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Puesta en práctica del conocimiento espiritual

Fuente: Hans Dienstknecht

Título original: Umsetzung geistigen Wissens

Fecha original: 14 de febrero de 2009

Traducción al español latinoamericano.

Revelación divina

Desde la luz eterna saludo a Mis hijos, a Mis hijos e hijas, y estoy en medio de ustedes. Preguntaron en tono de broma si acaso Yo ya estaba presente. Les digo: «Estoy con cada uno de ustedes desde la eternidad». Y bendigo a los Míos, que se reúnen en Mi espíritu e intercambian acerca de la verdad divina, para que el fondo de su alma comience a resplandecer y quede colmado de conciencia divina; pues para cumplir esto han venido todos aquí.

Sepan, pues, que Mi luz los envuelve, que Mi amor los inunda, que Mi espíritu los acompaña de eternidad en eternidad, sin importar si caminan como seres espirituales o recorren esta Tierra, como sucede ahora.

En verdad les digo: aunque son pocos en número, están rodeados por incontables hermanos y hermanas suyos, tanto de las regiones de purificación como de los cielos; pues allí donde Yo, su Señor y Dios, alzo Mi palabra, allí se reúnen Mis hijos.

Continúen, pues, su encuentro con la conciencia de que estoy muy cerca de ustedes. Oren, oh, oren, Mis hijos, pues la fuerza del amor hace falta en tantos lugares, no solo en esta Tierra. Porque el amor es luz y, en verdad, la oscuridad solo puede ser atenuada por esta luz de amor y finalmente transformada de nuevo en la sustancia primordial pura que constituye el fundamento de todo lo que he creado.

Mi amor los acompaña y Mi bendición llena de luz a cada uno. Permanezcan unidos a Mí, su Señor y Dios, Mis amados hijos. Amén.

Oración

Amado, Eterno, Santo, Tú que eres nuestro Padre, presérvanos de considerar alguna vez como algo natural la cercanía que acabamos de sentir y que todavía sentimos hacia Ti, así como Tu palabra directa. Incontables personas en el mundo se considerarían infinitamente felices y emprenderían largos viajes si pudieran vivir algo semejante.

De un instante a otro estás presente, hablas con nosotros, nos atraes hacia Tu corazón y nos introduces en Tu verdad infinita, de modo que reconocemos: ¡no existe separación! El aquí y el ahora, el mundo espiritual y, sobre todo, Tú: todo es uno, está eternamente unido, y solo por la limitación de nuestra conciencia permanece imperceptible para nosotros la mayor parte del tiempo.

Presérvanos de pasar con demasiada rapidez por alto el hecho de que estás más cerca de nosotros que nuestros brazos y piernas. Son momentos santos que abren y conmueven nuestro corazón, y nosotros, como hijos Tuyos, inclinamos la cabeza ante Ti y ante Tu amor infinito, llenos de reverencia y gratitud. Amén.

Revelación divina

En verdad, en verdad, Mis amados, su mundo arde y los corazones de muchas personas están llenos de miedo y desesperación. Se aferran a más de una tabla de salvación que les promete seguridad. Pero les digo: «¡La seguridad solo existe en Mí! ¡Fuera de Mí nadie encontrará una seguridad verdadera y duradera!».

Sin embargo, la seguridad en Mí significa al mismo tiempo que el ser humano se esfuerza por vivir en la seguridad de Mi ley del amor. Si no lo hace, se aparta de Mi seguridad y queda sometido a las leyes del mundo y a sus propias leyes. Pero en el momento en que puedo llegar hasta él mediante un impulso o un acontecimiento, y comienza a reflexionar, decidir y cambiar de rumbo, la seguridad de Mi ley del amor puede acogerlo nuevamente.

¿Qué significa, entonces, vivir en Mi ley? Quiero conducirlos un poco más profundamente hacia estas verdades para que cada uno —si así lo desea— pueda reconocer por sí mismo en qué medida ya vive en Mi ley y con ella.

