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El Sanador y Consolador habita en ustedes

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Der Heiler und Tröster wohnt in euch

Fecha original: 10 de mayo de 2008

Traducción al español latinoamericano.

Encuentro del 10 de mayo de 2008 en Würzburg

Revelación divina

¡Despierten, Mis amados hijos, despierten! Mi luz suave y vivificante desciende sobre ustedes como un rayo poderoso desde las profundidades del Hogar, y el amor ilimitado que procede de Mí, la Divinidad, los envuelve y desciende a su interior, sin importar si se encuentran de este lado o al otro lado del velo; porque Mi amor no hace diferencias y nadie queda excluido. Mi amor no separa; no los divide entre aquí y allá, ni entre buenos y malos; no prefiere a un hijo sobre otro, no pone condiciones, no valora, no juzga ni condena.

De lo contrario, ¿en qué se diferenciaría el amor que Yo les regalo como Padre de aquello que los Míos entienden habitualmente por amor? Cuando digo «habitualmente», expreso que todavía es pequeño el número de quienes están dispuestos a ir más allá de los límites de su propia capacidad de amar y a presentir verdaderamente la grandeza ilimitada del amor del Padre. La capacidad humana de expresión no conoce medida ni concepto para ello; y tampoco les ha sido dado a los seres de la Luz, sus hermanos y hermanas en el Hogar, distinguir y explorar la profundidad última del amor del Creador.

El amor, hijos Míos, es la esencia y el fundamento primordial de todo ser. Pero también es, al mismo tiempo, el motivo de todo lo que sucede y le ocurre a una persona en su vida, así como de todo aquello que ustedes perciben a su alrededor en esta Tierra. ¡Quien pueda comprenderlo, que lo comprenda!

Hijo Mío, tú que todavía llevas una vida despreocupada, segura y cómoda: ¿Eres consciente de que soy Yo quien pide entrar en tu corazón y te exhorta a buscar a tus hermanos y hermanas para darles de aquello con lo que un destino benévolo te ha bendecido abundantemente? Permíteme transformar tu dureza de corazón y tu indiferencia, porque Yo Soy el Espíritu del amor misericordioso y eternamente generoso que vive en ti y en tus hermanos.

Y tú, amado ser Mío, que estás enredado en disputas y discordias, recapacita y concédeme también la entrada. Procura crear paz y concordia dentro de ti y a tu alrededor inclinando la cabeza, tendiendo la mano a tu prójimo, pidiendo perdón y perdonando por el bien de tu alma. Entrégame la falta de reconciliación que amarga tu corazón y lo mantiene aprisionado, porque Yo Soy el amor reconciliador que se entrega eternamente y construye puentes entre tú y tu prójimo.

Y tú, hijo Mío, que pasas tu vida entre miedo y preocupación, aflicción y disgusto, ¿acaso no dije: «Vengan a Mí todos los que están fatigados y cargados, y Yo los haré descansar»? ¿No crees que así es? ¿Ayer como hoy y también por todo el futuro? ¿No sabes que la Ley de tu Padre conoce una sola meta: el bienestar de todas Sus criaturas? ¿No sabes que el amor conoce una sola preocupación: volver a estrechar entre sus brazos, en el Hogar, a todos sus hijos? Oh, vengan, Mis amados, vengan a Mí; Yo quiero enseñarles la verdadera comprensión de las leyes de la vida.

Y tú, que no conoces otra cosa que la persecución del dinero y los bienes, del reconocimiento y la carrera profesional: considera que tu alma tiene sed y hambre y procura adquirir riquezas de otra naturaleza. Porque cuando atravieses el velo y el vestido que dejas atrás se convierta en el polvo del que fue hecho, ¿dónde estarás entonces? Yo te digo: «El alma estará allí donde estuvo tu corazón durante toda tu vida». Y bienaventurado aquel cuyo corazón estuvo Conmigo.

Y a ustedes, que tienen que cargar con sufrimiento, dolor, enfermedad y fatiga: ¿No dije acaso: «Permítanme ser su Médico y Sanador»? Ciertamente, el hijo que contempla su vida únicamente con ojos terrenales no puede encontrar nada útil en el sufrimiento y el dolor. Pero quien lleva dentro de sí la certeza de su alma inmortal, nacida de la Luz y envuelta durante el período de una encarnación en un cuerpo material nacido del polvo, sabe que su Padre no los castiga ni se equivoca, sino que Su amor y Su justicia son perfectos y que, por consiguiente, cada uno tendrá que cosechar las espinas que él mismo sembró anteriormente, a menos que las haya transformado con Mi ayuda.

Oh, Mis amados, ¡escuchen! Cuando sufren y atraviesan un tiempo de dura aflicción, cuando su cuerpo deja de prestarles servicio y los obliga a permanecer en el lecho de enfermedad, en esas horas estoy especialmente cerca de ustedes. Sin embargo, este cáliz de amargura tiene el profundo sentido de purificar y transformar a Mi hijo. El dolor quiere hacerlos conscientes de su conducta y de las injusticias cometidas, para que, mediante la purificación, el alma de Mi hijo recupere su pureza divina original.

Reconozcan: El gran Sanador y Consolador habita en ustedes. Dirijan sus peticiones a Mí y pueden tener la seguridad de que recibirán alivio y sanación en la medida en que sea lo mejor para su alma y su cuerpo.

