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Todo Mi amor está dedicado al crecimiento de su alma

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Eurem seelischen Wachstum gilt all Meine Liebe

Fecha original: 13 de diciembre de 2019

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

¡Hijos e hijas Míos! Es cierto que, por haber surgido de Mí, son hijos de Mi amor; sin embargo, quiero centrar Mi palabra de revelación de hoy en hacerlos conscientes de que son más de lo que comúnmente se asocia con el concepto de hijos:

Son criaturas poderosas y llenas de fuerza de los cielos, a quienes he dotado de grandes partes de Mis cualidades, de una abundancia de talentos y aptitudes, y de capacidades que ustedes todavía no pueden imaginar. Poseen una belleza radiante y sobrenatural, y una «competencia celestial» sin igual. Les pertenece una libertad que no está sometida a limitaciones porque se fundamenta en el amor y, por tanto, respeta las leyes del amor. Esto trae consigo una actividad creadora bajo su propia responsabilidad, que se ejerce incesantemente con alegría, gratitud y humildad.

Eso y mucho más es cada uno de ustedes.

Todavía están lejos de percibirse a ustedes mismos de esa manera y actuar en consecuencia, y de verse como Yo los veo. Y, sin embargo, ya ahora podrían poner en movimiento mucho más de lo que consideran posible debido a su falta de conocimientos y a su visión del carácter pecaminoso y deficiente del ser humano.

Mi encarnación en Jesús de Nazaret tuvo única y exclusivamente el objetivo de crear las condiciones para que todos los que alguna vez abandonaron los cielos puedan volver a desarrollarse hasta alcanzar su verdadera grandeza y regresar a casa. Esto significa que reconozcan la necesidad del crecimiento de su alma y decidan iniciar conscientemente este proceso Conmigo.

Con Mi nacimiento como ser humano, que celebran en estos días como Navidad, comenzó Mi misión terrenal; con Mi redención realizada en el Gólgota, que conmemoran en Pascua, terminó. Con éxito.

Las puertas del cielo, hablando figuradamente, volvieron a estar abiertas. Toda alma de buena voluntad podía emprender de Mi mano el camino de regreso al hogar después del correspondiente cambio interior y exterior, basándose en el mandamiento de amor que Yo viví y enseñé, y confiar en Mi promesa de que, como el «hijo perdido» o la «hija perdida», Yo la recibiría nuevamente con los brazos abiertos. Y esto sin reservas ni «efectos posteriores» de ningún tipo.

Desde entonces está en marcha la operación de regreso al hogar y, aunque las fuerzas contrarias todavía hacen todo lo posible por dificultar el regreso de Mis hijos e hijas —no pueden impedirlo de forma permanente—, cada vez más encuentran el camino hacia Mí y finalmente vuelven a Mi corazón, a su hogar eterno.

Emprender el camino que conduce a casa y recorrerlo consecuentemente paso a paso no es del todo fácil. Sin Mi fuerza fortalecedora, que he depositado como la llamada chispa de Cristo en cada alma y cada persona, de todos modos nadie alcanzaría su meta. Las almas de los ámbitos fuera del cielo y la humanidad se habían alejado demasiado del centro de Mi amor. Las fuerzas de las tinieblas fueron y siguen siendo muy subestimadas, sobre todo porque casi se desconocen su existencia real, sus intenciones y su manera de proceder. Y se necesita una decisión libre de la voluntad —tomada por amor a Mí— para liberarse poco a poco de las ataduras satánicas, que son de naturaleza energética y que se les colocan una y otra vez, casi siempre sin que lo noten.

Por eso, en todas las épocas, y con mayor intensidad durante las últimas décadas, les di una ayuda tras otra. Por una parte, estas deben recordarles quiénes son en verdad y dónde está su meta; por otra, representan apoyo e instrucciones muy concretas, además de infundirles valor y fortalecer su anhelo. Fueron y siguen siendo regalos del cielo.


