Encuentro del 13 de octubre de 2007 en Würzburg
Revelación divina
(como respuesta a nuestras oraciones)
Mis amados, aquello que se hace en Mi nombre está bien hecho. Porque a quien Me ama no solo le brota del corazón el amor hacia Mí, sino que su corazón también rebosa de amor por Mi creación. Mi creación forma parte de ustedes mismos y, puesto que Yo habito en ustedes, la esencia de todo cuanto he creado también vive en cada uno de ustedes.
Por lo tanto, si Mi creación o alguna parte de ella les resulta indiferente, entonces también muestran indiferencia hacia ustedes mismos y, aún más, hacia Mí, su Padre. No dejen de cumplir su tarea con esta conciencia y tengan siempre presente el poder y la fuerza con los que la Divinidad, Yo, su Padre, ha dotado a cada uno de ustedes.
Mis hijos e hijas, quizá se consideren pequeños si se comparan con la grandeza de la Tierra, que es su planeta natal en el ámbito terrenal, o mucho más aún si se comparan con la grandeza y profundidad de la inmensidad y de la infinitud que los rodea. Pero Yo les digo: si entran en su corazón y permiten que el amor que allí habita irradie y fluya hacia afuera, entonces Yo ciertamente haré Mi parte y convertiré esa llama que a ustedes les parece tan pequeña e insignificante en una gran llama.
Y esa llama tocará todo aquello hacia donde ustedes la envíen y todos los lugares hacia los cuales Mi voluntad le abra el camino, ya sea en esta Tierra, en los lugares donde habitan las almas necesitadas o en cualquier otro lugar de la infinitud.
Yo les digo, Mis hijos e hijas llenos de fuerza: llegará el día en que se les permitirá contemplar aquello que todavía no les ha sido concedido ver, el poder y la fuerza, la luz y el amor que pueden fluir de sus corazones cuando ustedes así lo desean y lo permiten.
Así estoy con ustedes y los acompaño durante esta hora consagrada, Yo, su Padre, que los ama. Amén.
Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, nunca dejaré de recordarles quiénes son, tal como acabo de hacerlo. Tampoco dejaré jamás de infundirles valor para mirar de frente las adversidades del mundo material y enfrentarlas con la conciencia de quiénes son ustedes en realidad.
Y mucho menos dejaré de ser el Buen Pastor que habita en ustedes, que camina con ustedes, que extiende protectoramente Sus manos sobre ustedes y que les proporciona toda la fuerza que necesitan.
Miren, todavía son un grupo pequeño. Pero ciertamente no es una casualidad que estén aquí reunidos. ¿Acaso no arde en ustedes el anhelo? ¿No arden en ustedes Mi amor y el deseo de estar cerca de Mí y de acercarse aún más?
Ustedes conocen la respuesta. Naturalmente, la llama del amor arde en ustedes; de lo contrario, no estarían aquí. Yo quiero hacer que esta llama crezca cada vez más y, si ese también es su deseo, juntos pondremos manos a la obra.
Esto implica que también recorramos juntos cada día. Yo sé que por la mañana vienen a Mí, agradecen por la noche, reciben el nuevo día con alegría y se proponen firmemente contemplar todo cuanto suceda a la luz de la ley de Mi amor.
Después entran en la vida cotidiana. La rutina diaria comienza a influir sobre ustedes y, algunas veces, los arrolla un poco. Los buenos propósitos se olvidan entonces con facilidad. Pero es precisamente en esos momentos, Mis amados, cuando necesitan ayudas, recordatorios, indicaciones y, en ocasiones, también advertencias. Es justamente entonces cuando necesitan recordar que querían recorrer el día Conmigo.
Los animo a practicar una y otra vez esta íntima comunión Conmigo. No desistan y alégrense por cada pequeño paso que den. Percibirán cuánta ayuda puedo irradiar hacia ustedes. Pero deben recordar; deben venir a Mí en los numerosos momentos de su vida cotidiana y no pasar simplemente por encima de las situaciones sin detenerse.
Si este también es su deseo, preséntenmelo una y otra vez al comienzo de cada día. Entonces notarán cómo ilumino todo cuanto hacen y cómo recuerdan cada vez con mayor frecuencia que deben detenerse y elegir pensamientos, palabras y acciones diferentes de aquellos que su parte humana estaba a punto de llevar a cabo.
De esta manera, su vida adquirirá seguridad y firmeza, y la alegría entrará cada vez más en ella. Con esa seguridad recorrerán el día y entrarán en la noche. Entonces ya no necesitarán pruebas de que soy Yo quien los ha guiado a lo largo de su vida.
Adéntrense, desde el sentir, en una comunión tan íntima Conmigo. ¿Puede existir algo más hermoso? Su alma lo anhela y también lo anhela su parte humana. Digan una y otra vez: «Sí, Padre, Contigo». Así, el vínculo entre nosotros se hará cada vez más estrecho, hasta que llegue el momento en que ya no exista un solo instante en el que no estemos interiormente unidos.