Considerados de esta manera, el sufrimiento, el dolor y la fatiga pueden convertirse para ustedes en una experiencia luminosa del amor y la misericordia infinitos e ilimitados, de la bondad, benignidad y gracia de su Padre celestial. Pues ¿qué sentido tendría que Yo los sanara y liberara si ustedes no estuvieran dispuestos a volverse hacia Mí, sino que siguieran aferrados a la causa de su destino?

Dirijan su interior hacia Mí en la oración; dirijan el anhelo de su corazón hacia Mí, su Padre, para que Yo pueda conceder comprensión a su ánimo, claridad a su entendimiento y a su conciencia el reconocimiento de su yo inferior, del cual proceden toda fatiga y enfermedad. Entren en el templo de su interior; allí habito Yo y desde hace mucho tiempo los espero. Les enseño a comprender; los ayudo a reconocer qué bloqueos y obstáculos permanecen todavía en su interior. Los sostengo y animo a renunciar a la siembra continua que determina su destino y a apresurarse hacia Mí, el Amor que vive en ustedes.

En verdad les digo, Mis amados hijos: este es el camino que sigue Mis huellas. Este es también el camino que transforma cualquier cáliz amargo de sufrimiento, sea cual sea su naturaleza, en un cáliz lleno del exquisito y dulce vino de la Vida que procede de Mí, su Dios y Padre. Amén.

Revelación divina (como respuesta a una oración)

Mi amada hija, si pudieras presentir cuánto Me alegro por ti. He vigilado todos los pasos de tu vida, los he guiado y te he conducido hasta este punto de tu vida; y lo he hecho por una sola razón: porque te amo por encima de todo.

Has vivido muchas cosas difíciles, has atravesado alturas y profundidades, pero tampoco has permitido que muera en ti el anhelo por Mí. Así pude llevarte hasta el punto en que simbólicamente te arrodillas, inclinas la cabeza y dices: «Padre, perdóname».

¿Cómo podría Yo, que Soy el Amor que todo lo abarca y que no pone condiciones, dejar de cumplir semejante petición? Levántate en tus pensamientos, hija Mía, eleva tu corazón y tus ojos y mírame; y Yo te digo: «Si tú lo deseas, hija Mía, en este momento eres libre».

No existe nada que Yo no pudiera o no quisiera perdonar. Me es imposible no perdonar, sin importar lo que haya hecho un hijo. Créeme, en el transcurso de la Creación han sucedido cosas peores.

Has tomado Mi mano; no vuelvas a soltarla. Siempre que te sea posible, entra en esta relación interior e íntima; deja que el amor fluya desde ti y recibe Mi amor. Él te hace fuerte para procurar la reconciliación en todos los lugares donde todavía sea necesaria; pero, sobre todo, te hace fuerte y lúcida para liberarte de las acusaciones que diriges contra ti misma.

Te tomo una vez más entre Mis brazos y te digo, hija Mía: «Todo está bien. Eres libre». Amén.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, una vez más quiero dirigirles unas breves palabras. Yo Soy la Vida, y precisamente en este tiempo la vida se expresa con una plenitud nunca antes contemplada. No sin razón llaman a este mes el «mes de la alegría», porque, dondequiera que miren, todo florece.

¿Cómo se ve su interior? ¿Ya se han dejado contagiar por esta vida? ¿También ustedes han florecido? ¿Están dispuestos a florecer? Esto, Mis amados, sería un cambio importante y necesario. Sin embargo, la mayoría de las personas no suele realizar cambios con mucho gusto. Esto guarda relación con la inercia de la materia y tampoco suele ser bien recibido porque todo cambio significa trabajo.

Por eso muchas personas permanecen en las circunstancias de vida que ellas mismas eligieron y no querrían cambiarlas ni siquiera si recibieran consejos y recomendaciones de otras personas. Es su mundo; allí saben desenvolverse, allí se han instalado y allí se sienten relativamente seguras.

Pero ustedes saben que en Mi Creación todo es evolución y que no puede existir una paralización duradera. Por eso también te moveré a ti, hijo Mío, y a ti y a ti, a realizar un cambio, porque quiero atraerte más cerca de Mi corazón.

Recuerda los días de tu primer enamoramiento. ¿No era el mundo de color de rosa? ¿No resultaba todo mucho más fácil que durante las semanas y los meses anteriores? ¡Cuánto te alegrabas de estar junto a la persona amada! Y quien te observaba podía reconocer fácilmente: has cambiado, has florecido. Tienes una meta. La alegría ha entrado en tu vida.

No es difícil trasladar esta imagen a nuestra relación. Si este florecimiento ya es posible en el ámbito humano, es decir, en relación con otra persona que entró en tu vida, ¡cuánto más debería estar llena esta relación de una alegría indescriptible y de una fuerza nueva cuando se trata de NOSOTROS DOS!

Si en principio estás dispuesto, si aceptas un cambio, entonces ¡déjate transformar! Yo estoy preparado, espero y te doy una pequeña ayuda: cuando pienses en Mí, expresa, si es posible con sentimientos profundos, que has florecido:

«He florecido porque experimento el amor de mi Padre».

Entrégate a este sentimiento de haber florecido y comenzarás a mirar de otra manera, primero imperceptiblemente y después de forma visible también para los demás; cambiará la expresión de tu rostro y tus ojos resplandecerán. Entonces sabrás que te has enamorado nuevamente. Y este amor jamás te decepcionará. Amén.