En su época anterior a la Navidad, cuando se recuerda Mi nacimiento con abundante brillo de luces, resulta natural trazar un paralelo entre los regalos que reciben de sus seres queridos y amigos durante la Navidad y los que proceden de Mi amor. Por regla general encuentran envuelto con cariño sobre la mesa de regalos o debajo del árbol de Navidad aquello con lo que quieren brindarles alegría. A ninguno se le ocurriría dejar algo sin desenvolver; tampoco desenvolverlo y luego no ocuparse de ello, es decir, dejarlo simplemente allí.

No es difícil reconocer lo que quiero explicarles mediante esta imagen. ¿Han desenvuelto Mis dones de amor, que desde hace muchos, muchísimos años derramo sobre ustedes con una abundancia nunca antes vista? ¿Qué entienden por desenvolverlos? Leer o escuchar Mi palabra ciertamente puede considerarse desenvolverlos. ¿Y después?

¿Los dejaron a un lado como algo por lo que se da las gracias y que incluso parece bastante interesante, pero que no necesariamente invita a utilizarlo? ¿Permanecen Mis dones en algún lugar, desatendidos y medio olvidados? ¿Quizás solo sirvieron para satisfacer su intelecto y aumentar el tesoro de sus conocimientos? ¿O para recordarles, durante momentos compartidos, cuánto alegra el corazón escuchar hablar a su Dios y Padre? ¿Qué sentido tendría esto? Por mucha información que acumulen, su alma no podrá subir al siguiente peldaño de su escalera celestial. El conocimiento adquirido que no se aplica en la medida correcta, es decir, conforme al amor, pesa tanto que el próximo peldaño que debe escalarse se romperá bajo el peso del saber intelectual.(1)

¿O se ocuparon más de cerca de Mis regalos, reconocieron su valor e intercambiaron experiencias sobre dónde y cómo lograron ponerlos en práctica? ¿Comenzaron a trabajar con este tesoro precioso para que se multiplique y produzca buenos frutos? Porque, por muy valiosos que sean Mis regalos, no están destinados a guardarse en una caja fuerte. Su contenido incomparable solo se revela y se convierte en bendición para ustedes y para el mundo cuando se siembra como una semilla que Yo riego y hago madurar.

Si se han esforzado por cumplir Mis mandamientos y por transformar Mis explicaciones en una comprensión cada vez más profunda, ya han ocurrido muchas cosas dentro de ustedes. Entonces se encuentran en el mejor camino para ser luz en esta época difícil, pues con Mi apoyo se produce en ustedes un crecimiento continuo del alma.

Existe un criterio que pueden aplicar a ustedes mismos —si así lo desean— para reconocer el grado de maduración interior que ya han alcanzado. Y cuanto más sinceros sean, mayor será el provecho que podrán obtener de una observación así. Puede surgir entonces la alegría de comprobar que algunas cosas ya han cambiado para bien; o también el alivio de que esto o aquello ya no los afecte en su vida cotidiana en la misma medida que antes. Si es así, su trabajo interior Conmigo ha producido frutos.

Pero también puede surgir cierta tristeza si tienen que reconocer que hay algunas cosas que, con una decisión más seria y buena voluntad, hace mucho podrían pertenecer al pasado. ¿Cómo reaccionan entonces? ¿Recuerdan Mi regalo y Mi promesa de liberarlos de lo que todavía los carga, con una pequeña parte de trabajo de ustedes y una parte mucho mayor de Mi lado? No permitan que los conocimientos que, en ciertas circunstancias, les entristezcan el corazón los conduzcan a la resignación. Pero, sobre todo, no permitan que les impidan venir una y otra vez a Mí en su interior.

Un examen de conciencia, por ejemplo al final del día, sirve más bien para observar su conducta desde el punto de vista «bueno, no tan bueno, nada bueno». Sin embargo, solo les aporta un beneficio si extraen las conclusiones correctas de lo reconocido y preparan el rumbo para actuar de otra manera en el futuro, de manera correcta conforme al amor. Las numerosas situaciones que se les enviarán durante los días y semanas siguientes les darán suficientes oportunidades para practicar con esta meta.

