Queridos hermanos:
Durante una investigación encontré en una revelación anterior un pasaje que considero interesante para todos nosotros. En esa ocasión tomé conciencia de que muchas veces —y esto probablemente se aplica a la mayoría— pasamos con demasiada rapidez por alto afirmaciones que recibimos en los mensajes del Padre o de Cristo.
Tal vez a algunos de ustedes les suceda lo mismo que a mí. En mi opinión, el pasaje adjunto es un ejemplo de ello. Me he propuesto ser en adelante aún más sensible que antes y no pasar tan deprisa por alto las muchas «joyas» contenidas en las revelaciones.
Con mucho cariño
Hans
Fragmento de una revelación:
Muchas de sus oraciones o invocaciones las pronuncian desde la posición de quien pide. Es un vestigio de un tiempo en el que las personas todavía estaban muy lejos —y en su mayoría aún lo están hoy— de reconocerse como criaturas libres de Mi amor, portadoras de un gran potencial espiritual. No eran ni son conscientes de que su tarea consiste en avanzar hacia Mí; por eso, casi siempre se trataba y se sigue tratando de pedirme algo, de dejar algo en Mis manos y esperar a ver qué sucederá después.
«Padre, no me abandones» es un ejemplo, al igual que:
«Señor, abre Tu corazón para mí»;
«Jesús, por favor, haz esto o aquello por mí»; o
«Amado Dios, no Te olvides de mí».
Si reflexionan, encontrarán muchas otras expresiones semejantes.
Ahora, conscientes de que quieren expresar su voluntad de acercarse a Mí, transformen sus súplicas en declaraciones sinceras de intención y háblenme como hijos de Dios que comienzan a tomar conciencia de lo que son. Entonces podría sonar así:
«Padre, yo no Te abandonaré»;
«Señor, abro mi corazón para Ti»;
«Jesús, yo hago esto o aquello por Ti»; o
«Amado Dios, no me olvidaré de Ti».
Cada uno de ustedes percibirá la diferencia. Consiste en abandonar la actitud pasiva de «no soy más que una persona débil» y hacer algo, proponerse algo, quizá incluso prometer algo; en todo caso, actuar. Cuando lo practican, dan un paso importante hacia su vida espiritual: reconocen que son más que pecadores indefensos y afirman que una fuerza —Mi fuerza— quiere cobrar vida en ustedes, una fuerza que puede y habrá de ponerlos en movimiento si esa es también la voluntad de ustedes.
Así, el seguimiento del que hablé en Mi última revelación se hará visible en su vida, tanto para ustedes mismos como para los demás.