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Su camino de regreso a Mí

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Euer Weg zu Mir zurück

Fecha original: 8 de diciembre de 2007

Traducción al español latinoamericano.

Encuentro del 8 de diciembre de 2007 en Würzburg

Revelación divina (como respuesta a nuestras oraciones)

En este momento retomo su oración, sin querer interrumpir ni dar por terminada la ronda de oraciones. Solamente deseo, por medio de este ejemplo [se había orado por una madre y sus cinco hijos fallecidos], acercarles algo y dirigir su mirada hacia sus posibilidades y su responsabilidad.

Es bueno y correcto que Me pidan que, en estos casos y en otros semejantes, deje actuar Mi amor. Pero ¿piensan también que ustedes llevan en su interior fuerzas de amor que todavía no han sido desarrolladas por completo y que esperan ser utilizadas para el bien del prójimo? Aquello que Me piden y que desean que Yo realice también está presente, al menos en parte, dentro de ustedes. Les aseguro que se alegrarán cuando llegue el día en que hayan aprendido a enviar estas fuerzas de amor al mundo y puedan sentir cómo algo cambia allí, en los lugares y en las personas hacia quienes hayan dirigido sus sentimientos de luz, comprensión y sanación.

Por eso quiero realizar ahora con ustedes un pequeño ejercicio:

Ustedes oraron por la madre y por sus hijos. Incluyamos en nuestra oración a todas las personas del mundo que se encuentran en una situación semejante. Lo decisivo es que se liberen, en la medida de lo posible, de toda valoración o idea preconcebida; que no juzguen ni distingan entre el bien y el mal. Ustedes ven lo que ha sucedido, pero aun así aman. Tanto los autores del hecho como las víctimas son hijos Míos y hermanos y hermanas de ustedes. Y como llevan Mi amor divino en su interior, pueden enviarles ese mismo amor como ayuda, apoyo y asistencia.

Abran sus corazones; Yo los ayudaré. Sientan cómo una corriente luminosa de amor fluye desde sus corazones hacia el exterior. Son sentimientos profundos; forman parte de su ser y se encuentran más allá de sus pensamientos y palabras. Son sentimientos de amor que ustedes ya han desarrollado en su interior.

Yo recojo estos sentimientos y los reúno en una gran Luz. Esta Luz es consuelo, sanación, ánimo, amor y misericordia. Son sus sentimientos los que se reúnen aquí, en medio de este recinto, y en los que Yo hago brillar Mi Luz. Es vida sagrada que fluye desde ustedes.

Ahora denle una dirección a esta Luz, pero no una dirección espacial. En estas dimensiones, el espacio y el tiempo no tienen importancia. Dirijan esta Luz, desde su conciencia, hacia todas aquellas personas que, al igual que la madre y sus hijos, necesitan urgentemente de su servicio de amor. El amor fluye por el universo, el amor de ustedes y Mi amor, y llega infaliblemente allí adonde lo han enviado conforme a su deseo desinteresado.

¡En ese momento ustedes cambian el mundo! Cambian el destino de esta madre y de otras madres y niños. La Luz entra en sus almas, sus ojos interiores se abren, ven a sus ayudantes espirituales, levantan la mirada y toman la mano que se extiende hacia ellos. Es Mi mano, Mi amor misericordioso.

Traten de sentir lo que sucede en esas almas. Han dado un paso importante para ellas, y ustedes, Mis amados hermanos y hermanas, han contribuido decisivamente a que en ellas se hiciera la Luz.

Esta manera de orar corresponde a su verdadera naturaleza; vive en ustedes. Son sus fuerzas creadoras las que pueden cambiar, y cambiarán, el mundo visible y el invisible. Practíquenlo tan a menudo como les sea posible. Cuando al hacerlo permanecen unidos a Mí de corazón, nunca actúan según su propia voluntad. Ponen sus actos en Mis manos y pueden tener la certeza de que cuentan con Mi bendición.