En cambio, hacer un balance del crecimiento de su alma debe ayudarlos a formarse una imagen de dónde se encuentran. Puede resultar perjudicial o incluso peligroso entregarse a una conclusión equivocada acerca del propio desarrollo y creer, por ejemplo, que mediante la lectura de literatura espiritual, el cumplimiento de normas y mandamientos eclesiásticos, la práctica de ejercicios tradicionales y la abstención de malas acciones ya se ha establecido una base suficiente para los próximos pasos que se construirán sobre ella más adelante, en el plano sutil.

Mi mandamiento no dice «No harás nada malo», sino «Esfuérzate seriamente por volver a convertirte en amor». La diferencia es profunda.

Tú mismo puedes juzgar hasta qué punto has logrado ya vivir Mi «amen, y nada más» si tienes presente lo que significa seguirme, siempre que hayas decidido dar ese paso. Entonces algunas cosas ya han cambiado en tu vida, porque no solo desenvolviste Mis regalos, sino que comenzaste a comprobar con éxito su «aplicación en la vida cotidiana»:

Entonces las preocupaciones por el futuro pertenecen en gran medida al pasado. Ya no tienes dudas sobre Mí ni sobre Mi justicia, porque has comprendido que cada acontecimiento representa únicamente un eslabón de una cadena eterna en cuyo surgimiento —cuando te afecta— tú mismo participaste. Aunque perdonar y pedir perdón todavía te resulten a veces un poco difíciles, conoces su necesidad y Me pides que te ayude. La llamada muerte ha perdido para ti su terror porque sabes que estás en el camino hacia Mí. Tu disposición a examinar tu pensamiento, tus palabras y tus actos se ha vuelto algo natural, porque has comprendido lo necesario que es conocerse a uno mismo para construir sobre ello, como paso siguiente, el cambio al que aspiras. Ya reconociste una parte de los vínculos que todavía no te permiten ser tan libre interior y exteriormente como quisieras, y comenzaste a disolverlos con Mi ayuda. Te alegra que hayan crecido tu empatía y tu intuición. Miras cada vez más profundamente dentro de tu prójimo y puedes reconocer tanto su intención sincera y su necesidad de ayuda como los intentos de engañarte con palabras bonitas o de hacerte daño. Conoces la posibilidad de la comunicación interior y recíproca Conmigo, que se abre cada vez más en la medida en que crece tu amor por Mí. Aprendes cada vez mejor a reconocer las múltiples seducciones seudorreligiosas y a separar el trigo de la paja.

¿Puedes afirmar que esto ya se aplica a ti, aunque todavía no en toda su extensión, pero sí con el deseo íntimo de alcanzarlo? Entonces ya no estás en el camino hacia Mí solo de palabra. Entonces ya utilizas Mi regalo con alegría y entrega infantil.


Todo esto y más se establece con el tiempo —casi por sí solo— como consecuencia de la decisión de recorrer con esfuerzo sincero el camino que Yo, mediante Mi ejemplo como Jesús de Nazaret, recorrí primero hace dos mil años para todas las almas y personas. Pero sería equivocado suponer que, durante este proceso de evolución del alma, se aprende algo completamente nuevo. Es cierto que se aprende algo; pero sería más correcto hablar de una «revitalización», de «sacar a la luz» capacidades que llevas dentro desde la eternidad y que solo esperan volver a ejercitarse y practicarse.

Con cada paso que das tras Mis huellas, abres dentro de ti aquello que deposité en ti hace eternidades: tu potencial espiritual, de cuya grandeza sabes tan poco como de las posibilidades infinitas que surgen de una relación de amor profundamente íntima Conmigo. «Caminar tras Mis huellas» significa vivir conforme al amor a Dios y al prójimo, algo que se aplica por igual a todas las personas y almas.

