Revelación divina
Mis amados hijos e hijas, Yo, su Padre celestial, estoy entre ustedes, estoy presente como su Señor y Dios. Les traigo Mis dones divinos y los toco con el rayo de Mi amor infinito, que contiene también Mi alegría, Mi sabiduría y Mi verdad.
Desde los cielos desciende sobre ustedes la luz santa, para que abran sus corazones y se aparten de toda la aflicción, la pena y la preocupación, la duda y el miedo que llevan dentro y que aún han traído hasta aquí. Pues Mi deseo es que abran los portones y las puertas de su templo, para que pueda fluir hasta lo profundo de su alma aquello que quiero regalarles, no solo hoy, en esta hora santa, sino por siempre. Porque aquello que les hago llegar desde la fuente eterna —y esto lo saben muy bien— jamás podrá dárselo este mundo.
Abran, pues, sus sentidos y todo su corazón a Mis rayos de amor, sabiduría y luz eterna, para que los reconforten hasta el fondo de su alma, de su ser eterno. Amén.
Revelación divina
Mi creación es amor, pues de Mí jamás ha procedido otra cosa que no sea amor. Por eso, todo lo que existe es amor. Cada criatura es amor.
En el momento en que un ser espiritual encarna, olvida que en su interior es amor eterno y puro: una parte de Mí. Hago todo lo posible por traer de regreso a Mí a cada uno de Mis hijos, para que vuelva a ser el amor que es desde la eternidad; lo cual significa, al mismo tiempo, que su ser interior se desarrolla y el ser humano va retrocediendo poco a poco.
Una gran cantidad de Mis hijos humanos no Me conoce o no Me comprende. Les falta el conocimiento de las relaciones entre las cosas; y cuando se les dice que Yo soy el amor, esto muy a menudo los asusta o despierta en ellos rechazo o agresividad, porque no logran conciliar lo que sucede en su vida y en el mundo con el hecho de que Yo, su Padre, los amo infinitamente.
Si en el mundo existiera el conocimiento correspondiente, Mis hijos humanos podrían comprender muchas cosas de otra manera. No considerarían su vida como una instantánea, sino que vivirían con la certeza de que tienen un pasado y un futuro, y de que lo que ahora ven y experimentan es tan solo un tramo muy pequeño del camino que los conduce de regreso a Mi corazón de Padre.
Este retorno, este camino, ha nacido de Mi amor, aun cuando temporalmente traiga sufrimiento y necesidad a un hijo; pues estos solo «entraron en la vida» como consecuencia de no haber respetado las leyes divinas y sirven exclusivamente para impulsar al hijo al conocimiento de sí mismo y a la conversión. Sin embargo, debido a la ignorancia que predomina en todo el mundo, estos golpes del destino se Me atribuyen a Mí, y la brecha entre la conciencia cada vez más limitada de Mi hijo y Yo se hace mayor, porque el hijo se aparta de Mí o ni siquiera cree en Mí.
Y, sin embargo, ninguna de Mis criaturas puede caer de Mi mano, y cada una encontrará el camino de regreso a Mí. Porque Yo veo las cosas con otros ojos que ustedes. Por eso, en muchas de las cosas que suceden los seres humanos tampoco pueden reconocer Mi amor.
A esto se suma que muchos tienen un concepto equivocado del amor, porque equiparan el amor con un sentimiento superficial. Ciertamente, el amor también es un sentimiento que se expresa en un abrazo tierno, una palabra comprensiva, una mirada profunda a los ojos, pero el amor es mucho más. El amor es la disposición a tener presente el bien del prójimo y a brindarle toda la ayuda que necesita para progresar; y hacerlo con plena libertad.
El amor verdadero es entrega total, dejando a un lado los intereses centrados en uno mismo. Y esto, Mis hijos e hijas, es más que un sentimiento superficial. Quien prefiera la superficie no podrá reconocer la profundidad del amor desinteresado.
Como los seres humanos, en su ignorancia, en su mayoría solo ven y juzgan los acontecimientos externos, quiero llevarlos un poco más profundamente hacia Mis leyes y permitirles contemplar algunos aspectos de Mi amor, para que aprendan a comprender mejor.
Puesto que el amor lo contiene todo, en él habitan también, entre otras cosas, la justicia y la libertad. La libertad es el regalo más grande que les he dado a Mis hijos y que jamás tocaré. Pero esta libertad —cuando se emplea para actuar en contra de la ley— es también la causa de que Mis hijos se enreden y después, en la situación que ellos mismos han creado, ya no Me reconozcan y Me acusen.
