionar sobre lo sucedido y —si así lo desean— corregir un error cometido o resolver un malentendido antes de que se forme un karma pequeño o grande y cargue su alma. Ambas cosas requieren comprensión y valor.

Cuando falta el reconocimiento de uno mismo y pasan por alto lo sucedido, ocurre algo que las fuerzas negativas apoyan con sumo gusto: de manera imperceptible, porque sucede paso a paso y en dosis mínimas, una forma de actuar practicada repetidamente termina arraigándose. Lo que fue provocado por una situación correspondiente, lo que se hizo por enojo o decepción, amargura o frustración, apatía o falta de voluntad, por amor mal entendido o por cualquier otra razón, se convierte en «normalidad». Finalmente pasa a ser parte de su ser, un hábito, un rasgo de carácter. Se convierte en un programa, por así decirlo, en un carril por el que una conducta adquirida una vez continúa funcionando por sí sola y casi ya no está bajo su control. Esto termina haciendo que, tanto a sus propios ojos como a los de los demás, esa conducta «forme parte de ustedes». ¡Yo soy así!

En realidad, amados Míos, solo son así en este momento. Todavía son así. En verdad son completamente distintos. Nacieron para toda la eternidad como individuos y, por ello, se diferencian de todos los seres que he creado; y esto se aplica a cada uno. Son espíritu, son amor, son libertad ilimitada, luz radiante y vida eterna.

Por eso, uno de los mayores errores que pueden cometer es pensar y decir: «¡Yo simplemente soy así!». Un error semejante bloquea su desarrollo interior. Con ello han firmado para esta vida un documento que sella su propio estancamiento. Y no pocos, en el trasfondo invisible, se frotarán las manos y dirán: «Aunque no podamos seducir a esta persona para que cometa grandes faltas, hemos conseguido que su evolución espiritual no avance en la medida que desea su alma».

Ciertamente, la meta de las tinieblas es inducir a las personas a cargar con culpas tan grandes como sea posible. Sin embargo, no lo consiguen con la mayoría. Por eso también se conforman gustosamente con impedir el desarrollo espiritual. Muchas almas permanecen entonces, después de pasar al más allá, en zonas sutiles donde todavía existe una atracción hacia la materia. Para las fuerzas contrarias aún no están perdidas, sino que siguen perteneciendo al gran ejército de los ignorantes que pueden ser influidos y dirigidos. En una nueva encarnación no disponen de las mejores condiciones iniciales debido a su pasado. Porque en los mundos del más allá es mucho más difícil afrontar los desafíos y adquirir aquello que habría debido reconocerse y aprenderse en la Tierra. Al fin y al cabo, esta fue, por regla general, la razón de una encarnación.

Por eso sus adversarios emplean mucho tiempo y esfuerzo en retrasar o impedir el crecimiento del alma. Y por eso es tan peligroso adoptar la idea: «Yo simplemente soy así».

Precisamente porque es así y porque no se trata solo de amonestarlos una y otra vez ni de mostrarles las consecuencias de una conducta evidentemente equivocada o de una transgresión de Mis mandamientos, les he presentado con tanto detalle los peligros de no prestar atención a los hábitos y mantenerlos. Quiero que dirijan su atención hacia ellos porque muchas veces allí se encuentra la causa de un fracaso, aunque hayan abordado sus tareas con buena voluntad. Quiero sensibilizarlos respecto de este ámbito, que para muchos de Mis hijos representa un freno desconocido y no reconocido en su camino hacia Mí.

Lo que los seductores no saben es esto: tengo todas las posibilidades de mover a un hijo a cambiar de rumbo —ya sea de manera rápida y espontánea o paso a paso— incluso cuando rehúye el camino hacia Mí o lo rechaza y, con él, Me rechaza a Mí. Aunque Mi ley deja a cada uno su libre albedrío, hace que incluso el mayor pecador y negador llegue algún día a querer ocupar de nuevo el lugar que le corresponde en su patria eterna. ¡Y por deseo propio! Esto se fundamenta en Mi amor infinito, del que también procede la ley de la siembra y la cosecha, aunque muchas personas aún no la vean ni la comprendan así. Tarde o temprano, esta ley lleva a cada uno a enfrentarse consigo mismo, con sus circunstancias y con los errores de su pasado. Le ayuda, por tanto, a abandonar la prisión que él mismo creó y a llegar a la libertad anhelada en lo más profundo de su corazón.

Permitir que se manifiesten los efectos de las causas que uno mismo ha creado —es decir, permitir sus consecuencias— constituye un aspecto de Mi amor eterno cuando, por falta de comprensión, no se quiere seguir otro camino. Es amor de la misma manera que lo son las ayudas y el apoyo ininterrumpidos que reciben, sin excepción, todos los que los solicitan. No distribuyo Mi ayuda arbitrariamente porque eso sería injusto. Pero observo sus motivos. Con ello Me refiero tanto a su sinceridad, su buena voluntad y su confianza como a su esperanza y su disposición a hacer las cosas de manera distinta que hasta ahora. Por tanto, miro dentro de su corazón y Mi ley incorruptible actúa conforme a lo que allí encuentra, de lo cual también forma parte el arrepentimiento.