Mis hijos se encuentran en los más diversos niveles de desarrollo del alma. Muchos Me rechazan y no creen en Mí. Creen en sí mismos, en la casualidad, en las posibilidades humanas y, con ello, viven en su propia ley, por la cual también son guiados.

Muchos de Mis hijos, en cambio, han dado el paso hacia la fe en Mí. Pero ¿basta por sí sola la fe para conocer y vivir las leyes del amor? En muchos casos se han agrupado en comunidades religiosas. Como ustedes mismos saben, pertenecer a una comunidad no garantiza que sus seguidores o miembros vivan en seguridad y encuentren el camino hacia los cielos. Se puede pertenecer a ella, sentirse a gusto en una comunidad y, sin embargo, olvidarme en la vida cotidiana.

Otros, en cambio, que Me perciben en su corazón y cuyo amor por Mí ha despertado, se reúnen no solo para leer la Biblia, escuchar sermones o cantar canciones espirituales, sino para hacer algo: ya sea exteriormente, prestando un servicio de amor, por ejemplo a los pobres y enfermos, o interiormente, reuniéndose en los llamados círculos de oración, como ustedes lo hicieron hoy.

Además, en todo el mundo existe una serie de grupos, en su mayoría pequeños, en los que estoy vivo, en los que alzo Mi palabra e instruyo directamente a los Míos desde Mi espíritu, tal como lo hice en el cristianismo primitivo y como también sucede, entre otros lugares, aquí en su círculo.

Quienes escuchan Mi palabra ya no dependen de tradiciones de 2000 años de antigüedad ni de diversas interpretaciones realizadas por personas con distintos niveles de conciencia; no, reciben directamente de Mí, el espíritu eterno de la vida, explicación, enseñanza e indicaciones para su aplicación práctica.

¿Se han preguntado alguna vez por qué alzo Mi palabra en estos círculos? ¿Lo hago solamente para «entretener» a Mis hijos? ¿O persigo con ello algo especial? ¿Tengo una intención, una meta? Conocen la respuesta: Yo Soy el amor, y el amor tiene un único deseo que se cumplirá porque es Mi voluntad: traer de regreso hacia Sí todo lo que ha caído, y preparar, fortalecer y conducir al conocimiento a todos aquellos que prometieron ayudar en ello, para que tomen las decisiones correctas para su vida.

Por tanto, no se trata solamente de escuchar Mi palabra, sino de convertirse en hacedores de esta palabra y serlo. Esto vale especialmente cuando no se trata solo de discursos generales y edificantes ni de palabras alentadoras, sino de instrucciones muy concretas para la vida, como las que también les doy aquí. Deben ser hacedores, lo cual significa permitir que Mi palabra revelada actúe en su vida. Significa aplicar Mis verdades allí donde han sido colocados.

Muchas veces Mis hijos opinan que ya lo hacen, al menos hasta donde lo permiten su comprensión y sus posibilidades. Con frecuencia es así, pero otras veces más de uno cae en el autoengaño. Por eso quiero darles algunas ayudas que pueden permitirles reconocer cuán serio es su esfuerzo.

Mis palabras nunca acusan ni reprochan; esto lo saben. Siempre las pronuncio con la intención de fomentar el conocimiento de ustedes mismos y abrir los ojos de cada uno para que vea si su amor por Mí y su esfuerzo son suficientemente grandes. Si lo son, siempre sentirán la alegría vinculada a este reconocimiento. Si al examinarse descubren que aquí o allá todavía hay algo que mejorar, es posible que se entristezcan un poco por ustedes mismos. Pero entonces decidan y vengan a Mí. Como principio general y en todas partes —no solo para quienes escuchan y leen Mi palabra— vale lo siguiente: quien acumula conocimiento espiritual, quizá incluso durante muchos años, ha asumido con ello la obligación de poner este conocimiento en práctica.