Esta manera de verlo difiere fundamentalmente de la concepción común que les han enseñado, que muchos siguen sin reflexionar y que se presenta así: que, de manera independiente del cielo y de los ángeles, Yo llamé a la vida la creación material y creé al ser humano. Ahora, en una sola vida, este tiene que desarrollarse mediante la observancia de Mis supuestas prohibiciones y el cumplimiento de Mis mandamientos hasta el punto de que, al morir su cuerpo, su alma esté madura para entrar en el cielo. Y debe hacerlo más o menos partiendo de cero, de la nada y quizás incluso bajo las condiciones de vida más adversas. ¿Y si no consigue purificarse ni iluminar su alma hasta que alcance la elevada vibración de los cielos, que —conforme a la ley de la atracción— es el requisito para regresar con éxito? ¿Qué sucede entonces? Las opiniones de los escribas que representan las distintas visiones del mundo e ideologías divergen enormemente al respecto.

¿En cuál de las numerosas versiones creen? ¿En aquella con la que crecieron? ¿Y si hubieran crecido bajo otras condiciones, en otra cultura, otra religión o con otra manera de pensar? ¡Aquí se necesita la lógica del corazón!

Si reconocen, Mis amados, que son criaturas con cualidades divinas que están en camino de volver a manifestar esas cualidades —que estuvieron y, en parte, siguen enterradas—, colocarán sus pensamientos y aspiraciones sobre un fundamento completamente nuevo. Entonces se verán en la situación de un niño que sabe que todavía no puede hacer tanto como un adulto, pero que por eso no sufre sentimientos de inferioridad, no se menosprecia ni se considera imperfecto.

Al contrario, se alegra de todo lo que aprende y aplica lo que ha aprendido. Al fin y al cabo, él también quiere llegar a ser grande y fuerte.

Y una vez más establezco un paralelo, esta vez entre el niño y el ser adulto que tú eres. ¿Has pensado alguna vez que lo que ya aprendiste durante tu vida terrenal y lo que ya volviste a abrir dentro de ti es el capital que debes hacer fructificar? En sentido figurado, esto significa hacer algo con él, utilizarlo y aumentarlo. Desde el punto de vista espiritual, son los rasgos que ya has fortalecido dentro de ti al aprender el amor y «revitalizarlo». Ya te han ayudado a ampliar tu conciencia y, por tanto, se han convertido en parte de tu alma fortalecida, que adquiere mayor luminosidad con cada nueva aplicación.

Son, a modo de comparación, las cualidades de las que un niño se siente orgulloso cuando sigue voluntaria y alegremente el camino natural de convertirse en adulto. En principio, cada hijo humano Mío se encuentra en la misma situación, porque cada uno ya ha desarrollado algo conforme a su voluntad y posibilidades. Por eso no existe motivo para sentirse pequeño, indigno, incapaz ni tantas otras cosas, colocándose a sí mismo en una posición más vacilante y pasiva que activa y orientada hacia delante.

Si tú, amadísimo hijo Mío, no solo lees o escuchas Mi palabra, sino que has comenzado a cambiar tu vida —aunque sea mediante unos primeros pasos pequeños—, entonces has comenzado a entrar en posesión de tu herencia divina. Entonces, si ese es tu deseo, voy liberando cada vez más la fuente que hay dentro de ti y que, por el momento, todavía no puede brotar como anhela tu alma. Entonces estás desarrollando cada vez más el amor dentro de ti e iluminando así otros ámbitos de tu interior.

¿Eres consciente de este hecho?


¿Qué significa ahora para ti este conocimiento? Que te pido abandonar el papel pasivo de «quien solo pide» y no solo hacerte consciente de que hay capacidades y fuerzas divinas dentro de ti, sino también decir sí a utilizar las cualidades Mías que ya has abierto en tu interior.