El amor es la fuerza más grande de la creación; esto lo saben. Significa, al mismo tiempo, que nada se le aproxima siquiera. Y si las tinieblas se han dispuesto a luchar contra la luz, del hecho de que el poder del amor es inalcanzable se desprende que el amor vencerá.
Sobre la base de la libertad construí Mi creación conforme al principio de atracción y repulsión. Este principio regula todo lo que acontece y, al mismo tiempo, deja a cada criatura su libre albedrío. La ley de repulsión entró en vigor por primera vez cuando una parte de los ángeles decidió ponerse en contra de Mí y, como consecuencia, abandonó los cielos, porque con su conciencia, que entretanto se había oscurecido, ya no podía mantenerse en este estado de conciencia suprema. A medida que la caída fue impulsada por la voluntad propia, también la repulsión siguió avanzando.
Lo semejante atrae a lo semejante, y lo diferente se repele.
Ahora reflexionen sobre lo que esto significa para ustedes, en su vida cotidiana, en su camino hacia Mí; porque no solo quiero transmitirles conocimiento, sino que deseo que apliquen este conocimiento para poder conocerse mejor y, a partir de ese conocimiento, tomar decisiones y actuar en consecuencia.
Todo en Mi creación es energía, y sus científicos confirmaron hace mucho tiempo que incluso la materia no es otra cosa que energía condensada. Pero la energía posee una vibración determinada; puede ser muy alta o muy baja, con incontables gradaciones intermedias. Todas las energías se asemejan a ondas que recorren el universo material e inmaterial y lo penetran todo. Son vibraciones de las más diversas clases y cualidades, de los más diversos colores, sonidos e intensidades.
Les digo: alégrense de que sus ojos estén velados y no puedan mirar el mundo invisible, pues se asustarían y, en determinadas circunstancias, perderían el ánimo ante las energías negativas que recorren sus caminos por todas partes y buscan sus objetivos.
Si todo es vibración, entonces todo —también esta habitación, su vivienda, su lugar de trabajo, sencillamente todo— está atravesado por estas vibraciones. Yo soy el origen de las vibraciones positivas, y quienes salieron para conducir a Mis hijos de regreso al hogar actúan por encargo Mío. Quienes generan y dirigen vibraciones bajas son aquellos que están en contra de Mí: demonios, seres de las tinieblas y sus seguidores.
Si pudieran mirar ahora el mundo espiritual, verían lo que sucede a su alrededor. Por un lado, reconocerían los colores estridentes, oirían los sonidos agudos y aterradores y los seductores cantos de sirena, percibirían las impresiones discordantes; encontrarían ondas llenas de odio, fanatismo y pasiones desenfrenadas; percibirían vibraciones de agresión, lucha y destrucción que —dirigidas por seres y grupos ávidos de poder— fluyen incesantemente por el universo y, conforme al principio de que «lo semejante atrae a lo semejante», buscan a sus víctimas, y también las encuentran.
Por otro lado, existen vibraciones de amor en una medida igualmente abundante, si no más: portadoras de las energías del agradecimiento, la esperanza, el perdón y los pensamientos positivos y constructivos; energías que se ocupan de Mí, su Dios y Padre, que llevan dentro el anhelo por la patria celestial; vibraciones luminosas llenas de sanación, compasión y bendición, que inspiran confianza y transmiten seguridad. También estas vibraciones buscan a sus semejantes.
Ahora imaginen a los seres humanos en medio de estas energías que los rodean constantemente y tratan de ejercer influencia sobre ellos, a las cuales están expuestos de manera invisible y, por ello, en gran medida indefensos, porque desconocen la ley de atracción y repulsión. ¿Perciben ahora cuánto peligro corren si no se conocen a sí mismos? ¿Y si no permanecen atentos? Mientras que las vibraciones luminosas respetan su libre albedrío, las oscuras no lo hacen. Buscan sus puntos vulnerables, penetran y los seducen con susurros. Así puede suceder que sucumban ante ellas porque ni siquiera saben qué los acecha, qué desea herirlos en el alma, arrastrarlos hacia abajo y hacerlos caer; por supuesto, no vestido de lobo, sino con piel de oveja.
Se lo digo una vez más: agradezcan que sus ojos estén velados. Pero agradezcan también que se les regale este conocimiento. Porque con él pueden actuar de otra manera en su vida cotidiana. Un peligro es tanto mayor cuanto menos se lo conoce. Cuando se sabe de él, es posible prepararse.