Si quieren saber en qué medida su esfuerzo está sostenido por una decisión sincera, les pido que empleen el llamado razonamiento inverso. Quiero darles un ejemplo:

Si se proponen recorrer una distancia determinada, cuando hagan una pausa y miren a su alrededor deberán encontrarse en un punto distinto de aquel desde el cual partieron. No importa cuán larga o corta sea la distancia. Pero así pueden reconocer que se han «movido». Si, por el contrario, al mirar a su alrededor continúan viendo las mismas cosas, permanecen en el mismo lugar y tienen delante el mismo entorno, pueden repetirse cien veces: «Pero sí me he movido»; los hechos hablan otro lenguaje.

Ahora apliquemos este ejemplo a su vida cotidiana. Quien ha recorrido el camino Conmigo t i e n e q u e h a b e r c a m b i a d o. Muchas cosas en su vida tienen que haberse transformado para bien. Y para que esto no permanezca abstracto, vayamos a lo completamente práctico.

Miren dentro de los ámbitos de su paciencia, también de la paciencia consigo mismos. Miren dentro de los ámbitos de su puntualidad, su orden y confiabilidad. Observen de qué cosas y personas todavía dependen. Miren también allí donde aún permanecen preocupaciones y temores, donde todavía los dominan emociones no deseadas. Si estos ámbitos —y muchos otros— se han iluminado en gran medida, entonces ya hemos recorrido juntos un buen tramo del camino.

Si descubren que todavía hay bastantes cosas de ustedes mismos que les molestan, que existen cualidades y comportamientos con los cuales llevan mucho tiempo luchando, si encuentran escondites dentro de los cuales no les agrada mucho mirar porque quizá rehúyen el esfuerzo de tener que realizar allí un cambio o porque sienten miedo de aquello que eventualmente podrían encontrar, entonces vengan a Mí.

Pues vine al mundo para ser para Mis hijos humanos una ayuda que puedan aplicar en su vida. No vine simplemente para impulsarlos a creer en Mí, sino para abrir su corazón a fin de que aprendan a amarme y a amarse a sí mismos.

Si deciden recorrer en adelante el camino Conmigo de una manera un poco más intensa, observen si el motivo para hacerlo es el amor; y presten atención a que el miedo, la presión, una obligación o unas «prohibiciones» mal entendidas —que de todas maneras Yo no pronuncio— no sean la fuerza que los impulsa. Solo existe un motivo verdadero que promete un cambio duradero —y que no solo lo promete, sino que lo produce—: buscar un cambio por amor a Mí, su Padre. Cuando este amor arda en su corazón, harán todo lo posible por mirar también dentro de los ámbitos que hasta ahora quizá habían excluido. Con Mi ayuda comenzarán entonces a amarse también a ustedes mismos.

Tú, tú y tú, hijo Mío, ¿ya te amas a ti mismo? ¿Tal como eres todavía en este momento? ¿O sigues insatisfecho contigo? Ven a Mí y deposita ante Mí tus preocupaciones y necesidades; pues con ello reconoces al mismo tiempo que eres consciente de esas cosas y que Me aceptas como tu ayudante. Así creces hacia una vida nueva. Ya no pasas apresuradamente por alto muchos de los impulsos que te trae el día. Comienzas a cuestionarte y, si lo haces con seriedad, hijo Mío, te digo: «Recibirás la respuesta, directa o indirectamente».

Si la aceptas y dices: «Sí, Padre, ese es el punto; Te doy gracias», entonces estoy a tu lado con toda Mi fuerza para impulsarte a «moverte» también en ese punto. Y cuando mires atrás —dentro de algunas semanas o meses—, comprobarás que tu paisaje interior se ha transformado. Esta es una señal segura de que algo ha sucedido dentro de ti y contigo.