También para esto te doy una imagen. Todo ángel —y tú estás en camino de volver a ser uno— emplea sin preguntar toda su fuerza de acción y su energía para cumplir su tarea. Esta corresponde por completo a su naturaleza, es decir, a sus capacidades y posibilidades. Está «hecha a su medida», y no es casualidad que se encuentre donde está y actúe como lo hace. Esto, por lo demás, se aplica a cada uno de ustedes.

¿Creen que un ángel Me pide que Yo cumpla una tarea que en realidad le corresponde a él y que también es capaz de cumplir? ¿Creen que su ángel guardián tiene que preguntarme si puede protegerlos? Lo hará con amor y en plena conformidad Conmigo y con Mi ley, como corresponde a su naturaleza, su mentalidad y su amor por Mí y por ustedes. Pero no Me delegará a Mí —ni a un ángel que ya haya desarrollado una fuerza luminosa mayor que la suya— algo que también puede hacer por sí mismo.

¿Pueden imaginarse actuando de manera semejante? ¿O se parecen más a un niño que ya es independiente pero todavía pide a su padre o a su madre que le aten los zapatos?

Hijos e hijas Míos, es Mi gran deseo que —en sentido figurado— entren en posesión de su herencia. Sean conscientes de que llevan dentro Mis fuerzas divinas y comiencen a hacerlas fructificar. Háganlo conforme a Mi amor, aunque todavía no siempre lo logren a la perfección. Pero háganlo.

Un pequeño ejemplo entre muchos —y pondré otros en sus pensamientos si Me lo piden— les mostrará lo que quiero decir. Y se sorprenderán al comprobar que algunos descubrimientos de su ciencia coinciden perfectamente con Mis leyes universales de la creación.

Sus físicos cuánticos descubrieron que todo está conectado y se comunica entre sí. Esto significa que cada sentimiento y cada pensamiento busca y encuentra energías que vibran en sintonía, en toda la creación, es decir, en todos los ámbitos materiales y sutiles.

Y Yo les digo: todo vive, todo está incesantemente en movimiento, todo reacciona, todo entra en resonancia con fuerzas de frecuencia igual o semejante. Cada ser contribuye a que la imagen general de la creación —semejante al patrón sobre la superficie del agua— cambie constantemente. Esto sucede con cada sentimiento, cada pensamiento, cada palabra y cada acto, que son todos desencadenantes en el plano energético. Como estos ámbitos no son visibles para ustedes, surge la impresión de que no existen o de que están situados en otro cosmos completamente aislado, que no influye sobre ustedes y en cuya naturaleza ustedes no participan.

No podría haber una opinión más equivocada.


Les explico detalladamente estas relaciones porque quiero evitar que caigan en la trampa de la mentalidad equivocada de «Padre, hazlo Tú», que consiste en dejarme incluso aquello que ustedes mismos pueden asumir. Hay muchas cosas que debemos y podemos trabajar y elaborar juntos. Porque el crecimiento al que debes aspirar surge únicamente de probar, practicar y reunir experiencias; mientras tanto, Yo te protejo de sufrir daño y te brindo toda la ayuda si Me pides que esté a tu lado. A esto se refieren los muchos pasos que Yo doy hacia ti cuando tú das uno solo hacia Mí.

Cuando los animo a comenzar a utilizar, para el bien de su prójimo y también para ustedes mismos, las fuerzas del alma que ya han abierto dentro de sí, no quiero decir que deban actuar conforme a su propia voluntad o sus propias ideas. Yo Soy y seguiré siendo quien, como la única «máquina de movimiento perpetuo» de la creación, proporciona la energía de Su amor para todo lo que hacen. Pero si utilizan esa energía, en la medida en que ya les sea posible, para actuar conforme al amor desinteresado e incondicional, crecerán paso a paso dentro de su tarea como cocreadores de la creación.

Los cambios hacia lo mejor y hacia el bien que todos esperan no se alcanzarán mediante una actitud interior más o menos pasiva que deja todo en Mis manos. Se producirán de la manera deseada cuando cada uno aporte su parte: ustedes como seres humanos en la materia, al igual que sus hermanos y hermanas celestiales, que actúan incesante e ilimitadamente en todos los planos.