Como ya les dije, no quise interrumpir su ronda de oraciones. Quise ofrecerles una ayuda para que puedan enviar la Luz de sus corazones con una fuerza mucho mayor que hasta ahora.

Revelación divina

Mis amados, ¡si ya pudieran ver el resplandor que reina en este recinto! Visto con sus ojos físicos, este lugar no es diferente de otros miles. Y existen innumerables casas semejantes a esta. Para un observador externo, nada indica que aquí esté sucediendo algo maravilloso. ¿Reconocen una pequeña semejanza con lo que ocurrió hace dos mil años en Belén?

Lo que se prepara en el ámbito espiritual no se anuncia de la misma manera que el mundo anuncia sus proyectos. Para la mayoría sucede de forma invisible y, sin embargo, está lleno de una fuerza incomparable. El hecho de que ustedes todavía no puedan verlo quizá los lleve a preguntarse de vez en cuando: «¿Realmente estamos logrando algo?»

Yo les digo, Mis amados: «Están logrando mucho más de lo que pueden imaginar». ¿Cómo fue hace dos mil años? Salvo unos pocos cuyos corazones estaban abiertos y cuya mirada ya se había agudizado, ¿quién podía imaginar que en el pesebre, dentro del establo de Belén, se había iniciado una revolución espiritual al final de la cual la Luz y todos sus fieles alcanzarían inevitablemente la victoria, como debe suceder conforme a la Ley? Para eso vine al mundo: para llevar la Luz a las tinieblas y para que esa Luz mostrara a los seres humanos el camino hacia el cielo de sus corazones. Ya ha mostrado ese camino a innumerables personas y les mostrará a todos el camino hacia su interior.

También ustedes, Mis amados, han encontrado este camino; de lo contrario no estarían aquí. Son como caminantes que han emprendido la marcha hacia una meta digna de alcanzar. Se encuentran en algún punto entre el lugar desde donde partieron y la meta que los espera. En el camino hacia ella cambiarán muchas cosas; en realidad, tienen que cambiar. El paisaje será diferente, conocerán a otras personas, ustedes mismos cambiarán, su visión se ampliará, adquirirán experiencia y aquello que al iniciar su camino apenas intuían llegará finalmente a convertirse en certeza.

Su alma sabe lo que los espera al final del camino; su conciencia humana todavía no lo sabe. Pero el anhelo de sus corazones es lo suficientemente grande como para impulsarlos una y otra vez a continuar, sin detenerse, dejándose atraer por Mi amor, que los espera.

Contemplemos juntos su camino. El motor que los impulsó y continúa impulsándolos es el anhelo de su interior. En algún momento los llevó a emprender la búsqueda, porque tenían innumerables preguntas. Las preguntas acerca de su procedencia, del porqué de su existencia y de su destino no quedaron sin respuesta. Entonces comprendieron: «Soy un hijo de los cielos, un hijo o una hija de mi amado Padre celestial».

Este conocimiento y la decisión de querer regresar al hogar marcaron el comienzo de su peregrinación. En ella avanzan metro tras metro, milla tras milla, y cuando miran hacia atrás ven el trayecto que han recorrido. Su longitud es distinta para cada persona. Si quieres saber, hijo Mío, cuántos metros o millas has avanzado, vuelve la mirada hacia atrás, observa tu punto de partida y tus decisiones, y entonces verás lo que ha cambiado.

¿Sigues siendo la misma persona? ¿Continúas llevando contigo las mismas preocupaciones y temores, las mismas inclinaciones y costumbres, los mismos errores y debilidades? Entonces, hijo Mío, quizá solo hayas recorrido unos pocos metros. Pero si puedes decir: «Señor, me permitiste reconocer esto y aquello, y me ayudaste a abandonar esto y aquello; ya no soy la misma persona», entonces juntos hemos superado con éxito una parte de tu camino. Alégrate si puedes decirlo.