La meta que se encuentra ante cada uno de Mis hijos se llama libertad. Pues Yo Soy la libertad, y llamo a todos Mis hijos, en todo el mundo y también en esta ciudad:

«Vengan a la libertad. Recuerden quiénes son. Reconozcan lo que sucedió y lo que permitieron. Reconozcan sus dependencias y temores. Sean sinceros consigo mismos y perdonen a quienes los ataron. Pues solo pudieron hacerlo porque ustedes —por las razones que fueran— permitieron que sucediera».

En algún lugar de su alma, todo aquel que permite que lo aten posee debilidades. Estas debilidades fueron aprovechadas. Pero ahora los llamo a la libertad y hago fluir hacia ustedes toda la luz y todas las ayudas que necesitan.

Les digo: «Despréndanse de sus temores por la subsistencia y de sus preocupaciones acerca de cómo será su futuro».

¡Yo Soy quien tiene su futuro en Mis manos, si ustedes Me lo entregan! Yo Soy la seguridad, la única seguridad para cada uno de ustedes. Y esta seguridad, si así lo desean, envuelve a cada uno en un amor inimaginable. Este amor conoce caminos para salir de cualquier dilema personal, caminos que el ser humano no puede imaginar. Vengan, pues, Mis amados, ¡vengan a su libertad! —

Aunque Mis palabras fueron muy serias, saben que están sostenidas por Mi amor y que Mi palabra, que dirijo a ustedes, sirve única y exclusivamente para impulsar a cada uno a dar sus pasos. Cada uno determina por sí mismo si lo hace y en qué medida. Mis amados, recuerden todavía una cosa, para que ni la más pequeña chispa de miedo intervenga en sus actos:

Sea cual sea la decisión que tome un hijo y la manera en que lo haga, nada cambiará jamás en Mi amor por él ni en Mi disposición a ayudar. Amén.

Revelación divina

Mis amados hijos e hijas, el tiempo de su encuentro ha transcurrido, pero las huellas que dejan perduran. La luz que emanó y emana de ustedes, y que fue y es fortalecida por Mí, el Eterno Primordial, realiza buenas obras.

Les digo: su mundo se tambalea; pero deseo que ustedes sepan que están de pie sobre terreno firme, y ese terreno firme soy Yo. Quien aún no esté firmemente arraigado y anclado en Mí, Mis amados, que se esfuerce por extender cada vez más sus raíces interiores dentro de Mí; pues —como les dije— hoy esto o aquello todavía puede significar seguridad para el ser humano y hacerle creer que aún puede apoyarse o aferrarse a ello. Pero les digo: este tiempo pasará y se hará cada vez más evidente que no existe seguridad en ningún lugar, sino únicamente en Mí, su Dios y Padre.

Por eso aparten su interior de las exterioridades pasajeras, distánciense del necio ajetreo del mundo y reconozcan dónde todavía conceden poder sobre ustedes al engaño y al error. Después libérense y despréndanse de ellos, pues ¿qué podrían ofrecerles? Encuentren en su silencio interior la calma y la paz que necesitan para atravesar el tiempo que se extiende ante ustedes. Pues ¿quién de ustedes podría transmitir paz y amor a su prójimo si antes no ha desarrollado dentro de sí la paz, el silencio, la calma, la serenidad y el amor?

Mis amados, les he dicho cómo debe recorrerse este camino, y no dejaré de revelarme una y otra vez al respecto. Pues los anhelo y les muestro el camino. Hablo acerca del camino y camino a su lado; y junto a quien está y permanece en Mí también caminan muchos mensajeros de la luz, y no tiene que temer a nada.

Los amo, Mis hijos, Mis hijas. Por eso, una vez más: no teman y alégrense, aunque la recompensa por todo lo que hacen y dan no sea visible de inmediato. Sepan, sin embargo, que los espera en la patria. El sufrimiento y el dolor, todas las aflicciones y toda necesidad llegan a su fin, pero la recompensa, Mis fieles, perdura eternamente.

Yo Soy el que Soy, de eternidad en eternidad, y ustedes son Mis hijos de eternidad en eternidad. Amén.