Mis amados hijos e hijas, los animo a aspirar a esta meta. Y para ello les doy toda la ayuda que necesitan. Alégrense por los primeros pequeños logros y por los primeros pasos. Cuando por la noche se examinen y reflexionen sobre el día, reconocerán muchas situaciones en las que estuvimos muy cerca unos de otros.
Así irán creciendo dentro de su tarea. La luz que irradian será cada vez mayor y la luz de Mi amor brillará a través de ustedes, alcanzando a las demás personas, a su entorno y a su ciudad. Aunque no puedan verlo, Yo les digo: «Esto produce efectos profundos».
Lleven consigo esta visión. Los amo. Amén.
Revelación divina
Mi amor inunda este recinto y se derrama en sus corazones. Mis amados, Yo estoy aquí y lleno este lugar con Mi luz y Mi resplandor. ¿Dónde habría de estar, si no junto a aquellos que Me aman?
Miren, ustedes han conversado entre sí y, durante ese tiempo, fue completamente normal y natural que sus pensamientos estuvieran concentrados en los asuntos que los ocupaban. ¿Quién de ustedes recordó que no estaban solos en este recinto, que estaban presentes innumerables ángeles detrás de ustedes? ¿Quién recordó que Yo estaba en medio de ustedes y guiaba sus conversaciones?
Ahora que se lo digo, ustedes asienten y dicen: «Por supuesto, Señor, Tú estabas aquí».
¿Lo ven? Eso es también lo que quise decir en la revelación que les di anteriormente: que llegue el momento en que sea algo completamente natural y evidente para ustedes que, en todo cuanto hacen, estén presentes este conocimiento y este sentir: ¡el Señor está aquí!
Así es, Mis amados: Yo estaba aquí y sigo estando aquí. Ni una sola frase de las que pronunciaron fue dicha por casualidad. Esto significa que los temas que abordaron eran necesarios para conducirlos hacia una comprensión más profunda y mejor.
Esto es lo fecundo de sus encuentros: que intercambian ideas y experiencias, y que lo hacen con amor; que se ayudan mutuamente; que llevan todo esto a la práctica en su vida cotidiana y que, cuando es necesario, comparten con el grupo aquello que los ocupa o preocupa.
Cada uno de ustedes notará cuánto se beneficia de ello. Observarán cómo se tratan mutuamente y cómo todo lo que dicen es sostenido por Mi amor. También esto forma parte de las ayudas que les he ofrecido.
Cantar, alabar, orar y escuchar Mi palabra es una parte; llevarla a la práctica e intercambiar experiencias entre ustedes es la otra. Y cuando esto sucede con amor, como ha sucedido aquí, produce frutos maravillosos.
Solo puedo pedirles que, cuando vuelvan a reunirse, recuerden que este recinto está lleno de luz y gloria, aunque ese resplandor todavía permanezca oculto a sus ojos.
Si así lo desean, vivan de esta manera los días que vienen y practiquemos juntos.
Revelación divina
Sí, vayan, pues, y permítanme permanecer a su lado. Mis amados, sus conversaciones les han permitido reconocer que se libra una lucha enorme entre la luz y la oscuridad. Mi deseo es que cada uno de ustedes sea consciente de ello en todo momento.
Mi deseo es que aprendan a discernir los espíritus; y verdaderamente les he proporcionado mucho conocimiento para que puedan hacerlo.
Por tanto, también es tarea de ustedes desarrollar esta capacidad de discernimiento. Porque creer en Mí y glorificarme es una cosa; reconocer la oscuridad y los peligros relacionados con ella es otra. Ambas cosas juntas, Mis amados, harán de ustedes aquello que también desean ser: personas que abren el camino para quienes todavía están extraviados, para quienes aún no saben ni reconocen y todavía no son capaces de distinguir entre la luz y la oscuridad.
Por eso les pregunto: ¿puede alguien que no conoce la diferencia guiar a otros por su camino? ¡Oh, no! Será un ciego que intenta guiar a otros ciegos, y ambos caerán en el hoyo.
Pero ustedes, puesto que han comenzado a ver, han asumido la tarea de ayudar a otros, a sus hermanos y hermanas, a encontrar el camino de la luz. Vayan y recorran el camino Conmigo.
Sepan que estoy con ustedes en cada instante de su vida cotidiana y que, siempre y en todo lugar, estoy dispuesto a hacer fluir hacia aquel que viene a Mí y se une Conmigo toda la ayuda, toda la luz y todo el amor que necesita.
Sean, pues, luz, porque Yo soy la luz en ustedes. Sean amor, porque Yo soy el amor en ustedes y a través de ustedes, desde la eternidad y por toda la eternidad, Yo, su Padre. Amén.