Si todavía no puedes decirlo, deja que esto te impulse a mirar hacia adelante. Permite que se te infunda ánimo; mira también a quienes, tomados de Mi mano, ya han avanzado una buena parte del camino. Deja entonces que el anhelo crezca con más fuerza en ti y que surja este deseo: «Sí, Dios mío, quiero avanzar hacia Ti, hacia la Luz, hacia el amor, hacia la patria eterna». En muchas revelaciones les he mostrado la clave para lograrlo.

Cuando caminé por esta Tierra como Jesús de Nazaret, les dije que aún tenía muchas cosas que decirles, pero que todavía no podían comprenderlas. Me refería a las personas de aquella época. Ustedes, Mis amados, saben mucho más. Les he dado las herramientas necesarias y también han iniciado la marcha. Pero ahora tienen ante sí tareas que en aquel tiempo todavía no podía explicar detalladamente a las personas. Los introduciré cada vez más profundamente en ellas, porque también forman parte de aquello que el alma se propuso aprender.

Hablo de sus capacidades creadoras, con las que deben cambiar el mundo y con las que lo cambiarán. Pero siempre fue, y sigue siendo, indispensable que quien desea realizar algo se conozca primero a sí mismo, cumpla con sus «tareas escolares» y después, con el corazón encendido, emprenda el tramo siguiente que lo espera. Ese tramo del camino consiste en cambiar el mundo, Mis amados, mediante lo que han aprendido, utilizando sus sentimientos amorosos, por medio de su ejemplo y de la fuerza que todavía permanece oculta y sin desarrollar dentro de ustedes.

Alégrense por el tiempo que tienen por delante, pues representa un gran paso para todos aquellos que desean acercarse cada vez más a su meta como caminantes y llevar consigo, durante esta peregrinación, a muchos de sus hermanos y hermanas. Amén.

Revelación divina

Miren, Mis amados, a todos aquellos que recorren este camino, tal como lo he descrito en innumerables revelaciones. ¿Qué sucede con ellos? Crecen más allá de sí mismos. Porque, como ya les he dicho muchas veces, en cada uno de sus corazones existe una misión que ustedes mismos eligieron en otro tiempo, que está grabada de manera imborrable en lo profundo de sus almas y que allí permanecerá.

Cuando recorrí esta Tierra como Jesús, muchos seres de Luz, entre ellos muchos de ustedes, descendieron Conmigo a las profundidades de la materia para ayudar a cumplir la misión que llevaban en su interior. Para cada uno de ustedes era una pequeña participación dentro de la gran obra de Mi gran plan. Muchos regresaron una y otra vez para sobrellevar las cargas que les habían sido impuestas o para intentar, solos o en comunidad, cumplir con su misión y llevar Luz a este mundo y a Mis hijos, a fin de que se apartaran de las cosas exteriores y se dirigieran en su interior hacia el cielo que habita en lo profundo de cada alma.

Y ahora, Mis amados, han regresado nuevamente, dispuestos a servir, a amar y a hacer avanzar nuestra obra común otro trecho; y digo conscientemente: un gran trecho. Si recorren el camino para crecer y madurar, para dejarse iluminar por completo y ampliar su conciencia hacia Mi amor, les digo: «Esta es una parte; la otra consiste en crecer más allá de ustedes mismos». Esto significa entregarse a Mí y madurar, alejándose de su voluntad propia y de su ego, que con demasiada frecuencia quiere detenerlos o incluso desviarlos. Significa madurar hacia Mi voluntad y convertirse en recipientes de Mi voluntad divina, que es Mi amor hacia todo lo creado.

En definitiva, Mis hijos e hijas, se trata de permanecer únicamente al servicio humilde y amoroso de sus hermanos y hermanas, sí, al servicio de toda la Creación. Pero solo puede entregarse por completo a Mí y cumplir plenamente esta misión quien antes Me haya entregado todo aquello que todavía le impide realizarla.

Por eso quiero infundirles ánimo una vez más: esfuércense cada día por tomar conciencia del gran corazón que late en su pecho. Aunque se sientan seres humanos, Yo les digo que en verdad son poderosos seres de Luz, nacidos de Mi Luz primordial y sostenidos por Mi amor. Así fue desde el principio, así es hoy y así será hasta que todo lo que cayó vuelva a encontrarse en la patria primigenia y eterna y, al contemplar retrospectivamente lo sucedido, reconozca que Mi amor lo elevó todo, que Mi Luz lo penetró y transformó todo, devolviéndolo al estado que tuvo en el principio.