El esfuerzo sincero por vivir el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, así como Mis enseñanzas que ustedes llaman el Sermón del Monte, representa para todas las personas y las almas una posibilidad —¡la única posibilidad!— de liberarse de la ley de causa y efecto en la que cada uno todavía está envuelto en diferente medida. Es el camino que enseñé como Jesús de Nazaret: el camino del amor, de la comprensión y del perdón, que les evita muchas cosas. Sin ese camino, es decir, cuando se niegan a comprender y decidir, sus pasos suelen ser arduos y dolorosos. Entonces la red en la que se han enredado reclama aquello que antes parecía haberles «regalado» tan generosamente y sin exigir nada a cambio.

Vine al mundo para desatar las cadenas que la humanidad se había impuesto a sí misma. Vine porque vi el dolor y el sufrimiento, pero también porque reconocí la incapacidad de Mis hijos para ascender por sus propias fuerzas desde la profunda oscuridad hacia la luz. Por eso les traje la sencilla enseñanza de Mi amor, porque únicamente el amor vivido puede traer la liberación.

Volví a abrir los Cielos. Pero la decisión de atravesar la puerta que desde entonces está abierta y entrar nuevamente en la casa del Padre depende de su libre albedrío.


Muchas personas desconocen que se encuentran en medio de una guerra invisible que se acerca a su punto culminante; incluso aquellas que se esfuerzan honradamente en su vida cotidiana, pero tienen que comprobar una y otra vez que, pese a sus mejores intenciones, recaen constantemente en antiguos errores. No comprenden qué les dificulta tanto llevar sus propósitos a la práctica de manera duradera. Con frecuencia esto las lleva a perder la alegría en su camino. Después suele seguir la resignación, un rendirse interiormente: «Si de todos modos no conduce al resultado deseado, ¿para qué sirven todos mis esfuerzos?». Entonces no puede descartarse una recaída en antiguos errores y hábitos.

La razón de semejante conducta debe buscarse, por una parte, en la falta de conocimiento de las leyes espirituales y, por otra, en una comprensión equivocada de la forma que adopta Mi ayuda, que no niego a ningún hijo.

Un cambio deseado está construido sobre arena cuando solo lo sostiene el deseo de que cambien estas o aquellas circunstancias. Muy pocos han reflexionado sobre por qué la palabra de sus Escrituras se cumple tan raras veces: «Porque quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama se le abre». Sin embargo, ¡es la verdad sin ningún pero ni condición!

¿No sucede en muchos casos que se quiere alcanzar la meta, pero no recorrer el camino? ¿O que se desea o se pide el resultado, pero se hace poco para abandonar, por ejemplo, aquello que, como aportación propia, ha impedido hasta ahora el éxito? ¿Que se quieren mejorar las circunstancias exteriores, pero no renunciar al beneficio que se ha obtenido y todavía se obtiene de una conducta determinada?

Si se observan con sinceridad o escuchan alguna vez lo que les dicen personas que desean su bien, descubrirán que con el tiempo se han arraigado muchas cosas incompatibles con Mi mandamiento del amor. Tal vez tengan que mirar dos o más veces antes de percibir algo, porque a menudo son las «pequeñeces» las que se han vuelto algo natural. Pero vale la pena. Una pequeña ayuda:

El exceso de actividad forma parte de ello tanto como la apatía que se introduce inadvertidamente; cerrar los ojos tanto como creer que se sabe más que los demás e inmiscuirse; la manipulación —en dosis mínimas para que el otro no la perciba— tanto como la indiferencia; ceder la responsabilidad tanto como quitar a otro su responsabilidad; la falta de constancia tanto como la dureza o la severidad; una conducta adaptada —«quiero que me amen»— tanto como una oposición permanente; el ascetismo tanto como ceder irreflexivamente en cuanto aparece una tentación; no poder decir que no tanto como cerrarse a las necesidades legítimas de los demás, y así sucesivamente…


Incluso el mejor diagnóstico carece de valor sin la terapia correcta. Por eso, en Mis explicaciones, nunca Me limito a mostrar los propósitos de las tinieblas y su proceder. Siempre les ofrezco la solución, la salida, la manera de liberarse de las ataduras. Porque, si conceden credibilidad a Mis palabras, habrán comprendido que son cadenas que les impusieron para dificultar su camino de regreso.