Este cambio de pensamiento y de conducta beneficia, en última instancia, también a ustedes mismos, porque cada pensamiento puesto en práctica con buena voluntad y Mi ayuda constituye una piedra que fomenta el crecimiento de su alma y los hace fuertes, más seguros y más libres. Esto los saca de la pesadez y la apatía en las que caen con tanta facilidad. Los convierte en hijos de Dios que se mueven y que anuncian, mediante su irradiación y su vida, el amor y la alegría que experimentan.

¿Cuándo y dónde quieren comenzar a crecer y madurar hasta convertirse en hijos e hijas conscientes de Dios, si no es ahora y aquí, donde existen las mejores condiciones?

Si, por ejemplo, oran por alguien, la fuerza de su oración se intensifica cuando ponen todos sus sentimientos en las palabras pensadas o pronunciadas. Como los sentimientos son tan decisivos, volveré en otro momento a este importante aspecto.

Además, intenten otra cosa:

Orar por su prójimo es un acto de amor desinteresado, ¡del amor desinteresado de ustedes! Es cierto que expresan con palabras lo que quieren decir o pedir, pero estas solo representan una especie de puente energético. ¿Hacia dónde? Hacia el destinatario de su oración, hacia Mí y —algo que muy pocos saben o consideran— hacia el campo infinitamente grande de energía del amor desinteresado que atraviesa toda la creación. Al hacerlo entran en contacto con todas las energías de vibración igual o semejante. Por lo demás, esto sucede siempre y con todo, sin importar qué piensen, digan o hagan, ni si se trata de energías positivas o negativas. Sus físicos han obtenido los primeros conocimientos en lo relativo a los cuantos.

Si ahora toman conciencia con gratitud del amor que ya han desarrollado —vuelto a desarrollar— mediante su esfuerzo y que, por eso, ya actúa dentro de ustedes, los acompaña y los ayuda de muchas maneras, y si luego envían desde esa conciencia la fuerza de su amor a su hermano o hermana, esto produce un efecto incomparablemente mayor que una oración «solamente», a la que le falta la participación de ustedes. Con ello se han convertido, en el sentido más literal, en «colaboradores» de Mi viña.

Como «algo adicional», se produce una interacción con otras energías de la misma vibración, aparte de todo lo que procede de Mi corazón para el bien del alma y de la persona.

Mediante este ejemplo pueden reconocer las posibilidades, en su mayoría todavía desconocidas y ocultas, que existen dentro de ustedes. Son una parte del potencial divino del que siempre hablo cuando les recuerdo su verdadera grandeza. Reconocerlas es muy importante para ustedes. Desarrollar sus talentos y permitir que se conviertan en bendición para todos es una tarea maravillosa. La realizarán con una alegría cada vez mayor cuando vean más y más los buenos frutos de su trabajo y perciban los efectos que produce en su entorno y también en ustedes mismos.

Comportarse así, es decir, utilizar bajo su propia responsabilidad y conforme al amor las fuerzas que he depositado dentro de ustedes, no es una instrucción para sentirse Dios ni actuar como Dios. Pero convierte a los hijos de Mi amor en hijos e hijas adultos.

Este, Mis amados, es Mi regalo de Navidad para ustedes. Si no solo lo desenvuelven, sino que incorporan libremente su contenido a su vida, se les abrirá su contenido de valor infinito, que procede de Mi amor paternal.

Amén

(1) Jakob Lorber: «En esto reside la sabiduría suprema: que se vuelvan sabios mediante el amor vivo. Pero todo conocimiento sin amor no sirve de nada. Por eso, no se preocupen tanto por adquirir mucho conocimiento, sino por amar mucho; entonces el amor les dará lo que ningún conocimiento podrá darles jamás».

El gran Evangelio de Juan, tomo 4, cap. 1