Pero ¿cómo te preparas, hijo Mío? ¿Creyendo que debes pertenecer a una comunidad religiosa y cultivar tradiciones y ritos? ¿O pensando que debes cumplir meticulosamente normas y leyes religiosas establecidas por seres humanos?
¿O te preparas reconociendo el principio del amor que actúa en todo y decidiéndote a vivir este principio, sí, a servirle? Te digo: esta es la única posibilidad de transformarte y, con ello, transformar el mundo. Cuando dije que el amor es la fuerza más poderosa, esto significa que una vibración luminosa siempre puede transformar una vibración baja, pero jamás puede ocurrir lo contrario.
Ustedes salieron para ayudar a que la luz obtenga la victoria. Esto significa que, mediante sus actos, mediante su amor en la vida cotidiana, emiten vibraciones positivas que, a su vez, son recibidas por quienes las anhelan; y, al mismo tiempo, su amor les brinda protección contra los ataques de las energías oscuras. Pero ustedes mismos también reciben fuerzas en abundancia cuando su anhelo y su empeño se unen a las energías que quieren fortalecerlos y prestarles ayuda, y que también los protegen en el camino de su vida.
¿Pueden reconocer Mi justicia en el principio de atracción y repulsión? Una justicia que no requiere que Yo la presida como juez omnipresente, anotando constantemente el debe y el haber, sino una justicia en la que cada hijo determina por sí mismo su camino y en la que, como ustedes dicen, cada uno «forja su propia suerte»; influido negativamente o fortalecido positivamente por los poderes que pueden alcanzarlo según la vibración de su alma.
Cada criatura tiene la libertad absoluta de generar, mediante sus sentimientos, pensamientos, palabras y actos, las vibraciones que desee y de entrar en comunicación con ellas. ¡Esto es amor, Mis hijos e hijas! Por medio de los cambios que, como consecuencia, se producen en la vida de Mi hijo, este puede reconocer —y tarde o temprano lo reconocerá— si lo que hizo fue correcto o no.
Yo permito todo esto, y llega hasta el punto en que Mi hijo, desesperado, pide ayuda porque ya no puede seguir de otra manera: «Padre, estoy solo. Estoy lejos de casa, ¿dónde estás Tú? Si existes, Dios, ayúdame». Este es el punto en que comienza el camino de regreso al hogar.
No siempre es necesario que un hijo humano llegue a este punto tan profundo; muchas veces recapacita a tiempo. Pero si es necesario, permito que suceda en Mi amor, sabiendo muy bien que jamás puedo perder a Mi hijo y sabiendo muy bien que, al primer llamado de auxilio, de inmediato le tiendo las manos y hay incontables ayudantes dispuestos a dar los próximos pasos junto con el hijo que despierta.
Por consiguiente, cuanto más pongan en práctica el amor quienes Me aman, más vibraciones positivas llegarán al mundo, y las negativas irán perdiendo fuerza poco a poco gracias al ejemplo de Mis mensajeros de luz. Con ello no anulo el principio de atracción y repulsión ni intervengo en el libre albedrío de Mis hijos, tampoco en el de quienes están en contra de Mí. Pues este libre albedrío significa, al mismo tiempo, que también el retorno, el sí a Mí, debe producirse por decisión propia y libre, a partir del anhelo que he plantado en el corazón de cada uno y del amor que arde como una chispa en todos y que cada uno puede avivar si así lo desea.
Los amo. Amo Mi creación, pero para algunos de ustedes este amor aún es tan lejano e inimaginable. Sin embargo, orienten hacia él sus corazones abiertos. Y allí donde hasta ahora no hayan encontrado el valor, atrévanse a dar el paso hacia la aventura Conmigo. La confianza nace al poner a prueba la convivencia con otro y desarrollar una percepción de su confiabilidad y fidelidad que, con el paso del tiempo, se convierte en una certeza profundamente arraigada.
Miren, hay personas en su vida en quienes confían porque han tenido experiencias con el amor de esas personas. Quien todavía no confía suficientemente en Mí aún no ha tenido suficientes experiencias Conmigo. ¿Quieren vivir esa experiencia? Entonces digan «sí» en su interior, y Yo les digo: «En verdad, sucederán milagros, y crecerán hacia el amor —que vive en ustedes— más rápido de lo que creen». Entonces reconocerán que el amor verdadero es mucho más que un sentimiento superficial.
Los bendigo, Mis hijos e hijas, y con esta bendición fluyen hacia ustedes la fuerza y la claridad necesarias para comprender correctamente lo que han escuchado y tomar en su vida la dirección que su alma desea seguir desde hace mucho tiempo. Amén.