Conocen Mi promesa de dar muchísimos pasos a su encuentro si ustedes dan tan solo uno hacia Mí. ¿Han reflexionado alguna vez sobre lo que significa esta palabra? Aunque está expresada mediante una imagen, de ningún modo es abstracta. Mi apoyo es tan real como todo cuanto sucede a su alrededor pero ustedes no perciben.

La mayoría sabe que todo es energía y que incluso la materia no es otra cosa que energía condensada. Para todo lo que hacen necesitan energía: para sus acciones, sus palabras, sus pensamientos, sus ideas, sus decisiones; sencillamente, para todo. Yo soy la fuente primordial de toda energía, el único movimiento perpetuo de la Creación. Toda criatura puede servirse de esta energía; también puede utilizarla indebidamente, pero entonces ella cambia su carácter y adquiere otra vibración.

Cuando ponen algo en movimiento en el exterior, antes se han activado interiormente. Todos sus sentimientos y pensamientos —y, naturalmente, también sus acciones— son energía y entran continuamente en contacto con energías de la misma vibración. Esto se debe a la ley de la atracción. Para quienes están en los ámbitos sutiles y los rodean sin cesar, ustedes son como un libro abierto. Esto se aplica tanto a sus ángeles guardianes y ayudantes espirituales como a quienes quieren seducirlos. Ya durante la fase inicial de una reflexión afluyen hacia ustedes energías luminosas u oscuras correspondientes, con el propósito de moverlos hacia el bien o de reforzar las debilidades y tendencias negativas que todavía conservan.

Si ceden a las insinuaciones oscuras, reciben de ese lado energías para ejecutar sus propósitos —aunque estos solo se expresen en pensamientos—; energías impuras, por así decirlo, degradadas. Aunque por el momento satisfagan sus necesidades, se apoderan de una parte de ustedes, incluidos sus pensamientos. Sus ángeles guardianes no los dejan solos en esos momentos; también están a su lado y les envían energías para fortalecerlos y ayudarlos a resistir las tentaciones. Pero, como respetan su libre albedrío, tendrán que retirarse un poco cuando vean que ustedes se han dejado capturar por las energías de la parte contraria, que no tiene consideración alguna por su libre albedrío. Esta intenta sortear ese obstáculo mediante engaños, mentiras y falsas promesas.

Las tinieblas preparan oportunidades para pecar contra el mandamiento del amor sin exigirles previamente nada. Tampoco proporcionar y hacer llegar la «energía de seducción» requiere todavía nada de ustedes en esta etapa. La factura se les presentará en algún momento posterior. Tendrán que pagarla, a menos que antes reconozcan que se les prometió un camino fácil y hermoso, pero se los condujo hacia uno sumamente difícil y pedregoso, y decidan abandonarlo.

Cuando lo que reconocen procede de un corazón abierto y sincero y conduce a una decisión contraria a su conducta anterior, las relaciones de energía se invierten:

Mi proporción de energía de amor aumenta cada vez más y la influencia de la parte contraria se debilita. Lo que entonces hago por ustedes, consolándolos, fortaleciéndolos y acompañándolos, corresponde, en sentido figurado, a los cien o mil pasos que doy a su encuentro cuando veo sus manos extendidas pidiendo ayuda. Un solo paso hacia Mí basta para desencadenar toda una serie de actividades del Cielo en las que participan sus ángeles, ayudantes y acompañantes.

Entonces Mi energía divina se opone a la energía seductora del tentador. Entonces Me enfrento a él y digo: «Este es Mi hijo, sobre quien he puesto Mi mano porque Me lo ha pedido. Tu poder termina aquí».


Ahora he profundizado un poco en una de Mis leyes y les he explicado en qué consiste la guerra invisible en la que se encuentran y en la cual son juguete de fuerzas opuestas. Ahora saben de qué manera se acercan a ustedes para debilitarlos. Pero también conocen el remedio y las medidas de defensa, que actúan con tanto mayor éxito cuanto mayor sea su esfuerzo por querer liberarse de las numerosas ataduras que han contraído, en la mayoría de los casos sin saberlo. De ustedes depende que, como dije al principio, consideren su camino largo y arduo, o que ahora lo recorran con alivio y alegría, confiando en Mi palabra y por amor a Mí.

Si recuerdan una y otra vez que habito dentro de ustedes —y, por tanto, estoy más cerca que sus brazos y piernas—, no les resultará difícil decidirse por un rumbo hacia la patria. Con ello muchas cosas cambiarán de manera fundamental y duradera, porque entonces el anhelo se convertirá en el motor que los lleve a Mis brazos. Pero los cambios profundos requieren comprensión, también acerca de ustedes mismos. De ello forma parte reconocer que tú, ser humano, por ti solo no eres nada ni puedes realizar nada.

Reflexionen sabiamente sobre Mis palabras. Mi amor, la energía de los Cielos, fluye ininterrumpidamente hacia ustedes y desea moverlos —respetando su libre albedrío— a dirigir sus pasos hacia la luz.

Amén