Por tanto, tengan valor y den cada día el paso que a cada uno le corresponda. Sepan que cada paso que dan hacia la Luz cambia todo a su alrededor. Todas las predicciones hechas sobre el futuro habrán perdido ya mañana su validez, porque ustedes, Mis fieles, y muchos junto con ustedes, actúan conscientes de su fuerza y poder, conforme a Mi amor y al espíritu de su misión. Amén.

Revelación divina

Mis amados, Me refiero a la letra de la canción que acaban de cantar [«Cuando Tú nos declaras libres, entonces hay libertad»] y la relaciono con lo que hablaron al principio acerca de las letras de las canciones y de los sentimientos.

Quiero conducirlos cada vez más profundamente hacia su interior, para que lleguen al ámbito de sus sentimientos y, durante este proceso, dejen cada vez más de lado el intelecto, que con frecuencia se interpone en su camino. Utilicen el intelecto como ayudante del corazón y no permitan que tome el control. Cuando hayan aprendido a hacerlo y sientan el deseo de pensar con el corazón, vengan a Mí y pídanmelo. Yo fortaleceré los sentimientos de sus corazones y disminuiré el predominio del pensamiento intelectual.

Consideren desde este punto de vista la canción que acaban de cantar: «… cuando Tú nos declaras libres, entonces hay libertad». La libertad, Mis amados, es su bien más preciado, y Yo jamás limitaré su libertad. Por tanto, tampoco puede existir una razón por la cual Yo tuviera que declararlos libres, porque no fui Yo quien los encadenó.

Entonces, ¿quién los encadenó o les quitó la libertad? ¿No fueron ustedes mismos? Miren ahora esa frase con otros ojos. Yo te digo, hijo Mío: «Si quieres ser libre, entonces eres libre, y lo eres en este mismo instante por la fuerza de Mi amor». Yo no soy un Dios rencoroso ante el cual sea necesario acudir a suplicar. No deseo nada más que ver a Mis hijos crecer en libertad y liberarse de las cadenas que ellos mismos se colocaron.

Reflexionen sobre esta frase. Lleven estas palabras consigo y, si les es posible, reconozcan en ellas Mi mano amorosa y el regalo que les ofrezco. Amén.

Revelación divina

Vayan, pues, como Mis hijos e hijas. Ustedes saben lo que quiero decir con esto: dentro de ustedes están la fuerza y el poder que Yo no deposité en la naturaleza humana, sino en el ser espiritual que ustedes son y que está encarnado en su cuerpo.

Recorran, Mis hijos e hijas, sus caminos cotidianos y bendigan. Desde Mi amor inconmensurable, ilimitado y sin sombras, envíen amor a quienes lo necesitan. No se pregunten si es posible que suceda; sepan que sucede.

Quien actúa de esta manera lo hace con la autoridad del hijo y de la hija que ustedes son. Les digo que dejarán huellas luminosas y que todos aquellos a quienes bendigan y alcancen con Mi bendición, que entonces también será la bendición de ustedes, ya no serán los mismos a partir de ese momento. Esto es válido para todo, Mis fieles: para los elementos, los astros, las plantas y los animales; es válido para toda la Creación que les he confiado. Libérense de su limitada conciencia humana y encuentren aquello que en verdad son desde la eternidad y por toda la eternidad: hijos e hijas de los cielos, a quienes pertenece todo lo que Yo poseo y llamo Mío. Todo lo que Me atribuyen también se encuentra dentro de ustedes.

Vayan y háganlo realidad, Mis hijos e hijas. El Gloria que cantaron al principio es el sonido y el resplandor de los cielos que los rodean, ahora y en el futuro, en el tiempo y en la eternidad, Mis amados hijos e hijas. Amén.